fbpx

Edición 22: Resplandeciente

Doreen A. Ríos

Tiempo de lectura: 11 minutos

A
A

11.04.2022

Las múltiples posibilidades del error: [Feminismo glitch]

Desde las trincheras de las prácticas digitales, Doreen A. Ríos, de la mano de la obra de Legacy Russell, reflexiona sobre las tácticas del feminismo glitch: pixelados y distorsiones generan errores que dinamitan la inercia del poder.

Cuando empecé a navegar las aguas de las prácticas artísticas digitales, hacia el 2012, una de las tendencias estéticas que más se manifestaba dentro (y fuera de las pantallas) era la estética glitch. Esta visualidad que evocaba al error con barridos de imagen, distorsiones de color, pixeles explotados y una capa ligera, pero presente, de nostalgia conformaba una densa colección de gifs, jpgs, pngs y videos cortos que surgían de las profundidades de los buscadores al escribir “arte digital” en la caja de texto.

Es interesante que para 2012 ya había toda una exploración y reflexión sobre lo que implica el glitch. Desde sus orígenes, como bien apunta Legacy Russell en los primeros capítulos de su libro Glitch Feminism | A Manifiesto (2020),[1] la expresión glitch surge en el mundo de la carrera espacial para nombrar los fallos, distorsiones y/o cambios en el voltaje que no permitían que una acción se ejecutara correctamente. El término glitch, tal y como lo entendemos ahora, se popularizó por primera vez en la década de 1960 y quedó plasmado en el libro Into Orbit (1962), donde su autor, el astronauta John Glenn, escribió: «un término que adoptamos para describir algunos de nuestros problemas fue glitch. Literalmente, un fallo… un cambio de voltaje tan minúsculo que ningún fusible podría protegerlo».[2] Más adelante, investigadores como Kim Cascone, Rosa Menkman y Nick Briz se centraron en detallar la naturaleza del glitch en libros como The Glitch Moment(um) (2011)[3] que compila varios textos en torno al tema escritos por Menkman entre 2006 y 2011, donde disloca el término del mundo espacial para reflexionarlo dentro de la cultura digital, argumentando la importancia de tener una atención más crítica a la creciente inclusión del mismo en el diseño estandarizado.

Otras historias apuntan a que el término glitch tiene sus raíces etimológicas en el idioma yiddish, en el cual glitsh significa zona resbaladiza o, incluso, en el alemán la palabra glitschen refiere al acto de resbalar o deslizarse. Quizá es este movimiento sutil lo que el glitch hace posible, un salto a los espacios intermedios, un cruce transversal en las capas que habitamos.

Desde esta trinchera es desde la que, a finales de 2012, Legacy Russell desprende al glitch de la academia y reflexiona sensiblemente sobre su cercanía al arte, en su texto Digital Dualism and The Glitch Feminism Manifesto,[4] el cual fue la base y esencia para su obra posterior Glitch Feminism | A Manifesto, donde el glitch es una invitación metafórica, un espacio de resistencia y, sobre todo, una invitación a desmantelarlo todo.

TÁCTICAS, ESTRATEGIAS Y GRIETAS EN LOS BINARIOS OBSOLETOS
Legacy comienza Glitch Feminism: A Manifesto con una serie de anécdotas del internet de los años 2000, ese internet que todavía cargaba fragmentos de utopía al invitarnos a navegarle sin miedo, con la promesa de mantenernos segures y de ofuscar todo vínculo con nuestres cuerpes. AFK[5] (lejos del teclado) es el término que Russell propone como sustituto del comúnmente usado IRL[6] (en la vida real), conectando con cómo nuestro tránsito en el espacio virtual es, de hecho, absolutamente real. Allí, ella cuenta su experiencia de habitar une cuerpe que se identifica como mujer, negra, femme y queer, a quien los espacios en línea le permitieron expandir sus deseos más allá de las etiquetas.
Russell se (hiper)vincula con una serie de discursos como la promesa de construir una aldea global, la utopía de la no censura, la visibilidad horizontal, entre tantas otras ideas que muches compartimos al haber habitado esa red de redes dosmilera, que marcó cómo nos empezaríamos a desplazar por el mundo. A pesar de que ese mismo plano virtual de aparente seguridad, transparencia y confianza —en muy poco tiempo— se convirtió en un campo de batalla del que emanó lo opuesto a la libertad esperada.

En la distancia, también me hace pensar sobre la noción de medios tácticos,[7] y las posibilidades que existen de sacar provecho a plataformas, instituciones e incluso sistemas con la finalidad de colocar uno o varios mensajes. En otras palabras, glitchear los discursos hegemónicos al atravesarles, aunque sea de manera momentánea, con nuestras propias herramientas.

La propuesta de Russell en Glitch Feminism: A Manifesto me hizo reflexionar acerca de cómo, a veces, es mucho más poderoso construirnos espacio a partir de pequeñas, pero ágiles fracturas, en lugar de esperar a reorganizar toda la estructura a través del trabajo estratégico. Si bien, la propuesta de Russell pareciera acercarse a la tecnoutopía, en realidad sus posturas detrás de la idea del error buscan romper, negarse a funcionar, apelando a no jugar el juego del tecnocapital.

El manifiesto se divide en doce declaraciones puntuales, cada una es argumentada y expandida a partir de una serie de piezas creadas, principalmente, por artistas que no se identifican con los límites hegemónicos del género y/o pertenecen a comunidades poco representadas dentro del circuito del arte.

Las declaraciones son las siguientes:

El glitch se niega

El glitch es cósmico

El glitch lanza shade

El glitch y sus fantasmas

El glitch es error

El glitch encripta

El glitch es anticuerpo

El glitch es piel

El glitch es virus

El glitch moviliza

El glitch es remezcla

El glitch sobrevive[8]

Para Legacy es claro, el feminismo glitch reconoce el valor de la visualidad y el papel revolucionario que las prácticas digitales juegan en la expansión de las arqueologías, deconstrucciones y representaciones de les cuerpes y, simultáneamente, mantiene una perspectiva crítica frente a la forma en que varios dualismos antagónicos parecieran perpetuarse en el plano de lo digital: virtual/real, naturaleza/cultura y, por supuesto, masculino/femenino.

Las lógicas del feminismo glitch se abren a todes les cuerpes que existen suspendides en un eterno presente y que escapan de consolidarse en una aparente identidad final que pueda ser fácilmente digerida, producida, empaquetada y categorizada.

En este sentido, juega a ser un río de múltiples corrientes, pues aunque se acerca a las herramientas del tecnopatriarcado, a la vez las utiliza para envenenar sus datos y, momentáneamente, convertirse en ese error esquivo que nos recuerda que todo es hackeable y, por lo tanto, un jardín esperando a ser polinizado.

Es así como el feminismo glitch rechaza ser categorizado como subtexto, rechaza ser etiquetado como subversivo, no habla en nombre de les marginales o de les subalternes, ya que «sub-» como prefijo necesita ser marcado como un modo de aceptación de nuestra propia exclusión del canon, de la academia, del ideal platónico.

El primer paso para subvertir un sistema es aceptar que ese sistema seguirá vigente; dicho esto, el fallo dice ¡que se jodan tus sistemas! ¡Sus delineaciones! ¡Sus determinaciones impuestas a nuestra fisicalidad! El glitch declina respetuosamente el segundo rango a la convención común.[9]

En este sentido, considero importante apuntar hacia la diferencia entre táctica y estrategia en la que basa su investigación Cecilia Castañeda,[10] quien señala que el escenario central de la estrategia sugiere funcionar dentro de los parámetros del sistema que critica, es decir, busca reestablecer el papel de dichos sistemas al reconfigurarlos; mientras que la táctica trabaja bajo la lógica de encontrar las grietas de dichos sistemas y desestabilizarlos desde el lugar en donde están, para las lógicas tácticas es central combatir desde lo cotidiano. Esto nos lleva de regreso al trabajo de los medios tácticos que, como señala Cecilia Castañeda:

«[el trabajo táctico] debe entenderse en el contexto de una cultura recombinante, aquella en la que es posible operar cambios de orden simbólico y material: las herramientas disponibles para nuestro trabajo pueden reconfigurarse para que hagan algo diferente de su diseño y función original».[11]

LA POTENCIA DEL ERROR COMO CAUDAL EN MOVIMIENTO
Hay una paradoja peculiar a la que apunta Legacy Rusell dentro de Glitch Feminism | A Manifesto que me parece pertinente traer a la conversación, sobre todo desde una perspectiva local. Russell reflexionó sobre cómo ciertes cuerpes son simultáneamente hipervigilades, debido a su condición no hegemónica, y leídes como una «amenaza potencial»; sin embargo, son estes, les mismes cuerpes invisibles para la representación cultural, la formulación de políticas públicas y la academia. Lo cual resonó profundamente en mí, pues esto se ha traducido en la falta de representación de las voces no blancas, no cisgénero, no habitantes del “Norte global”,[12] a menos, claro, que los discursos colocados por estas voces jueguen un rol de perpetuar, reforzar y/o validar las ideas de quienes están detrás del evento, exposición, festival, libro o institución en cuestión.

Sin duda, aquí el error aparece como un concepto fuerte que permite la dislocación y, quizás, incluso la diversidad al manifestarse a través de les cuerpes que se resisten a mantener esta maquinaria tecnocapital andando.

Un ejemplo de esto fue FloodNet,[13] proyecto expandido en el tiempo e ideado por el Electronic Disturbance Theater; es una pieza que era al mismo tiempo una exploración conceptual, como una herramienta para la desobediencia civil electrónica, que en 1998 abrió un canal de acción coordinado, donde les usuaries de esta pieza de net art[14] podían dejar mensajes de “error” en diversas páginas web como la del ex Presidente mexicano Ernesto Zedillo, el Pentágono, la Bolsa de Valores de Frankfurt, varios bancos mexicanos, entre otras, para mostrar su solidaridad con el EZLN.[15] En esta pieza el mensaje de “error” era tanto área de acción como espacio de resistencia, en donde —si bien se sabía que rápidamente habría una respuesta que bloquearía esta acción coordinada— abrió una especie de vortex, una fisura en las entrañas del internet y sus códigos. Es en fisuras de esta naturaleza donde germina el feminismo glitch.

Siguiendo esta línea de pensamiento, no me sorprende que Legacy Russell decida dar forma a cada una de las declaraciones del Glitch Feminism | A Manifesto a través de obras de arte, pues —regresando al tema de la representación— su discurso se refuerza al señalar el estado liminal que habitan les cuerpes de les artistas detrás de cada pieza, en contraste con el paso que han abierto, dentro de la historia del arte, en cierta medida a través del mundo digital que reclaman como una base segura y una plataforma que permite explorar nuevos públicos, entablar un discurso crítico con nuevas audiencias y, sobre todo, “deslizarse entre nuevas concepciones de nuestres cuerpes, de nosotres mismes”.[16] Es interesante apuntar que si bien la autora entiende los límites de esta lógica, al ser consciente de que el internet que habitamos en 2021 refleja lo opuesto a un espacio seguro, también atiende el sentir sobre el internet temprano que —desde su experiencia personal— considera fue clave en su adolescencia para entender y entenderse en un espacio que sentía más abierto que su entorno inmediato lejos del teclado.

Conectando, de regreso, con otras búsquedas, cerca y lejos del teclado, que podríamos incrustar en los discursos del feminismo glitch, está aquella del lenguaje inclusivo. Desde hace más de una década, y con mayor fuerza desde hace cinco años, hay una fuerte conversación sobre el lenguaje inclusivo en México,[17] conversación que se ha desbordado a diversos foros y redes sociales, así como a frentes de resistencia como la academia, entre muchos otros. Es común que en estos escenarios de debate muches de sus detractores justifiquen su decisión argumentando que el lenguaje inclusivo no está validado por la RAE[18] y que, por lo tanto, no es correcto su uso. Esto me parece interesante porque este argumento no sólo pasa por alto las búsquedas políticas detrás del uso del lenguaje inclusivo, sino que pierde de vista enteramente la evolución del mismo.
Como señalan varies colectives: la fuerza del lenguaje inclusivo radica, precisamente, en las conversaciones que detona y no en la normalización generalizada de su uso. En otras palabras, habita dentro del glitch y se manifiesta para hacer aparecer aquello que se le escapa a la institución y que, por lo tanto, pertenece a una dimensión revolucionaria.

Esto me lleva a vincular al lenguaje (y las instituciones fallidas, que intentan contenerle) con otro tipo de sistemas. Múltiples conversaciones sobre la creación de nuevos futuros implican sustituir el sistema actual por uno nuevo y con mejores argumentaciones. Pero me pregunto si lo que tenemos que erradicar es la «necesidad» de ese sistema por completo; por ejemplo: la necesidad de políticas migratorias (reemplazar/mejorar el sistema) frente a la eliminación de las fronteras geográficas (erradicar la necesidad del sistema). Sin duda, el feminismo glitch apuesta por la segunda opción, busca perforar de manera profunda y consistente la realidad circundante y dinamitarla en su totalidad.

Como apunta Legacy:

«En una sociedad que condiciona al público a encontrar incomodidad o directamente miedo en los errores y el mal funcionamiento de nuestros mecanismos socioculturales, fomentando implícitamente un ethos de «no agitar el barco», un glitch se convierte en una metonimia adecuada. El feminismo glitch adopta la causalidad del «error» y le da la vuelta a su implicación sombría al reconocer que un error en un sistema social que ya ha sido perturbado por la estratificación económica, racial, social, sexual y cultural y la bola de demolición imperialista de la globalización —procesos que siguen ejerciendo violencia sobre todes les cuerpes— puede, de hecho, no ser un error en absoluto, sino más bien una errata muy necesaria. Este fallo es una corrección de la «máquina» y, a su vez, una salida positiva».[19]

Es crucial situarnos en ese movimiento continuo que es transitar las realidades que nos rodean, es necesario asumir ese perpetuo estado beta[20] que nos permite glitchear todo sobre la marcha y, sobre todo, imaginar y crear juntes en ese camino.

Notas

  1. Legacy Russell, Glitch Feminism | A Manifiesto, Croydon, Reino Unido: Verso Books, 2020. Disponible en: https://usa1lib.org/book/6061488/a1929d.

  2. Emily Siner, What’s A ‘Glitch,’ Anyway?: A Brief Linguistic History, npr, 24 de octubre del 2013. (traducción de la autora). Disponible en: https://www.npr.org/sections/alltechconsidered/2013/10/24/239788307/whats-a-glitch-anyway-a-brief-linguistic-history-meaning-definition.

  3. Rosa Menkman, The Glitch Moment(um), Países Bajos, Ámsterdam: Institute of Network Cultures, 2011. Disponible aquí: https://networkcultures.org/_uploads/NN%234_RosaMenkman.pdf.

  4. Legacy Russell, “Digital dualism and The Glitch Feminism Manifiesto”, The Society Pages, 10 de diciembre del 2012. Disponible en: https://thesocietypages.org/cyborgology/2012/12/10/digital-dualism-and-the-glitch-feminism-manifesto/.

  5. Away From Keyboard.

  6. In Real Life.

  7. “Los medios tácticos refieren a prácticas crítico-estéticas que han surgido específicamente en respuesta directa a la sociedad postindustrial y a la globalización neoliberal, por lo que podemos ubicar su emergencia en la segunda mitad de la década de los noventa. Estas prácticas se pueden considerar como herederas del situacionismo y su deliberada intención de transformar la vida cotidiana a través de la poesía y el juego, así como de ciertos aspectos del conceptualismo, básicamente sus preocupaciones lingüísticas, que en algún punto se volcaron sobre preocupaciones en torno al cuerpo, al sensorio y los efectos subjetivantes del deseo”. Cecilia Castañeda, “Electronic Disturbance Theater: un modelo cambiante de afectos”, Cuánto tiempo lleva todo esto derramándose sin desbordarse, Ciudad de México: Centro de Cultura Digital, 2021, pp. 93, 94. Disponible en: https://editorial.centroculturadigital.mx/libro/cuanto-tiempo-lleva-todo-esto-derramandose-sin-desbordarse.

  8. Russell, 2020.

  9. Russell, 2012 (traducción de la autora).

  10. Op cit.

  11. Steve Kurtz “Critical Art Ensemble” [conferencia], Universidad Di Tella, Buenos Aires, 25 de julio de 2014. Disponible en: https://vimeo.com/126806168, citado en Cecilia Castañeda, “Electronic Disturbance Theater…”, 2021, p. 94.

  12. Terminología que aunque me parece absolutamente arcaica, colonial y patriarcal, vocifera fuertemente aquellas geografías, latitudes y afectos que no confabulan con los poderes hegemónicos.

  13. Esta pieza forma parte de la exposición en línea Cuánto tiempo lleva todo esto derramándose sin desbordarse, que puedes visitar en la Zona Hipermedial del Centro de Cultura Digital:: https://hipermedial.centroculturadigital.mx/exposiciones/cuanto-tiempo-lleva-todo-esto-derramandose-sin-desbordarse.

  14. Net art entendido como las prácticas artísticas que utilizan al internet como lienzo y que cobran fuerza hacia finales de década de los noventa e inicios de los años dosmil.

  15. Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

  16. Russell, 2012 (traducción de la autora).

  17. Y, sin duda, en muchos otros países latinoamericanos. Sin embargo, me centraré en mi experiencia personal.

  18. La Real Academia Española, el chiste se cuenta solo.

  19. Russell, 2012 (traducción de la autora).

  20. Entendido desde la programación y el desarrollo tecnológico como la fase de prueba o el prototipo.

filtrar por

Categoría

Zona geográfica

fecha