A
A

03.12.2018

Arriba los de abajo

Vere van Gool, directora asociada de la iniciativa «IdeasCity» del New Museum, entrevista a Gabriela Córdoba Vivas, co-fundadora de CALDODECULTIVO, sobre el trabajo del colectivo para redefinir la arquitectura desde un enfoque en las personas y la comunidad.

Cuando hay poder, hay resistencia. La arquitectura, infamemente citada como “la voluntad de una época traducida al espacio”, tiene la capacidad de traducir el poder en la cultura. Sin embargo, a pesar de que los edificios son intrínsecamente dominantes, sus ladrillos y mortero inamoviblemente ocupan tierras, la disciplina apenas representa movimientos exitosos de resistencia. Mientras ciudades impulsan globalmente un fuerte canon de diseño occidental de bibliotecas romanas, modernistas estaciones alemanas de trenes, o posmodernos centros comerciales estadounidenses, recientes cambios de poder para descolonizar la educación y las instituciones, al lado de economías emergentes, han presentado un llamado para una arquitectura no occidental —y por consiguiente, a la resistencia. Una arquitectura que opere más allá de los modos establecidos de poder, del estilo o de la forma, del gobierno o de las finanzas: más allá del Occidente. Una resistencia que se comprometa directamente con el único propósito de los edificios: la gente.

Conoce a CALDODECULTIVO, un colectivo colombiano que toma como punto de partida la arquitectura como un espacio necesariamente conflictivo y contradictorio, como un terreno de lucha política y proposición poética, como un lugar para la creatividad y la resistencia insurgente. Con su significado literal, CALDODECULTIVO se ha establecido como una voz latinoamericana significativa y emergente que se dedica a redefinir la arquitectura y su resistencia hoy en día.

Esta charla sigue una reunión inicial en 2016 como parte del programa de residencias de IdeasCity del New Museum (NY) en Detroit, organizado por Vere y con la participación de CALDODECULTIVO.

Vere van Gool: A principios de 2016 nos conocimos en Detroit —una ciudad imputada que afronta una austeridad posindustrial urbana y financiera. En Detroit, nos preguntamos cómo aprender de una ciudad al mismo tiempo que reimaginar nuevas maneras de habitar la misma. ¿Cuáles fueron tus primeras interpretaciones de Detroit, incluso antes de ir para allá?

Gabriela Córdoba Vivas: Originalmente nos interesaba Detroit por todas las cosas esperadas: la ciudad icónica de ruinas y sus edificios bellos y abandonados. Como un colectivo de Latinoamérica, uno no se entera realmente de la miseria ni la desigualdad en los EE.UU., entonces tendemos a pensar que la disparidad y la desigualdad solamente existen en casa; por consiguiente, estábamos curiosos de aprender cómo “Detroit” podría haber sucedido en un país rico del primer mundo.

Cuando hablo de Detroit empiezo por contar la historia de una persona que conocí allí, Halima Cassells, artista y defensora comunitaria. Al introducirme como una persona “de Colombia” me respondió con simpatía, comentando lo que ha de ser, ser de allí. Yo le contesté que de hecho era igual que en Detroit. Entendimos desde ese momento la importancia de la representación de perspectivas particulares. Para mí, fue bello dejar de pensar en los EE.UU. a partir de un estereotipo de violencia y consumismo, y aprender sobre las semejanzas que tiene con los múltiples contextos en Latinoamérica.

VvG: En Detroit pasamos mucho tiempo conversando sobre lo que significa ser de Detroit, y cómo la ciudad ha sufrido a partir de sus representaciones superpuestas tales como “La nueva Detroit” o “La ciudad fantasma” incluso como “La capital de crimen”. ¿Cómo cambió tu interpretación y perspectiva de Detroit al pasar tiempo allí y conversar con sus ciudadanos?

GCV: Con respecto a Detroit, como esta última consecuencia de cómo las representaciones pueden dañar a una ciudad y a las vidas de la gente, teníamos que cambiar radicalmente nuestra manera de pensar en relación a nuestros propios estereotipos —lo cual fue una experiencia visceral en sí. Ser de un supuesto país del tercer mundo “azotado por la guerra” que de hecho es un país en que la creatividad y la resistencia son una fuerza impulsora, somos muy conscientes de los efectos negativos que puede tener esta marca cultural. Fue emocionante conocer a las personas de Detroit, creadores que están generando cambios a través de sus prácticas y producen narrativas más complejas que los obvios estereotipos, tales como el colectivo de artistas Oakland Avenue, y la escritora y música Marsha Music.

VvG: Durante el programa IdeasCity del New Museum en Detroit empezaste a desarrollar un breve documental llamado DETROITERS, que fue recientemente proyectado en Palais de Tokio. ¿Puedes elaborar un poco en cómo nació la película?

GCV: Todos nuestros proyectos requieren un largo periodo de investigación de sitios. Reflexionamos sobre los contextos locales, las personas y sus percepciones. Este proceso de conocer un lugar generalmente tarda unos meses, pero el programa de IdeasCity y su red nos permitió hacerlo en un tiempo récord.

Lo que aprendimos en Detroit es cómo su gente habla de manera tan apasionada sobre su ciudad, con tanta fuerza y belleza. Las palabras sinceramente tienen una potencia. Al mismo tiempo, aprendimos que las personas de Detroit estaban hartas y cansadas de la imagen negativa de su propia ciudad. Entonces, pensamos: ¿por qué no construimos una representación colectiva de la ciudad basada en la palabra hablada y recopilamos el poder de sus voces para desarrollar una nueva manera en que la ciudad es retratada a través de sus ciudadanos, en vez de sus puentes derribados o edificios abandonados? Mientras el diseño urbano y la política pública continúan abordando a la ciudad en términos de infraestructura y edificios, y no como gente, la película discute que Detroit está prosperando específicamente gracias a sus habitantes.

VvG: Las ciudades evolucionan drásticamente y de diferentes formas en el mundo; sin embargo, el discurso urbano en todo el mundo está dominado por la mirada occidental. Como un colectivo del Sur, con experiencia trabajando en diferentes contextos europeos y estadounidenses, ¿cómo abordan los estigmas arquitectónicos de las ciudades?

GCV: Cuando visitamos Detroit, fue durante las elecciones y recuerdo que pensamos: “tengan cuidado”, porque en Latinoamérica, sabemos y tenemos experiencia de que una persona como Trump puede ganar. Quizás sea algo nuevo para los Estados Unidos que este aumento de populismo resulte en este tipo de dinosaurios políticos, pero nosotros en Latinoamérica ya estamos acostumbrados.

Los países del primer mundo mantienen una idea de que el consumo compra la felicidad y una calidad de vida. Pero eso es solamente una historia de marketing y EE.UU. es realmente bueno en ello. Con Trump en la presidencia, se pueden observar las profundas desigualdades de poder que están alterando las vidas de las personas. Ha sido fascinante ver cómo los EE.UU. y Latinoamérica lidian con esta desigualdad drásticamente diferente. En Latinoamérica, tenemos un fuerte sentido de comunidad que se origina en siglos de supervivencia. Sabemos que el estado o el mercado no están para servir, entonces nos “independizamos” del gobierno y del comercio encontrando nuestras propias vías, lo cual consecuentemente se traduce en nuestras ciudades y arquitectura. Lo que ello significa es que colectivamente sentimos una responsabilidad por cómo vive nuestra comunidad. Por eso, como vecinos, trabajaremos en la casa de alguien este domingo y el próximo trabajaremos en otra casa. Pintar vallas, cocinar, ayudarnos uno al otro. Así es como construimos nuestras calles, casas y ciudades más allá del complejo urbano. Este fuerte sentido de comunidad es lo que se necesita cuando viene una crisis. Al mismo tiempo, en Latinoamérica hay un fuerte sentido de familia. La familia más allá del núcleo, incluye a tu tía, tu abuela y tu prima. Estos conceptos, tanto la familia como tu vecindario como una comunidad, es lo que hace falta en los EE.UU. —con excepción de vecindarios latinos y chicanos— que lo hace mucho más difícil para vivir y auto-organizarse de forma independiente. Pero uno de mis temores es que la nueva política en Latinoamérica está diseñada exactamente para afrontar esta independencia de la gente en relación al estado.

VvG: La arquitectura nunca es inocente. Cada territorio tiene valor, haciendo cada ladrillo político y cada pulgada de cemento geopolítico. Hoy en día, el campo de la arquitectura perpetúa la hegemonía de los bienes raíces que resulta en la segregación, la explotación y la desigualdad. ¿Puedes ahondar en cómo se influencia esta interpretación de arquitectura en tu práctica?

GCV: Mi experiencia no es en arquitectura sino en las ciencias sociales, por lo que siempre intento entender lo que está pasando en espacios a nivel local. Sin embargo, mientras yo iba a la universidad en Colombia y estudiaba las obras de críticos estadounidenses y europeos sobre arquitectura, me di cuenta que sus teorías no se aplicaban a Latinoamérica y que mi ciudad era diferente y consecuentemente hacían falta otras aproximaciones. Dicho esto, el trabajo que hacemos no es tanto “arquitectura” en cuanto a formalidades occidentales. Sí, trabajamos con la ciudad, la ciudad construida, pero también con la ciudad informal y todos los elementos que el desarollismo no es capaz de reconocer porque está obsesionado con leer las ciudades desde una perspectiva de edificios e infraestructura. No como un lugar humano.

VvG: ¿Cómo defines la arquitectura?

GCV: La arquitectura no se trata de construir edificios bonitos o estructuras impresionantes, se trata de contexto. Es una disciplina que trata con espacio construido y simbólico, y por eso ha sido fundamental en la dominación y la segregación de la gente y de las comunidades. La teoría crítica alrededor de la práctica arquitectónica es crucial en un momento en que los gobiernos de derecha están justificando el racismo, la xenofobia y las políticas nacionalistas. Pero también necesitamos darnos cuenta que los problemas sociales en China no son los mismos que en Europa o Colombia. Por ejemplo, “construir un nuevo parque” nunca resuelve un asunto social. El problema en las ciudades nunca se trata de la falta de parques; lo es perpetuar la desigualdad a través de políticas.

VvG: Tu trabajo varía desde intervenciones de diseño hasta instalaciones públicas de arte, cinematografía y curaduría. ¿Puedes profundizar en la naturaleza interdisciplinaria de tu práctica como un tipo de “arquitectura expandida”?

GCV: Primeramente, nosotrxs mismxs somos un grupo interdisciplinario de personas. Unai Reglero es director de arte y curador, yo tengo experiencia en artes visuales y ciencias sociales, y Guillermo Camacho es fotógrafo y cineasta. Empezamos a trabajar juntxs porque compartimos una obsesión común por las ciudades. Originalmente, empezamos a colaborar en un solo proyecto, pero de alguna manera aquí estamos, seguimos trabajando juntxs.

Compartimos una creencia de que las ciudades son más como experiencias que infraestructuras o espacios construidos. En proyectos a menudo utilizamos herramientas de marketing para subvertir y hacer frente a narrativas neoliberales que las usan para legitimarse. Esto se parece al proceso que los situacioncistas llamaban Detournement. Entonces, en lugar de “arquitectura expandida” describiríamos nuestra práctica como una agencia antipublicidad o Agit-pop.

VvG: Tu proyecto Arriba los de Abajo aborda la gentrificación en Bogotá al usar la arquitectura para desmantelar el poder y el patriarcado. ¿Puedes compartir más sobre el proyecto y cuáles son las lecciones que has aprendido de ello?

GCV: Arriba los de Abajo es una colaboración con el colectivo español Todo por la Praxis. El proyecto es tanto una declaración literal y física, como política y metafórica. Aborda la gentrificación debido a su ubicación en el vecindario en el centro de Bogotá que actualmente sigue estando en peligro por los desarrollos inmobiliarios. Por ello, el propósito del proyecto era materializar su historia de lucha y a la vez actualizar esas luchas en términos de justicia urbana y espacial. Entonces se invita a la gente de la calle para levantarse, por medio de subir las escaleras de los andamios, y tomar el poder de las personas que lo sustentan. Para acompañar este proyecto, el grupo musical Todo Copas desarrolló una canción de hip-hop que articuló nuestro proyecto y discurso, y lo explicó al público local. Lo que aprendimos fue la necesidad de apelar a lenguajes que hablan a la gente en sus propios términos.

VvG: ¿Puedes desarrollar cómo se representa en proyectos recientes tu creencia en la arquitectura como un lugar humano?

GCV: Una de las maneras principales en las que comenzó nuestra práctica fue por hacer instalaciones públicas y activismo, pero rápidamente nos dimos cuenta que de hecho no se necesita un objeto o la arquitectura para reunir a la gente y crear situaciones en las que se abordan importantes asuntos arquitectónicos. Entonces, lo que hacemos es usar estrategias visuales, sonoras, publicitarias y performativas que responden a situaciones concretas. Pero cada proyecto se hace cargo de una materialización específica dependiendo de su contexto. Por ejemplo, en Detroit desarrollamos una película porque fue el medio más adecuado para responder a los estereotipos negativos sobre la ciudad, así mismo, no implicaba solamente otra intervención ajena por alguien que no era de Detroit —algo de lo que estaba harta la mayoría de las personas de Detroit.

Para nuestro proyecto más reciente El Coliseo del Pueblo en Cali, Colombia, transformamos el estadio deportivo brutalista localizado en un sitio de historia eurocéntrica con raíces en la esclavitud, en un lugar en donde el activismo político es entrenado como un deporte. Mediante una reunión de líderes sociales, organizadores comunitarios, y el público en general, discutimos el actual estado de las cosas en Colombia, enfocándonos en la guerra contra la gente y el asesinato de activistas prominentes (después del acuerdo de paz con los rebeldes de las FARC en 2016, más de 300 líderes sociales han sido asesinados), para básicamente pensar en posibles maneras de proteger a los líderes de resistencia. Aunque parece que transformamos el estado deportivo en algo nuevo, de hecho, no incluimos una sola intervención material. Lo único que hacemos es facilitar para que suceda un nuevo tipo de conversación.

VvG: ¿Qué sigue para CALDODECULTIVO?

GCV: ¡Sorpresa! Estamos trasladándonos a los EE.UU. y queremos seguir nuestro trabajo sobre cómo construir relaciones significativas entre Norteamérica y Sudamérica.

 

filtrar por

Categoría

Zona geográfica

fecha