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09.11.2019

Extraterrestre

Isla Flotante, Buenos Aires, Argentina
27 de septiembre de 2019 – 8 de noviembre de 2019

Glosario para escuchar piedras

Piedra: amuleto para ser buena tejedora o para tener buena mano.

Hueco: en 1948, Antonin Artaud declara la guerra a los órganos en su libro Para acabar con el juicio de Dios: “Pues, átenme si quieren, pero les digo que no hay nada más inútil que un órgano”. Una declaración que Deleuze y Guattari leyeron como un llamado experimental no solo radiofónico, sino biológico, político que provocaría su censura y posterior represión. Esa imagen revulsiva será, poco tiempo después, un recurso a través del cual intensificar una premisa en su sistema filosófico: la existencia humana es, en primer término, una existencia corporal. Pero entonces, ¿qué es un cuerpo sin órganos? Se trata ante todo de un lugar y, necesariamente, de un plan colectivo. Un intento por activar un devenir reversible, es decir, la capacidad que tenemos para deshacernos de nuestra educación anterior, para romper con las cadenas del signo que marcan los destinos capitalistas de la experiencia. No importa qué, sino cómo hacerse de un cuerpo sin órganos: un cuerpo donde las intensidades pasan y hacen que ya no haya ni yo ni el otro, no en nombre de una mayor generalidad, de una mayor extensión, sino en virtud de singularidades que ya no pueden llamarse personales, intensidades que no se pueden llamarse extensivas. “¿Tan triste y peligroso es no soportar los ojos para ver, los pulmones para respirar, la boca para tragar, la lengua para hablar, el cerebro para pensar, el ano y la laringe, la cabeza y las piernas? ¿Por qué no caminar con la cabeza, cantar con los senos nasales, ver con la piel, respirar con el vientre?” De la misma manera que podemos decir que fabricarse un cuerpo sin órganos consiste en desarticular el organismo, es decir, tomar nuestro cuerpo para abrirlo a un sin número de conexiones con potencias de todo tipo que, simultáneamente, afectan la experiencia de lo real, es importante reconocer del mismo modo que se trata de una oposición sensible. Es decir, un deseo intenso por vaciar, por fin, la experiencia de las jerarquías del sentido.

Blanco: el blanco grita, es opaco, no deja ver a través. El blanco está obsesionado con el poder (Derek Jarman, 1994).

Cobija: escuché a una amiga decir que un tejido es abrigo y ahí entendí su insistencia. Nos abrazamos y se sumaron más.

Tiempo: “El arte es largo y la vida breve. Hagamos algo, al menos, antes de morir” (William Morris, 1883).

Puerta: ¿Por qué y para qué quejarse? Una pregunta recurrente en el sudoroso proyecto de Sara Ahmed por traer la teoría feminista a la vida cotidiana, otra vez. Quejarse, para ella, es comprometerse con una misma, comprometer el propio tiempo, su energía y la totalidad del ser en un curso de acción que usualmente te separa del trabajo que deseas hacer, incluso si una se queja para poder hacer el trabajo que desea hacer. Quejarse, en el marco del trabajo sobre violencia sexual, puede arrimarte hacia los rincones más oscuros de las instituciones, a las esquinas más sucias de la sala de profesores, los pasillos más solitarios y resbaladizos. Pero entiende que esos desplazamientos, además de ser tecnologías de exclusión y silenciamiento, pueden servir para conocer aún más las instituciones y los muros que queremos romper en ellas. Por eso, quejarse en una institución, implica conocerla aún más en profundidad. Habitar la queja entonces nos permite volver a entrar o quedarnos circulando en la vida institucional que queremos modificar, pero no solo por su puerta principal, sino también por la puerta trasera, la puerta escondida, la puerta hasta el momento con llave, la puerta entreabierta que nadie notó, la puerta tramposa. La queja nos permite identificar de qué manera funcionan las puertas, las ventanas, las mesas, los pasillos y los cuartos en una institución, que intentaran acallar o potenciar nuestra relación conflictiva con las estructuras de poder silenciadas. Sostenerse en la queja, es un proceso de aprendizaje. Habitar la queja, es el modo de reconocer a quien estoy señalando, pero especialmente, quien me señala de vuelta. Quejarse es desmontar la burocracia invisible que organiza la escucha. Quejarse de formularios, quejarse de respuestas vacías, quejarse de quienes pretenden ocuparse de la violencia. Quejarse, desafiar el poder. Quejarse, para cambiar algo. Quejarse, para que el mundo se haga más amplio.

Extraterrestre: una serie de piedras con formas de H fueron encontradas en medio del desierto boliviano. No hay otras de esas características a 800 km a la redonda. Por eso las llaman “las piedras imposibles”.

Silencio: queridos poderosos, queridos humildes: cuando todo se acabe quedarán tal vez / estas algas / sobrevivirán a las marejadas, a los / siglos y a los sueños / Como perdurarán a los poderosos, a los / tercos de corazón / y a los hombres que me humillan / estos poemas de amor a todas las cosas (Raúl Zurita, 1987).

Subespace: [1] sensación imprecisa de lejanía, pérdida de noción del tiempo y espacio, frenesí, éxtasis, euforia que pueden durar desde minutos hasta horas. Desvanecimiento ante la incertidumbre y deseo intenso. [2] En Star Trek, el subespacio es una característica del espacio-tiempo que facilita el tránsito más rápido que la luz, en forma de viaje interestelar o la transmisión de información. Las comunicaciones subespaciales, en aquel universo, son un medio para establecer un contacto casi instantáneo con personas y lugares que están a años luz de distancia. Dado que las señales subespaciales no se degradan con el  cuadrado de la distancia como lo hacen otros métodos de comunicación que utilizan bandas convencionales del espectro electromagnético (es decir, ondas de radio), se puede esperar que las señales enviadas desde una gran distancia lleguen a su destino en un momento predecible y con poca degradación relativa.

 

—Texto por Mariela Scafati and Nicolás Cuello, fragmento

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