04.11.2019

Tener el ombligo plantado en una corriente de agua dulce

La curadora Beatriz Lemos conversa con el artista Davi de Jesus Do Nascimento para subrayar cómo aquello que atraviesa al cuerpo actualiza en gran medida lo narrativo y lo político, generando otras maneras de experimentar la memoria desde la fantasía y la imaginación.

Los cuerpos hechos de río guardan el secreto de las aguas y el olor de la tierra. Saben comunicarse con los encantados del bosque, con las personas-peces, con las semillas aún dentro de los frutos. Pintan estrellas en el fondo de las canoas y tallan carrancas.[1] Davi de Jesus Do Nascimento es un cuerpo de río fangoso que nació en la ciudad donde los peces saltan del agua para enfrentar la corriente del río. Descendiente de maestros carranqueiros, hijo de un padre pescador y una madre bibliotecaria, se convirtió en un artista para curar el duelo por la muerte de su madre. Desde entonces, ha aprendido que su cuerpo está hecho de miedo y coraje.

Partiendo de la negociación entre memoria y fantasía, su obra establece un lugar de delirio narrativo, dedicándose a la construcción de imágenes a través de textos, fotografías y pinturas. David pertenece a un pueblo reconocido como Barranqueiro, un pueblo que vive en las comunidades a las orillas del Río São Francisco —una de las mayores extensiones de agua dulce fluvial de América del Sur en la entidad de El Velho Chico, Brasil.

Toda la cosmogonía que existe a lo largo del camino de este gran Río es parte simbólica de nuestra historia. Espiritualidades afroindígenas que insisten en permanecer vivas; a pesar del constante desvanecimiento, se resignifican por medio de la oralidad y la imaginación. Reimaginar memorias a través de imágenes nos permite un acceso constante a las ancestralidades y, por lo tanto, a comprender que nuestras narrativas son procesos que conservan existencia y cura.

Beatriz Lemos: Cuando me contó que ser barranqueiro es nacer con la piel manchada de barro, pensé en la constitución de un pueblo, con sus propias cosmovisiones y costumbres. Es una cultura que sigue las fronteras y las cuestas del Río São Francisco en toda su extensión a través de Brasil. ¿Cómo es para usted haber sido esculpido por ese barro?

Davi de Jesus Do Nascimento: Cuando nací, en 1997, en el esplendor NorteMinero, me bauticé con el mismo nombre completo de mi padre, Davi de Jesus Do Nascimento: pescador, carpintero y escultor de canoas. Crecí aprendiendo a vivir con un gran respeto por los ríos y a saber cómo medir la alegría excesiva gastada en la corriente, paralela a la necesidad real de bañarme en las aguas sanfranciscanas. Cada bendición es una inmersión en la complejidad de tener el ombligo plantado en una corriente de agua dulce. Cuando pienso cómo es haber sido esculpido en barro, me viene el sabor del pescado a la boca. Creo que la dieta ribeirinha contiene la cantidad adecuada de barro de las cuestas del río para mantener viva la terrosidad desde adentro; esa que muere con la gente hincándose en la carroña. Soy una bixa del campo que siente el peso de cargar el río en la espalda. Es preciso estar atento a la resistencia y a la muerte del río. Todos los días me levanto con la responsabilidad de despertar, preservar o de traer de vuelta el río de cada persona.

El cuerpo que no es ofrenda es también un cuerpo náufrago destrozado. Siempre es un ritual de agua y delirio. Mi trabajo es un grito.

BL: Usted viene de una familia que construye carrancas, un elemento místico, tallado en madera para la protección de las embarcaciones. ¿Dónde opera lo sagrado cuando hablamos de su pensamiento en el arte?

DDJDN: Las carrancas surgieron en El Velho Chico a principios del siglo XIX, ocupando la proa de las embarcaciones con la función de proteger a los pescadores, abrir camino y de alejar a los caboclos[2]del agua. Las carrancas daban tres gritos como advertencia de un posible naufragio del barco. A mediados del siglo XX, las carrancas comenzaron a desaparecer: fueron removidas del frente de las canoas debido a su asociación con el diablo. Ese movimiento, en vez de terminar con la figura de proa, causó su reproducción. La población adoptó las carrancas, usándolas en la entrada de sus hogares para limpiar la energía. Vengo de una familia de maestros carranqueiros, es decir, de personas que esculpen esta figura sagrada y de gran importancia para nosotrxs, lxs barranqueirxs.

Lo sagrado opera y recorre mi trabajo artístico en una dimensión que sobrepasa los lenguajes. Cuando estoy produciendo, es importante que sienta en el gesto la fuerza de una experiencia y no de un experimento. Las entidades míticas del río están conmigo todo el tiempo, lo que me permite continuar construyendo altares, cunas, camas de agua y tranquilidad para mis antepasados.

BL: Su trabajo y su escritura nos conducen a un lugar muy específico, memorias de la infancia y el comienzo de la vida adulta, que de tanta singularidad se confunden con la fantasía y la imaginación. ¿Reconoce la construcción de una narrativa ficticia en su producción? ¿Cómo nace la imagen?

DDJDN: La relación con la escritura vino de mi madre, quien era bibliotecaria. Ella me presentó, en vida, con libros de autorxs que escriben sobre los peces, autores que hoy son algunas de mis referencias: Manoel de Barros y Guimarães Rosa, los amo. Nunca olvidaré el día en que me regaló un libro de Orides Fontela y el momento en que despertó mi escritura con Kadosh,[3] el libro en prosa de la escritora brasileña Hilda Hilst. Hace tres meses, revisando en los papeles de la casa, descubrí que mi madre guardaba mi ombligo envuelto en gasa junto con una carta del año 2000, sobre el Río São Francisco gritando por la vida y pidiendo ayuda para la población Barranqueira. Ella respondió al llamado del río y murió ahogada en el 2013, meses después de realizar su sueño de graduarse en pedagogía a la edad de 45 años. Tengo una gran influencia de mi difunto bisabuelo, João das Queimadas: marinero, escritor y carpintero de barcos al vapor. Los cuerpos de agua y aguaceros cortados al ras de la superficie de piedras, son puentes que conectan todos los soportes que trabajo y también posibilitan atravesarlos nadando. Reconozco que uso la ficción para contar mis verdades y como estrategia para continuar guardando los secretos que heredé, mezclo el límite del sueño y la realidad con la misma lucidez centenaria de mi bisabuela Chica. Ella gritó: “Tienes que dar el anzuelo y no el pescado”. La imagen nace de un patio frente al puerto y crece en la cima, en luto, canalizada en las varices de las piernas de mi madre. Cada vez que el misterio me exige un momento de silencio como de un puente, la densidad del río es poco profunda y corre entre las rocas.

BL: Este repertorio imaginario está fuertemente presente en toda su producción, ya sea en fotografía, pintura, dibujo, objetos o instalaciones. ¿En qué momento percibe que esos secretos toman la forma que tienen? ¿Cómo se da su relación con la materialidad y los lenguajes?

DDJDN: En el momento en que los veo mover un espejo colectivo. Quiero decir, cuando los Ribereños se identifican con lo que construyo. Y eso implica dialecto, temperatura, color, olor y textura; desplazamiento del territorio de pertenencia. Me seduce la autonomía de poder nombrar e inaugurar mis lenguajes. Recolecto el olor y calor para vivir y tomo fragmentos/objetos mientras camino por las calles de mi ciudad. Partes que se unen —podridas— se convierten en objetos enteros, esculturas sangrantes. Contar sobre la vida dentro del hedor es como armar altares para la oración diaria y cunas que ocupan una habitación entera de incomodidad. Intento construir un diálogo que pueda conmover a lx otrx como interlocutorx del exorcismo del dolor. Mis acciones contienen el desespero y la muchedumbre que la superficie de las cosas pide para habitar a través de los cuerpos. El cuerpo que no es ofrenda es también un cuerpo náufrago destrozado. Siempre es un ritual de agua y delirio. Mi trabajo es un grito. Un grito por la vida del Río São Francisco, la gente Piraporense del Norte-Mineiro y por mi propia vida.

BL: Su familia está muy presente en su trabajo: como detonante de su producción a partir de la muerte de su madre; la asociación con su hermano, responsable de los hermosos registros en Pirapora; y su padre, quien participa constantemente en la concepción de algunas obras. Sin mencionar a todxs lxs familiares y vecinxs que son retratadxs en las fotografías de la colección familiar. ¿Cómo le alimenta ese diálogo en colectividad?

DDJDN: Mi investigación está viva porque tengo la aprobación de mis familias, quienes son el termómetro esencial para cada puente de trabajo que construyo. Estoy emocionadx por la confianza que mi padre deposita en mí para cuidar de nuestras memorias. Creo en una alimentación mutua, que incluye el fortalecimiento de las relaciones afectivas entre mis familiares. Es una red, una red tejida para recibir abundante pesca. Saber de dónde venimos para tener la certeza de que volveremos al fondo del río. Están matando nuestros ríos. Nos están matando.

BL: La colección fotográfica de su familia presenta la perspectiva de sus parientes sobre la vida comunitaria, pero también es un documento valioso sobre los cambios que ha sufrido el río, la disminución de las aguas y la deforestación de sus orillas. ¿Cómo estos cambios afectan los cuerpos?

DDJDN: Hace cuatro años, después de la muerte de mi madre, heredé las fotografías análogas de la familia, tomadas entre la década de los ochenta y el inicio de los años dos mil. Registro de campamentos, pesquerías y acontecimientos en los patios con olor a tierra mojada, acervo construido por mis parientes a partir de la necesidad espontánea de producir memoria. Acostumbro decir que son agua almacenada, un parche de recuerdos extendidos. A medida que fui haciendo la curaduría de las fotos, comencé a restaurar y escribir sobre la experiencia de ser hijo de las agitadas aguas de un río mítico. En tres años, Vale —empresa minera multinacional brasileña— fue responsable de las dos mayores tragedias sociales y ambientales en Brasil: Mariana y Brumadinho. Esta última sucedió el 25 de enero de 2019. La presa Córrego do Feijão, en Brumadinho/MG, se rompió, matando a más de 250 personas, animales y toda la vegetación circundante, incluido el río Paraopeba. Tan pronto como ocurrió el segundo crimen, mi padre me llamó y dijo: “estoy tratando de no pensar en el crimen para no enfermarme”. Pero yo, que también soy un cuerpo de río, sé que no hay forma de evitarlo. Hasta cierto punto, lo que nos atraviesa es el miedo. El Río São Francisco ha comenzado a contaminarse y huele a mineral. Es importante decir que tampoco hay sorpresa. Nos ocupamos de los problemas de la contaminación del río incluso antes de que cualquier noticia “nueva” llegue a la gran ciudad. Destrucción, transposición, sequía y rotura de dique. Y, sin embargo, hay una falta de sensibilidad para entender que el Río es un ser vivo y que incluso puede morir, pero también matar. Llegué a soñar con São Francisco un día. Me dijo que toda esta inundación es para que nos bañemos. Nos estamos acercando al baño colectivo más grande de todos los tiempos. Baño de cuia en el primer espejo del mundo, que es el reflejo del agua.

BL: ¿La acuarela festa do sol [fiesta del sol] fue un presagio de este baño colectivo? ¿En qué contexto se produjo?

DDJDN: Siempre pienso que las cosas están llegando de forma trazada. No creo en las coincidencias. Una vez soñé que estaba escuchando una conversación entre dos canoeiros. En el sueño, hablaban de Valdir, un pescador que murió tratando de hincar la vela del bote a su pecho. Después de un tiempo, mi padre me dijo que los hombres que remaban en nuestra familia tenían un callo en el pecho, indicativo de su profesión, aquellos que remaban en el bote. En la acuarela festa do sol sucede lo mismo. Pinté antes de darme cuenta de que mi padre ya había perdido muchos amigos en la pesca. Él salía para pescar con sus compañeros y una vez uno de ellos murió ahogado. Son relaciones que se alejan de lo obvio y llegan hasta mí con una narrativa. El baño colectivo puede ser también la muerte colectiva. El río mata y la embarcación también. No es el mismo pecho, sin embargo, son pechos.

BL: Uno de sus trabajos más recientes ha sido llevar a cuestas, durante seis meses, una carranca de veinte kilos. Día y noche. ¿Esta acción y muchas tantas obras son maneras de reconectar con el Río?

DDJDN: Sí. Para volver a conectar con el río y con el método barranqueiro de convivir con los eventos cotidianos. Es un recordatorio de mi responsabilidad de ser un cuerpo que carga el peso del Río a cuestas, responsabilidad que crece a medida que me alejo geográficamente de donde me criaron. Entendí, después de un tiempo cargando la carranca en mi espalda, que me encontraba en un estado de penitencia, y a la vez, trabajando en un devenir para entender que los tiempos de hoy no me piden que tenga mi carranca, sino que yo sea mi propia carranca. Fue muy potente percibir que las personas tienen una relación de afecto con la carranca. Una gran cantidad de gente en la calle conoce, otros tienen miedo. Siempre hay una gran curiosidad por preguntarse si vendo o tallo carrancas. Tenía que justificarme todo el tiempo. En ese momento sentí la importancia de tener un objeto pesado pegado a mi cuerpo como una cría. Un crear que absorbe quebranto.[4] Me bendigo.

Notas

  1. Carranca es una escultura con forma humana o animal, hecha de madera y utilizada inicialmente en la proa de embarcaciones que navegan por el Río São Francisco.

  2. Además de ser un término utilizado para referirse a los pueblos indígenas de Brasil, la palabra caboclo identifica a la descendencia que resulta de la unión entre indios y blancos.

  3. Kadosh en hebreo significa“sagrado”.

  4. En Brasil, el quebranto siempre está relacionado con el encanto y las influencias malvadas, siendo considerado un padecimiento negativo causado por el malde ojo, también conocido como quebranto (ruptura). .

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