Edición 14: Mira quién habla

Daniela Ortiz

Tiempo de lectura: 10 minutos

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25.03.2019

Criollos, expolios y alianzas coloniales

La artista Daniela Ortiz esboza una crítica hacia las lógicas de orden colonial que rigen las maneras de coleccionar y exhibir arte en Europa, al mismo tiempo que busca develar los juegos de poder encontrados en la gestión de los expolios que no han hecho más que oprimir históricamente a los pueblos y territorios de Abya Yala.

El 13 de julio de 1944, el dictador Francisco Franco y su esposa, Carmen Polo de Franco, inauguraron el museo de América de Madrid. Hasta la actualidad, en el recinto se muestran piezas procedentes de la colección del Real Gabinete de Historia Natural, que fueron expoliadas de los pueblos y territorios de Abya Yala [1] durante el periodo colonial. Varias de estas piezas, como explican las autoridades culturales españolas actuales, fueron “ofrecidas a La Corona” por los propios “conquistadores” en el inicio de lo que serían algunos de los pilares del orden colonial: el expolio de las representaciones culturales de los pueblos de Abya Yala, su secuestro por instituciones europeas y/o eurocéntricas y su interpretación y uso para sostener narrativas históricas que condicionaran el valor político de dichas piezas en relación al discurso impuesto por el colono. De esta forma, se implanta un imaginario que encierra las manifestaciones artísticas de los pueblos oprimidos en las lógicas binarias del indígena sagrado —conectado con un mundo espiritual superior—, siempre contrarrestado por la amenaza del indio violento que pone en riesgo el bienestar y la impunidad de la población blanca en el orden colonial.

Este imaginario cultural reproduce las lógicas del racismo a través del paternalismo y la criminalización. Términos tales como viejas civilizaciones, ruinas, precolombino, prehispánico, condicionan desde hace 526 años las narrativas sobre los haceres visuales, poéticos y culturales de los pueblos de Abya Yala. El poder europeo, a través de su maquinaria museística, crea sus propias narrativas sobre los pueblos colonizados. Dicho poder no usa el silencio ni la negación de su existencia, sino que elabora, sobre ellas, interpretaciones y verdades que funcionan para sostener las políticas de violencia y despojo que permiten la acumulación de capital en Europa.

En la nota periodística del régimen dictatorial de Franco, emitida en 1944, se narra el evento de la inauguración del Museo de América resaltando la presentación del llamado Tesoro de los Quimbayas, una serie de piezas en oro de figuras humanas extraídas a finales del siglo XIX en territorio colombiano. Las piezas expoliadas fueron inicialmente enviadas a España en 1892, en el vapor “México” de la Compañía Trasatlántica de Barcelona, propiedad del empresario colonial Antonio Lopez i Lopez. Este envío surge en el contexto de la participación de la república colombiana en la “Conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento de América”; una de las tantas celebraciones del inicio del proceso colonial.

La participación en dicho evento de las repúblicas de Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador es sintomática de la continuación del orden colonial, apenas siete décadas después de sus declaraciones de independencia. Las declaraciones de independencia criollas fueron el inicio de una nueva fórmula de manutención del orden colonial, mediante la creación de Estados nación que, además de mantener la estructura social racializada, impusieron a los pueblos de Abya Yala formas específicas de organización política, social y económica eurocéntricas, prolongando, así, el funcionamiento del capitalismo racial.

La exhibición de las piezas realizadas por el pueblo Quimbaya en un dispositivo cultural para la celebración del colonialismo fue seguida por la donación de las mismas —por el presidente blanco criollo de la República de Colombia, Carlos Holguín— a la reina María Cristina, en un acto de agradecimiento por la intervención de la corona española en un conflicto limítrofe entre Venezuela y Colombia. En este conflicto, ambos Estados nación legitimaron a la monarca española para que determinara los límites fronterizos, reforzando tanto al sistema colonial interno —mediante la imposición y reconocimiento de fronteras geográficas—, así como apelando al poder colonial para imponer su dictamen, una vez más, sobre el territorio de Abya Yala.

El obsequio criollo a manera de ofrenda colonial fue primero presentado en 1892, junto con otra gran cantidad de objetos expoliados de los pueblos oprimidos —también ofrecidos por distintos mandatarios de las repúblicas criollas impuestas en Abya Yala. Ya avanzada la década de los años cuarenta, el “tesoro” pasó a formar parte de la colección del Museo de América, en donde también se expuso una colección de objetos enviados expresamente al régimen español por las élites blanco-criollas que controlaban los gobiernos de las repúblicas. Estas élites asumieron el rol del colono y, en consonancia con el poder de la metrópoli, elaboraron nuevas fórmulas institucionales, legales, discursivas y estructurales para mantener un sistema colonial. Estas alianzas coloniales, reforzadas en el territorio de las políticas culturales, son una constante en la historia de la denominada Hispanoamérica.

En el año 1932, durante las celebraciones del 12 de octubre en la Plaza Independencia de Montevideo, es izada por primera vez la Bandera de La Raza, siendo los gobiernos criollos responsables de su creación y reivindicación. La bandera fue denominada también como Bandera de la Hispanidad, y fue adoptada oficialmente por todos los Estados nación impuestos en Abya Yala en el marco de la Séptima Conferencia Panamericana, que tuvo lugar en 1933. Según su descripción actual en Wikipedia, la bandera es de color blanco para representar “la paz” además de “rememorar” el blanco de las banderas del imperio español; las tres cruces descritas como “mexicanas” o “mayas” también aluden a las velas de las tres carabelas —la Niña, la Pinta y la Santa María—; y finalmente el sol, reivindicado por los creadores como “incaico”, es descrito como símbolo “del despertar americano”. Si no se generó ninguna contradicción con el hecho de que un gobierno republicano izara una bandera de “la raza” o “la hispanidad” para celebrar un 12 de octubre —en un sitio denominado Plaza de la Independencia— el inicio del colonialismo, es porque, como lo explica Houria Bouteldja [2], estas independencias no supusieron el fin del colonialismo. De hecho, en el diseño de la bandera se repite la lógica de cooptación de los símbolos correspondientes a pueblos oprimidos, para resignificar su interpretación con el discurso del “mestizaje”, encubriendo la imposición del blanqueamiento como política racial, invisibilizando las resistencias indias, afros e indígenas frente a estas políticas, y normalizando la violencia de un orden estructural e institucional radicalmente racista que explota y extermina a los pueblos originarios.

En la misma línea histórica, podemos ubicar la participación de los alcaldes de las capitales de los Estados nación criollos —así como de los embajadores de dichos países— en la inauguración de la Plaza de Colón de Madrid en 1977. Esta vez, ya con un gobierno “democrático” de la izquierda blanca, las autoridades españolas usaron el espacio público y el emplazamiento de los Jardines del Descubrimiento para expresar su voluntad de sostenerse como opresores dentro del sistema colonial, y su necesidad de mantener el control de los territorios, pueblos y recursos de Abya Yala. Para ello, en la ceremonia no sólo fue necesario contar con los reyes Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, sino que era también imprescindible la presencia de las autoridades criollas latinoamericanas — quienes, como narra la nota del diario ABC sobre el evento, “depositaron tierra de sus respectivos países en homenaje a la gesta del Descubrimiento”. Dos décadas después, las autoridades criollas volvieron a formar parte de grandes eventos organizados por el gobierno español para la celebración del V Centenario del inicio del sistema colonial. En este marco y cien años después de su primera exposición en un evento de este tipo, el arte secuestrado de los Quimbaya se volvió a mostrar dentro de la Exposición Universal de Sevilla 1992, en la cual nuevamente se produjo la imposición narrativa sobre las expresiones artísticas de los pueblos perseguidos de Abya Yala. Paralelamente, en contextos como el de Chiapas, estos mismos pueblos —no en ruinas, sino vivos y en resistencia— tumbaron, durante un 12 de octubre, el monumento al colono Diego de Mazaraniego y lo sometieron a un ritual de reparación anticolonial en una acción que se hermana con el derribo del monumento a Cristóbal Colón de la ciudad de Caracas, en 2004; o con tantas otras manifestaciones culturales en donde —de manera opuesta al ritual criollo de ofrendar la tierra extraída del territorio de Abya Yala en los llamados Jardines del Descubrimiento y a los pies del monumento a Cristóbal Colón— se confronta de manera tajante, desde lo simbólico, a la imagen, los imaginarios y la acción frente a un sistema de muerte y despojo impuesto por el orden colonial.

Dentro de las mismas lógicas protocolares de los eventos culturales organizados para reforzar el orden colonial, en 2018 se realizó la presentación de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCOmadrid 2019 en el Centro Cultural de España en Lima, durante la visita de los reyes españoles al Perú. Durante dicha visita, no sólo todas las autoridades del Estado nación colonial “independiente” abrieron sus puertas y realizaron reverencias ante los representantes contemporáneos de la dinastía borbónica, que en 1781 asesinó al líder indio revolucionario anticolonial Túpac Amaru II, sino que la república de Perú fue legitimada por la monarquía española como país invitado a la feria. Esta invitación persigue posicionar al país como un Estado capitalista en vías de tener éxito dentro del orden y la economía neoliberal, y hace caso omiso a la ofensiva de corte colonial liderada por España y Estados Unidos que repercute en el pueblo y territorio de Venezuela. Es más, la participación y reconocimiento de Perú por parte de los reyes en una feria internacional de arte comercial, como lo es ARCOmadrid, coincide con un momento en el que el llamado Grupo de Lima [3], junto con el gobierno colombiano, lideran la agresión política y mediática que pareciera abrir camino a una invasión militar que poco responde a las necesidades del pueblo venezolano, y que más bien justifica la constante estrategia de control imperial por parte del gobierno norteamericano en alianza con los gobiernos y reinos europeos. Estos reinos y gobiernos, además de ejercer una violencia imperial en los territorios del sur global, vienen reproduciendo el orden colonial en el interior del territorio europeo mediante un sistema de control migratorio que persigue, detiene, deporta y asesina a personas migrantes procedentes de las ex-colonias de forma sistemática. En este sentido, han logrado normalizar la cifra de más de setenta mil muertos y desaparecidos en las fronteras europeas desde los años noventa y cientos de miles de deportaciones forzadas. Mientras tanto, las autoridades y embajadas de países como Perú o Colombia, en su ya conocido rol de criollos protectores del orden colonial, operan a manera de cómplices a través de su colaboración en procesos de deportación forzada de sus propios ciudadanos.

Con la participación de Perú como país invitado de ARCOmadrid 2019, muchas de las autoridades criollas estarán ofrendando a la monarquía borbónica sus mejores tesoros expoliados, consolidarán su pacto colonial y sellarán —con un brindis en eventos culturales— el acuerdo de defender el poder de la supremacía blanca. Esperemos que cuando las copas estén vacías y no quede líquido con el cual apagar las llamas, se reproduzcan no sólo las imágenes del poder colonial y su aberrante uso de las manifestaciones artísticas expoliadas y explotadas en los eventos culturales mencionados, sino también la imagen del Pabellón de los Descubrimientos, en la Exposición Universal de Sevilla durante las celebraciones del V Centenario, siendo consumido por el fuego de la justicia fortuita anticolonial.

[1] Abya Yala es el nombre dado al territorio de los habitantes de Guna y que es ahora reclamado por Panamá y Colombia, es también un término dado al territorio comprendido por Latinoamérica.

[2] Saïd Mekki, “La Lucha Descolonizadora en Francia: Entrevista con Houria Bouteldja”, Grupo decolonial de traducción. <http://decolonialtranslation.com/espanol/itwhouriaEsp.html>. [Consultado el 9 de febrero de 2019].

[3] El Grupo de Lima (abreviado en ocasiones como GL) es una instancia multilateral que se estableció tras la denominada Declaración de Lima, el 8 de agosto de 2017, en la capital homónima, donde se reunieron representantes de catorce países con el objetivo de dar seguimiento y buscar una salida pacífica a la crisis en Venezuela.

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