09.11.2020

Comunidad Catrileo+Carrión: utopías mapuche no-binarias para un presente epupillan

Como un llamado a otros modos de vivir más allá del régimen heteropatriarcal, la Comunidad Catrileo+Carrión traza poéticas para imaginar utopías epupillan, mareas de solidaridad planetaria que van más allá de lo binario.

Hemos pasado muchas horas de nuestro tiempo preguntando entre nuestra gente respecto a nuestres ancestres no heterosexuales mapuche, hemos pasado días buscando en bibliotecas y archivos algún rastro de aquelles que nos antecedieron. Pareciera que mientras más buscamos menos vamos encontrando. El tiempo lineal nos juega una caprichosa jugada. Lo poco que sabemos ha sido escrito por hombres blancos que no comprendieron estas experiencias más allá de una noción heteronormativa, el género fue una imposición colonial que ha persistido. Hubo que erradicar otros modos de ser más complejos que no caben en nuestra idea contemporánea de identidad de género y que tampoco encajaban con la moral cristiana. Y es que estas experiencias, cuerpos y prácticas amenazan una matriz colonial que buscaba corregir y enderezar a quienes se movían en otras coordenadas distintas a las del pensamiento binario. Estas prácticas de nuestres ancestres no quedaron en los archivos ni anales de la historia.

Han descrito en algunos pasajes a nuestres ancestres como seres aborrecibles, vinculando torpemente sus experiencias al demonio y la hechicería. Poco sabemos de elles: algunes tenían un rol político-espiritual, eran machi weye. Seres con la capacidad y conocimientos que no fueron comprendidos por los hombres blancos (winka), y más desolador aún, seres que hoy tampoco son del todo comprendides por una sociedad mapuche contemporánea conservadora que se resiste a abrir sensiblemente su entendimiento.

(…) los machi weye emprendían una guerra espiritual en contra de los españoles. Propiciaban los espíritus de los guerreros mapuche y los espíritus de machi (guerreros espirituales) que continuaban luchando contra las almas de los españoles en el cielo, utilizando armas tales como rayos, truenos y erupciones volcánicas (Rosales 1989: 155-161). Con maldiciones, los machi weye soplaban humo de tabaco hacia territorio enemigo. Adivinaban la ubicación de los españoles y determinaban los resultados de las confrontaciones haciendo magia en recipientes con agua (Rosales 1989:135). Invocaban a la luna, al sol y a los planetas durante las adivinaciones militares, a fin de obtener poder para curar a los heridos y vengarse de sus enemigos (Ercilla 1933:45, 147; Oña 1975:15, 21). Los machi weye aconsejaban sistemáticamente a los jefes reche para que eliminaran a los españoles (Rosales 1989:384) (…) también utilizaban palabras como armas.[1]
Quisiéramos mantener presente esta guerra espiritual, usar las palabras como armas distintas: para la sanación a nuestra historia borroneada, invocando las memorias de nuestres ancestres al siglo XXI. Esa es nuestra porfía, esa es nuestra medicina. Nos han dicho hasta el cansancio: putes, pecadores nefandes, sodomitas. Como palabras que portan connotaciones negativas, tratando de liquidar el potencial de transformación y resistencia de quienes ejercían las prácticas de machi weye. Pero también hoy nos dicen que no existimos, que los nombres que hemos recuperado junto a nuestro kimün (conocimiento) no es válido.[2]

Durante muchos siglos esta persecución a nuestres ancestres fue brutal, hay cartas y crónicas coloniales que describen esto, pasajes “indecorosos” que la historia de los winka buscó exterminar. Según ellos toda persona que cometía el pecado sodomítico debía ser buscade, capturade y quemade en la hoguera quitándoles el derecho a ser enterrades. Había que corregir, enderezar, encauzar en una línea recta del progreso y civilización a todo lo que cuestionaba los valores de la evangelización.

Estas brutales historias han sido poco contadas en el presente. Un lado-b que incluso los mismos mapuche más conservadores no quieren reconocer. Aún así hemos persistido en nuestra búsqueda por nuestres ancestres no heterosexuales. Queremos encontrar sus nombres muertos, sus fotografías o cualquier otro indicio que nos permita activar nuestra imaginación política. Esa es la motivación que nos lleva a escribir esto, anhelamos devolverles a la tierra, hacer ceremonias que como las olas tocando la arena, puedan disolver lo sólido en una masa que devenga Océano Pacífico, mareas que van y vienen, corrientes de dolor, olvido y también de memorias en resistencias y solidaridad. Porque parte del “castigo” que sufrían les acusades de sodomía era que sus cenizas serían lanzadas al viento para que nunca puedan descansar, para que nunca vuelvan a la tierra.

En este contexto de invisibilización, persecusión, dolor y borradura, emerge una posibilidad que hemos urdido en comunidad y que hemos recuperado de la experiencia situada del Archipiélago de Chiloé: epupillan. Abrazamos la palabra epupillan porque pudimos conocerla de otras personas mapuche-williche que nos compartieron sus vivencias, memorias, sus modos de comprender y respetar todas las formas de vidas existentes.[3] Epupillan significa dos espíritus,[4] pero tiene una particularidad: pillan es un espíritu que es más que humano, es inconmensurable. Nos entrega señales para conectarnos con el itrofilmongen (biodiversidad), para entender la vida descentrada de la humanidad, permitiéndonos transitar no solo entre lo conocido como femenino o masculino, sino que pensar en toda la vida animada e inanimada como íntimamente vinculadas por una mismo flujo de la materia o mapu, “que está en todo”.[5] Adriana Paredes Pinda (2019) reflexionando sobre la condición de parriache, en un diálogo con la potencia epupillan señala:
así nos hallamos los “parriache”, los que no somos paradigma de raza, los que no somos prototipos de purismos ni esencialismos intocados por la historia y el colonialismo, los que nos reconocemos awinkaos, colonizados y colonizadas, esas que vivimos con pelearle al desprecio como arte y convertirlo en tejido, ¿de esas maternidades somos nosotras?, de esos “trazos” mancos mudos balbuceantes renacientes somos…buscando siempre un territorio donde asentar nuestra locura, el desvarío poético y político de nuestra transgresión, porque como dicen las papay: “—los champurria, esos son lo peor, agua con harina, ni una cosa ni la otra…” (11)

En estas palabras de la machi Pinda se entretejen nuestras memorias, nuestras historias de migración, nuestro anhelo por que al nombrarnos epupillan construyamos un espacio seguro para otres disidentes sexuales-afectivos. A esa fuerza antigua queremos invocar, autoeducarnos recíprocamente para fortalecernos en estas experiencias que no están archivadas por las instituciones coloniales.

Nuestra Comunidad Catrileo+Carrión está formada por personas no heterosexuales que no se van a reproducir. Nuestros linajes se han interrumpido en nuestra decisión de buscar otros modos de vivir. Nos imaginamos políticamente como un archipiélago donde caben infinitas posibilidades de ser, ese regalo nos han dado quienes nos han compartido este conocimiento situado llamado epupillan. En nosotres hay una fuerza creadora y destructiva a la vez, y en esta exploración vital comprendemos muchas sensaciones y memorias de un daño que se nos ha transmitido como parte de un legado colonial y patriarcal, y que nos hace preguntarnos ¿cuál es el destino de una comunidad mapuche epupillan como la nuestra, si no nos vamos a reproducir? ¿Cómo podemos contribuir a los procesos de autodeterminación política indígena desde esta posición? ¿Acaso los territorios autónomos que tendremos algún día como pueblos indígenas, estarán ordenados por la heterosexualidad obligatoria? ¿Alguno de estos proyectos intelectuales o políticos nos incluyen o centran nuestras voces de paria?

Volvemos a imaginar el destino de aquelles que se negaron a la reproducción de la vida humana, por tener deseos diferentes, por tener vínculos con la comunidad que no eran estructurados por la reproducción sexual, sino por la reciprocidad con fuerzas no-humanas, con conocimiento y prácticas específicas que contribuyen a la comunidad general.

El tiempo al que pudieron acceder nuestres ancestres no heterosexuales solo podemos imaginarlo políticamente como un tiempo improductivo que no sólo amenazó al proyecto colonial extractivo defendiendo con maldiciones, haciendo erupcionar volcanes, enviando enfermedades por el agua; sino que también se resistieron a la formación de nuevos cuerpos esclavizados, se resistieron a la reproducción.

Esta misma estrategia de persecución está vinculada a la demonización que se le hizo al Pillan, aquella fuerza que se desborda de la humanidad en proporciones que están a otra escala. Les antigues mapuche nombraban a los volcanes como Pillan, lo que fue alimentando la idea de que invocarle era sinónimo de hacer pacto con el Diablo. El devenir de los cuerpos no heterosexuales indígenas en cuerpos sodomíticos está marcado por la influencia colonial del siglo XV donde los intereses del naciente Estado monárquico español se anudan con los intereses de la Iglesia Católica, ampliando así la percepción del daño y pecado de la sodomía no solo a un asunto moral, sino que jurídico y territorial. El Pillan no sólo es entendido como amenaza telúrica e ígnea, sino también como sistema de relacionamiento ético que estructura otras formas de existir.[6]

Este anudamiento definirá toda práctica sexual no reproductiva como un acto sodomítico. De esta manera, no solo se explica la persecusión a los seres no heterosexuales, sino que también explica la imposición del imperativo de reproducción heterosexual impuesto en toda la colonia y que con especial dureza será inscrito sobre los cuerpos de las mujeres hasta hoy. No reproducirse es –en estos términos– hacerle daño al estado y administración colonial, por tanto hace posible invocar la legítima defensa de la guerra justa contra les sodomitas.

Nos hacemos la pregunta en torno a cuál es nuestro lugar político como parte de una constelación de disidencias ancestrales que bordean todo el cinturón de fuego del Océano Pacifico. Cuáles podrían ser las posibles alianzas, cruces, conexiones y experiencias compartidas. Leonel Lienlaf (1989)[7] en su poema Cántaro roto señala:

Ya se acaba
Este cántaro rojo
se ha trizado.
Dormirá en la tierra
y un día
otra alfarera
lo reconstruirá.

La respuesta que podemos formular para esta pregunta; esta interpretación desde una experiencia situada epupillan, es trazar imaginativamente un relato que al conectarse con el flujo del magma, se conecta con la red telúrico-geológica terrestre del cinturón de fuego. Aquí el tamaño de la imaginación se pierde en el vasto Océano Pacífico y se funde con el ardor de la lava que fluye líquida bajo las placas. Encontramos pedazos de un artefacto desconocido, que comparte similitudes con el cántaro rojo que Leonel Lienlaf nos trae al presente; pero que en su catastrófico encuentro con el Pillan se hace polvo, lo que nos genera una imposibilidad de volver a componerlo. Nos entrega así una tranquilidad particular: la posibilidad de fundir el barro, fundir la roca, fundir el cántaro en las fauces “demoníacas” del Pillan para integrarnos a la lógica líquida del flujo magmático, conectarnos con la no-humanidad en un sentido doble: tocar con excitación la vida no-humana que nos excede y compone, pero también enfrentarnos a la deshumanización que se ha impuesto históricamente sobre nuestras experiencias y comunidades desviadas. Queremos ser categóricxs además, en diferenciar los procesos de deshumanización con los procesos no-humanos. La deshumanización es un mecanismo colonial para mantener la supremacía blanca o blanco-mestiza. Es en contra de esta hegemonía que decidimos nombrarnos epupillan, para así explorar los límites y territorios de la no-humanidad, encontrando esbozos y fragmentos de un pasado epupillan erradicado. Tal como un terremoto deja un surco en un valle o colapsa un roquerío, el tiempo epupillan se dibuja en el impacto de su ausencia, en su silencio dibujado como la niebla en nuestras memorias.
Este es un gesto de especulación utópica epupillan. ¿Cómo leer la historia más allá de los eventos narrados por cronistas e historiadores winka? Ante la ausencia de un archivo sobre nuestres ancestres proponemos leer los eventos volcánicos como momentos de caos, de suspensión de las normativas coloniales. Nuestra estrategia de invocación y sobrevivencia de aquellas memorias de nuestres ancestres la hacemos posible a través de la imaginación política, mirando la historia mapuche con ojos epupillan, una mirada desviada que sospecha de la historia oficial que nos ha omitido.

La fuerza geológica del Pillan, agenciando la explosión, fuego, lava, temblor, fumarola en un reordenamiento creador/destructivo de todo aquello que experimenta su despertar, interrumpe las lógicas coloniales, de la misma manera que como seres epupillan obstaculizamos el avance de la maquinaria heteropatriarcal. El volcán/Pillan en erupción convoca un desorden de la materia que no solo es centrípeto sino también magnético, comunicándose con flujos plasmáticos atmosféricos, en una coreografía gravitatoria que incluye a las estrellas, mareas, lunas, planetas y cuerpos celestes cuyas trayectorias dialogan con las nuestras desde sus fuerzas fundamentales; diálogos y relaciones de las cuales también queremos ser parte.

Durante la historia geológica volcánica en territorio mapuche han ocurrido varias erupciones conjuntas, donde emerge esta potencia epu-pillan: en 1640, 1750 y 1765 erupcionaron conjuntamente el volcán Rukapillan, Ketrupillan, Lanin y Mocho Chozwenko, mientras para la historia humana estaban mapuche y españoles en guerra. El tiempo de los volcanes nos hace pensar en el tiempo epupillan, como un tiempo que altera las normas sociales reguladas por la colonialidad del género y del espíritu. En 1790 el volcán Llaima entró en conjunción con el volcán Rukapillan, Puyewe y Peripillan. En el siglo XXI estos intervalos entre volcanes continúan, siendo el Llaima uno de los más activos. Una serie de erupciones en el último tiempo se han dado entre dos volcanes casi simultáneamente: Llaima y Chaiten (2008, 2009), el volcán Planchón y Llaima (2010), Los volcanes Puyewe y Hudson (2011), Llaima y Kopawe (2012), Rukapillan y Kalfuko (2015), Chillan Antü y Rukapillan (2016), Planchón y Kopawe (2018). Queremos ensayar una utopía epupillan, habitando el tiempo de la montaña, del volcán, de otres Pillan: ¿qué significa la duración humana de la vida cuando un volcán tiene la edad de la tierra?

Esta perspectiva es utópica no en tanto es un ideal imposible, universal moderno-colonial improbable de habitar un cuerpo. Es una utopía epupillan en acción hoy, que nos tiene a todes les integrantes de la comunidad deslocalizades pero conectades, articulando afecto en cada uno de los espacios donde hacemos comunidad. Para nosotres el futuro está en el pasado y vice-versa, por lo tanto nuestra utopía lacera el tiempo colonial y posiciona nuestra potencia epupillan aquí y ahora para poder desviar el flujo de la materia. Así como cuando un volcán/Pillan erupciona y comienza un diálogo matérico de transformación crítica con su entorno, queremos nosotres escupir estas palabras como una ceremonia creadora y destructiva. Porque conocemos nuestras potencias en sus vectores múltiples, nos abrimos a experimentar y compartir nuestras reflexiones en comunidad, ya que estas nos energizan, mineralizan y mantienen vives.

Nos hacemos cariño con la palabra como un gesto radical de amor, de celebrar la vida que desbordamos. Nos interesa pensar, sentir, imaginar y crear colectivamente utopías que por el momento nombramos como epupillan, entendiendo esta palabra como una pregunta abierta en construcción sobre nuestras experiencias que van más allá de lo binario, como corrientes marinas, como placas tectónicas en movimiento, en un roce constante que difumina el límite entre sólido/líquido/gaseoso.

Mediante la invocación al volcán/Pillan, llamamos al flujo de magma que permite la erupción como desorden plasmático de la materia. Queremos trazar poéticas que nos permitan imaginar políticamente cómo serían estas utopías concretas, como mareas de solidaridad planetaria con otros seres humanos y no-humanos, vamos a invocar en esas aguas a nuestros ancestres que fueron quemades en la hoguera o arrojades al mar.[8] Esta es una invitación a hacer una revolución que vaya más allá del pensamiento binario, más allá del entronque patriarcal.

¿Cuánto podemos aprender del tiempo de los volcanes, de las corrientes marinas? ¿Cómo dialogar con toda la energía no-humana que nos desborda, pero que nos conecta con experiencias múltiples de resistencia al orden moderno colonial?

Esperamos que mediante este gesto de reciprocidad medial, podamos también afectar a quien nos lee: salpicar este magma contra el olvido corrosivo de no tener historia, no tener genealogía. Estamos aprendiendo en el camino, buscando sanar siglos de memorias que no han sido escritas, no han sido habladas. El colonialismo no ha vencido sobre nuestras memorias epupillan, por eso esta invitación a pensarnos como constelaciones que traman redes de solidaridad con otres.

Antonio, Alejandro, Constanza, Manuel.
Comunidad Catrileo+Carrión

Notas

  1. Ana Bacigalupo, “La lucha por la masculinidad del Machi: políticas coloniales de género, sexualidad y poder en el sur de Chile” en Revista de Historia Indígena, (6), 2002, p. 29-65. Consultado de https://revistas.uchile.cl/index.php/RHI/article/view/40145/41707

  2. Estamos conscientes que hablar de esto puede resultar una gran transgresión ante una tradición que parece ser incuestionable y rígida. Pero no aceptamos que la tradición sea avalada por la heteronormatividad como única opción fundamentada en el argumento de la dualidad.

  3. Estas experiencias situadas epupillan fueron compartidas por Willy Morales, Sonia Catepillan y Ruth Antupichun. Y posteriormente desarrolladas en extenso por Antonio Calibán Catrileo en su libro de ensayos Awkan epupillan mew. Dos espíritus en divergencia (Pehuén Editores, 2019)

  4. Existen otras palabras que también describen nuestras experiencias que provienen de otros territorios mapuche, en este sentido sentimos profunda empatía con las experiencias epupüllü que hemos podido conocer a través del relato de Carmen Zapata Lancucheo quién en el podcast Origi-ke? nos cuenta que en su comunidad ubicada en Didaico les llaman así a quienes no se definen como heterosexuales pero tampoco con las identidades LGBTIQ+. Por otro lado, Aliwen (curadora, crítica de arte y escritora) también ha visibilizado las experiencias epupüllü que provienen del territorio mapuche-williche de Panguipulli, con quien hemos tenido la oportunidad de hacer diálogos y alianzas durante el Círculo de Estudios “Descentrar lo Humano” que realizamos entre junio-julio del 2020 en Tlaxcala 3 junto al Global Center for Advanced Studies Latinoamérica.

  5. Juan Ñanculef, Tayiñ Mapuche Kimün. Epistemología Mapuche (Santiago: Universidad de Chile, 2016)

  6. Durante septiembre y octubre del 2020 participamos del Seminario Otras formas de existir impartido por Adriana Salazar en MUCA ROMA, Ciudad de México. Allí expusimos durante una sesión sobre nuestra crítica epupillan para explorar otros modos de relación que miran críticamente al colonialismo, patriarcado, capitalismo y extractivismo.

  7. Leonel Lienlaf, Se ha despertado el ave de mi corazón (Santiago: Universitaria, 1989)

  8. Sonia Catepillan relata que en el Archipiélago de Chiloé existían personas epupillan que eran respetadas, pero en el tiempo de la dictadura de Carlos Ibañez del Campo (1927-1931) fueron duramente perseguidas y les arrojaron al mar. Luego de esa desaparición forzosa se dejó de hablar en la esfera pública, lo que ha persistido en una incómoda omisión en el pasado-presente.

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