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24.08.2015

Elkin Calderón

Elkin Calderón presentó recientemente Libertalia Tropical, un proyecto que continúa su serie de indagaciones en torno a islas, modelos de agrupación social y espacios articulados a través del reclamo permanente de libertad y autonomía. Este texto explora la incursión de Elkin en Santa Cruz del Islote, un lugar densamente poblado en el caribe colombiano, escenario de una investigación visual en la que el artista juega a mezclar los límites ya difusos entre cierta utopía libertaria de las islas piratas y la idea de la prisión cercada por el mar, presentando la precaria gloria de un pequeño territorio insular enmarcado por la inmensidad de un horizonte en permanente calma y siempre a la espera de una llegada.

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La línea del horizonte

Atascado en Inglaterra a la espera de una de esas visas de residencia que muchos migrantes consiguen casándose con locales, Elkin Calderón descubrió, hace ya unos buenos diez años, el texto de Hakim Bey Zonas Autónomas Temporales. Viviendo en una casa de okupas, sus días transcurrían entre la espera, el trabajo informal y la lectura de esos pasajes en los que Bey especula sobre las utopías piratas, esas redes de información expandidas de una isla a otra en las que se generan “comunidades intencionales” cuya manifestación consiste en una “proliferación descentralizada de experimentos sobre formas de vida”.

Para Calderón, la isla era un territorio contradictorio en el que se fundía el espíritu libertario de piratas y corsarios con la permanente sensación de estar en un lugar rodeado de agua en donde, de alguna manera, se encontraba prisionero.

Esa tensión inherente a su pensamiento insular se fue abriendo camino a lo largo de los años, manifestándose de modos diversos en una obra en la que la geografía se extiende por paisajes políticos, culturales y, sobre todo, sentimentales. En su trabajo, el peso de esa Historia que aprendemos en mayúsculas se disuelve en observaciones abiertas, cosidas entre sí con los hilos frágiles de una emoción siempre en riesgo de deshacerse. Sin importar si explora los modos históricos de registrar visualmente la guerra, los bombardeos y las ruinas, si trae a cuento una carta en la que se hacen explícitos los principios prácticos que rigen las políticas coloniales de la United Fruit Company o si sencillamente se deja ir en la contemplación de la danza entre un ventilador eléctrico y una cortina, es siempre, en el fondo, la búsqueda de grietas y cicatrices sin nombre lo que actúa y vincula su mirada al cuerpo de un espectador quien también se encuentra constantemente en proceso de disolución y reconstrucción.

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A finales de 2014, gracias a una residencia en la que fue invitado a navegar por el río Mamoré, en la selva boliviana, Elkin acompañó a la tripulación del Reina del Enin, un barco en el que conoció a Fabiana, la bartender travesti de la embarcación, sobre quien terminó produciendo un documental. Como parte de ese emotivo retrato de Fabiana, el documental coquetea con la idea de esas comunidades intencionales delineadas por Bey, exponiendo, sin teorizar, las estructuras sociales del barco, sus dinámicas de interacción, sus nociones de coexistencia y la ruptura del canon social, favorecida por el hecho de estar navegando, ajenos a los dictámenes del mundo de tierra firme. Una vez más, ese barco como comunidad utópica, como isla y como prisión asumía la forma de acechos y fantasías a los que Elkin no es indiferente.

En 1991, William Burroughs publicó Ghost of Chance, un comentario radical sobre A General History of the Pyrates, el relato supuestamente histórico del capitán Charles Johnson, quien, algunos especulan, no fue más que un alter ego de Daniel Defoe. Ambos libros narran las aventuras de otro capitán, este llamado James Mission, fundador de la isla de Libertalia, una comunidad utópica y anarquista que sobrevivió por 25 años-a finales del siglo XVII- en un conjunto de islotes en Madagascar. Esta comunidad, considerada puramente ficticia por algunos especialistas, presentaba un paisaje rico en matices y luchas; sus pobladores eran iguales, soberanos y libres y (al menos en la versión de Burroughs) la comunicación telepática con los lémures, pobladores originales de las islas, era posible y corriente.

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Sin embargo, no es sobre lémures que quisiera extenderme, aunque me parece pertinente señalar que ese vínculo telepático entre estas dos distintas especies pobladoras de Libertalia surgía durante el sueño.

Bien, el asunto es que Elkin Calderón obtuvo en 2014 un premio del Ministerio de Cultura de Colombia como reconocimiento a su trayectoria y con el dinero de este premio decidió visitar los islotes de Santa Cruz del Islote, Tintipán y Tierrabomba, lugares que había conocido brevemente un par de años atrás en el marco de un evento artístico. Esta decisión de alguna manera correspondía a un interés literario general por el tema de las islas y sus comunidades, siempre fascinantes sin importar si son relatadas por Hakim Bey, por Daniel Defoe o por William Burroughs. Sin embargo, en la práctica de la realidad, Santa Cruz del Islote es en sí mismo un lugar sobre el que la experiencia desnuda puede hablar sin ninguna intermediación discursiva: un archipiélago de islas e islotes en cercanías de Cartagena, del cual se afirmó con cierto populismo que era el más densamente poblado del mundo, pues se supone que en una superficie de apenas 10,000 metros cuadrados habitan entre 600 y 900 personas, tan solo un par de décadas después de que los primeros pescadores empezaron a ocupar las tierras, hasta entonces plagadas de mangle y mosquitos.Santa Cruz del Islote es de algún modo la evidencia práctica de que Libertalia es posible: un lugar urbanizado, con cierta infraestructura de servicios públicos instalados y gestionados por la misma comunidad; un espacio sin representación política ni gestión del Estado colombiano, sin hospitales, sin policía. Un lugar que se ha ido expandiendo más allá de sus posibilidades, ganándole terreno al mar para construir más casas, en una comunidad estructurada sobre un sistema de valores bastante distinto al del cosmopolitismo continental caribeño.

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En Santa Cruz del Islote no hay mucho por hacer; quienes trabajan abandonan la isla temprano, en botes de motor, para regresar en la noche a dormir o a beber ron. Durante el día, sin esa población de pescadores ni trabajadores rasos de los hoteles en Tolú, la isla es de los niños y de las amas de casa. Vaciado de una buena parte de sus supuestos 900 habitantes, el lugar se convierte en ese sitio en al que Elkin Calderón fue a hacer, durante algunas semanas, algo muy parecido a no hacer nada. Sin esfuerzos, el conjunto de videos y fotografías que conforman el proyecto Libertalia Tropical se produjo casi de la nada: registrando desde una hamaca las libélulas que se posan en un tendedero que se confunde con la línea del horizonte, buceando a pulmón con jóvenes que intentan remover un ancla sumergida o nadando con niños que juegan en las boyas; o incluso, acompañando desde el agua a un hombre que junto a su perro, simplemente reposa en un bote al que bautizaron Mi Deseo.

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Santa Cruz del Islote no es un paraíso. Políticos corruptos, narcotraficantes y otros empresarios colombianos han comprado terrenos en otros islotes cercanos donde han construido villas de descanso; los hombres beben más de la cuenta; el balance de poder de una población soberana en su pobreza se ha visto afectado por la propagación de un culto cristiano que ha ido llevando a su redil a buena parte de la población; la prestación de servicios públicos es precaria y depende de que la comunidad pueda hacerla efectiva de su bolsillo . Por último, la única presencia que el gobierno de Colombia hará es, como ya ocurrió en Tierrabomba, bajo la forma de bases militares y desalojos.

Tal vez Santa Cruz del Islote no es un territorio viable a largo plazo. Tarde o temprano, el turismo, el mercado y el gobierno convertirán esta tierra en hoteles y piscinas. Tal vez se construirán muelles, acueductos y helipuertos. Tal vez llegarán el progreso y la seguridad, pero cuando eso ocurra, se tendrán que ir los actuales pobladores. Es cuestión de tiempo para que el “tal vez” se transforme en certeza. No hay nada que hacer. Y es por eso mismo que ese hacer nada de Elkin Calderón en esos islotes cobra un valor histórico fundamental. Su trabajo -si es que pudiera llamarse trabajo a este ejercicio de no trabajar, de simplemente echarse y mirar junto a los cuerpos y en los espacios de esos habitantes de Santa Cruz del Islote,- es constancia de que realmente esta comunidad existió y resistió, creó un modelo en el que autonomía, pobreza y solidaridad fueron posibles e iban de la mano. En un tiempo señalado por las aspiraciones de un “cognitivado” precario al acceso ilimitado y a la redistribución de los recursos, este ejercicio sin cognición aparente, esta simple resistencia de pequeñas acciones y cuerpos en reposo da cuenta de una posibilidad política real, una manera de hacer mundos y no simplemente fantasías de piratas.

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En uno de los videos de Elkin se ve la isla desde el aire, sus callejones desordenados, los niños corriendo, la gente pasando sin afán. Desde otro punto de vista se puede ver que el pequeño islote tiene una forma muy cercana a la de la silueta del mapa de Colombia. Esta imagen, cargada de repercusiones metafóricas, de posibilidades y de interpretaciones políticas muy ricas en matices fue pirateada por publicistas que llegaron, meses después a producir allí, en Santa Cruz del Islote, un comercial para patrocinar la Copa América. El comercial señalaba abiertamente el parecido entre este pedazo de tierra, del tamaño de una cancha de fútbol en medio del mar, y el país en sí.

Tal vez un día se dirá que Colombia no fue más que la invención literaria de un creativo publicista. El comercial era producido por el grupo Bancolombia, uno de los bancos más ricos del país. Quizás las imágenes de Calderón, resistiendo sin esfuerzo ni trabajo el paso del tiempo, puedan servir como indicio arqueológico en el futuro inmediato para ver que la línea del horizonte era muy distinta a lo que las instituciones sociales productoras de progreso y patriotismo nos hicieron creer.

 

Exposición: Elkin Calderón.
Libertalia Tropical
Mayo 14 – junio 14, 2015
Galería Valenzuela Klenner, Bogotá
http://terremoto.mx/libertalia-tropical/

 

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