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Edición 12: Independencias

Giscard Bouchotte

Tiempo de lectura: 9 minutos

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02.07.2018

Revolución y creación

El curador Giscard Bouchotte cuestiona el ideal de libertad que heredó la Revolución Haitiana a través del trabajo de Ishola Akpo, Josué Azor, Maksaens Denis y Nicola Lo Calzo.

El presente texto explica cómo la primera República negra del mundo, al renunciar acordar todos sus derechos a la mayoría de los ciudadanos, renuncia también a las libertades fundamentales de los héroes de la Independencia, de quienes hoy afirma ser ferviente heredera. Afortunadamente, algunos artistas haitianos utilizan la libertad de expresión para visibilizar las comunidades minoritarias religiosas y sexuales que una parte de la sociedad prefiere ignorar.

El precio de la revolución

El 1 de enero de 1804, la colonia francesa de Santo Domingo se convirtió en Haití. La esclavitud, ilegal en Francia, se practicaba libremente en los territorios de ultramar al amparo de un régimen de excepción. La historia oficial afirma que la Perla de las Antillas se convirtió en la primera República negra del mundo, pero no menciona el lado oscuro de la revolución ni el precio que tuvo que pagar. Veinte años después de la independencia, el rey Carlos X en Francia aceptó reconocer la nueva República a cambio de 150 millones de francos, cantidad posteriormente reducida a 90 millones, a fin de indemnizar a los colonos franceses. [1] Una suma colosal que la joven República tuvo que pagar durante más de cuarenta años. No fue sino hasta 2003 que el gobierno haitiano presentó una solicitud de reparación oficial, en la que reclamó al gobierno francés la suma de 21 mil millones de dólares. Fue entonces cuando el mundo entero descubrió el escándalo. Esto aunado a otras demandas de indemnización pendientes, incluidas aquellas de los estadounidenses negros que alegaban una compensación de los daños sufridos por sus antepasados y por las consecuencias de la trata de personas en su situación actual, dentro de la sociedad estadounidense.

La independencia de Haití está atrapada en su propia paradoja: mientras liberó a todo un pueblo del yugo colonial, indujo a la nueva República a depender económicamente de su antigua capital, donde se reencuentran altibajos en el inevitable archivo de la reparación. El consiguiente aislamiento político, las diferentes dictaduras, los embargos económicos y ocupaciones de territorio [2] desecharon poco a poco el sueño de libertad para todo aquel que deseaba la Revolución Haitiana. Hoy, los méringues [3] del carnaval evocan la resistencia de los antepasados, la población se identifica con los héroes de la independencia, a más de doscientos años después, por falta de figuras contemporáneas capaces de representar los sueños populares. En la comuna Croix-des-Bouquets, como muestra la serie Cham de Nicola Lo Calzo [4], algunos jóvenes recorren las ciudades del país haciendo puestas en escena alrededor de Jean-Jacques Dessalines [5] y a los principales héroes de la Revolución a través del Mouvement pour la réussite de l’image des héros de l’indépendance [Movimiento para el éxito de la imagen de los héroes de independencia]. La misión de esta asociación es «enseñar a las nuevas generaciones, precarias y poco instruidas, la historia gloriosa de la Revolución Haitiana, a través de las reconstrucciones históricas».

Estos intentos de pertenecer al mundo de los héroes de la nación ofrecen a la imaginación popular la oportunidad de presentarse como una resistencia contra los privilegios otorgados a quienes gobiernan. En 2013, el movimiento Kita Nago —una caravana de cientos de miles de personas que llevan el tronco del árbol de la libertad [6]— llega en un contexto posterior al terremoto, en el que la mayoría de la población se encontró sin refugio o transporte. El movimiento reclamaba un modelo alternativo que pudiera aplicarse para reconstruir Haití, como una solicitud para tomar en cuenta a la mayoría de los ciudadanos.

El trabajo de Nicola Lo Calzo refleja esta pertenencia a la causa de los héroes del pasado y nos muestra cómo la memoria colectiva reside en la herencia colonial para alimentar individualmente esta obsesión. Algunas casas, anteriormente lugares de defensa nacional o testigos del poder, se han convertido hoy en espacios de peregrinación popular para los seguidores del vudú [7] con una afluencia de miles de peregrinos cada año, como sucede en el Bassin Saint-Jacques al norte del país. Sin embargo, tan importantes como lo son para los creyentes, estas peregrinaciones no plantean la espinosa cuestión del detrimento del patrimonio construida a razón de la frecuentación y el desgaste del tiempo. Actualmente en Haití, ninguna autoridad vudú se encuentra legitimada todavía, ni tiene los medios adecuados para mantener estos sitios y hacerlos perdurar. Algunos lakou [8], cada vez más frecuentados, son relegados al Ministerio de Turismo o al ISPAN (Instituto de Salvaguardia del Patrimonio Nacional), pero los recursos asignados a este organismo son irrisorios en relación a la tarea en cuestión.

Las libertades fundamentales en Haití

No podemos ignorar las libertades fundamentales sin mencionar el surgimiento de la teología de la liberación, de la cual Jean Bertrand Aristide y Jean-Marie Vincent fueron las figuras más prominentes en Haití. Como profetas, fueron figuras carismáticas que dictaron aquello bueno para la gente, en nombre de Dios. Según Max Dominique [9], no hubo una transformación profunda de la realidad social haitiana debido a las condiciones extremas del campo y la incapacidad de transformar esta teoría en una política de liberación. No obstante, la teología de la liberación permitió una participación popular en la transición democrática de este país que continúa hasta la fecha.

De la Revolución Haitiana se puede recordar el ideal de la libertad para todos (y no únicamente del hombre blanco, como lo quería la Revolución Francesa de 1789) [10], elemento fundador de toda sociedad democrática actual. Inseparable de las problemáticas contemporáneas, las libertades fundamentales se encuentran en el centro de grandes debates de la sociedad y constituyen uno de los pilares de emancipación de los pueblos. A pesar de ello, más de doscientos años después, incluso aquellos que se proclaman dignos herederos de los héroes de la independencia no siempre toman la medida del ideal revolucionario. El ranking de libertad de prensa de 2018 de Reporteros sin Fronteras, “que revela la intensidad de la agresión estatal, ciertas ideologías e intereses privados en contra de la libertad y la independencia del periodismo” [11], coloca a Haití en la posición 53. Estrechamente vinculado a la libertad de prensa, el barómetro de la libertad individual podría resumirse en la tasa de tolerancia, en particular al observar el lugar que la sociedad concede a las mujeres y a sus minorías religiosas y sexuales.

Varios pronósticos preveían un estallido ciudadano en Haití tras el terremoto de 2010. No fue así. Mientras que la serie (Im)posible [(Im)posible] de Ishola Akpo cuestiona el porvenir de la mayoría [12] y sus sueños imposibles, una serie de discursos ideológicos y religiosos surgieron en ese momento introducidos por algunos extremistas quienes afirmaron que el terremoto fue una manifestación de la ira de Dios contra el vudú y el libertinaje sexual. Estas extremas declaraciones, gracias al creciente protestantismo en Haití importado en gran medida de los Estados Unidos de América, encuentran su legitimidad en una lógica de chivo expiatorio generalmente opuesto al vudú. Durante varios meses, ninguna ceremonia de vudú pudo realizarse dentro del país, particularmente en las zonas afectadas. Posteriormente comenzó una cacería humana que recuerda las campañas anti-supersticiosas que tuvieron lugar en distintos momentos de la historia religiosa del país, durante las cuales los practicantes del vudú se ocultaban para practicar su culto.

Este clima de intolerancia, aunado a la explosión del protestantismo en el país, obstaculiza el respeto a las libertades fundamentales. La ostentosa invisibilización de las mujeres en algunos oficios y puestos de poder [13], así como las repetidas amenazas contra la comunidad LGBT en el espacio público en Haití, son evidencia de que todavía hay trabajo pedagógico por hacer con respecto a las libertades fundamentales. En septiembre de 2016, el anuncio del Festival Massi-Madi suscitó tantas protestas por parte de varios sectores de actividades que los organizadores tuvieron que renunciar a su sueño por un festival LGBT. Sin embargo, la libertad individual se considera en la Constitución como una garantía del estado. ¿No eran el libre debate y el derecho a la diferencia parte del ideal revolucionario haitiano?

El poder de la creación

La noción de libertad de expresión se mencionó en la Constitución haitiana de 1987, particularmente en las disposiciones del artículo 28, gracias a la gran cantidad de autores en todos los medios sociales, quienes poseen un lugar de elección dentro de la sociedad haitiana. Por consiguiente, los artistas están mejor situados para sensibilizar al estado sobre la dimensión emancipadora de la creación, para reclamar la autonomía de los cuerpos y las sexualidades recordando los valores supremos de la tolerancia y la apertura de mente. Los artistas son capaces de redefinir la norma y de abrir el campo de posibilidades.

El fotógrafo Josué Azor es uno de los pocos artistas haitianos que aborda el tema de las condiciones de vida de las comunidades minoritarias (vuduistas y LGBT). [14] Su serie Nocturnes [Nocturnos] atestigua la vitalidad de una comunidad de hombres y mujeres invisibles, jamás registrada de manera oficial. De la misma manera, el trabajo de Maksaens Denis, con su serie Tragédies Tropicales [Tragedias tropicales], [15] trastoca el imaginario de la bondad social mediante la integración del desnudo masculino en sus instalaciones de video, sin convertirlo en el estandarte de su trabajo. Ellos interrogan a los espectadores y les demanda abrir los ojos al mundo tal como es y no como lo deseamos.

Cada narrativa nacional valora un cierto número de héroes cuyos ideales se reivindican en beneficio de quienes lo utilizan. Es válido querer “morir por la patria” [16] y santificar los colores de la bandera nacional, pero es necesario liberarnos de algunos lemas obsoletos para reescribir la nueva narrativa nacional: una historia para recordarnos que el amor por la patria es el amor de todos aquellos con quienes tenemos un destino común y compartimos el mismo territorio. El Estado de derecho democrático que nosotros deseamos no puede deshacerse del ideal de libertad consagrado en el Acta de Independencia de Haití, en la medida en que esta ley es la expresión formal de una concepción de libertad plena y completa. En 2018, aquellos que desean honrar el ideal revolucionario apelarán a mayor tolerancia, diálogo constructivo, la abolición de privilegios para algunos y deberán defender este ideal para mejorar las vidas de no sólo una parte, sino de todos los ciudadanos de este país.

[1] Le Monde diplomatique, Haití y la “deuda de la independencia” . Consultado el 21 de mayo de 2018: https://www.monde-diplomatique.fr/carnet/2010-08-17-Haiti.

[2] Max U. Duvivier, Trois études sur l’occupation américaine d’Haïti (1915-1934), (Canadá: Mémoire d’encrier, 2015).

[3] Méringue es una danza haitiana que fue influenciada tanto por la contradanza de los colonizadores franceses y las danzas afro-caribeñas de Hispaniola. Las danzas en el carnaval se han convertido en un modelo de catarsis cultural y popular y a menudo abordan los problemas contemporáneos e históricos en Haití.

[4] Nicola Lo Calzo, serie CHAM, http://www.nicolalocalzo.com/fr/cham/view/7/ayiti.

[5] Jean-Jacques Dessalines fue el líder de la Revolución Haitiana y primer líder de Haití.

[6] Toussaint Louverture (1743-1803): “Al derrocarme, sólo el tronco del árbol de la libertad de los negros ha sido talado en Santo Domingo; pero volverá a crecer por las raíces, porque son profundas y numerosas.”

[7] Jacques de Cauna, Patrimonio et mémoire de l’esclavage en Haïti: les vestiges de la société d’habitation coloniale, 2013. Consultado el 21 de mayo de 2018: http://journals.openedition.org/insitu/10107

[8] En Haití, un lakou es un pequeño pueblo u otro complejo construido alrededor de un patio compartido, o la estructura familiar de aquellos que viven en ese asentamiento.

[9] Max Dominique, “Rôle de la théologie de la libération dans la transition démocratique en Haïti” en Les transitions démocratiques. Actes du colloque international de Port-au-Prince, Haïti; ed. Michel Rency Inson (París: Les Éditions Syros, 1995), 63.

[10] Régis Debray, Haïti et la France, Rapport au Ministre des affaires étrangères, 2004. Consultado el 21 de mayo de 2018: https://www.diplomatie.gouv.fr/IMG/pdf/rapport_haiti.pdf

[11] Reporteros sin fronteras: https://rsf.org/fr/classement

[12] Impossible consiste en una serie de fotografías representando a los transeuntes anónimos en la ciudad de Puerto Príncipe con sueños a los ojos.

[13] Ostentosa invisibilización es también el título de la exposición curada por Giscard Bouchotte en la Fondation Clément, Martinica, 2017, http://www.fondation-clement.org/Decouvrir-les-expositions/Invisibilite-Ostentatoire-Exposition-collective.

[14] David Frohnapfel, Photographing Queer Life in Port-au-Prince, Hyperallergic, 2015. Consultado el 21 de mayo de 2018 https://hyperallergic.com/217688/photographing-queer-life-in-port-au-prince/

[15] Maksaens Denis, https://www.maksaens-denis.com/

[16] La Dessalinienne, Himno nacional de Haití

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