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06.12.2021

Lenguas sueltas en Mesoamérica

Les artistas Elyla y Purificación intercambian sueños y nociones críticas a propósito de las identidades mestizas sujetas al aparato colonial en Nicaragua y Guatemala, las cuales, en tensión con su mariconería perfilan prácticas artísticas que posibilitan la imaginación de mundos otros.

¿Desde qué paradigmas se nos infunde una identidad? Al conocer el trabajo de Elyla sospecho que la binariedad ha tenido más implicaciones en nuestros supuestos identitarios de lo que alcanzaba a dimensionar. A mediados de agosto, con la memoria herida, como dice Elyla, comenzamos a coincidir en esta suerte de no espacio virtual para hablar sobre memoria, inquietudes políticas y la intuición de que al parecer estamos jodidamente condenadas a permanecer gritonas desde estos territorios ante la pregunta por la justicia.

Elyla se ha embarcado en un proceso de reconocimiento de lo que elle ha nombrado como “rutas para interrumpir las narrativas culturales hegemonizantes” de su territorio (Región del Pacífico de Nicaragua). Elle cuestiona y rearma el imaginario alrededor de su propio mestizaje para poner en evidencia cómo el aparato colonial ha eliminado cualquier posibilidad de autoencuentro con una ancestralidad. Su práctica artística es un “detener la fluidez” donde la reinterpretación de símbolos y lenguajes procuran un nuevo espacio de existencia; un situar que le acurruque mejor. Barro Mestiza, su primera exposición individual (Carazo, Nicaragua 2021) es el resultado de una exploración que de acuerdo a su términos desmantela el aparato colonial caracterizado desde la binariedad. 

Comenzamos a imaginarnos una ruta alegórica: lamernos entre nosotras, cuerpa a cuerpa; revisar nuestras formas y posibilidades, bailar con ellas y repasar las memorias comunes que nos atraviesan, como las percepciones y sabores que la lengua reconoce.

Acá en Guatemala, de este lado de la herida, la colectiva Organización de Locas Centroamericanas y del Caribe (ODELCA) comparte la urgencia por una semiótica confrontativa en donde los chistes, la ficción y la parodia, se vuelven fórmula para corroer las narrativas panfletarias y hegemónicas de la posguerra. Nombrarnos en disidencia lejos del martirologio. ¡Estamos soltando la lengua!

Elyla (E): Quisiera comenzar haciendo preguntas, porque es así como inicié este viaje. ¿Cómo traducir mestizaje? ¿Qué significa ser mestizx? Me lo pregunto primero a mí y luego a todes: ¿De qué maneras se vive el mestizaje en Mesoamérica? Este ejercicio simple de traducción del término mestizaje apunta a reflexionar sobre las afectaciones corpo-políticas que conlleva el asumir un dispositivo identitario colonial y racial en nuestros territorios. Hagamos de esto realmente un ejercicio corporal; un detenerse y preguntarse:

¿Puedo sentir el mestizaje en mi cuerpx? ¿Existe siquiera alguna sensación?

¿Me he dado el tiempo y espacio para identificarlo? ¿Se mueve mi lengua al pronunciar mestizaje? ¿Cómo se pronuncia con la lengua suelta? ¿Cuál es su color? ¿Es el, la, los, les mestizajes? ¿Qué memorias carga mi mestizaje? ¿Qué historias existen en nuestros respectivos linajes familiares cuando comenzamos a nombrarnos mestizxs? ¿Es lo mismo nombrarse mestizx a nombrarse blanco-mestizx? ¿Qué privilegios o accesos tengo como mestizx? ¿Qué implicaciones políticas con la tierra misma y los pueblos indígenas de Mesoamérica tienen estos nombramientos? ¿Puedo reconocer el mestizaje como un aparato colonialista que borra la historia, conocimiento y ancestralidad indígena de nuestrxs cuerpxs? Y si es así, ¿qué nueva identidad puedo parir y qué puntos de acceso existen hacia mi ancestralidad? Y por último, ¿será esta sexualidad disidente mi mayor herramienta anticolonial en relación al mestizaje?

Estas preguntas fueron un primer momento para llegar a nombrarme une cochón/e/x[1] barro mestiza y comenzar a politizar mi espiritualidad como si fueran las arterias para una visión cochona de la munda, una que dé lugar a estéticas y futuros otres. Las preguntas motivan un manifiesto de utopía cochona viva/presente, mismo que hace eco con algunas propuestas de ODELCA, como sucede en su manifesto (2018) titulado Nuestra Rebeldía, Nuestra Provocación: “No creemos en utopías pero sí en mundos posibles”. Digamos que Barro Mestiza es esa utopía hecha mundo posible desde una exploración artística infectada por la vida misma, una utopía alejada de los convencionalismos del activismo oenegista. Por eso la “inauguración” de la exposición fue un encuentro entre cochones, trans, lesbianas, travestis, drags y presentaciones de otres artistas de la disidencia sexogenérica, reflejando de esta forma que estas exploraciones no hablan solo de mí: surgen desde todes, es un monstruo vivo con muchas cabezas.

Purificación (P): Con Barro Mestiza repasaba mucho las rutas que ideaste para retar los supuestos desde donde se nos ha enseñado a nombrarnos: lo patriarcal, lo “pacificocentrista”[2] allá en Nicaragua y la supuesta “ladinidad”[3] acá en Guatemala. Barro Mestiza es un cuestionamiento de la marcada lógica binaria; apela a la posibilidad de búsqueda para imaginar una utopía desde lo cochón, tomando la huequitud[4] como estandarte para hallar posibilidades más situadas, una búsqueda que inicia con preguntas, que a tientas, te ha entregado herramientas, rutas y formas de reescribir la propia cuerpa. Tu práctica artística propone algunas respuestas a las problemáticas que plantea la identidad que se me asignó arbitrariamente, consecuencia de una astilla colonial, esa ficción encarnada: lo supuestamente “ladino”. Vengo de una región en la que desde hace 150 años se ha procurado la ladinización del territorio y la gente. Como hueca, ¿cómo he de plantearme mi ancestralidad cuando he sido amputada? La  búsqueda sobre mi ancestralidad ha sido en solitario; un encuentro y desencuentro de corpotencialidades que vadean entre lo prohibido, lo asumido y lo que está en secreta resistencia. En Barro Mestiza hay posibilidades más amables para sabernos menos encajonadas, más despojadas del signo colonial. 

(E): Esa búsqueda en solitario me resuena. En algún momento yo también sentí una soledad profunda en este proceso; creo que es importante saber de qué nos habla esa soledad. En Mesoamérica urgen conversaciones interseccionales entre racialidad, decolonialidad y disidencia sexual en colectividad. Sin embargo, reconozco que la primera conversación y trabajo a realizar en cuanto a procesos de despatriarcalización y decolonización es con une misme, con el propio cuerpx/memoria/territorio. Creo que si una ha sido construida desde el paradigma del mestizaje o los mestizajes, lo peor que una puede hacer es paralizarse en una cierta conmiseración mestiza o culpa colonial/cristiana, no hay tiempo para eso. Ser cochona o hueca, fluida o disidente, no te quita lo racista, machista y patriarcal —tu construcción colonial—, por lo tanto, hay mucho trabajo con una misma. 

Yo creo que se puede desarrollar una práctica espiritual honesta y política en estos territorios colonizados. En mi caso, soy del Departamento de Chontales de la llamada “Nicaragua” donde la memoria y conocimientos indígenas chontales,[5] han sido borrados por violación colonial. Entonces, ¿cómo construyo una práctica espiritual/ritualística situada y sensible a mi historia y a mi corporalidad disidente? Poco a poco, mi práctica performática a través del tiempo ha devenido en esa búsqueda: a medida que escarbaba y recuperaba memoria de mi ancestralidad a través de ejercicios artísticos, ritualisticos y corporales, me fue posible crear una cosmovisión espiritual que me sostiene y que sigo construyendo. Creo que la pieza Ofrenda (2021-2021) habla de esa búsqueda que a veces se paga con sangre y que hay que sacarla de las entrañas, con vómito si es necesario.
En este proceso de construcción de una práctica espiritual, politizada, anticolonial y antiracista, hay mucho dolor. Ante el dolor, rabia, enojo y otros demonios que sacar, ODELCA le da espacio a estas reflexiones, siendo una válvula para ello. 

(P): Al ver tu Torita encuetada (2021) sentí con certeza lo ritual en el ser hueco. Al escuchar al inicio del performance el canto “estamos vivas detrás de tu sombra”, se comienza a advertir que detrás de todo esto existe una voz anticolonial que es herencia dada, de luchas y batallas que reclamaron en el pasado. Ruido de muchas voces, en Barro Mestiza somos existencias que se repiten en el vivir cochón de cada compañere. Hay un ser que busca memoria, que se sabe y recupera en las huequitudes, en las cochonadas de otras compas; esa mariconería: la chispa jotona que nos ha de servir para hacer un camino juntas en el cual acurrucar un estar, un sentirse más agrupades. Partir de allí a lo mejor puede contagiar a les cochones disidentes de un orden impuesto que nos incomoda. Esa búsqueda ofrece un camino ancho para empezar a reconocernos sin miedo, con las heridas que nos grabó la historia en el pecho, con la valía de sabernos arañadas pero en pie para reclamarnos un vivir menos grosero e invisibilizado.

(E): Ese canto del que hablas es de la Susy Shock y su tribu. Con su autorización, en esa performance integré dos de sus canciones, Mariquita Linda y Torita Suelta. Torita encuetada es un ritual basado en una práctica cultural Nicaragüense que se llamada Toroencuetado, mismo que yo resignifico desde mi exploración con el fin de proponer un encuentro entre una corporalidad construída desde el mestizaje (yo mismx) y una otra desde la indigenidad (mi amigue y profesor del pueblo monimboseño, Gustavo Herrera). Durante el ritual le pido que me prenda fuego para poder nacer desde las cenizas; memorias del fuego que son sostenidas por les abueles, a quienes les pido que me brinden la oportunidad de continuar con este devenir. ¿Y a vos cómo te ha ido en ese viaje de escarbar memoria?

(P): Mi recorrido está bordeado por las militancias familiares castigadas con desaparición forzada y exilio por parte del estado de Guatemala durante el nombrado conflicto armado interno. Ahora mi familia guarda, quizá con menor entusiasmo, la sed de mundos distintos. Aún con la pesadez de esta memoria familiar, me gusta pensarme como heredero de sus procesos de lucha, de sus rabias y sueños. Tengo claro que en este caminar también están elles, nos encaminan a un lugar de verdad en la palabra, sus voces e inquietudes colorean de rojo nuestras alas de mariposas. Las ancestras que se agrupan alrededor de este cuerpo mariposón, es decir, marika con marika, son ese linaje buscado, el secreto mejor guardado de la historia. Pienso en las muchas raritas negadas, nombradas desde el insulto y el desprecio. Hermandades escogidas, ellas también son herencia viva. Pienso en María Conchita cuyo asesinato propició la primer manifestación pública por las disidencias sexogenéricas en Guatemala.[6] Las luchas de María Conchita habitan en mi. En esta región de regímenes híbridos, la memoria es nuestra lámpara contra el desapego por la verdad; la memoria nos motiva a no abandonar el sueño de un existir cálido donde la historia grite tanto como lo hicimos en vida. 

DISIDENCIAS Y OTROS LENGÜETAZOS
(P): En 2017, un grupo de marikas de varias territorialidades de Guatemala comienzan a coincidir en la Ciudad de Guatemala. Entre risas y silencios serios comienzan a relacionarse desde sus historias comunes para ficcionalizar sobre ODELCA. A partir de un chiste, se recurre a la parodia para descomponer y apropiarse del insulto. “Locas nos dicen, con la levedad de quien no sabe que en este manicomio habitamos todas”,[7] porque ante todo, éramos marikas. 
La intención es clara y urgente: descomponer las narrativas androcentristas y homogeneizantes que aún pesan sobre los activismos de un país en posguerra donde las formas estéticas y de incidencia de calle han sido en realidad dictadas por nuestros dolores repetidos.
Sé que reconocer los vicios de nuestra huequitud es importante para idear un camino en la destrucción de unos conceptos que nos vician para la construcción de identidades más francas y correspondidas. Esa misma búsqueda ha de requerir precisamente lamernos, recurrir al placer sensorial de la exploración de mundos otros en desventaja, de otras posibles formas de caminar juntas, por imaginar solo un par de sabores. De hecho hay muchos lenguajes; esta es una región plural y no hay nada que me parezca más delicado que imaginar un futuro hablando solo con mi lengua. ODELCA elabora propuestas performáticas que nos han atravesado a todas las miembras. Tenemos claro que las trampas de la representatividad pueden también cortar las lenguas y sofocar voces de otras locas. Todo lo que no atraviesa el cuerpo es panfleto.

(E): Yo me nombro cochón/a/e/x barro mestiza desde la mayor autenticidad que he encontrado en mi proceso hasta el momento. También me nombro “activista” o “no binarie” como estrategia para ocupar un asiento en la mesa de las representatividades LGBTTTIQ+ correctamente políticas y plantear otras reflexiones que están en mi cuerpx con el fin de generar grietas. Hay un maricon del norte, William S. Borroughs, quien creo estaba desterritorializado de las identidades. Desde su propuesta escritural decía: “el lenguaje es un virus del espacio exterior”. Creo que si William viviera, las cochonas y huecas le responderían a esta loca que sí, que el lenguaje es un virus pero no de cualquier espacio exterior, si no de un espacio llamado violencia colonial con historia punzante.

(P): Yo imagino y río pensando que si un día nos juntaran a todas en una plaza, estaríamos condenadas a la alegría que se arma para exigir una digna existencia que incluya lenguas más largas. Claro, antes hemos de reconocer que nuestras “identidades” han sido cooptadas por el norte. 

(E): Hay mucho que cuestionar a la influencia norteada de las identidades no binarias y fluidas por estos lares. Preguntemos, ¿no es la identidad no binarie y/o fluida un mecanismo de inclusión perfecto al modelo moderno colonial y mestizo del territorio?

¿Cómo situamos lo no binarie como una experiencia trans sensible gestada desde una corporalidad honesta que descanse en nuestras memorias íntimas/personales/históricas? ¿Es posible siquiera?

¿Qué implica hacer mutar lo no binarie/fluido/cuir en un espacio anticolonial de agencia política para nuestras ancestralidades? ¿De qué manera lo no binarie puede articularse con las luchas trans binarias y de travestis feminizadas desde una relación no aplanadora y oportunista de los espacios ya conquistados por ellas? 

(P): Para acercarnos a posibles respuestas habríamos de estar bien lamidas para armarnos ante el enemigo común: el lenguetazo entre nosotras para no lamer ideas que respondan a otras regiones, sobre todo del norte. Allá afuera, el sistema sigue amarrándonos en fardos como si no nos tuvieran miedo. Somos huecxs, nuestro miedo se ha transformado en goce y placer.

(E): En Mesoamérica la invitación es lenguetearnos para comenzar a conocer sobre nuestras propias historias cochonas, huecas, y la de todas las corporalidades disidentes.

Hay que comenzar a saborearnos, a devenir lenguas canibalescas, escapar del lenguaje y fundirnos en placer.

(P): El camino ya está hecho, se ha comenzado a abrir para las huequitudes desde hace tiempo. Nos queda armamos de brichos y ponernos los tacones más altos para imaginar futuros en los que el pecho de frente al cielo es un saludo más maricoso que combativo. Futuros donde honremos los linajes que nos preceden y que nos susurran sus existencias. Desde nuestros pechos, esas ancestralidades cantarán e invocarán a otres disidentes al escándalo. Nuestra lengua será con elles y con las que vengan a lenguetearnos. La lengua será también el mejor instrumento, la mejor práctica de reconocimiento frente a un mundo que ve al mariposario como una masa sin matices: lamidas para sabernos juntas y agrupadas, donde los sabores son reconocimiento de diferentes formas y términos, a partir de las cuales, otras locas se agrupan en esta deriva llamada “historia”. Preparen sus sentires, una vez que hayamos aprendido a nadar entre la baba de tanta loca estridente, en este mar nos tejeremos como maya bordada en punto de cruz para mantenernos todes a flote.

Notas

  1. Cochón es una palabra usada para referenciar sexualidades y géneros disidentes en la territorialidad llamada “Nicaragua”.

  2. Pacificocentrista es el paradigma político, cultural y económico establecido en la sociogénesis del estado nicaragüense que naturaliza y asume, bajo una lógica colonial, imaginarios culturales criollo-pacificocentristas bajo los que se visiona una Nicaragua por y para la región del Pacífico, excluyendo del proyecto de nación los procesos territoriales de la región del Caribe. Ver más en «La estructural espera de los pueblos de la Moskitia. El racismo de la espera» de Larry Montenegro Baena.

  3. Latinidad es el término colonial usado para referirse a la población “hispanizada” en regiones de Centroamérica y Chiapas que no formaba parte de las élites económicas y políticas peninsulares, criollas o indígenas. Ver más: Soto-Quiros, Ronald 2006. «Reflexiones sobre el mestizaje y la identidad nacional en Centroamérica: de la colonia a las Repúblicas liberales».

  4. Huequitud es una palabra usada para designar sexualidades y géneros disidentes en la territorialidad llamada “Guatemala”.

  5. Chontales, según historiadores nicaragüenses y de Centroamérica, al igual que algunos cronistas de la colonia, es un vocablo de origen náhuatl que se puede traducir como «extranjero». Los nicaraos lo usaron para referirse a los pobladores más antiguos de Nicaragua quienes posiblemente provienen de la etnia Maya chontal Tabasqueña o de Oaxaca. Los Chontales posteriormente fueron expulsados por los Chorotegas.

  6. En octubre de 1997, un grupo de personas marchan por el Centro Histórico de Ciudad de Guatemala reclamando justicia por el asesinato de María Conchita, mujer transgénero asesinada por dos soldados del Ejército de Guatemala. Ese día fue la primera vez que la comunidad de la disidencia sexogenérica salió a las calles.

  7. Luis Morales Rodríguez, Niebla Púrpura (Ciudad de Quetzaltenango: Editorial Sión, 2018).

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