Edición 13: La pared dividida

Mónica Chuji

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29.10.2018

Modernidad, desarrollo, interculturalidad y «Sumak Kawsay» o «Buen Vivir»

Mónica Chuji, activista Kichwa de la amazonia ecuatoriana, evidencia el fracaso de los discursos de modernidad y desarrollo para hacer un llamado urgente a escuchar el conocimiento del «Sumak Kawsay» y escapar de la visión productivista que nos está matando.

Como todos sabemos, a inicios del mes de marzo de 2007, los fondos de inversiones en hipotecas subprime de Bearn Stearn colapsaron y dieron origen a una de las crisis financieras y económicas más profundas de las últimas décadas. Este hecho, sucedido en la economía mundial, me parece pertinente para problematizar la globalización, el desarrollo y la interculturalidad. En efecto, la crisis inmobiliaria mundial originada en los países más ricos, que forman parte del llamado G7, ha implicado la intervención del Estado para evitar el colapso de los mercados financieros globales. En los años subsiguientes al estallido de aquella crisis, los países del G7 destinaron cerca de 13 trillones [1] de dólares a los mercados financieros y reconocieron la necesidad de establecer mejores mecanismos de regulación y control financiero. Ahora bien, 13 trillones de dólares es una cantidad demasiado grande como para ser siquiera imaginada.

Es una paradoja de los tiempos que las necesidades para superar la pobreza y la desigualdad mundial y cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas, para los países más pobres, no llegue a los 100 mil millones de dólares [2], una fracción insignificante en relación a lo destinado para salvar al sistema financiero mundial. Los montos para reducir la pobreza en el África son más modestos, no llegan a 55 mil millones de dólares. [3] De la misma manera, para dotar de servicios básicos a la población más pobre de América Latina se habría necesitado de una pequeña fracción de los recursos que se destinaron a los mercados financieros. De hecho, en EE.UU., la administración Bush vetó en 2007 un proyecto de ley que habría expandido el programa de salud gratuita para infantes, un programa que costaba alrededor de 6 mil millones de dólares. [4] El argumento de dicha administración fue que no tenía los recursos requeridos para financiar la expansión de este programa de salud pública. Un año después, la misma administración estaría ejerciendo presión al Congreso estadounidense para destinar billones de dólares en salvamientos bancarios. [5] Estos hechos me parecen pertinentes porque permiten clarificar la distancia que hay entre los discursos y las realidades del poder; y al mismo tiempo demuestra que muchos de los discursos actuales son más un mecanismo de colonización ideológica y epistemológica que discursos que tengan alguna validez social y científica. Quiero referirme de manera especial al discurso de la globalización —durante las dos últimas décadas— para cerrar el horizonte de posibilidades humanas a las coordenadas de los mercados y de los agentes económicos. Los Estados, el Sistema de Naciones Unidas, la Cooperación Internacional al Desarrollo, las instituciones multilaterales, todas ellas, empezaron a pensar, hablar y proceder en función de la globalización, la eficiencia de los mercados y la pobreza, como un fenómeno estrictamente económico y asociado al consumo. Ahora bien, vemos cómo esa realidad construida desde el discurso de la globalización finalmente fracasó y está conduciendo a la humanidad a una crisis sin precedentes. Sin embargo, los discursos parecen no haber sido afectados por la realidad. Hay una crisis mundial que ha obligado a la humanidad a realizar un ejercicio enorme para salvar a los bancos, porque los 13 trillones de dólares son una factura que finalmente pagaremos todxs, pero los discursos y las ideas siguen enunciándose como si nada hubiese sucedido. Si la globalización fracasó, si los mercados fracasaron, es normal, en cualquier circunstancia, que los discursos que legitimaron y sustentaron la globalización y los mercados empiecen también a cambiar y acusen recibo de la crisis mundial. Pero seguimos hablando de la globalización como si nada hubiese cambiado en estos últimos años. Como si la crisis fuese un fenómeno circunstancial y circunscrito a pocos países y como si la factura de 13 trillones no tuviera nada que ver con nosotrxs. Esta actitud de colonialismo teórico tiene un lado ético: procedemos como si fuese absolutamente normal que se destinen 13 trillones de dólares para salvar a los bancos y no nos inmutamos que no gastemos un centavo para superar la pobreza, la discriminación, la violencia. Por ello, hablar de globalización, cuando el mundo entero está sufriendo las consecuencias perversas de los mercados, me parece más un acto de cinismo y de connivencia con el poder.

Entonces, considero pertinente que empecemos a mantener distancias críticas con esos discursos legitimadores del poder. La crisis mundial nos está demostrando que un sistema que decide proteger a sus mercados más que a los seres humanos que la conforman es un sistema enfermo, un sistema que debe ser relevado por la historia.

La crisis mundial me permite poner en relieve otro tema que me parece importante y que tiene larga trayectoria en el discurso moderno: el discurso del desarrollo. Pienso que la globalización y la crisis son la manifestación de algo más profundo que hace referencia a la episteme misma del sistema: la noción de que el hombre está separado de la naturaleza y que debe utilizar a la naturaleza y a los demás seres humanos como instrumentos para lograr fines egoístas. Esta utilización de la naturaleza, sin ningún tipo de consideración ética, y que se revela absolutamente pragmática, es propia del ser moderno, quien también existe en una dimensión de egoísmo y de individualidad. En el siglo XIX nació la utopía de ese ser moderno bajo la forma de progreso. La ideología del progreso se ha revelado perversa. Las guerras y los campos de concentración constituyeron una clausura de su discurso, pero su idea permaneció. Esta idea se transformaría en la noción moderna de desarrollo. Sin embargo, el desarrollo es tan perverso como lo fue en su tiempo la idea del progreso. Quiero advertir dos dimensiones de la perversidad del discurso del desarrollo. La primera hace referencia a la relación del ser humano con la naturaleza, que en dicho discurso es puramente instrumental y que ahora amenaza con convertirse en un problema de sobrevivencia de la especie humana.

La segunda dimensión hace referencia a la subordinación de la ética al crecimiento económico; si para crecer en términos económicos es necesario borrar de la superficie del planeta hasta el último árbol, la noción de desarrollo no tiene impedimentos. Por ello necesitamos superar las nociones de modernización, desarrollo y crecimiento económico, y optar por una forma de vida convivial, respetuosa y armónica. Los pueblos originarios tenemos ese conocimiento, tenemos esa práctica, tenemos ese legado que viene desde nuestrxs ancestrxs, y la queremos compartir con todxs: se trata del Sumak Kawsay, traducido al español como el Buen Vivir o la Vida en Armonía. Poco a poco, el concepto del Sumak Kawsay ha empezado a emerger de la invisibilización de la que fue objeto por más de cinco siglos. El Sumak Kawsay es la alternativa al progreso, al desarrollo, a la modernidad. Es una noción que quiere recuperar esa relación armoniosa entre los seres humanos y su entorno. Entre la humanidad y sus semejantes.

El Sumak Kawsay no es el retorno al pasado ni a la época de las cavernas y tampoco reniega de la tecnología ni del saber moderno, como lo han argumentado los promotores del capitalismo. El Sumak Kawsay se inscribe en el debate sobre el destino que deben tener a futuro las sociedades y los seres humanos. Para el Sumak Kawsay lo fundamental son los seres humanos, no los mercados financieros o de bienes raíces, ni los afanes productivistas del crecimiento económico. Por ello, el Sumak Kawsay plantea que para salir de la visión productivista hay que entrar en un proceso de decrecimiento de la producción material para entrar en un proceso de crecimiento humano. En ese contexto, las nacionalidades y pueblos originarios necesitamos reivindicar nuestra autodeterminación para profundizar y extender las prácticas del Buen Vivir hacia la sociedad. El planeta está enfermo. Las selvas, los bosques, los ríos, las montañas, están agonizando. El modelo de desarrollo que hemos creado, ligado al crecimiento de mercados, de egoísmos competitivos, de globalización de mercados, nos está conduciendo a una catástrofe ambiental de impredecibles consecuencias. No quisiera exagerar, pero los datos nos indican que los niveles de contaminación ambiental empiezan a cruzar los niveles críticos e irreversibles. Al lado de la catástrofe ambiental está la catástrofe humana que está produciendo el actual sistema: pobreza, inequidad, violencia, confrontación. El sistema no da más. Está agotando sus posibilidades históricas y es preciso que empecemos a pensar en las alternativas. El Buen Vivir, como parte de un Estado Plurinacional [6], es la alternativa para evitar la catástrofe humana y ambiental del capitalismo. Esto me permite finalizar con una reflexión a propósito de la interculturalidad en un plano diferente: aquel del diálogo civilizatorio, entendiendo éste alejado de la retórica colonial. Pienso que la interculturalidad debe ser puesta en la dimensión de ubicar puentes en la transición civilizatoria. Es decir, la interculturalidad debe ser la forma por la cual conservemos lo mejor de este sistema, para ir transitando hacia uno nuevo que supere de manera definitiva al capitalismo y a la modernidad. Vista de esta manera, la interculturalidad se convierte en una de las formas más convenientes para superar el desarrollo y transitar hacia el Sumak Kawsay. La interculturalidad debe abrir ese diálogo civilizatorio. Debe permitir la comprensión de los valores éticos de la modernidad que pueden ser rescatables con aquellos valores éticos de los pueblos originarios y naciones indígenas. Debe convertirse en una apuesta de la humanidad por resolver los problemas que la confrontan.

La interculturalidad debe ser la base desde la cual empezar ese diálogo de saberes con miras a, y es literal, salvar a la humanidad del capitalismo y de la modernidad. Puede ser que suene utópico, pero la utopía es uno de los valores más bellos de la modernidad. Es necesario rescatar esos valores y empezar ese trabajo de todxs en el cual vayamos, como decía la líder indígena ecuatoriana Dolores Cacuango, “sembrando de paja de páramo al mundo, porque la paja de páramo por más que le arranque vuelve a crecer”.

Versión editada de la ponencia presentada en el Foro Internacional sobre Interculturalidad y Desarrollo. Uribia, Colombia, 23 de mayo de 2009.

[1] “El monto de los rescates financieros a principios de 2009 se calculó de la siguiente manera: 6,61 billones de dólares que incluyen los rescates financieros manejados por la Reserva Federal, los de la Ley de Emergencia de Estabilización aprobada en 2008 por 5,75 billones de dólares, y los del Plan de Recuperación y Reinversión del presidente Obama por unos 800.000 MDD.” Véase Paola Andrea Zambrano García, Gestión de las crisis financieras. Un análisis a las dinámicas y actores presentes en los planes de rescate: Una aproximación al caso de Estados Unidos. Tesis para el Mágister en Administración (Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Económicas, Escuela de Administración y Contaduría, Bogotá, Colombia, 2012), p. 36. Consultado el 4 de octubre de 2018: [http://bdigital.unal.edu.co/7735/1/940839.2012.pdf].

[2] De acuerdo al informe de 2008 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, hasta el 2005 se destinaban 80.000 millones de dólares como asistencia. Vía Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo del Milenio, Informe 2008, p. 44–45. Consultado el 4 de octubre de 2018: [http://www.un.org/es/millenniumgoals/pdf/MDG_Report_2008_SPANISH.pdf].

[3] De acuerdo al informe de 2015 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, hasta el 2013 la asistencia oficial para el desarrollo bilateral para África Subsahariana fue de 25.000 millones de dólares. Vía Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo del Milenio, Informe 2015, p. 63. Consultado el 4 de octubre de 2018: [http://www.un.org/es/millenniumgoals/pdf/2015/mdg-report-2015_spanish.pdf].

[4] David Stout, “Bush Vetoes Children’s Health Bill,” The New York Times, 3 de octubre de 2007.

[5] Andrew Clark, “Bush Signs $700bn Economic Bail-Out Plan Approved by Congress,” The Guardian, 3 de octubre de 2008.

[6] Estado Plurinacional es un término que ha sido integrado a la constitución de Bolivia y Ecuador para reconocer legalmente la autonomía y la auto-determinación de los pueblos originarios.

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