Nuestro editor, Diego del Valle Ríos, conversa con Verónica Gerber Bicecci, artista visual que escribe, sobre la relación existente entre imaginación, lenguaje y escritura que se presenta en el libro "En una orilla brumosa" publicado recientemente por Gris Tormenta como un esfuerzo por especular sobre los futuros del arte y la literatura.
Verónica Gerber Bicecci (VGB): Intento visualizar las relaciones en la triada que propones y lo primero que veo es esto: (ver dibujo 1). Sabemos que todo deja alguna huella o alguna forma de escritura: los lápices y el carboncillo, pero también los seres vivos en movimiento, el paisaje, los anillos de los árboles, etcétera. Me gustaría pensar que esas escrituras son la fuente de las imaginaciones que conforman nuestros lenguajes. Pero, por lo pronto, la realidad es otra y, si pienso en ella, entonces veo esto: (ver dibujo 2 más abajo). El lenguaje es un sistema que delimita nuestras posibilidades de imaginación, y la escritura termina por ubicarse justo a medio camino entre el lenguaje y la imaginación. En busca de futuros posibles, las escrituras que están contenidas en este libro desean salir de esos márgenes, creo yo. O al menos son el testimonio de ese intento.
DdVR: Cada texto reunido incita a desobedecer la relación sensorial con el entorno que habitamos y nos habita: son propuestas para sabotear el propio lenguaje con el que hacemos mundos. En coexistencia, estas escrituras recuerdan no desestimar la potencia de las contradicciones. En el prólogo al libro, compartes que los textos fueron escritos por exploradores del caligrama: “Es decir, artistas que desdoblan el lenguaje verbal, visual o ambos, y que asumen y confrontan las discordancias o tensiones que resultan de ese ejercicio”. Cada texto es, entonces, un habitar la contradicción implícita en la era caligramática donde dices que nos encontramos. ¿Podrías hablar un poco más sobre dicha era?
VGB: La contradicción es a menudo un mecanismo que tiende a ocultarse en las manifestaciones artísticas. Más que habitar las contradicciones, porque las hemos habitado desde siempre, creo que se trata de abrirlas, de hacerla visibles, de encararlas y ponerlas sobre la mesa para discutir o asumir sus consecuencias e implicaciones.
Conversar sobre nuestras complejas y contradictorias intersecciones me parece un ejercicio urgente en cualquier proyecto o ejercicio de pluralidad.
VGB: Tal vez la propuesta que esboza esta antología va más por el lado del “cómo”, en lugar del “de qué”. Es decir, ¿cómo nos hacemos cargo? En ese sentido, intenté que el prólogo resultara directamente de la lectura profunda de todos los textos que conforman la antología, y que fuera también un espacio para registrar el proceso de edición del modo más completo que nos fuera posible. Lo que descubrí, y lo que le propongo a les lectores, creo, es imaginar una especie de brújula con cinco puntos cardinales: escrituras autónomas e ininteligibles, escrituras no humanas, escrituras migrantes, escrituras antónimas y escrituras desenterradas. Y digo que es una especie de brújula y no una brújula en sí porque estas escrituras no intentan ser estrategias aisladas o nortes únicos, sino espacios de intersecciones posibles para responder a esa pregunta por el cómo. La estrategia caligramática, que entiendo como una forma de dudar del lenguaje asumido, podría ser un sexto punto de intersección.
desordenar el lenguaje es la posibilidad de buscar y proponer licencias poéticas y políticas con las que, poco a poco, nuestros modos de pensar y experimentar el mundo podrían transformarse.
DdVR: No creo que estés siendo una optimista ingenua. Cuando mencionas la posibilidad de las licencias poéticas y políticas en relación al lenguaje no binario como potencia del desorden, estás refiriendo a una pregunta sobre la autonomía de la imaginación que conlleva inevitablemente un sentido ético. Para entender mejor esto, nos sirve la propuesta que hacen las Ludditas Sexxuales sobre la ética en contra de la tiranía del Yo, el individuo (lenguaje heterocapitalista): “Una Ética se opone a la moral. Ética, siguiendo a Spinoza y a Deleuze, es la disciplina de lo bueno para mi cuerpo, es decir, aquello que estimula e incrementa mis pasiones alegres y mis potencias, aquello que me compone con más cuerpos y en más afinidades y alegrías”.[3] Propuesta que me lleva a esta última pregunta sobre tu relación con el “arte contemporáneo” y la “literatura”; sistemas categóricos de captura de la imaginación indisolublemente ligados al capitalismo y al colonialismo, como señala el texto de las Redes Comunales Mixes escrito en el año 2172 y que brota entre las páginas de En una orilla brumosa. ¿Qué incomodidades suscitan en ti dichos sistemas, hoy, para motivar tu propuesta en este libro?
Para adquirir el libro, visita el website de Gris Tormenta.

Verónica Gerber Bicecci (VGB): Intento visualizar las relaciones en la triada que propones y lo primero que veo es esto: (ver dibujo 1). Sabemos que todo deja alguna huella o alguna forma de escritura: los lápices y el carboncillo, pero también los seres vivos en movimiento, el paisaje, los anillos de los árboles, etcétera. Me gustaría pensar que esas escrituras son la fuente de las imaginaciones que conforman nuestros lenguajes. Pero, por lo pronto, la realidad es otra y, si pienso en ella, entonces veo esto: (ver dibujo 2 más abajo). El lenguaje es un sistema que delimita nuestras posibilidades de imaginación, y la escritura termina por ubicarse justo a medio camino entre el lenguaje y la imaginación. En busca de futuros posibles, las escrituras que están contenidas en este libro desean salir de esos márgenes, creo yo. O al menos son el testimonio de ese intento.

DdVR: Cada texto reunido incita a desobedecer la relación sensorial con el entorno que habitamos y nos habita: son propuestas para sabotear el propio lenguaje con el que hacemos mundos. En coexistencia, estas escrituras recuerdan no desestimar la potencia de las contradicciones. En el prólogo al libro, compartes que los textos fueron escritos por exploradores del caligrama: “Es decir, artistas que desdoblan el lenguaje verbal, visual o ambos, y que asumen y confrontan las discordancias o tensiones que resultan de ese ejercicio”. Cada texto es, entonces, un habitar la contradicción implícita en la era caligramática donde dices que nos encontramos. ¿Podrías hablar un poco más sobre dicha era?
VGB: La contradicción es a menudo un mecanismo que tiende a ocultarse en las manifestaciones artísticas. Más que habitar las contradicciones, porque las hemos habitado desde siempre, creo que se trata de abrirlas, de hacerla visibles, de encararlas y ponerlas sobre la mesa para discutir o asumir sus consecuencias e implicaciones.
Conversar sobre nuestras complejas y contradictorias intersecciones me parece un ejercicio urgente en cualquier proyecto o ejercicio de pluralidad.

VGB: Tal vez la propuesta que esboza esta antología va más por el lado del “cómo”, en lugar del “de qué”. Es decir, ¿cómo nos hacemos cargo? En ese sentido, intenté que el prólogo resultara directamente de la lectura profunda de todos los textos que conforman la antología, y que fuera también un espacio para registrar el proceso de edición del modo más completo que nos fuera posible. Lo que descubrí, y lo que le propongo a les lectores, creo, es imaginar una especie de brújula con cinco puntos cardinales: escrituras autónomas e ininteligibles, escrituras no humanas, escrituras migrantes, escrituras antónimas y escrituras desenterradas. Y digo que es una especie de brújula y no una brújula en sí porque estas escrituras no intentan ser estrategias aisladas o nortes únicos, sino espacios de intersecciones posibles para responder a esa pregunta por el cómo. La estrategia caligramática, que entiendo como una forma de dudar del lenguaje asumido, podría ser un sexto punto de intersección.
desordenar el lenguaje es la posibilidad de buscar y proponer licencias poéticas y políticas con las que, poco a poco, nuestros modos de pensar y experimentar el mundo podrían transformarse.

DdVR: No creo que estés siendo una optimista ingenua. Cuando mencionas la posibilidad de las licencias poéticas y políticas en relación al lenguaje no binario como potencia del desorden, estás refiriendo a una pregunta sobre la autonomía de la imaginación que conlleva inevitablemente un sentido ético. Para entender mejor esto, nos sirve la propuesta que hacen las Ludditas Sexxuales sobre la ética en contra de la tiranía del Yo, el individuo (lenguaje heterocapitalista): “Una Ética se opone a la moral. Ética, siguiendo a Spinoza y a Deleuze, es la disciplina de lo bueno para mi cuerpo, es decir, aquello que estimula e incrementa mis pasiones alegres y mis potencias, aquello que me compone con más cuerpos y en más afinidades y alegrías”.[3] Propuesta que me lleva a esta última pregunta sobre tu relación con el “arte contemporáneo” y la “literatura”; sistemas categóricos de captura de la imaginación indisolublemente ligados al capitalismo y al colonialismo, como señala el texto de las Redes Comunales Mixes escrito en el año 2172 y que brota entre las páginas de En una orilla brumosa. ¿Qué incomodidades suscitan en ti dichos sistemas, hoy, para motivar tu propuesta en este libro?
Para adquirir el libro, visita el website de Gris Tormenta.