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29.11.2021

Ejercicios de resistencia: recuperar y reconstruir nuestra memoria e identidad(es)

En un ejercicio en donde crítica e imaginación son indisociables, les artistes panameñes Milko Delgado, Risseth Yangüez Singh y José Braithwaite, intercambian opiniones, expectativas y recuerdos a partir de la conflictiva identidad mestiza en Panamá, para colocar la pregunta sobre la posibilidad de mundos otros que no ignoren la memoria Afro y Negra de dicho territorio.

En esta ficción llamada “Panamá”, desde pequeñas nos enseñan que el origen de su nombre  significa “abundancia de peces y mariposas”. Nos enseñan que nuestro territorio se encuentra entre los 25 países más biodiversos del mundo a pesar de su corta extensión territorial. Que gracias a la posición geográfica privilegiada nos escogieron para la construcción de un canal. Nos enseñan también a ver la panameñidad como un perfecto “crisol de razas” de hispanohablantes, en el que blancos, indígenas y negros se funden sin distinción en una sola nación.

Nuestra realidad es otra, y en el caso de la maravillosa obra de la ingeniería moderna que llevamos como emblema, su construcción es atravesada por procesos históricos que atentaron contra la humanidad. Existe una deuda y reconocimiento hacia la verdad, que aún como sociedad no hemos sido capaces de reconocer.

Negamos otras versiones de la historia, porque, al igual que en muchos otros países de América Latina, el racismo al estilo panameño niega la existencia misma del racismo. 

Nuestra noción de “crisol de razas”, reforzada por la imposición de categorías  homogeneizadoras, promueve el mestizaje y la ambigüedad racial, y minimiza la presencia de la población Negra en el país. Esta misma estructura también promueve las ideas de blanqueo y de armonía racial, que dificulta la inclusión de las preocupaciones e intereses de las personas Negras, indígenas y mestizas que viven en pobreza y desigualdad, impidiendo así la construcción de procesos para el desarrollo social y la transformación de nuestro país hacia una nación que se reconozca en pluralidad cuya fricción entre afinidades y discrepancias promueva el respeto, dignidad y amor hacia la vida de todas las personas que aquí habitamos.
Nacimos de un sistema histórico de explotación y opresión de clase/género/raza que está aún anclado en el control patriarcal/oligárquico/capitalista de una minoría blanca o casi blanca sobre la economía y los recursos del territorio. Esta realidad se encuentra aún presente. Nos convertimos en un territorio que pasa de gobierno en gobierno administrado como una finca privada en función de los intereses de unas cuantas familias ricas del país. Nuestro estado permite la explotación de aquella mágica biodiversidad de la que estamos tan orgullosas. Permite la gentrificación y abuso hacia el “crisol de razas”, que también utilizan en las revistas de turismo como portada. Siglos de violencia sistemática que han intentado borrar nuestras memorias e instrumentalizar esta pérdida para seguir instaurando control sobre nuestros cuerpos/territorios. 

Milko Delgado (MD): Partiendo de esta introducción no tan positiva pero real del contexto de una parte de nuestro pedazo de istmo llamado Panamá, pregunto, ¿las élites del estado han logrado borrar nuestras memorias? ¿Dónde están? 

Risseth Yangüez Singh (RYS): No lo han logrado pues no sólo somos producto de toda esta violencia y opresión. También somos resultado de la fuerza y resistencia de nuestres ancestres. Somos hijas de caciques, cimarrones, rebeldes y de personas que en nuestro territorio dieron su vida tratando de reimaginar mundos otros. De luchas colectivas y de complicidades. Reconocer el poder de nuestros cuerpos y resistencias en los procesos de nuestra historia es reconocernos fuertes. Es sabernos capaces de construir y generar propuestas para reinventar nuestra tierra y las dinámicas que ejercemos sobre ella. Estas memorias de nuestra historia existen pero están desperdigadas. Es difícil acceder a ellas; sin embargo, están vinculadas a nuestro ser. ¿Por qué hablamos y celebramos a los españoles pero no se habla de las figuras Negras, racializadas o indígenas que han construido o pensado en nuevas formas de “nación”? 

José Braithwaite (JB): Reconozco que la memoria de nuestres antepasades, resistencias y luchas se ha disipado producto de la violencia sistemática y del control de la historia. Nuestros cuerpos estaban demasiado ocupados intentando sobrevivir como para dar paso a un registro de la misma. Aún continúan estándolo. Aquelles ancestres rebeldes luchaban por las cosas que les subyugaba incluso sabiendo que eso podría costarles la vida. Los procesos de lucha y resistencia en la nación que compartimos llamada “Panamá” siempre han existido, pero, al igual que en todo territorio que basa su sociedad en los modelos de explotación establecidos, se borró esta memoria para que no seamos conscientes de nuestra capacidad de transformar nuestro entorno. Nos confunden con una falsa idea de panameñidad y patriotismo. Confunden también la idea de “nación”, cuando en realidad operan nuestro territorio como corporaciones. “Naciones” son los pueblos originarios, y han existido aquí desde antes de que nos llamáramos “Panamá”. Panamá tiene 118 años desde su fundación como estado-nación, con múltiples intervenciones e intereses, destacando los de EE.UU., ¿pero antes de eso qué? ¿Qué existía? ¿Antes de España, o mejor dicho, a pesar de España, qué? Detrás de eso están las verdaderas naciones que aún siguen operando bajo conocimientos ancestrales y con vínculos más saludables con la tierra, pero es ajeno, o es al menos lo que nos han hecho creer. 

(MD): Pensando sobre esta idea de resistencia a través de la historia y entendiendo que parte de nuestra memoria ha sido borrada y condicionada a una noción de nación que se fomenta en valores que perpetúan la violencia, creo que el ejercicio de reinventar y reconstruir esta memoria es importante. Mi trabajo es atravesado por la sociedad y sus problemáticas, específicamente en relación a las políticas de los cuerpos anti-normativos. ¿Qué ideas de resistencia prevalecen en sus vidas y atraviesan sus prácticas culturales y artísticas? 

(RYS): Muchas veces, cuando pensamos en la idea de resistencia, se nos viene a la cabeza que tenemos que estar aguantando, soportando violencia. Una pelea constante que implica sufrimiento, lucha y dolor. En parte puede ser así. Pero no sólo es eso, también es proponer nuevas formas de existir y vivir en nuestros cuerpos/territorios/mundo. Es estar en contra de una realidad que nos oprime, siempre con la disposición de transformarla, donde cada quien encontrará sus herramientas para llevar sus resistencias. 

Desde mi corporalidad en el presente, el sistema en el que vivo me violenta todo los días por ser mujer Negra. Quiero que eso deje de pasar. Deseo que lideren formas que estén a favor de la vida. Apuesto siempre por la vida: la tierra y sus recursos, la comunidad, el amor. Mi idea de resistencia es procurar tranquilidad con mi cuerpo y en mi entorno, alejada de imposiciones que me digan qué tengo que ser o vivir. 

Me han hecho creer que soy algo que no soy y el ejercicio de cuestionarlo todo y reconstruir(me) ha sido mi resistencia. Este ejercicio de resistencia se traduce en mi práctica artística al adentrarme en mi memoria personal y entender que ésta es atravesada por una memoria colectiva. Desde el arte es importante la reapropiación de las imágenes. Se ha utilizado la imagen de las personas Negras, indígenas y racializadas en deterioro de su humanidad. Una cosificación. Todo ejercicio de reinvención e imaginación por parte de una persona Negra es una cachetada al sistema y al arte. A pesar de ello, sabemos que el arte tampoco se escapa de ser una estructura tramposa. 

(JB): El punto de borrar la historia, las luchas y resistencias de nuestres ancestres, quiénes éramos y de dónde venimos, fue quitarnos el sentido de pertenencia, y eso es algo que a través de nuestras prácticas artísticas tenemos que reconocer para realizar un ejercicio de reinvención. Desde la vida y el arte, éste ha sido para mí un sentido de resistencia. Con mi trabajo realizo una investigación sobre mi memoria familiar y ancestral que me ha llevado a la integración con diversos grupos Afros e Indígenas para indagar en problemáticas relacionadas a la relación entre genocidio y gentrificación. Esta búsqueda personal se ha convertido en una auto-etnografía que permite el ejercicio de preservar una memoria y reimaginar una nueva historia. 

(MD): Reconociendo las dinámicas de poder que han existido en el arte y que prevalecen en el arte contemporáneo, ¿qué acciones o propuestas podemos generar para transformarlas?
(JB): Cuando empecé a trabajar sobre el tema de la gentrificación, lo hice porque es una problemática que me afecta a mí y a mi comunidad. Sin embargo, traer ese tema al arte resultó una incómoda contradicción pues la gentrificación es una violencia sistemática en la que participa el mismo circuito artístico. 

En los procesos de gentrificación en Panamá, la quema de casas de personas Negras y pobres ha sido siempre una constante. Pensé entonces en obras que cuestionan las estructuras del consumo del arte contemporáneo y la representación de problemáticas, sin caer en la pornomiseria que suelen articular quienes no están cerca o viven estas realidades. Con fragmentos de casas incendiadas por la gentrificación en barrios populares, incluyendo la mía, inicié un proceso de piezas escultóricas, fotográficas o instalativas que parten de la abstracción y el simbolismo para retratar de forma no tan evidente esta problemática en tensión con una constante reivindicación de la negridad. Al final quienes mayormente podrían consumir estas obras en un circuito tradicional del arte son los grupos oligarcas que también son parte o causantes del problema de la gentrificación. Entonces las piezas habitarán sus casas cual trofeo de cazador desalmado en África que les recuerde lo que han causado.

Con este acto busco empujar a las instituciones culturales a cuestionar estos sistemas hegemónicos y su complicidad con los mismos para apostar por nuevas representaciones e imaginarios que reivindiquen los procesos históricos que han sido manipulados. Por otro lado, estas obras abrieron una pregunta sobre la necesidad de crear nuestros propios espacios de circulación, pensamiento y reflexión sobre el arte, al igual que nuestros propios sistemas de comercialización, o lógicas más saludables de rentabilidad, más allá de los sistemas tradicionales.

Generar autonomía desde el conocimiento. Desde la autonomía del pensamiento se pueden desterrar los sistemas vampíricos. 

(RYS): La hegemonía y control de la imagen y los discursos prevalece en el arte. Los espacios en los que estamos son, por lo menos, blancos, racistas, machistas y transfóbicos. A pesar de ello, poco a poco logramos infiltrarnos y cambiar esta realidad. También continuamos generando espacios propios acorde con nuestras resistencias y la de nuestras comunidades que nos ayudan a pensar y crear estrategias colectivas junto a otras luchas. 

Parte del trabajo de mi último proyecto de largometraje documental y ópera prima, titulado Cuscú (término despectivo utilizado en Panamá para el cabello Afro), ha sido el de reimaginar el futuro y repensar nuevas formas de coexistencia con nuestros cuerpos como mujeres Negras. Esto ha implicado el rescate de una historia que nos ha sido negada, misma que necesitamos para el ejercicio de reconocernos. En el documental, se reconstruye la historia Negra de Panamá y sus múltiples procesos, para poder tener una idea más clara sobre la negación de nuestra identidad Negra en este país. Para hacerlo, partí de una premisa personal: darme cuenta de que yo misma me estaba negando a través de no reconocer algo tan básico como mi cabello, y no tener la conciencia para aceptarlo, sometiéndome a procesos químicos para alisarlo. ¿Por qué quiero alisarme el cabello? ¿Por qué me hacen creer que debemos alisarnos el cabello? Estas simples preguntas originaron una investigación que ahora es una contra-memoria a la historia panameña que nunca es cuestionada. Esta contra-memoria la construí de la mano de múltiples mujeres Negras, amigas, que se han encontrado en una situación similar. Reconocernos y crear con conciencia es también un acto de resistencia. 

(MD): En este ejercicio de resistencia y transformación, ¿Cómo imaginan los futuros desde esas nuevas representaciones e imaginarios?

(RYS): Estas “nuevas representaciones” no son tan nuevas; son parte de un trabajo de resistencia que existe hace tiempo. A pesar de ello, a veces me cuesta creer en la premisa de un mundo distinto al que vivimos. Quizá el caos de su desmantelamiento sea necesario para nuestra transformación. Creo que la única forma de acabar con este sistema es quemando todas sus estructuras. A pesar de mi nihilismo, nunca cesa la resistencia, porque hay un mundo inmediato que resolver donde el apoyo mutuo es esperanza y complicidad latente que nos mantiene vivas. 

Desde el arte se hace un esfuerzo por desmantelar estas estructuras planteando nuevos paradigmas; sin embargo, ese esfuerzo es mínimo en comparación al trabajo de comunidades y grupos en primera fila donde día a día su vida depende de ello. Es vital retar la imaginación política del arte poniendo atención a las demandas de dichas comunidades y grupos. ¿Qué implica el privilegio de poder pensar desde el arte en estos tiempos?

Recuerdo una y otra vez no dejarme paralizar o desempoderar por el miedo, pues así gana el sistema. Ante el miedo toca abstraernos por cinco segundos, minutos, horas, días, meses; sentir nuestros cuerpos, darle tiempo a toda emoción para poder encontrar tranquilidad. Entonces, seguir trabajando por aquello que queremos transformar, para nosotras, nuestras familias, amigas, comunidades y territorios.

(JB): Las leyes impuestas por los estados para regular las sociedades mantienen un espejismo que nos impide reconocer el caos que habitamos. La principal herramienta de manipulación del estado panameño ha sido desvirtuar el Ser de un pueblo, a través del control de todos los aparatos de percepción de nuestra sociedad: películas, televisión y toda forma de comunicación o arte. Imagino un desmantelamiento de estas estructuras, por medio del cual nos convertimos en facilitadores, maestres, compañeres, para resistir las herramientas de manipulación donde la imaginación facilita la cooperación en relación a un alto ejercicio de empatía y amor.

A pesar de la violencia y desigualdad que arrastra el territorio que habito y que comparto con mi comunidad, cada día es más relevante construir conscientemente con justicia, libertad, equidad, paz y empatía. Eso me llena de vida. Poder ser parte de este proceso me hace pensar en un hermoso porvenir. 

***

Con este ejercicio de reflexión y pensamiento junto a José y Risseth quiero hacer énfasis en la importancia de crear nuestras propias formas, imágenes e historias. Debemos resistir y reconocernos poderosas. La memoria feminista, indígena, trans, pobre, campesina y disidente sexo-genérica en general, necesita reconocer la memoria Afro y Negra en Panamá para reimaginar colectivamente, desde el poder de sus propios protagonistas, nuestros porvenires para la creación de mundos otros. La resistencia conlleva procesos de reflexión individual sobre nuestros cuerpos/territorios que nos llevan a identificar las luchas o causas que son más cercanas a nosotras; conlleva una interseccionalidad que necesita atravesar el pensamiento colectivo para poder renovar las formas de habitar(nos) y recrear nuestras dinámicas con el entorno.

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