Reseñas - Argentina

El Flasherito

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19.12.2020

No es paisaje es territorio: una breve revisión de PANORAMA, semana de galerías de arte en Argentina

Estas exhibiciones dan diferentes respuestas acerca de cómo reconvertir los espacios en tanto territorios hechos de tensiones. Descubrir el sentido social que un espacio tiene, permite preguntarse cómo es el acceso a los mismos y cuales son las condiciones materiales para que estos espacios existan.

 

Lenny, Sofi y Pepo de El Flasherito diario para Terremoto

Si crisis es oportunidad, sin duda este año significó la necesidad de imaginar nuevas configuraciones. Entre las tantas y diversas propuestas que salieron a la luz, en la última semana de noviembre aconteció Panorama, una iniciativa de la Cámara Argentina de Galerías de Arte y arteBA. Se buscó dar cuenta de lo que está sucediendo en el campo artístico a lo largo y ancho del país, agrupando los proyectos seleccionados para la feria de marzo que no pudo ser. Se armó entonces un programa con las 52 galerías que representa Meridiano y los espacios reunidos por asociaciones regionales como lo son Junta (Red Bonaerense), FARO (Asociación Civil de Galerías de Arte de Córdoba) y GIRO (Circuito de Galerías de Arte Rosario). En total, más de 130 espacios y 600 artistas. ¡Abundancia en este recorrido federal y demencial! Y si bien su principal objetivo fue promover la venta de obras, ante todo, Panorama fue el gesto inaugural de una voluntad por lograr un diálogo horizontal entre distintos gestores, espacios y artistas de todo el país. Hubo transversalidad, la tensión entre Buenos Aires y otras provincias se relajó. El país no se sintió tan lejano. Gracias a los referentes territoriales de las distintas regiones se construyó una red para anular aislamientos, que existen de todas formas y tamaños mucho antes que el COVID. A diferencia de los mega eventos artísticos de antaño, de ferias blancas con stands homogeneizantes uno junto al otro, la imposibilidad de trasladarse a las grandes capitales permitió un hacer situado. Que cada espacio avispe desde su propio lugar, a su propio contexto, reuniéndose todes a su vez en lo digital más allá de tiempo y lugar.

Para sumarle adrenalina y confusión al evento, en medio de la semana de las galerías sucedió algo que nadie esperaba. Murió Diego: el ídolo popular más importante de Argentina. A unas cuadras del velorio en Plaza de Mayo, se encontraba La casa de la cultura, muestra de Toto Dirty en la galería Isla Flotante. Pero, ¿quién quiere en tiempos de freelance e incertidumbre una casa de la cultura? Ese nombre, quizás obsoleto, invita a lo que para muchos jóvenes artistas fue y es un refugio en un pueblo playero. Un lugar en el cual se puede desarrollar un imaginario que no necesariamente esté atado a los vientos de la temporada, a la moda turística que cada enero se lleva puesto todo lo que tiene por delante. En el diseño de la muestra, las maderas marcan un horizonte, el mismo que separa a los médanos del cielo y los pies, los pies en la arena. Fracturas, piedras, puzzle, oro y latas de atún entre otros elementos arman collages-pinturas que colgadas por tanzas, alientan a reconvertir el aburrimiento, explorando las relaciones entre los recuerdos y las imágenes que el artista constela para reconocer un imaginario común. Un gesto muy cuarenténico de traer lo que no está presente.

Se podría decir que Ángeles Rodriguez y Florencia Sadir hacen un movimiento inverso. Más que llevar la playa a la galería, montan sus obras entre las montañas. Un link de Google Maps muestra un punto rojo lejos de la ciudad. Geografías de la Imaginación está ubicada en las cercanías de San Carlos, Salta. A través del video colgado en Youtube se puede ver un reloj hecho en el piso que tiene como aguja la sombra de un hierro fino y alto y los números tallados en piedras. También podemos ver una mesa con vasijas y pipas de tierra roja hacen juego con el entorno capturado en video. Bolsas de red conteniendo chauchas secas en las paredes rocosas. Desde lejos las grandes piedras hacen que todo lo que está presente se desdibuje, se vuelva invisible. El sonido del video es de una frecuencia poco escuchada en la ciudad, una frecuencia sonora que a fuerza de piedras, viento y agua se impone, no dejando lugar para las palabras.

En un espacio obviamente opuesto en el barrio de Montserrat, sobre la porteñísima Avenida de Mayo, se erige el Palacio Barolo. Un antiguo edificio neorromántico y neogótico que se pierde en un barrio de oficinas y cascos históricos. En uno de sus últimos pisos se ubica CPU, un espacio a cargo de lxs curadorxs Boris MHL, Mano Leyrado y Paola Mattos que se caracteriza por materializar discusiones teóricas sobre prácticas curatoriales. Es ahí donde la artista Mia Superstar construye un mundo espectacular a base de globos, porcelana fría y luz roja llamado Superinflación.[1] Esculturas y dibujos en los cuales Mia es siempre protagonista; como en “el mito de la estrella”, una isla-obra ejecutada con una ternura que ya es parte de su impronta. La muestra propone, sin palabras difíciles, una rebeldía hacia la lógica de los espacios de paredes blancas y la pulcritud acostumbrada de las galerías no desde lo literal, sino desde lo sensible. En CPU, Mia construye a partir de sus necesidades y sin especular: una muestra de monumentalidad liviana y colorida. El texto curatorial fue impreso en globos y se puede leer una vez que este está inflado, divertidísimo. Algo similar ocurre en Ojo de cabra presentado por Nina Kovensky en El gran Vidrio en la provincia de Córdoba. Una narración acerca de las diversas experiencias que tenemos frente a los espejos. Hay manos sosteniendo espejos, manos sosteniendo celulares, espejos con dibujos calados, espejos que simulan cámaras de vigilancia y diferentes sistemas sonoros-lumínicos que arman un ecosistema con vida propia. A través de los espejos podemos ver un reflejo de nuestro rostro, de nuestra vida, pero, ¿cómo es la vida de los espejos? ¿Qué queda en el espejo cuando el movimiento pasa? ¿Existen espejos más allá de la luz? Un video hecho por las Sirenas Errantes donde leen la novela Aguas Vivas de Clarice Lispector dice: “espejo, ese vacío cristalizado que tiene dentro de sí espacio para continuar siempre adelante.”[2] Resuena la respuesta en un terreno de fin de fiesta donde las luces como aves mecánicas siguen girando para encontrarse en un punto que solo representa eso, un encuentro para seguir.

Estas cuatro exhibiciones dan diferentes respuestas acerca de cómo reconvertir los espacios en tanto territorios hechos de tensiones. Descubrir el sentido social que un espacio tiene, permite preguntarse cómo es el acceso a los mismos y cuales son las condiciones materiales para que estos espacios existan.

Una efervescencia amorfa se vive en el barrio de la Boca para muches inesperada. En un día se pueden visitar los espacios Proa, Munar, Boca de Fuego, Barro, La Verdi, Sendrós y Constitución que se ubican a solo un par de cuadras. Si te embarcas en esta aventura probablemente tu cerebro explote en mil pedazos. La Boca es un barrio que está en el ojo de la gentrificación y el arte, salvando las intenciones, es la actividad excéntrica que se promociona. Un gesto entre muchos otros fue la lectura que hizo la entrerriana, Marce Estebecorena en Munar, gesto que va más allá del templo del arte, más allá de pensar al arte como una instancia únicamente económica. Una lengua que versa sobre tacos negros y tanga celeste de carnaval escupe Gualicho, una lectura que tensa los músculos desde el interior del río Paraná que hace meses se encuentra a fuego vivo. Un gesto que incomoda a quienes visitan, a quienes pasean, porque pasear también es un privilegio. Un gesto que no reniega del cuerpo sino que hace del cuerpo el propio territorio del encuentro poético. Y si se trata de hacer pasar la poesía por la piel, la intervención de Carrie Becardino Los murciélagos lucen mejor cuando la noche es rara sobre la obra Autorretrato de Lolo y Lauti en la galería Barro despierta cuestionamientos sobre cómo acompañar el dolor. El mantra exclamado por la aguja tatuadora hipnotizó a los presentes. Carrie sentada sobre su compañero Gonzalo Duro abrazándolo le tatuó en la espalda “yo estoy al derecho dado vuelta estás vos” a través de los espejos trambolicos. Se sintió el dolor tan solo de mirar.

Desde distintas coordenadas los proyectos mencionados modulan diferentes territorios y tensiones. ¿Qué pasa si nos mezclamos más? Algo flashero podría ser literalizar el desplazamiento. Viajar, acampar, compartir, hacer fuegos, recibir y que nos reciban. ¿Cómo se manifiesta esta incentiva cuando las charlas dejan de ser por Z**m? ¿La federalización es un parche o vino para quedarse?

Notas

  1. Dado que CPU no es una galería sino un laboratorio de curaduría experimental, no formó parte del programa de Panorama.

  2. Video de la muestra Ojo de cabra con el acompañamiento de las Sirenas Errantes.

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