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29.06.2020

X, una partícula que viaja

A partir de las reformulaciones del cuerpo en tiempos de pandemia, la investigadora Valeria Montoya explora los vínculos trazables entre lo propio y lo común para repensar, desde lo que nos separa y desde el cuerpo mismo, cómo articulamos multiplicidades que construyan a partir de la diferencia.

 

Una partícula viaja, su velocidad es rápida. La luz que emite, debido al choque con otros átomos, hace que esta partícula viajera adquiera un halo de colores resplandecientes: azul, naranja, rojo, plateado, dorado, y también el espectro de tonos que nuestros ojos humanos no pueden ver. En su andar desprende un sonido aerodinámico y metálico.

meta (del griego movimiento).

Movimiento, migración continua, imparable. Movimiento hambriento insaciable por glucosa. Dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos. El ritmo de la división del par que hace cuatro millones de años determinó la estructura de cada microbio, y de cada habitante en este planeta. El ritmo que también se vuelve la estructura del pasto, el aire, las criaturas marinas, terrestres y aéreas. La estructura y el ritmo de todo aquello que es vital y, también, de todo aquello que comienza con un proceso de transformación orgánica.

Mientras hago línea en el supermercado, me paro encima de una X hecha de un plástico, como cinta industrial. La cinta es del ancho de mi mano, y su color es amarillo fosforescente, ¡me encanta! En medio del cruce de las dos líneas que hacen la X, justo en ese punto medio de intersección, me encuentro fascinada y entretenida. Coloco mis pies en el punto medio y espero para pagar la compra. Noto la presencia de mi cuerpo, mi cuello se alarga y mis pies se pegan al suelo. Siento la gravedad del planeta en mi propio peso y noto, también, la presencia de las personas que están delante y detrás de mí.

¿Desde este cuerpo, que ya he reconstruido tantas veces, a qué resistencias tendré que integrarme ahora?

Hoy en día existen dos metros de separación entre la inocuidad y lo dañino. Percibo el espacio entre nosotras, el “entremedio”, el in-between us. En relativamente pocos días he aprendido a habitar y a mover mi propio cuerpo con otros gestos. Mis movimientos, y las relaciones somáticas con el espacio que de él brotan, son limitadas pero diversas. Tomo conciencia de las fronteras de mi cuerpo sobre la experiencia de transitar el espacio público, a la par que trato de entender mis propios movimientos; y al revés: mis movimientos, a veces torpes, intentan entender esta nueva lógica sobre lo público en lo espacial. Es casi como inventar un idioma, o aprender uno nuevo en medio de la confusión sobre la escala física de lo corporal. La potencia del número diez abraza generosamente la relatividad del tamaño de las cosas.

¿Qué narrativas son las que comienzan a alimentar los espacios y las fronteras entre las personas que estamos esperando en la línea para pagar en el supermercado? ¿Desde este cuerpo, que ya he reconstruido tantas veces, a qué resistencias tendré que integrarme ahora?

Un score, o comanda entre practicantes del movimiento, es una regla básica de juego. Algo así como un punto de partida para comenzar a moverse, también puede ser un punto de continuidad al que se le debe seguir la pista. Esta es la historia de la X en la que me encuentro hoy parada, es una historia que se informa en la línea del supermercado, en manifiestos de especies compañeras,[1] en música transmitida por satélites, y en el sonido de los pájaros que antes no escuchaba. Esta X, hoy, es mi score principal, floto en ella, y también en ella me anclo hasta saber qué otro paso debo dar.

Cada especie en la tierra tiene un número determinado de X, una escritura interna y compacta. Una especie de bitácora de viaje que, generación tras generación, se actualiza y se informa. En cada humano en la tierra habitan veintitrés pares de X, y cada una de ellas es producto de una abundante mezcla de información genética, cuyas consecuencias se hacen cuerpo.

La vigésima quinta letra del alfabeto castellano, es posiblemente la letra más ambigua para mí. Esta X se adapta según de con quien esté acompañada, delante o detrás de ella. No distingue entre la gramática plural o singular, y tiene cinco sonidos: Sh/Ks/Gs/J, e incluso sólo: S. Leyendo sobre biología y lingüística, descubrí que la palabra metaplasma significa también un cambio en la composición de una palabra. Metaplasmos son las transformaciones que se hacen en algunas palabras debido a una contracción azarosa o intencional. El Metaplasma es también un mecanismo adaptativo, que a veces en medicina se puede considerar una lesión pre-maligna. Pero esta reacción ocurre principalmente y, casi siempre, como un mecanismo que tratará de revertir el cese de un estímulo agresor.

Multiples topologías corpóreas y espaciales se pueden sentir desde un mundo confinado, pero me gusta creer que el confinamiento no es separatista. Debajo de los poros de mi piel, y también de la tuya, existe información que compartes con otro ser más en este planeta.

En un mundo de prisiones, esta X trata de narrarse sin objetos y sujetos pre-concebidos, sin importar la cantidad de X que cada uno contenga en su material genético. Es una historia que se narra sin fuentes únicas, sin género, ambigua en su pronunciación. Con presencia también en lenguas pre-hispánicas, esta X se mueve y se transforma. Es fugitiva, y su única permencia se encuentra en el desplazamiento que entabla en su andar.

Multiples topologías corpóreas y espaciales se pueden sentir desde un mundo confinado, pero me gusta creer que el confinamiento no es separatista. Debajo de los poros de mi piel, y también de la tuya, existe información que compartes con otro ser más en este planeta. Tu herencia biomolecular es la narrativa genética cambiante, que como matrioska abraza un paquete de X: cromosomas, que llegan a ser más grandes que cualquier ideología sobre la diferencia y que, sin embargo, te definen pero también te acompañan y acompañan a alguien más fuera de ti.

El parentesco para Donna Haraway es ir en contra de edipo, es aprender a emparentarnos con el resto de cosas, tecnologías, personas, agentes humanos y no humanos, que no necesariamente comparten nuestros mismos códigos de X. El parentesco es salir de lo familiar para hermanar con la otredad. Hacer manada. A ser manada.

La otredad se vuelve generosa, una tarea difícil de abrazar en un mundo con fronteras tan estructuradas: ideales y presupuestos que tratarán de borrar el conocimiento sensual[2] que hay en la poética y la holística[3] de la vida cotidiana como energía vital, de sus efectos sinérgicos. Esta institucionalización de lo que nos afecta tratará de privarnos de las posibilidades imaginativas de nuestro habitar conjunto en este planeta.

Nuestros cuerpos —mapas de poder e identidad—[4] deberán, ahora más que nunca, ser capaces de abrazar la diferencia, de emparentarse con el ritmo de lo otro, y de ser unx mismx con todos los demás elementos que coexisten aquí y ahora.

COVID-19 podría ser parte de la evolución del planeta entero, ni siquiera sólo del hombre como especie. Pese a que éste ha traído a los humanos toda una serie de códigos nuevos de sociabilidad, políticas de la diferencia y de la movilidad. Este momento histórico del que somos parte supera la ciencia ficción. La urgencia es impostergable, es un buen momento para pensarnos desde otras narrativas, y aprender generosamente que nuestro cuerpo también es esa partícula que viaja, que se cimbra con otras y que en dicho movimiento hay que aprender a bailar la multiplicidad.

Notas

  1. Donna Haraway, The Companion Species Manifesto (Chicago: Prickly Paradigm Press, 2015)

  2. Minna Salami, Sensuous Knowledge (Londres: ZED Books, 2020)

  3. Palabras como todo, por entero, o totalidad representan una posición metodológica y epistemológica que postula cómo los sistemas —ya sean físicos, biológicos, sociales, económicos, mentales, lingüísticos, entre otros— y sus propiedades deben ser analizados en su conjunto y no sólo a través de las partes que los componen.

  4. Donna Haraway, Cyborg Manifesto (Minnesota: University of Minnesota Press, 2016), p.65

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