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22.01.2022

The Liquid Gates of Time

EXTRACTO es una sección online en la que compartimos fragmentos de los libros de Temblores Publicaciones, el sello editorial de Terremoto. Presentamos el sexto extracto de esta sección, «FUERZA VITAL: Ahora he devenido en muerte, destructora de mundos», por The Immovable Tâm Liêu Âm, que forma parte de The Liquid Gates of Time, catálogo de la exposición del mismo nombre —realizada enel Rubin Center de la Universidad de Texas en El Paso en 2021. Éste busca dar cuenta de la producción artística de «-O-«, donde el colectivo expone la naturaleza extractivista y violenta de las instituciones fronterizas y los estados-nación cuando se trata de nombrar la otredad y sus historias

Más allá de este umbral desértico, en la región del norte de México, yace un archivo sobreexplotado. Éste permanece bajo constante asedio y turboestimulación: una representación forzada para el “mundo exterior” —partiendo de ahí, pero no siendo de ahí—; un miembro fantasma que abandona sus entrañas en una desintegración confusa, obligado a reensamblar los fragmentos y escarbar en el duelo; un proceso para reclamar los vestigios de una dignidad olvidada. El porvenir, pensado en este espacio de excepción perpetua, nos revela formas menores de vida que se reflejan en nosotres para escapar de la luz. El archivo se vuelve irreconocible, pues su lectura —después del largo sometimiento que ha padecido— requiere la lente del invasor. Aún para aquelles con una agencia legítima, una aproximación sin el protocolo del centro sería en vano. Tras once mil asesinatos en los últimos cuatro años, nos enfrentamos a un paisaje sin forma que no logra configurarse bajo los conceptos de reconocimiento, ahora sobresaturados; experiencias irrepresentables del aparato sensorial de la realidad paralizadas en un estado de insensibilidad.

 

Mediadores, fixers [intermediaries] y otras formas precarias de saqueadores han ocupado los pasillos de la producción del saber mediante el intercambio equitativo de explotaciones pornográficas del sujeto.[1] Estas encarnaciones del arconte operan por encima y por debajo del tráfico de la significación —pisoteando intentos furtivos y crípticos de comprensión—, para abandonarlos en un estado de descomposición perpetua y parasitismo funesto, hasta dejar estas herramientas como únicos recursos. En este espacio — que no está ni arriba, ni abajo— se fabrican laberintos, se activan trampas y se esconden salidas falsas en los escombros; significaciones sin signo. Después de todo, ¿no es esto una versión depredadora del desierto de lo real? ¿Que no era esta guerra en tierras baldías el llamado laboratorio de nuestro futuro? Un páramo que evocaba: “Ahora he devenido en Muerte, destructora de mundos”.[2] Un vacío reensamblado, donde el tiempo y el espacio se reorganizaron a partir de cambios atómicos, dejando atrás el tembloroso reino de lo conceptual: un nuevo comienzo para la mutación, en el que las vidas vegetal, mineral y animal fueron reorganizadas por la industria militar a través de la suspensión y desintegración atómicas.

La colonia de neoesclaves, encadenda al tiempo y a los palpitantes ecos postindustriales, hereda un cataclismo de humillación. Se puede detonar el archivo programando los portales abandonados, los laberintos y las salidas falsas. Sólo podemos agenciarnos de ello desde la opacidad y el engaño —ambas cualidades repulsivas a lo largo de los pasillos de la eficiencia y transparencia. Poner en riesgo los centros del conocimiento es sólo posible si se declara la legitimidad de su origen, al fungir como un componente oracular en sus inicios. Estas detonaciones respetan la estructura —la inmolación fatídica del yo, no de le otre— para evitar la especulación sobre las prácticas de nomenclatura. Una cortina de humo diseñada para asegurar la creación de mundos mientras se simula su destrucción; una basta continuidad de vida fértil, en todas partes. ¿No es cierto que la postcolonia depende de estos indicadores de eficiencia? ¿La valoración de la vida humana y la mano de obra forzada —basada en la presión sobre un cuerpo— ocurre en un tiempo homogeneizado? En este contexto, el valor más bajo que puede tener una vida humana equivale al costo de acabar con la misma: una demanda en el desbordante mercado de asesinatos. La singularidad exhausta nos deja con un espectáculo oculto de aniquilación para la cotidiana muerte en vida. Respetar la opacidad a través de estas relaciones implica otorgar consentimiento para utilizar nuestros cuerpos y los cuerpos del conocimiento. La aporía de la máquina, que sabe que está siendo usada como una prisión sin forma, se compara con la ilusión de libertad de movimiento.

 

 En esta esfera, el tiempo y los conceptos se vuelven reversibles: no a través de una revocación del misil atómico, ni sirviendo o atendiendo los pasajes del archivo, sino al establecer discursos mercantilizables —cómodamente, para algunes— que refuerzan la idea de periferia. A falta de recursos, el tiempo y los conceptos aún pueden transformarse. Derribar un lenguaje visual o conceptual heredado depende de la capacidad de desviar el ventajoso poder de la significación, de transformar los lenguajes heredados sobre su eje y recolocarlos, desde el Antiguo Nuevo Mundo, en un litoral de entendimiento: nombrando estrategias emancipatorias, abandonando la especulación. Renunciar a la aprehensión implica renunciar a la objetivación cuando no es posible abandonar nuestra cualidad de cuerpos-máquina. Así, la entidad cifra al código, formando una nueva inconsciencia para la subjetividad, misma que ha sido desechada, dejando atrás al parásito. Como un fantasma opaco, permanentemente inestable, la máquina soluble es imposible de poseer.

La omisión conceptual heredada y la significación, validadas hegemónicamente, resultan en una crisis dentro de esta supuesta transformación. Subyace aquí una crisis de renovación biológica y evolutiva, particularmente en las iteraciones más suaves, sublimes y seductoras, donde negamos nuestra habilidad de cambiar, encriptar, mecanizar y cifrar códigos. El archivo que encontramos en estas páginas —procesos taxonómicos excesivos— es síntoma de una crisis representacional, es rehén de los medios de representación. Lo que vemos es una condición digitalizada en la que los sujetos del mestizaje adquieren dignidad a través de la hibridación entre objetos de transgresión y de lujo; objetos alcanzables sólo en una vida paralela o simulados en otra vida, en la vida digital.

 

Entendemos el mestizaje como un catalizador del barroco, ese que funciona como expansión de la vida, y donde la vida se convierte en un arranque de afirmación eléctrica. El mestizaje es el antídoto de su propio veneno, es una fuerza que nos lleva a contingencias terribles y cacofonías de dioses turbulentos: la brutalidad que palpita desde el Antiguo Nuevo Mundo. Ahí se esconde un vacío irremediable de voluntad permanente, donde el silencio y el trauma se encuentran en la comprensión del pasado, pero también en una prolongada guerra intravenosa. El mestizaje, en la postcolonia —tras la caída del estado-nación como un régimen ilegal paralelo—, permanece suspendido en relaciones rizomáticas, especialmente cuando nos acordamos de mirar hacia los márgenes. La lectura de estas imágenes no deja de tener un grado de homoerotismo: cuerpos penetrables por todos lados. Sin embargo, estas imágenes no son condescendientes, pues son nuestras. Somos, a la vez, torturadores y cuerpos mutilados: libres de complejos de superioridad e inferioridad, pero libres también del complejo de igualdad.

Encuentra este texto completo en la versión impresa de The Liquid Gates of Time aquí.

Notas

  1. El sujeto, atravesado por múltiples lados, se ve obligado a recomponerse a través de un brebaje de porno-miseria, criminalización y lástima. Las condiciones equitativas para nombrar al sujeto-objeto se dan por su incapacidad para desvanecerse en la pantalla que le enmarca. El sometimiento a la anulación automática de sus capacidades ónticas se convierte en la norma: una postura relacional ante el mundo abandonada para sucumbir a la desesperación, en contra de la categorización impuesta.

  2. Nota de les editores: redactado originalmente en sánscrito, éste es uno de los versos más popularizados del escrito hindú Bhagavad-gītā. Enigmático en su significado, este verso se ha traído a la cultura popular tras ser citado por uno de los considerados creadores de la bomba atómica, en 1945. En estas líneas las interpretaciones varían; sin embargo, les autores podrían estar apuntando a las posibilidades de un tiempo no lineal como determinante y potencia de vida, así como punto de partida para la imaginación radical.

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