30.11.2020

Reliquia craneal: once artefactos sobre la extinción y la supervivencia desde hace 1,5M de años

En medio de la pandemia en curso en Indonesia, les artistas Irwan Ahmett y Tita Salina profundizan sus relaciones con el miedo al utilizar la gravitación y once artefactos recolectados durante los últimos seis años.

Puuunnnn
¡Por un mundo cada vez más aprisionado por las fronteras!
Por la marcha de la evolución y la mutación genética.
En nombre del miedo eterno.
El mundo continúa girando.
Las placas de la Tierra se superponen, cambian y chocan, se forman montañas, los ríos se dividen, se contaminan, y crecen solos, sin animales.
Ya no hay más peces, ni tortugas, ni serpientes, no hay cocodrilos, solo desechos plásticos, moscas y humanos cargando un miedo perturbador.

Moneda de la Compañía Comercial de las Indias Orientales Holandesas, 1845

Trás la caída de Constantinopla ante el imperio Otomano, y durante la búsqueda de especias, los europeos cortaron intermediarios para ir directo a la fuente, el lejano Este. Las especias portuguesas y españolas se comercializaban en las islas tropicales de Nusantara (actual Indonesia) compitiendo contra británicos y holandeses. Eventualmente, las ambiciones del V.O.C. (Vereenigde Oostindische Compagnie – Dutch East Indies Trading Company, corporativo multinacional con sede en Ámsterdam), por controlar mar y tierra, así como por explotar esclavos de las islas del este superaron al sistema. Se estableció una alianza entre la hipocresía de los líderes y la astucia de los capitalistas del Oeste, el conflicto surgió entre las familias, y una envidia sin fin dejó marca en el archipiélago de Indonesia al tiempo que marca el comienzo de la edad de oro para los Países Bajos. Impulsados por la necesidad en Europa de la industrialización de materias primas valiosas provenientes de islas exóticas, se firmaron tratados empapados de sangre, los cuales liberaron a los fantasmas que deambularían durante generaciones. Uno de esos fantasmas del colonialismo, que acecha a nuestra generación, es un agudo sentido colectivo de inferioridad. Esta inferioridad es como los espíritus malignos que luchan en las antiguas monedas europeas del tamaño de nuestros globos oculares, cuya mirada no puede interpretarse como remordimiento o culpa, pero cuya influencia ha sacudido el alma de personas colonizadas, llenándolas con dudas fundamentales. Las dudas que causaron a nuestros primos biológicos, los simios, fallar en el intento de ser humanos. El colonialismo crea un efecto dominó de fallas culturales cuyas manifestaciones se acercan a la superficie; nuestra mentalidad de explotación y la violencia que nunca está lejos. Detrás de esta pequeña moneda, aquellas personas de piel pálida y rostro serio también trajeron la religión, extrajeron el petróleo, el oro, y persiguieron la gloria capitalista. Se formó una nueva clase social.

Las personas colonizadas se enfrentaron al poder del monopolio foráneo al mismo tiempo que nacía la resistencia mediante la subordinación, inclusive la violencia, culminando con una intensidad equivalente a la erupción del volcán Krakatoa.

Una hormiga talismánica encapsulada en resina

Los humanos son la única especie en este planeta que pueden observar la belleza en la muerte de otras especies. Esta pequeña hormiga negra se rinde desesperanzada, secuestrada, separada de su colonia para después ser preservada en un líquido tibio resinoso. Su último respiro es inmortalizado por pequeñas burbujas como notificaciones anunciando su muerte. Las hormigas son una especie secundaria al Homo Sapiens en cuanto a su éxito al colonizar la Tierra. Existen a gran escala y producen una estructura colonial fascinante, espectacular y efectiva al defender la colonia de amenazas externas. Una hormiga soldado no dudaría en decapitar a hormigas intrusas o en robar huevos para convertirlos en esclavas. Además de ser colonizadoras consumadas, las hormigas también han dominado la guerra. Su instinto colectivo se integró a la mente colectiva la cual opera sin un solo comando, sin insubordinación, una obediencia biológica escalofriante. Las hormigas son dominadas por el sexo femenino. La tarea de la hormiga zángana es meramente fertilizar a la reina. La reina no es monarca absoluta, sin embargo, existe por el bien de la reproducción, por la siguiente generación de la colonia. La muerte es tan común para las hormigas como ráfagas de viento o pájaros cantando. La edad promedio de las hormigas trabajadoras es de tan solo unos meses, un gran contraste con los humanos y su obsesión por la salud inmortal. Las hormigas están equipadas con un instrumento biológico letal: su mordida. La mordida de algunas especies de hormigas se siente como una quemadura o una bala, incluso para un humano de gran tamaño. Y, a pesar de que los humanos no están equipados con armas biológicas letales, intoxicados por la lógica colonial pueden resultar en un arma de destrucción muy peligrosa; una que puede hacer que el tejido humano sea tóxico incluso para nuestra propia especie. El costo de la evolución se encuentra comprimido en nuestros cráneos; nosotres, las criaturas cobardes infestadas de miedo, somos capaces de cooperar de manera brillante con el objetivo de dominar a otres.

Tectita, hace 780.000 años Isla Belitung
Como la inteligencia incrustada en anticuerpos que reacciona rápidamente para expulsar objetos considerados extraños al cuerpo, está claro que existen fuerzas externas e internas dentro de la humanidad que chocan entre sí en una agitación dinámica como sucede en las leyes de la naturaleza en curso. Cuando un gran asteroide choca contra el manto de la Tierra a gran velocidad, cortándolo como un cuchillo en cirugía, también se quemará en la colisión. Tan sólo pequeños fragmentos lograran escapar el resplandor, brillante como la hermosa luz de la inmortalidad. La flamante lluvia de meteoritos de escombros extraterrestres finalmente besa la superficie de la Tierra, quemando la arena impregnada de plomo hasta convertirla en un material semejante a un vidrio oscuro. Desafortunadamente, esta colisión no tiene la suficiente fuerza para causar una devastación completa y final, pero se ha demostrado que en varios puntos de la historia del planeta Tierra, el impacto de un meteorito ha provocado la extinción masiva de varias especies.

La evolución humana está profundamente influenciada por nuestra relación con las rocas. Desde tiempos prehistóricos al primer viaje a la luna, las rocas siempre han sido coleccionadas y codiciadas. ¿Será que algún día una roca provocará el Apocalipsis? ¿O ya lo hizo? Algunas personas creen que esta tectita es un talismán mágico con la capacidad de conferir poder. Yo, personalmente, me inclinó más a la creencia de que esta piedra negra azabache revela el futuro de la evolución de una especie proveniente de la sabana africana. Esta profecía grabada en piedra dice que en realidad no es un meteorito lo que destruirá la Tierra de una vez por todas, sino una especie cobarde capaz de crear armas de destrucción masiva, no menos letales que el choque de un meteorito. Para respaldar a dicha criatura paradójica y destructiva, simplemente frota la tectita negra hasta que brille. Ahí verás reflejado el rostro sonriente del destructor, el Homo Sapiens.

Casquillo de bala
Las leyes y constituciones consagradas en una democracia lánguida se cumplen a la sombra de una lluvia de balas, puñetazos, patadas, la niebla del gas lacrimógeno y sangre. La promesa hecha por los líderes del mundo sobre dirigir naciones para liberarles resulta en la explotación de su propia gente. Los casquillos de bala de latón son espacios herméticos que silencian la libertad de otorgar voz a la diferencia, encerrados en la cámara de combustión como rabia reprimida hasta que se da la orden del disparo. Una orden que debe llevarse a cabo con la obediencia absoluta de Abraham matando a su propio hijo. ¿Será que el constante jale del gatillo aniquila todo sentimiento humano? Lamentablemente, las balas ya han rebotado en todas direcciones, bombardeando el sistema de valor que sostiene la verdad y que despierta el miedo eterno de los líderes; el miedo de perder un sistema construido a base de mentiras y con ellas, poder. La violencia es la nueva norma. Y entre más continúe la violencia, más corta es la vida de la democracia. Este estuche de balas fue recogido el 22 de mayo de 2019 de los disturbios en Yakarta tras las elecciones nacionales, en los que ocho personas fueron asesinadas y más de 700 murieron debido a la mala e inhumana implementación del proceso de votación.

Diente de cocodrilo fosilizado
La diversidad es el regalo genético más retador, nacido a través de la movilidad de la cultura y su intercambio. Es complicado aceptar el reclamo de que las comunidades homogéneas son más felices que las diversas. En las homogéneas, no existe un grupo con más riqueza que los demás, no obstante, esto proporciona otras razones para que dichas sociedades construyan muros invisibles con el fin de protegerse debido a su miedo por otros sistemas de valor, o para ejercer dominio de modo agresivo debido al tamaño de su grupo. El diente fosilizado de este antiguo cocodrilo es testimonio de la incapacidad de eliminar las tendencias caníbales de las especies homogéneas. Cuando el filo del fósil atravesó una capa de mi piel, sentí que mis instintos animales se hinchaban, un reflejo de miedo difícil de comprender, aunque el tiempo ya lo había transformado de diente a piedra.

Punta de flecha – 700-1400AD, Sriwijaya Kingdom, Sumatra

En un principio, los pueblos cazadores-recolectores utilizaban lanzas para cazar y/o luchar ya que les permitían impactar otros cuerpos sin tener que entrar en contacto directo con los mismos. ¿La distancia entre cazador y víctima elimina la culpa al quitarle la vida a otro? En el transcurso de desarrollo de su tecnología y civilización, dichos pueblos mezclaron mineral de hierro para elaborar flechas afiladas y envenenadas que caían como lluvia del cielo antes de hundirse en la carne. Aprovechándose de las fuerzas de tensión y gravedad, esperaban alejar aún más al lanzador de flechas de su objetivo, al igual que los estados modernos con sus nuevos dioses; armas de destrucción masiva.

Fósil de las garras de una bestia salvaje

El animal más salvaje no ataca sin motivo. Precisa de una razón para matar, como puede ser el hambre, la invasión de su territorio o por competencia sexual. El resto del tiempo, parece estar más contento de tomar el sol o dormir.  Mi gato parece disfrutar de mutilar grillos hasta que el contenido de sus entrañas es expuesto. ¿Está torturando intencionalmente? Cuando el grillo es envuelto con un pedazo de papel, mi gato actúa de la misma manera. No sabemos qué pasa por su mente, pero la misma tortura se repite. Aún cuando sus necesidades alimenticias se encuentran cubiertas, el instinto de dominar a otras criaturas persiste. Durante los sucesos violentos en las manifestaciones, de repente estallan las muestras de agresión hacia otros humanos. Creo que somos una especie que carece de un disuasivo biológico hacia la violencia.

A pesar de que nuestros cuerpos están condicionados por normas sociales e incluso envueltos en uniformes institucionales, en nuestros instintos más profundos se encuentran deseos animales de representar nuestro dominio, físico o de otro tipo.

Esto se manifiesta cuando maldecimos, hacemos graffiti u otras marcas que expresen nuestro odio, o al compilar frases poéticas que naturalizan el nacionalismo. A pesar de que las palabras no pueden lastimar la piel, designar a los humanos como animales a través de ellas es un sitio común como Jambret di Kapitalistiwa (como untaian batu zamrud di khatulistiwa).[1] Tienen el poder de grabar una herida emocional más profunda y compleja que una física. La piel se cura rápidamente de las incisiones de las garras de una bestia salvaje.

El implemento de piedra del Homo Erectus, hace 1,25 millones de años

El león posee una elegante melena, los orangutanes machos de Kalimantan se dejan crecer tejido de sus cachetes al ser adultos, alargando sus rostros y haciéndoles ver más feroces. La demostración de poder es necesaria dentro de la selección natural para provocar miedo en los forasteros o en las criaturas amenazadoras. El fenómeno de comprar debido al pánico al comienzo de la pandemia actual reveló que el miedo de la humanidad moderna es evocado por fuerzas invisibles. La ansiedad surge de nuestra desconfianza en otres seres humanos e incluso de la pérdida de fe en el sistema colectivo que las generaciones pasadas y presentes han creado. ¿Es la imaginación que se origina en el miedo una forma de justicia natural evolutiva?

El desarrollo cognitivo de nuestros ancestros fue influenciado por relaciones únicas entre la biología y las rocas. El fondo de la piscina evolutiva está llena de roca dura, tan dura como nuestros cráneos, a pesar de ser superiores a aquellos de los humanos antiguos. En la evolución del cráneo podemos ser testigos de un cambio en la forma importante. La protuberancia ósea sobre los ojos retrocede, al igual que la línea de la mandíbula, y los ojos, una vez oscuros y oscurecidos, se vuelven cada vez más visibles a medida que el cabello desaparece de la superficie de la piel. En los últimos 200.000 años, la forma del cráneo humano ha experimentado una feminización drástica que también ha hecho posible una gama más amplia de expresiones y, por supuesto, una mayor capacidad para ocultar emociones. ¿Se ha suavizado también nuestra naturaleza humana? Aunque la forma del rostro humano se ha ido suavizando progresivamente, nuestra agresividad se mantiene a la par con la de los otros grandes simios.

Un fragmento del muro que protege al parlamento indonesio

(Recopilado durante una protesta estudiantil ante el parlamento indonesio el 5 de septiembre de 2019)

La paradoja evidente en nuestro miedo por vernos diferentes y nuestros esfuerzos estridentes simultáneos por diferenciarnos con base al pigmento de nuestra piel, orientación sexual y clase social, se materializan en paredes y reglas discriminatorias que excluyen a grupos minoritarios y a todes aquelles considerades diferentes. Los simios aceptan miembros de su propia especie a pesar de que tengan Síndrome de Down o polio. En las ciudades, la sospecha es nutrida por grandes cantidades de dinero. Paredes permanentes son levantadas alrededor de casas y las comunidades son fortificadas mientras las personas dentro sufren de depresión y soledad. En una escala nacional, los muros son construidos para semejar dragones gigantes montando a la Tierra. El miedo ha evolucionado con un impulso integrado incitando a la precaución al oler el aroma desconocido de otro cuerpo, a una institución rígida que potencia la xenofobia plantada en nuestro cráneo. ¿Es este cemento petrificado de un parapeto que divide y aleja a los humanos, arrancado con un ataque de ira, testimonio de un esfuerzo inútil por oponerse a un dictamen evolutivo?

Una piedra redonda utilizada por el Homo Erectus para matar a su presa

Se cree que la aceleración de la revolución cognitiva, acompañada de la evolución de la estética del cráneo del Homo Erectus, nos ha empujado a canalizar una variedad de expresiones en formas que ahora nombramos arte. Instrumentos de piedra, evidencias de la ocupación humana, extraídos del valle neandertal, Europa, a los antiguos ríos de Java en el archipiélago Indonesio, son nuestros “camaradas” más cercanos en la lucha por sobrevivir.  ¿Nuestros ancestros moldeaban y daban forma a piedras, o era lo opuesto? Tengámosle más respeto a las piedras, pues han aumentado el tamaño de nuestros cerebros. Parece que con un volumen cerebral de 1400 cc, los humanos modernos son muy sofisticados como para extinguirse. A pesar de que su cerebro fuese más pequeño, las criaturas que tallaron estas piedras, eran capaces de alterar la forma irregular de las rocas para convertirlas en algo simétricamente perfecto al frotarlas contra una superficie de roca húmeda, por tanto haciéndolas más fáciles de lanzar. El gran Homo Erectus vagó por la Tierra durante dos millones de años, extinguiéndose con el nacimiento de la humanidad moderna. ¿Será que la selección natural se ha equivocado al designar al Homo Sapiens como infinitamente superior? ¿O a caso existe una manera más moralista de aniquilar a la humanidad?

Un adoquín arrojado por un miembro de una organización de derecha y suscriptor de una teoría de conspiración, mientras intimida a los manifestantes a favor de la democracia en Yakarta, septiembre de 2016

La característica humana que nos impulsa a seguir luchando a partir del miedo heredado a otros, de tal manera que un grupo de individuos optará por atacar antes de ser atacados, es sumamente alarmante. En los años calientes de la Guerra Fría, acompañados de los, cada vez más fuertes, vientos de apoyo hacia la ideología comunista en la república de Indonesia, la historia eligió su propio camino. La euforia terminó en dolor y destrucción. Más de 500,000 comunistas junto a sus simpatizantes fueron asesinados brutalmente. Desde las acusaciones de un supuesto complot golpista por parte de los comunistas en 1965, dicha ideología se convirtió en el chivo expiatorio de cada fracaso gubernamental. El comunismo quedó prohibido constitucionalmente desde 1966. Desde entonces no ha habido reparación alguna por parte de los autores de estos crímenes (civiles, militares, y el ejército de Indonesia) en contra de la humanidad. Las heridas están impregnadas como cicatrices queloides, una página negra en la historia de Indonesia y tabú hasta el día de hoy. La acusación ¡comunista! es un arma con la cual se puede desacreditar a enemigos políticos, proteger intereses poderosos y al narcisismo de los políticos. La persecución continúa con el fin de mantener un status quo y es utilizada como la carta triunfal de aquellos ebrios de nacionalismo como resultado de una propaganda perversa y una verdad espantosa que no puede ser revelada.

Nota para les lectores: Para ser honeste, me he encontrado a mí misme frustrade y con poca motivación de trabajar en esta pieza escrita. Me siento atrapade, no solo por la continua carga de incertidumbre causada por el terrible manejo de esta pandemia, si no por los eventos que ocurrieron durante esta semana. La policía capturó a 1,365 manifestantes jóvenes en Yakarta que protestaban contra las nuevas y controversiales leyes que exigían una eliminación aún mayor de los derechos de les trabajadores y la protección ambiental en medio de lo que ya es un sistema increíblemente corrupto y un estado ambiental catastrófico. Una disculpa si el estado emocional en el que he estado al escribir esto arroja una sombra sobre el texto.

Notas

  1. Una plesetan de Indonesia, juego de palabras, con un sobrenombre popular y romántico para el archipiélago indonesio (untaian batu zamrud di khatulistiwa – ‘hilo de perlas a lo largo del Ecuador’). Irwan Ahmed y Tita Salina revisan este sobrenombre para convertirse en Jambret di Kapitalistiwa – ‘los saquitos del capitalismo’ donde los saquitos son la oligarquía política y económica de Indonesia que saquea a su propia gente y devasta el país que romantizan con un fervor nacionalista.

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