Reportes - Brasil

Diane Lima

Tiempo de lectura: 9 minutos

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08.11.2019

Valongo, Festival Internacional da Imagem 2019 — Entrevista con Diane Lima

São Paulo, Brasil
8 de noviembre de 2019 – 10 de noviembre de 2019

El día de hoy inaugura en Santos, São Paulo la tercera edición de Valongo, Festival Internacional da Imagen. Creado en 2016 Valongo tiene como objetivo “investigar las diferentes formas de concepción y producción de narrativas visuales que acompañen el debate contemporáneo” a través de exposiciones, conferencias, talleres y espectáculos. Presentamos aquí una entrevista a Diane Lima, curadora de Valongo 2019 para conocer más sobre su línea curatorial y el contexto en que ésta se desdobla.

Terremoto: Quisiéramos comenzar esta entrevista pidiéndote que contextualices la situación cultural que enmarca la articulación de narrativas visuales en la comunidad artística de la que formas parte en Brasil ante la fascista y mediocre política cultural de Jair Bolsonaro, quien ha censurado justamente aquellas imágenes que proyectan otras formas de ver y concebir el mundo bajo el argumento de “preservar los valores cristianos” —valores que incluyen un racismo exacerbado. ¿A qué se enfrentan hoy en Brasil como trabajadorxs del arte y la cultura en el campo de la cultura visual? ¿Cuál es la importancia de espacios como el Festival Valongo?

Diane Lima: Pienso en la censura no como todo aquello que solamente se hace visible y público mediante la prohibición, sino como todo el proceso de reducción que precede a la visibilidad del debate. Entiendo que antes de que algo se reprima materialmente en términos de una ficción democrática, hemos sido blanco de intentos sistemáticos de contención que, a través de diferentes procedimientos legalizados, tienen como objetivo invisibilizar, apagar, silenciar y hacer imposibles nuestras formas de ver y expresar en el mundo.

En este juego entre lo visible y lo invisible, que diariamente nos arroja a un lugar de vulnerabilidad e impotencia al actualizar y reensamblar las viejas estrategias neocolonistas-liberales, veo que parte de nuestro trabajo como productores de cultura ha sido negociar con los efectos de la contradicción. Como cuerpos racializados y disidentes, moverse a través del terreno cambiante del sinsentido ético conservador en Brasil ha sido un ejercicio cotidiano que involucra estrategias para la producción de conocimiento incorporado, ejercicios de lenguaje y acceso a lo invisible; de especulación temporal, juegos ópticos, producción de salud y, sobre todo, personalmente, la destrucción de la normativa condicionada a la comprensión de “lo femenino” a través de una revisión de los afectos, sentimientos y todas las ficciones biologizantes: la creación de un cuerpo poroso, oceánico, monstruoso y, por lo tanto, sobrenatural. En términos de arte, implica observar los efectos de nuestra falta de liberación y el control excesivo de la imaginación para pensar en formas de ver y concebir el mundo que históricamente no han estado disponibles para nosotrxs.

En este sentido, veo que Valongo ha sido uno de esos desiertos donde es posible experimentar con una política de exhibición que nos involucra desde lo personal y afectivo, y que hoy, se ha convertido en una de las principales referencias en el país para reunir una producción que ha tratado de alejarse de los valores hegemónicos de la política, del cuerpo, y por lo tanto, del arte contemporáneo.

T: A partir de lo anterior, quisiera acercarme a tu curaduría para el Festival a través del hincapié que haces en tu texto curatorial en la “demora”, el letargo como recordatorio de que el “actuar y vivir”, tomando prestadas palabras de dicho texto, es un tejer de lenguaje que comunica cuando la experiencia es reconocida como algo compartido. Cuéntanos un poco sobre tus reflexiones sobre la potencia que yace en la multidimensionalidad del lenguaje en cuanto a posibilitar lo común, recordando que lo común solamente es posible a través de una serie de desencuentros.

DL: El título de mi curaduría fue un consejo de despedida que escuché por primera vez de la hermana de mi madre, mi madrina Darlúcia, quien dijo: «Lo mejor del viaje es la demora». La enseñanza ha ser descodificada en el viaje por delante, llevaría como su secreto principal el hecho de que la única forma de entenderlo es a través de la experiencia vivida: como todo proverbio, sólo se entiende lo que se dijo al actuar y vivir, y solo se puede decir, al haberlo cruzado y aprendido. 

Creo, entonces, que el poder del título se refiere tanto al conjunto de reflexiones alrededor del conocimiento incorporado y común, como al movimiento que nos invita a realizar dicho conocimiento cuando se enuncia a través de una experiencia que tiene su significado realizado y manifestado en el lenguaje propio. Esto significa que como palabra-frecuencia, que habla de sí y a partir de sí misma, las ondas y radiaciones impregnadas en el acto de pronunciar, revelan una cosmología así como un experimento que inaugura formas disidentes de expresión e imaginación al materializarse por su propia forma de decir. Tales preguntas han sido fundamentales en mi práctica ya que me llevan a experimentar una política de exhibición que parte de nuestra propia producción de conocimiento, performando en lo que es estéticamente visible pero expandiéndose, desde el punto de vista ético, en sus estructuras. Sobre ese común me aferro a él con todo el conflicto que contiene, la concreción de su propio retraso, por lo que Valongo 19 investiga el potencial visionario de las imágenes capaces de realizar nuestras múltiples formas de ser.

T: Puedes profundizara en la ética a la que te refieres en cuanto a políticas de exhibición en contraste a la blanquitud que se encuentra al centro de las estructuras del arte contemporáneo, ¿cómo ésta condiciona el potencial visionario?

DL: En vista de los procesos de modificación que buscan repensar las formas de exhibición que conocemos, he estado pensando cómo —y si es posible— crear en los proyectos que he estado llevando a cabo, no una «política de exhibición del otro» sino una «política de exhibición de un nosotros» que ponga en cuestión los regímenes de verdad y visibilidad propios de los epístemes hegemónicos del arte contemporáneo. Una política que al mismo tiempo nos permita performar nuestros conocimientos desde el punto de vista ético y estético, espacios donde podamos ejercer esos potenciales visionarios. 

Dicha perspectiva resuena en un texto que escribí recientemente llamado O nascimento da forma [El nacimiento de la forma]. En él reflexiono que si entendemos que cualquier iniciativa comprometida con la decolonización, sus ejercicios, gestos y actos, por condición ontológica, comenzará con la presuposición de la creación de formas que no existen, por lo que se presenta como nuestro desafío la creación de condiciones posibles para que lo que está tratando de tomar forma en el mundo alcance su significado: la acción de un cuerpo político cuya voz en el mundo tiene lugar en el gesto mismo de destituir la necesidad de una forma descriptiva y categórica de hablar sobre él, momento en el que vemos irrumpir el nacimiento de la forma.

T: A partir de lo anterior, ¿qué podemos esperar como parte de tu curaduría para Valongo 2019 en relación a la multiplicidad de ser? 

DL: Dialogando con ruinas, monumentos, plazas y edificios históricos, y contando con una residencia artística, un programa de acompañamiento, actividades educativas, performances, shows y una exposición colectiva —fruto de tres convocatorias que suman un total de casi 50 artistas/pesquisadores—, en ésta edición, diversos trabajos proponen borrar los límites de la representación a través de un ejercicio político de imaginación. Entre tanto, podemos citar el trabajo de Ventura Profana quien afirmándose como un cuerpo apocalíptico a través de la música, del performance y las artes visuales, inaugura el festival con una pesquisa en torno a dos procesos de traducción e interpretación de textos bíblicos orientados a la disputa por narrativas disidentes en cuanto a lo espiritual producidas por cuerpos no-normativos. 

También me gustaría mencionar al artista sueco-senegalés, Eric Magassa, quien a través de una instalación de técnica mixta con una paleta de colores brillantes y elementos pictóricos abstractos, cuestiona cómo la errancia, la deriva y la desorientación pueden friccionar nuestra geografía mental y terrestre experimentando formas de resignificación de nuestro imaginario y de los archivos coloniales. 

Por su parte, lx artista Malú Avelar trae la instalación Sauna lésbica, un espacio de imaginación viscosa para deslizarse y celebrar las presencias y experiencias de mujeres lesbianas. Durante los tres días del Festival, la instalación se activará con performances, lecturas, fiestas, experiencias y obras audiovisuales.

Desde su experiencia con la cerrajería, la artista Rebeca Carapiá presenta la serie Como colocar ar nas palavras [Cómo poner aire en palabras]. Compuesto por un conjunto de 6 grandes esculturas de hierro y un conjunto de lienzos con dibujos de cobre esculpidos, la artista ha creado toda una cosmología que realiza la deconstrucción de geografías femeninas para posibilitar otras formas de notar la diferencia sin explicarla.

Y finalmente, me gustaría mencionar a David Pontes y Wallace Ferreira quienes presentan Repertorio N.1 en donde invierten la idea de la danza como auto-defensa a partir de utilizar la mimesis y la repetición ritualizada de gestos para producir un estudio sobre imágenes coreografiadas por cuerpos disidentes, en un intento de presentar acciones para elaborar resistencias, conjurar formas de permanecer en el mundo e inventar lo que ha de sucederlo. 

T: Para finalizar esta breve entrevista, quisiera preguntarte sobre aquellos proyectos artísticos y culturales con los que ésta edición de Valongo dialoga como parte de una red de disidencia y resistencia ante la blanquitud que atraviesa el contexto cultural brasileño desde sus instancias públicas hasta el sistema del arte contemporáneo.

DL: Hoy el festival cuenta con una red de colaboradorxs que creo no sólo pasa por una articulación institucional sino sobre todo por las redes de afecto de todas las personas que nos están apoyando y que son fundamentales en nuestro intento de pensar las economías de acceso y las contradicciones que se plantean en estas negociaciones en vista de la precariedad del sistema cultural en el país. En este sentido, no podía dejar de mencionar a Mova Produtora, mis socias de toda la vida, que fueron fundamentales para la realización y la salud del Festival; el Galpão Base que se encargó de nuestra museografía; o Fabiano Procópio, diseñador que creó toda nuestra identidad visual; al investigador Tarcísio Almeida por sus contribuciones a la investigación curatorial, así como a nuestro amplio equipo de comunicación con nombres como Gabriela Monteiro, Mariana Rodrigues, Lara Rivetti, Rafaela Candido y Vitor Reis. También es importante mencionar la articulación que el fundador y director de Valongo, Thamy Matarozzi, ha estado trabajando con todas las instituciones culturales que apoyan el Festival. La edición de 2019 no sería posible sin la Unimes, el Itaú Cultural, la Prefectura de Santos, el Sesc, el Instituto Goethe, la Alianza Francesa, la Pro Helvetia y la Cultura Inglesa. Socios también como Midia Ninja, el centro cultural Burako’s y el Armazém 33 fueron fundamentales, sin contar con todxs lxs artistas que se movilizaron y también emprendieron haciendo que este Festival suceda. A todos, mi mayor agradecimiento.

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