25.01.2021

Encontrar espíritus afines más allá de la sangre o la frontera

La curadora Zoe Butt reflexiona en torno a sus lazos de unidad con creadores, colegas y amigues para dimensionar la potencia que radica en el trabajo cultural, y cómo se articula el conocimiento como experiencia vivida para nutrir la lucha y la supervivencia en un mundo herido.

Me rodeo de creadores de lugares dispares en este mundo insondable. Creadores que se dedican a recordar el valor de la interdependencia entre humanos y más-allá-de-lo-humano; entre lo que una vez fue y ahora es. Es un estudio necesario. Un estudio crítico. Un estudio colaborativo. Un estudio comparativo. Un estudio espiritual. Todo comenzó antes del COVID-19, aunque esta pandemia lo ha hecho aún más urgente, ya que el consumo humano está a prueba en nuestros corazones mientras nuestras mentes se vuelven hacia lo que era (ser) antes. Tratar de localizar ese (ser) antes. (Ser) antes de que la lujuria por la materialidad comenzara a dominar la lumbar de los conquistadores. (Ser) antes que el mundo del lenguaje y su forma escrita monopolizaran nuestra relación con la naturaleza. (Ser) antes de que la sustancia de la tierra fuera considerada algo que «poseemos» y, por lo tanto, fuese categorizada (valorada), dividida (poseída), saqueada (eliminada), comercializada (lucrada) y consumida (redistribuida). Digo (ser) antes porque la memoria cultural evidencia que una vez tuvimos un gran respeto por las fuerzas cíclicas de la naturaleza y su aparente invisibilidad previo a una obsesión humana occidentalocéntrica por el progreso (de ahí la existencia diversa de tradiciones y rituales espirituales, así como lazos sociales de iniciación colectiva que condujeron una medida diferente del día y la noche).

Estes creadores de les que me he rodeado provienen de diversos contextos y modos de vida. Sus oídos están en sintonía con las historias orales, con las estructuras del parentesco cotidiano, con la construcción de una experiencia que no les separa del conocimiento como vivencia. Sus puntos de anclaje son los síntomas de lucha, de la experiencia de la privación de derechos, renovando así la conciencia histórica y la necesidad de reparación. Estoy aprendiendo de los recuerdos heredados de los agricultores que viven en el agua cuyos ríos ahora están represados; de espíritus de la montaña y la selva cuyos vientres han sido minados y deforestados; de profesores cuyes alumnes conciben un mundo a partir de la permanencia forzosa en un campo de refugiades; de las minorías étnicas desplazadas que extraen piedras preciosas que los ricos creen que les traerán buena fortuna; de la miríada de dialectos que debemos recordar y vigorizar para reordenar nuestra relación con la hegemonía y todas sus falsedades político-lingüísticas. Y mucho más.

La presencia de la ironía y la contradicción es aceptada por estes creadores como un factor de la condición humana. Esto no se aborda con una excusa nostálgica o sentimental, sino más bien con un testimonio experiencial del trauma; dotado de agencia con confianza en el poder de la memoria cultural heredada; accionado por una necesidad consciente de asistir. Es esta noción de asistir a la cual me comprometo como trabajadora cultural. Porque asistir es asumir la responsabilidad, estar presente, amplificar voces, abordar el malestar de la injusticia, articular la relación con la presencia y así darle sentido (que es entonces darle una posible causa de re-vestidura).

La cultura, para mí, es esa última zona gris de la producción humana que puede ser vía para aprehender la terrible incomodidad con la diferencia, que puede disuadir nuestra necesidad de control y devolver el asombro a lo desconocido como un medio de confianza; de ser en solidaridad con los sistemas del planeta que habitamos. Porque esta crisis pandémica ha revelado agudamente que el derecho «democrático» de una sociedad a socializar y trabajar —a pesar de la calamidad en el aumento del número de muertes humanas—, parece preponderar sobre el respeto por la comunidad. Tal actitud revela una vez más la violenta arrogancia que descarta sus «derechos» como contribución a la destrucción irrevocable del equilibrio en la materialidad: la materialidad entendida primero como humana y luego más-allá-de-lo-humano. Digo humana en primer lugar, porque es solo a partir del respeto y la integridad en nuestro propio Ser que, entonces, podemos reconocer nuestro impacto y dependencia en otros (tanto “Otros” como otros, en todas las «cosas» útiles y no útiles, animadas e inanimadas).

Respetar nuestra propia materialidad comienza con el reconocimiento de nuestra comunidad (nuestra interdependencia ayuda a nuestra supervivencia) y, por lo tanto, creo que la amistad y la orientación deben reavivarse mientras luchamos por replantear, revaluar, reformular y reconstruir nuestro mundo.

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Un mensaje de Wh*tsapp llega de LIR, un dúo de curadores, Mira Asriningtyas y Dito Yuwono, de Yogyakarta. Llegarán tarde a nuestra reunión por Z**m. El Monte Merapi amenaza con exponer sus entrañas volcánicas. Los procedimientos de evacuación están preparados y en su lugar, repletos de máscaras faciales y medidas de distanciamiento social. Una imagen los atraviesa con el artista Maryanto, Marapi en la distancia. Acaban de regresar de la investigación de campo, debajo de esta explosión inminente. LIR y Maryanto se han inspirado en la historia de ficción de Barata[1] (una figura ancestral local), un cazador de elefantes a las faldas de Merapi, quien se dio cuenta de su arrogancia en la caza y su aniquilación de la comunidad, y por lo tanto asumió un llamado para proteger todas las formas de vida. Sonrío al ver el flujo de otras imágenes: su caminata a un pueblo en particular y varias vías fluviales que exploran la ira anterior de Marapi, imágenes que retratan cómo la superstición local ha brindado resiliencia para reconectarse socialmente con la tierra frente a una creciente industria turística y la codicia empresarial por la extracción de arena. Los paisajes y las comunidades están en constante cambio. Se disculpan por lo que será un retraso inevitable en el trabajo de nuestro proyecto de Pollination[2] del que forma parte su investigación a través de The Factory.

He estado tratando de comunicarme con Kittima Chareeprasit, la co-curadora tailandesa de Chiang Mai que también participa en Pollination. Quería más información sobre su “cazador”, la leyenda popular de Ta Jung Kung Dang Daeng, cuya ira hacia los comerciantes del río que ahuyentaron a su presa impulsa su deseo de represar el río Mekong; su vida, sin embargo, eventualmente intervenida por los rezos de pescadores locales a una deidad (que le impide completar su misión al quitarle la vida). El artista Ruangsak Anuwatwimon y Kittima también acaban de regresar del sitio de este cuento popular, dodne realizaron una investigación en la región fronteriza del Alto Mekong de Tailandia y Laos. Aquí, Ta Jung Kung Dang Daeng reencarna metafóricamente como la codicia china, cuya represa excesiva de esta fuente de agua crítica ha dejado una repercusión tremenda y violenta (imagínense a los pescadores vietnamitas cuyos barcos están amarrados en el barro, sin medios de vida; imagine el aumento de los niveles de salinidad y el consiguiente asfixia de toda la vida submarina del río). Sin embargo, no se puede encontrar a Kittima. Creemos que está en modo de protesta en las calles de Bangkok. El conflicto está siempre presente, hay numerosos frentes de batalla. Tal desastre (natural, corporativo, ambiental, político) se toma con calma, dentro de comunidades interdisciplinarias activadas, juntas, por la conciencia histórica.

He estado leyendo sus informes de investigación curatoriales para Pollination y estudiando imágenes particulares compartidas. Una imagen. Una obra de arte de Maryanto; inquietantes pinturas rayadas de minas de petróleo abandonadas en Java Oriental, el interior de la tierra violado, negro y borrado. La pintura es casi fotográfica en sus detalles; la técnica de grafitto al excavar la superficie de la pintura para producir la imagen que evoca poderosamente el efecto de la suciedad debajo de las uñas, excavando, en busca de petróleo. Otra imagen. Una obra de arte de Ruangsak Anuwatwimon; una instalación similar a una tumba compuesta por pequeños montones de ceniza, los restos quemados de 270 especies de plantas y animales, recolectados en Tailandia, suplicando a su público humano que llore, que reconozca su complicidad como consumidor en la violación de todas las cosas del bosque. A pesar de la violencia en estas historias, estoy agradecida de contar con tales imágenes, perspectivas y reconocimiento. El proyecto Pollination[3] se ve impulsado de manera crucial por el impacto de la caza y la reunión que ha punteado nuestra historia humana: una caza que ha causado múltiples extinciones y la destrucción irrevocable del hábitat; una reunión que ha reforzado el elitismo, el racismo y los prejuicios sociales, provocando el miedo y la exigencia por las fronteras.

En esta búsqueda, Pollination, bajo la dirección de LIR y Kittima, y a su vez en amistad con sus artistas, se cuestionan las definiciones de ecología y sostenibilidad, renovando el poder de un conocimiento local encarnado[4] como medio de lucha, sobreviviendo al asalto en curso de la tierra, en todas sus acciones conscientes.

Polinizando a través de fronteras, a través de culturas, guiada por experiencias intergeneracionales específicas y experiencia interdisciplinaria, en colaboración con instituciones artísticas más allá de los supuestos centros de exhibición, con diferentes audiencias y patrocinadores del cuidado, esto es de lo que se trata Pollination. Conectando y produciendo conocimiento cultural de una manera que refleje nuestro contexto, nuestras necesidades, nuestras estrategias. Sembrando ideas. Dar nacimiento a encuentros artísticos (como obra de arte, como textos, como performances, como palabras habladas, como exposiciones, como publicaciones, etc.). Fomentar el pensamiento comparativo crítico. En colaboración.

Continuar habilitando la capacidad de las amistades, a pesar de esta pandemia, a través de la exploración de la investigación artística compartida, es alentador. Ser testigo de la resiliencia, la flexibilidad, el compromiso, la paciencia, la comprensión y la voluntad de continuar, de comprender posibles soluciones, de persistir y, en última instancia, de mantenerse conectada, informada y crítica: esto es lo que hace que este trabajo cultural sea gratificante.

Otra «reunión» en línea también me ha estado apoyando, esta en seis zonas horarias, desde arriba hasta abajo (marcando desde Carolina del Norte, Eindhoven, Estocolmo, Lisboa, Ammán, Dubai y Ho Chi Minh), con la cualidad de que no muches de nosotres nos hemos conocido en persona. Somos un grupo de ocho, organizado por Walter Mignolo, co-iniciado con Sandi Hilal y Alessandro Petti, cuya plataforma informal Tents of Thought[5] nos invita a compartir nuestros actuales mecanismos de adaptación, nuestras preguntas, ansiedades y estrategias únicas para la reconstrucción de valor, significado y propósito en el necesario re-aprendizaje de nuestras mentes y comunidades. Todes somos trabajadores culturales diferentes (como filósofes, maestres, artistas, curadores) y lo que compartimos en común es el deseo de hablar, actuar y crear de maneras que re-orienten nuestra relación con los sistemas de presunto poder y conocimiento, así como su distribución.

Cuando comenzaron nuestras reuniones, estaba asombrada e intimidada por esta nueva pequeña comunidad en la que me encontré a mí misma siendo parte. Pero ahora, después de un año de charlas regulares, hay una camaradería compartida, la voluntad de ser descarada y audaz. Y esto es seguido con cuidado, generosidad y honestidad que invita a la reflexión. Bajo esta carpa virtual, hay una generosidad en la comprensión de cómo nuestras palabras codifican y pueden hacer que las «cosas» subsuman, controlen y expresen. Existe una conciencia crítica sobre cómo el contexto cambia el significado de nuestras frases y, por lo tanto, existe una sensibilidad y paciencia en torno al habla, que, dentro de este grupo, es lingüísticamente brillantemente diverso.

Munir se refiere a nosotres como Mujaawarah, un término árabe para el componente más básico de una comunidad. De personas que eligen estar juntas. Discutimos la presencia de «imágenes huérfanas» en el arte, objetos refugiados cuyas historias de parentesco han sido negadas por la lujuria colonial de controlar sus posesiones materiales; discutimos el «derecho a no pertenecer» a una ontología mediática capitalista que identifica, categoriza, divide y gobierna; de la necesidad de comprender el impacto de las formas de migración internas y externas en los conceptos de indigeneidad y etnia; de la necesidad de curar, nutrir, dar diferentes modos de renovación en la idea de suelo psicológico, suelo cultural, suelo espiritual; de la inherente necesidad de volver a una hospitalidad tan esencial como respirar. Con lo que todes nos encontramos comprometides es con la necesidad de aprender como un proceso que comienza más allá de las definiciones del lenguaje, en el campo de la relación, en la observación, con respecto a los diferentes modos de tiempo y espacio. Es una actitud. Como diría Walter, es el desaprendizaje necesario (la desvinculación) con el Tiempo.

Es tristemente irónico que en este momento pandémico, muches de nosotres hayamos encontrado consuelo al saber que no estamos solxs en nuestra experiencia de aislamiento social; muches han encontrado consuelo psicológico en tal solidaridad, a pesar de que esta situación es, en última instancia, un resultado calamitoso de falta de respeto y división humana. Como curadora y guía, como líder y amiga, cuya forma primordial de vida cotidiana es hablar y escribir, me sorprende el agotamiento actual que abunda de tal deliberación diaria sobre las palabras. Lamento la pérdida de un cuerpo todos los días. En este momento viral donde les seres querides y colaboradores lejanes son relegades al mundo virtual de lo verbal, existe una necesidad urgente y diaria de recalibrar los sentidos plenos. Es en las imágenes y particularidades de historias compartidas con tanta diversidad que mis sentidos se estremecen. Porque en su esperanzada articulación de lucha se nutre mi imaginación; en su razonamiento creativo (dado con risas y afabilidad) recuerdo cuán finito es nuestro planeta y que es en esta diferencia en la que nos entrelazamos y, por lo tanto, innovamos y, por lo tanto, reparamos.

(Saigon, 30 de noviembre de 2020)

Notas

  1. Ver: Elizabeth Inandiak, Merapi Omahku (Indonesia: Babad Alas, 2010)

  2. Iniciado por The Factory Contemporary Arts Center (Ciudad Ho Chi Minh) en 2018, Pollination brinda a curadores y artistas emergentes en el sudeste asiático la oportunidad de coproducir y colaborar, para beneficiarse mutuamente de la infraestructura artística privada de esta región: plataformas que reconocen el valor de compartir (polinizar) sus ideas y actividades críticas. Con el objetivo de establecer una comunidad regional de productores que vinculan el talento con la red, el espacio y la oportunidad, Pollination busca nutrir la práctica artística a través de la investigación curatorial, con la visión de que las conexiones más profundas entre artistas y curadores permiten la reflexión crítica, la escritura y el diálogo: un discurso muy necesario como recurso accesible comparable intrarregional. La «polinización» se concibe como un ejercicio de colaboración a largo plazo entre diferentes instituciones/grupos comunitarios en el sudeste asiático con el objetivo de ofrecer al talento curatorial y artístico emergente la oportunidad de trabajar con otras entidades afines en su región. Como una de las primeras iniciativas privadas/no gubernamentales de este tipo, Pollination tiene como objetivo desarrollar y nutrir las habilidades y relaciones entre artistas y curadores interesados ​​en trabajar (y cuestionar) las estructuras institucionales de exhibición en el sudeste asiático. Consulte aquí más información.

  3. La tercera edición de Pollination está organizada por The Factory Contemporary Arts Center (Ciudad Ho Chi Minh); co-financiado por SAM Funds for Art and Ecology (Yakarta) y MAIIAM Contemporary Art Museum (Chiang Mai), con el apoyo de Selasar Sunaryo Art Space (Bandung). Período del proyecto enero de 2020 – mayo de 2021. La exposición Of Hunters tendrá lugar en el Museo de Arte Contemporáneo MAIIAM en abril de 2021; seguido del simposio The Gatherers en Selasar Sunaryo en mayo de 2021 (este último evento también para lanzar el sitio web del proyecto «www.ofhuntersandgatherers.com», con el generoso apoyo del Gray Center for Art and Inquiry, Universidad de Chicago). Entre les asesores curatoriales de la tercera edición de Pollination se encuentran Agung Hujatnikajennong (Bandung), Vipash Purichanont (Bangkok) y Zoe Butt (Ciudad Ho Chi Minh).

  4. “El conocimiento local encarnado se entiende aquí como sabiduría local en el contexto de Indonesia; o como conocimiento espiritual local en el contexto tailandés. Sin embargo, ambos intentos de traducir las palabras locales kearifan lokal y ไทย al inglés son insuficientes. En resumen, conocimiento local encarnado se refiere a la práctica del aprendizaje mediante la cual el cuerpo recibe «práctica» en sitios específicos, con rituales específicos. Se entiende que el conocer vivencial del conocimiento y su presencia continua en comunidad —vía narración oral, ritual espiritual o religioso, superstición folclórica— están infravalorados o poco enseñados dentro de la memoria cultural dominante de ambos países. En el contexto de la tercera edición de Pollination, el conocimiento local encarnado se explora particularmente en relación con las ideas de la ecología humana y su entorno natural.” Extracto del informe curatorial de LIR y Kittima Chareeprasit, septiembre de 2020.

  5. Tents of Thought está organizado por Walter Mignolo, en co-iniciativa con Sandi Hilai y Alessandro Petti, con los miembros Charles Esche, Munir Fasheh, May Al Dabbagh, Liliana Coutinho y yo, Zoe Butt. Les iniciadores afirman que “Tents of Thought es un espacio de reunión temporal en el que muchos lenguajes de personas y recuerdos que han sido marginados y minimizados por la modernidad occidental comenzaron a ocupar un lugar destacado. Nosotres, Sandi, Alessandro y Walter, elegimos iniciar carpas de pensamiento para estar en conversación con personas que, desde una perspectiva y geografía completamente diferente, tienen urgencias similares. Nuestro objetivo es construir alianzas entre luchas paralelas que sufren el mismo régimen de opresión y desafiar y reducir las nociones universalistas producidas por la civilización occidental. Tents of Thought es un lugar de vida y aprendizaje colectivo en la alegría y la belleza de pensar juntos.» (Mayo de 2019)

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