Extracto - Estados Unidos México

Dafne Cruz Porchini

Tiempo de lectura: 7 minutos

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12.02.2021

José Clemente Orozco: Final Cut

EXTRACTO es una sección online en la que compartimos fragmentos de los libros de Temblores Publicaciones, el sello editorial de Terremoto. Presentamos el cuarto extracto de esta sección, «Los últimos años», por Dafne Cruz Porchini, que forma parte de José Clemente Orozco: Final Cut, catálogo de la exposición del mismo nombre —realizada en el Arizona State University Art Museum en Phoenix (ASUAM), EE. UU. Como un acompañamiento de la muestra, esta publicación revisa la producción tardía del artista y despliega una selección de materiales inéditos de su archivo personal, al tiempo que pone en diálogo los ecos del pintor en las prácticas artísticas contemporáneas en Guadalajara.

José Clemente Orozco: Los últimos años (1945 – 1949)

Entre septiembre de 1945 y mayo de 1946, José Clemente Orozco (1883-1949) realizó su último viaje a Nueva York. En los últimos meses de esta estancia estuvo acompañado por su esposa Margarita y su hija Lucrecia. De acuerdo con su correspondencia, Orozco —además de describir varios aspectos de su vida cotidiana en la metrópoli que conocía muy bien— dejó entrever algunos aspectos de su proceso creativo. Haciendo una reflexión general en cuanto a su producción artística y crecimiento profesional, Orozco escribió a su esposa en diciembre de 1945: “De todos modos, ha sido muy útil mi estancia aquí estos tres meses, desde el punto de vista práctico. He visto muchas cosas, conocido a muchas gentes (sic) y [he] visto bien lo que debe hacerse para el futuro. He visto que mi prestigio está más sólido que nunca y que tengo tantos amigos como yo quiera”.1 En esta misma época, gracias a las mismas gestiones del propio Orozco, la renombrada Galería Knoedler empezó a comercializar su pintura de caballete.

En este periodo, el pintor sintió una enorme necesidad de transformar su quehacer pictórico, buscaba “renovarse, […] ver otras cosas”, y reconfigurar su posicionamiento tanto en México como en Estados Unidos. En ese sentido, le comentó a su amigo, el historiador del arte Justino Fernández: “Voy a defenderme con mis cuadritos”.2 En una entrevista concedida al periodista Richard Posner para el diario Free World, Orozco refirió sus intereses plásticos más encaminados a la exploración técnica, formal e incluso personal. Posner enunció: “[…] una de las razones principales por las que vino a Nueva York hace tres meses fue encontrar lo que estaba pasando en el mundo. Aquí hay de todo”.3 En particular, el pintor estaba muy interesado en Harlem, barrio que llegó a visitar regularmente. De igual manera, el artista acudió a varios museos y se dio oportunidad de observar los cambios artísticos determinados por el ambiente político y la incertidumbre de la Segunda Guerra Mundial. En resumen, en este periplo Orozco hizo una profunda revisión de su producción, de su papel como artista y su entorno.4

Pese a ser un artista bastante reconocido en el país vecino, el pintor no quería ser únicamente identificado por su quehacer mural, sino que quería intensificar y dar a conocer su labor en otros soportes: “El público cree todavía que sólo soy pintor mural y a esa creencia han contribuido Inés y sus pintorcillos, de mala fe y en su beneficio”.5 Orozco estaba sumamente convencido de la aportación del muralismo mexicano al arte estadounidense, pero quería extender esa idea: “muchos norteamericanos prefieren la pintura mexicana: nosotros hemos contribuido en gran parte a lo que ellos pretenden hacer”.6 Esta concepción de un “arte americano” empezó a vincularse con una diplomacia cultural hemisférica que tomó en cuenta las artes visuales como objeto de intercambio, aprovechando el éxito y popularidad del arte mexicano posrevolucionario en Estados Unidos y su importante influencia en los proyectos de arte público del New Deal.7

Justamente, el pintor había recibido a José Gómez Sicre un par de ocasiones en su estudio, ubicado cerca de Central Park. El curador y crítico de arte cubano indudablemente pensaba reforzar la presencia de Orozco en el circuito artístico latinoamericano de la época, y se mostró gratamente sorprendido por el giro que estaba dando el pintor a su trabajo: “[está] decidido a llevar su arte por una vía libre de toda ligazón preestablecida a favor de tal o cual idea ajena del mismo”.8 Sin embargo, Gómez Sicre también subrayó el alcance y recibimiento internacional de la obra de Orozco, mismos que le permitieron posicionarse bajo la categoría de artista americano: “[…] ha llenado paredes y paredes, en millares de metros cuadrados que lo acreditan como uno de los trabajadores artísticos más fecundos y más certeros que haya producido la América hasta hoy”. En este sentido, durante aquella productiva estancia realizó además uno de sus mejores autorretratos. Fechada en 1946, esta autorepresentación parece un retrato casi oficial del pintor: porta un traje con corbata, su gesto evidencia madurez, y detrás aparece un muro angulado. La pintura denota así una apropiación por parte del mismo Orozco en cuanto a su proyección como muralista y artista de Estado.

En las siguientes líneas me referiré específicamente a varias obras realizadas por Orozco entre 1945 y 1949, mismas que forman parte de la exposición José Clemente Orozco: Final Cut que convoca esta publicación, y que corresponden a una producción pictórica menos conocida. Las obras del último periodo orozquiano marcan una gran diferencia respecto a su labor de la década de los años treinta, durante la cual el pintor jalisciense estuvo más centrado en la realización de murales en Estados Unidos y México. En sus últimos años de vida, Orozco se mantuvo muy activo: había recibido el Premio Nacional de Artes de manos del Presidente Manuel Ávila Camacho en 1946; e incluso, gracias al poeta y funcionario Carlos Pellicer, tuvo su primera retrospectiva en vida en el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México (1947).

La verdad (1945)

Antes de salir hacia Nueva York en septiembre de 1945, Orozco había participado en la Tercera Exposición de El Colegio Nacional9 en la Ciudad de México, institución de la que fue miembro fundador en 1943. Siguiendo el propósito de la misma para difundir saberes de la época, los integrantes debían dictar conferencias para compartir su labor públicamente. Sin embargo, el pintor acordó que, en su lugar, realizaría exposiciones como forma de retribución. De esta manera, el pintor presentó seis muestras de 1943 a 1948, todas dedicadas a su quehacer pictórico más reciente, el cual proyectaba indudablemente sus preocupaciones técnicas, materiales y de contenido.

Para aquella ocasión, Orozco decidió mostrar un conjunto de dibujos “con un amplio sentido crítico-histórico”10 y que posteriormente conformarían un álbum facsimilar que fue publicado ese mismo año. La exposición constó de 70 dibujos, y se le llamó La verdad. Posteriormente, se le añadió el subtítulo “la verdad torcida, deformada, alterada, mutilada, pintarrajeada”, y es que en estas obras se puede apreciar una línea mucho más libre y sin sujeciones académicas, donde prevalece una mezcla de temas que le interesaban al pintor: adaptaciones contemporáneas de la alegoría clasicista —representada a través de personificaciones femeninas—, imágenes monstruosas y la violencia caricaturizada.

De igual manera, las figuras grotescas —tiranos, dementes, matronas, bufones y diablos— destacan por el trazo del dibujo, mismo que da cuenta de una multiplicidad de escorzos y ejercicios plásticos muy particulares. Algunos dibujos parecen ser más bien estudios anatómicos: vemos distintos movimientos y gestos, mientras que otros cuerpos parecen hacer contorsiones, como una forma de revalorar los medios artísticos tradicionales.

Dentro de todo el conjunto hay algunos óleos que también se vinculan con La verdad; tal es el caso de Escena de asilo —también conocida como Escena de manicomnio—, donde el pintor potenció todavía más las figuras caricaturizadas, al tiempo de yuxtaponer colores tan intensos como el rojo con tonos obscuros. Esta misma obra podría tener un diálogo y eco con las pinturas y dibujos presentes en la Cuarta Exposición de El Colegio Nacional (1946), en las que Orozco hizo una dura crítica al poder, al militarismo mundial y la corrupción política que relacionó con los símbolos de la tiranía y el despotismo, sobre todo al término de la Segunda Guerra Mundial. De esta manera, el boceto preparatorio para el óleo Pomada y perfume (1946) plasma a un vanidoso militar con sus condecoraciones sentado frente a un tocador, mientras es atendido por unos personajes irrisorios a su derecha y a su alrededor. Sobresalen aquí las líneas gruesas del dibujo, los colores rojizos y anaranjados que el pintor matizó para la versión final de la pintura (Pomada y perfume, 1946, Museo de Arte Carrillo Gil, INBAL).

Encuentra este texto completo en la versión impresa de José Clemente Orozco: Final Cut aquí.

Notas

  1. José Clemente Orozco, Cartas a Margarita (1921-1949), Ciudad de México: Era, 1987, p. 333. Énfasis de la autora.

  2. Justino Fernández, Textos de Orozco, 2ª ed., Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Estéticas, 1983, p. 128.

  3. Richard Posner, “Orozco”, en Clemente Orozco Valladares, Orozco: verdad cronológica, Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 1983, pp. 486-487.

  4. Fernández, op. cit., p. 103.

  5. Orozco, op. cit., p. 322. Se refiere a Inés Amor, directora de la Galería de Arte Mexicano (GAM), la primera galería privada en México fundada en 1935. El pintor se quejó amargamente de las “exposiciones mexicanas” colectivas que se estaban organizando en Estados Unidos durante estos años, gracias a la GAM. Éstas obedecían a un interés transnacional y diplomático —surgido desde la década de los años veinte— por exhibir el arte y la cultura mexicana.

  6. Martín Acero, “El mundo a la deriva. José Clemente Orozco nos narra sus impresiones a su regreso de Nueva York”, en Orozco Valladares, op. cit., p. 494. La nota original fue publicada en Nosotros en mayo de 1946.

  7. Véase Barbara Haskell, ed., Vida Americana. Mexican Muralists Remake American Art, 1925-1945, New Haven: Whitney Museum of American Art-Yale University Press, 2020; y Claire F. Fox, Making Art Panamerican. Cultural Policy and the Cold War, Minneapolis: University of Minnesota Press, 2013.

  8. José Gómez Sicre, “Un gran premio para Orozco”, en Orozco Valladares, op. cit., p. 521. La nota original apareció en El Nacional de Caracas en marzo de 1947.

  9. El Colegio Nacional, creado en 1943 a instancias del gobierno federal, es una institución pública que ha agrupado hasta el día de hoy a notables intelectuales y científicos mexicanos.

  10. Fernández, op. cit., p. 127.

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