Reseñas - Berlin - Alemania

Oscar Ardila Luna, Lorena Díez Arias

Tiempo de lectura: 10 minutos

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23.10.2020

Juntes pero no revueltes: solidaridad y feminismo en la 11ª Berlin Biennale

“Puede la 11a Bienal de Berlín ser un arma?”

Arpilleras; Artista mujer no identificada, [Sin título], ca. 1973-1985. Piezas de tela cosidas (arpillera). Todas las obras Colección Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), Chile. 11ª Bienal de Berlín, Gropius Bau, 5.9. - 1.11.2020. Fotografía por Mathias Völzke. Imagen cortesía de la Bienal de Berlín

A mediados de 2019, cuando se iniciaron las actividades de la 11ª Berlin Biennale (BB) con una serie de charlas y talleres en ExRotaprint, un espacio de proyectos independiente y de carácter comunitario en el noroeste de la ciudad, era evidente el carácter particular de esta edición de la Bienal. Además de la producción de una gran exposición, el interés de lxs curadorxs —María Berríos, Renata Cervetto, Lisette Lagnado y Agustín Pérez Rubio— estaba también enfocado en la mediación de trabajos relacionados con problemáticas de colectividades vulnerables ubicadas principalmente en el sur del mundo. Para esto se planearon una serie de talleres y charlas que involucraban a lxs artistas participantes así como a diversxs actorxs y proyectos locales. Aunque el proceso se vio interrumpido por la implementación de las medidas sanitarias en medio de la pandemia, la última fase de la Bienal —el epílogo expositivo compuesto por cinco secciones curatoriales—,[1] se pudo llevar a cabo y fue inaugurada a principios de septiembre.

Después de recorrer dicho epílogo, la inquietud que nos queda es qué tanto se acercó la BB a ponernos en diálogo con conflictos y estéticas entre el sur y el norte. A pesar de nuestro trasfondo y origen latinoamericano, la impresión que teníamos era la de estar viendo una serie de realidades que, aunque conocidas, nos resultaban muy ajenas, aisladas y en cierta medida enajenadas en el contexto berlinés. En lugar de establecer una conexión profunda, una “empatía”, o un cuestionamiento de nuestras propias convicciones, la sensación era la de estar haciendo una especie de zapping de conflictos. ¿Por qué tenía ese efecto en nosotros? ¿Por qué una exposición que cuestionaba un sistema patriarcal, la censura de los cuerpos o la persistencia de las relaciones coloniales, resultaba tan ajena y poco conflictiva? ¿Carecía la BB de estrategias para confrontarnos intensamente con las relaciones sur-norte?

En nuestra preocupación por la empatía y la conexión con estos conflictos estaba quizá el aporte real de este evento. A continuación presentaremos brevemente algunos cruces y experiencias en relación a nuevas formas de solidaridad y a feminismos decoloniales presentes en la BB, que nos dan pautas para repensar nuestra percepción de un activismo artístico contemporáneo.

Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), vista de instalación (detalle), XI Bienal de Berlín, Gropius Bau, 5.9. – 1.11.2020. Fotografía por Mathias Völzke. Imagen cortesía de la Bienal de Berlín

Nuevas solidaridades

Uno de los ejes temáticos de la BB es “El museo invertido” que, entre otros, cuestiona relaciones culturales y de poder sur-norte como el tráfico de objetos arqueológicos, el extractivismo de los recursos naturales y la represión de las cosmogonías ancestrales. Adicionalmente este eje señala al sur como el lugar donde se han cristalizado grandes proyectos de solidaridad y resistencia aún vigentes. Con el enunciado “Can a museum be a weapon?”, retomado del Museo de la Solidaridad Salvador Allende iniciado en 1974, la BB nos señala un magnífico proyecto cultural de circulación de significados a nivel continental e internacional en favor de la defensa de la democracia. El conjunto de posters, dibujos y serigrafías de artistas como Beatriz González, Taller 4 Rojo, la tela mural de Gracia Barrios o las “Arpilleras”, telas cosidas por mujeres chilenas ante la dictadura militar, nos evocan una nostalgia relacionada con las luchas y resistencias populares. Una nostalgia que se agudiza cuando notamos que los efectos de esas luchas aún están pendientes por concretarse, sobre todo al recordar las manifestaciones recientes en Chile, Colombia, Haití, Hong Kong, Irán o Líbano, que se oponen a regímenes políticos y proyectos económicos neoliberales desmedidos. Una nostalgia relacionada también con la dificultad de pensar desde el presente, la solidaridad como un proyecto equivalente al de los años setenta, es decir, como un proyecto de masas y sin fronteras.

“El museo invertido” nos plantea repensar nuestra idea de solidaridad cuando nos acercamos a los demás ejes de la BB. Cabe preguntarse entonces cómo sería en realidad la solidaridad en un contexto decolonial, antipatriarcal, anticlerical o de los cuerpos en disidencia. La pregunta acá es por la solidaridad a una escala reducida que involucra a colectividades vulnerables que han sido violentadas, marginadas, y que recientemente reclaman también un significado en el campo de producción cultural global. En este sentido, las nuevas solidaridades aparecen representadas bajo la forma de una metáfora natural, como algo vivo u orgánico. Servicio de escuchación de Osías Yanov y el colectivo Sirenes Errantes plantea otra imagen de la solidaridad que alude a un elemento natural como la sal que, por sus propiedades físicas, tiende a agruparse. Así se establece una red de escuchas y dibujantes con sal que se ha mantenido activa desde el inicio de la pandemia. Asimismo se pueden observar alternativas a las violencias patriarcales en los trabajos de Marwa Arsanios, parte de la serie Who is Afraid of Ideology? que hace una documentación en video sobre la resistencia de comunidades de mujeres, entre ellas una en Colombia la cual lucha específicamente a favor de la defensa de las semillas y la propiedad de la tierra. Los conflictos revisados en esta obra, giran en torno a un elemento vivo y sobre la red que se arma para protegerlo. ¿Puede el museo localizado en el norte ser un espacio de sensibilidad vital cuando históricamente su fundación y sostenimiento tiene que ver con el despojo de la vida?

Continuando con esta línea de ideas podría pensarse entonces: “Can the 11th Berlin Biennale be a weapon?” Lamentablemente ésta sería una afirmación poco acertada. El carácter activo de fomento de redes o de circulación de significantes sur-norte es muy pobre. En su lugar consideramos que la BB pudo haber propiciado mayores espacios que deslocalizaran la pasividad de lxs visitantes que observan, y expusiera las corresponsabilidades que existen en la preservación de los conflictos desde el norte. Acá está la vuelta de tuerca que le falta a este epílogo y que acentúa claramente la marcada distancia que percibimos como espectadorxs con los trabajos presentados.

Bartolina Xixa, Ramita Seca, La Colonialidad Permanente, 2019. Video HD, color, sonido, 5'07 ". Vista de la instalación, 11ª Bienal de Berlín, Gropius Bau, 5.9. – 1.11.2020. Fotografía por Mathias Völzke. Imagen cortesía de Bartolina Xixa & Berlin Biennale

Feminismo decolonial

Otro de los ejes curatoriales de la BB fue denominado “La Anti-Iglesia”, una selección de obras que cuestionaban el sistema patriarcal, es decir, ordenes establecidos de carácter binario y simbólico para controlar cuerpos e identidades a nivel étnico, sexual, nacional, lingüístico, religioso, económico e incluso político. En este punto, nos interesa resaltar la cercanía de algunos de los trabajos con imaginarios del feminismo decolonial desde la intersección de los órdenes con sistemas impuestos a través de la colonia y problemáticas contemporáneas.

En este contexto, algunxs artistxs reivindican el liderazgo de mujeres indígenas. Más allá de tratar de recuperar su rol histórico, es a partir de estas figuras que lxs artistxs reactivan una sabiduría ancestral y espiritual asociada a la “Madre Tierra” como estrategia de resistencia. En este caso, las luchas feministas trascienden el lugar común de la lucha por la igualdad de género y se conectan con la defensa por el territorio, la “Madre Tierra” y el denunciar el extractivismo en un sentido amplio, tanto de los recursos naturales como de los cuerpos y de los significados. Ramita Seca, La Colonialidad Permanente es un perfomance que reinterpreta la lucha de la heroína boliviana Bartolina Sisa, quien hacia mediados del siglo XVIII lideró una rebelión contra el sistema colonial español. El performance se realiza en medio de un basurero, donde el personaje drag andinx de “Bartolina Xixa” (con “x”) canta y baila al ritmo de una canción de bases folclóricas que denuncia el impacto actual de los grandes consorcios en el medio ambiente y la condición de vulnerabilidad de las mujeres, niños y poblaciones indígenas del sur. Algo similar ocurre en Resiliencia Tlacuache de la mexicana Naomi Rincón Gallardo, un video que hace referencia a cuatro personajes míticos mesoamericanos, quienes en medio de un ritual, denuncian las perdidas por extracción y eliminación de recursos naturales en un territorio. El video es además un homenaje a Rosalinda Dionisio Sánchez quien ha abanderado la resistencia contra la minería en San José del Progreso en Oaxaca, México.

Volvamos de nuevo al norte, al lugar de la Bienal, y preguntémonos realmente por la resonancia de esos trabajos en esta latitud. ¿Hasta qué punto resultan éstos puramente herméticos, autorreferenciales y homogeneizadores de las experiencias de violencia vividas por las mujeres, personas trans* y disidencias sexuales? Estas son preguntas que nos llevan de nuevo a ubicarnos en una posición binaria, en esas viejas cuestiones relacionadas con la exotización del sur o los clichés. El carácter de oposición a las estructuras establecidas que enuncia la curaduría queda acá de alguna forma incompleta o, dicho de otro modo, los significantes de la periferia quedan en la periferia, dejando abierta una grieta con el norte que encubre las diferencias de índole cultural que requerimos trascender.

Edgar Calel, de la serie Ni Ch’itiloj Ri q’aq [Fonemas del fuego], 2020 - en curso. Carboncillo, lápiz, bolígrafo y tinta china sobre papel. Vista de la instalación, 11ª Bienal de Berlín c/o ExRotaprint, 5.9. - 1.11.2020. Foto de Mathias Völzke. Imagen cortesía de Edgar Calel

Activismo desnaturalizado

La forma cómo se han presentado los activismos, las denuncias y problemáticas hechas por lxs artistas del sur en el norte parece haber terminado por desnaturalizar o enajenar los activismos tal como los conocemos. Más allá de una evasión de lo político, algo que han planteado otros artículos, este activismo resulta muy extraño en el norte cuando se confrontan obras cargadas de misticismo, que por momentos y durante el recorrido, se perciben como fórmulas de representación de conflictos que no alcanzan a articularse con el contexto. Podemos decir que ese carácter enajenado le ha arrebatado un carácter crítico importante a estos trabajos para activar o incomodar a los públicos y movilizarles de alguna manera en relación a los conflictos, las raíces y los factores que inciden en la permanencia de éstos en el sur global.

No obstante, la referencia a nuevas solidaridades, así como al feminismo decolonial, se puede experimentar en otra de las secciones de la Bienal, “El archivo viviente” en ExRotaprint, el lugar de la experiencia y desarrollo de estos procesos. Como estuvo planeado desde el inicio, aquí se conjuga el activismo artístico a modo de un espacio vivo y en crecimiento en cuanto a la tensión entre objetos y sujetos. Así mismo, se rompieron las versiones binarias desde la práctica artística, donde expresiones entre las escénicas (teatro, danza y música) se combinaron con la literatura y las artes visuales. En este espacio se demuestra la importancia de trabajar en colectivo, de activar procesos colaborativos que se contrapongan a sistemas únicos, a procesos en solitario, que por otro lado, pueden tener bases en las micro-resistencias, como un camino para sumar y establecer una red de trabajo que no se reduzca a la temporalidad de la BB.

Juntxs pero no revueltxs, título de esta reseña, se refiere a una gran cantidad de agentes aislados reclamando y luchando en contra de problemáticas concretas. Igualmente tiene que ver con la falta de complicidad que hubo entre lxs artistas y los públicos en esta bienal. Mientras lxs unxs denunciaban y resisten activamente, lxs otrxs las observaban pasivamente. Quizás si los trabajos hubieran podido estar más acompañados de esos procesos, la recepción y los conflictos habrían sido otros. Todxs juntxs en Berlín pero cada uno mirando hacia su lado.

Notas

  1. Las cinco secciones son: La grieta comienza dentro, La anti-iglesia, Vitrina de cuerpos disidentes, El museo invertido y El archivo viviente. Para más información acceder al website de la bienal: https://11.berlinbiennale.de/

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