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Edición 13: La pared dividida

Laura Burocco

Tiempo de lectura: 13 minutos

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10.12.2018

Gentrificación en el Sur: el neocolonialismo del capitalismo cognitivo

A partir de los casos de Río de Janeiro y Johannesburgo, Laura Burocco analiza el impacto que como trabajadores del conocimiento ejercemos sobre nuestro entorno urbano a través de procesos de gentrificación anclados a una lógica colonial.

La gentrificación, como peón de la praxis desarrollista de la arquitectura para la regeneración urbana, es inevitablemente inherente al crecimiento poblacional de los centros urbanos alrededor del mundo. Sin embargo, la gentrificación en el Norte y el Sur se desarrolla de maneras muy distintas que el pensamiento crítico aún no ha revisado más allá de las lógicas occidentales. Con la finalidad de contribuir a una literatura del Sur en el sur, desde hace seis años estudio el trabajo de artistas y agentes del área cultural cuyo trabajo lidia con el espacio público y cuestiones urbanas en las ciudades de Johannesburgo, Sudáfrica, y Río de Janeiro, Brasil. [1] El punto de partida fue reconocerme como investigadora precaria parte de una clase creativa [2] o, como prefiero considerarme, trabajadora del conocimiento [3], que al formar una economía creativa es parte elemental del proceso de gentrificación.
La promoción de la economía creativa se ha visto en Europa y en EE.UU. como un medio de recuperación económica en respuesta a la crisis financiera mundial. En el Sur, la promoción de este modelo se convierte no sólo en un posible renacimiento económico, sino también en un instrumento de modernización e internacionalización de las ciudades y los actores involucrados en este proceso de renovación.
Desde el 2013 estudio procesos de regeneración urbana a partir del proyecto Gentrilogy: Trilogía de la Gentrificación [4] que estudia la triada Johannesburgo, Milano y Río de Janeiro. [5] A partir de esto, me gustaría enfocarme en el Distrito Creativo en Río y el Maboneng Precinct en Johannesburgo, donde la transición de la economía, de portuaria y manufacturera a creativa, se observa dentro de un contexto de relaciones productivas locales y globales propias del posfordismo, a la luz de las historias de dos sociedades poscoloniales, aún violentamente marcadas por una profunda desigualdad económica social y racial.

Los fenómenos urbanos dependen del contexto donde se desarrollan, mismos que se determinan por el efecto combinado de mecanismos e instituciones que participan en el mercado, el Estado y la sociedad civil, así como la forma específica y duradera de las realidades socio-espaciales locales. Las diferencias entre Río de Janeiro y Johannesburgo reflejan historias distintas, que deben rescatarse al haber sido negadas por el Estado de forma autoritaria —a partir de la máquina de guerra del colonialismo—, o de forma espectacular —en el extremo positivismo de la sociedad del espectáculo. Pensar la gentrificación desde el Sur debe comenzar por desnaturalizar el discurso homogéneo sobre globalización que reproduce las narrativas eurocéntricas del siglo XVIII y que es incapaz de acompañar los cambios del mundo, al mantener una lectura unívoca. Es necesario liberarse de la mirada viciada por definiciones moldeadas a partir de referencias teóricas, estéticas y espaciales occidentales, y así aprender nuevas formas para descentralizar y ampliar el conocimiento. De esta forma se crea una nueva literatura, propia e independiente, que se alimenta de la vivencia de esos lugares para poner en práctica un proceso de desmontaje de verdades dadas como ciertas. Como sugiere Spivak: “Desconstrucción no quiere decir que no hay asunto, verdad, historia. Simplemente cuestiona el privilegio de la identidad de quien cree poseer la verdad”. [6] Así la Trilogía se convirtió en una elección metodológica.
Tanto el Distrito Creativo en Río como el Maboneng Precinct en Johannesburgo son inventados como territorios imaginarios. Inversores públicos y privados los utilizan como aparatos mediáticos y simbólicos funcionales al marketing movilizado en pro, o por las exigencias, de las nuevas formas de producción. En el caso brasileño se trata de las tres esferas de gobierno —municipal, estatal y federal— que delegan las obras de construcción a un cartel de empresas privadas y a las empresas creativas la tarea de modernización del territorio a través de la concentración de actividades vistas como modernas: diseño, moda, marketing, nuevas tecnologías, etc. En el caso de Johannesburgo, la regeneración está en manos de una única empresa privada, Propertuity, que a través de repetidas alianzas con artistas y una intensa inversión en arte público hace el área más atractiva a los ojos de los posibles nuevos frecuentadores. A partir de estrategias de marketing, en los dos territorios se articulan murales, obras públicas o diseño inmobiliario o gráfico como dispositivos que funcionan, siguiendo a Foucault [7], como prácticas de un régimen de verdad que marca como real lo que no existe previamente definido como real o falso. Dichos instrumentos están destinados al control y a la manipulación de la percepción y deseos de los individuos, ampliando la polarización entre las realidades físicas y concretas de los dos lugares y las propagandas utilizadas para representarlos. Se explican así las inversiones destinadas, en ambas ciudades, a los aparatos culturales del museo, como es el caso del Museo de África Design (MOAD) en Johannesburg y el Museu de Amanhã y el Museu do Arte de Río (MAR) en Brasil. Este último, desde su inauguración con la exposición O Abrigo e o Terreno: Arte e Sociedade no Brasil en 2013, hasta el excelente de la exposición Zona de Poesía Árida de 2014, no se inhibe de presentar temas conflictivos con la finalidad de neutralizar y desviar la atención del público en relación al papel que el mismo museo juega en los conflictos del puerto. De forma similar se desempeña el MOAD en Johannesburg con la exhibición #ULTRACONTEMPORARY#EMERGENCYART#AFRICA. A través del trabajo de un colectivo danés critica el uso del arte dentro de contextos urbanos gentrificados como si éste se tratase de una aspiradora. [8] Una pena que en aquel territorio los mismos artistas invitados parecen estar al servicio de lo que precisamente critican. Se explica así la función de estos dos museos como “objetos informantes” [9] que “sirven para contar una historia sobre algo o alguien bajo el prisma del poder que los instituye y que los dotó de capacidad de habla” [10], reproduciendo la gestión de poder colonialista, que sirve como instrumento silenciador de realidades que los gerentes del poder buscan rechazar.

Circuito Futuristico, Río de Janeiro, octubre 2016. Pósters realizados por Laura Burocco y Pedro Victor Brandão. Fotografía por y cortesía de LB

El accionar de estructuras culturales es acompañado de la transformación del mercado de trabajo. Dicha transformación hace que nuevos procesos de acumulación capitalistas, por medio de la conectividad, concentren la creación del valor económico en la producción de conocimiento (capital cognitivo), confiriendo así mayor importancia al trabajo intelectual. Si en la sociedad fordista existía una división entre los obreros y los dueños de la fábrica, en el posfordismo, el trabajo, al salir de la fábrica, hace que el antiguo trabajador se convierta al mismo tiempo en obrero y emprendedor (de sí). Esos nuevos sujetos económicos son los motores de la llamada economía creativa, “personas ocupadas en actividades en las cuales la creatividad y el capital intelectual son la materia prima para la creación, producción y distribución de bienes y servicios”. [11] Dicha economía, se organiza en torno a enclaves urbanos donde el conocimiento, las relaciones y la información (competencias cognitivas y relacionales) son las principales fuentes de generación de valor. [12] En los casos que observé, se trata de artistas y profesionales, entre 25 y 45 años, comprometidos con actividades relacionadas a diseño, arquitectura, marketing, nuevas tecnologías, cultura y sustentabilidad, música y producción audiovisual. Los une el hecho de verse a sí mismos como innovadores sociales, transformadores de las sociedades donde viven; ser activos en un ambiente urbano; tener alto nivel de educación (la mayoría frecuentó escuelas particulares y muchos se conocen desde aquella época); disponer de un inicial capital de inversión; así como ser originarios de familias ricas o de clase media alta. Ese cuadro no sorprende cuando la actual configuración de la industria creativa, no sólo brasileña o sudafricana, sino mundial, se organiza a partir de la profesionalización, el alto nivel de educación, la movilidad y la conectividad, todas dotaciones que, en el Sur, son prerrogativa de pocos. Localmente, el resultado es la pacificación, despolitización y sumisión del territorio así como la alimentación de una torcida visión del progreso y de la modernidad que parece llevar a una asimilación normativa de conceptos estéticos y subjetividades; la creación global de redes cerradas —cuya comunicación queda reservada entre elegidos con base en la capacidad de movilizar recursos—; la audiencia de las élites locales; y la reproductibilidad de las redes en los circuitos internacionales.

Persiguiendo un continuo cuestionamiento sobre las relaciones de poderes que nos conciernen como trabajadores creativos o del conocimiento en sociedades poscoloniales, promoví una serie de debates alrededor del concepto de control creativo, así como la observación de las relaciones en las que participamos. Artistas y obreros del área cultural, cuyo trabajo lidia con espacio público y cuestiones urbanas, fueron invitados —a partir de la propia posición— a discutir su papel, así como el de las instituciones culturales y sus obreros, dentro de contextos de transformación urbana en las tres ciudades donde Gentrilogy se desarrolla.
La intención no fue atribuir al arte una obligación socio-política, ni al artista un deber activista sino cuestionar el común uso de la cultura, el arte o la creatividad en la renegociación del significado del espacio urbano y en la redefinición de la identidad urbana principalmente por parte de las élites. Se procuró crear conciencia de lo que hacemos en la cotidianidad en relación a nuestros trabajos. Así, se profundizó en el entendimiento de las razones que mueven la decisión de los artistas y agentes culturales de intervenir en territorios y comunidades desfavorecidas; en el significado de la participación en performance dentro de esos contextos; y en el tipo de relaciones que son creadas dentro de esos territorios. De esta forma, se cuestionó también la razón por la cual el arte público puede ser percibido como un aspecto de la dominación cultural, y cómo puede convertirse en un elemento problemático, sea como instrumentos de inclusión o en relación a la supuesta función de denuncia.
Estas discusiones buscan ir más allá de la tradicional visión del modelo clásico de gentrificación (rent gap) [13] según la cual la clase artística/creativa es causa de la eliminación física de personas de bajos recursos para profundizar en las maneras en que funcionan las políticas culturales, confiriendo poder o determinada cooperación. En particular se observan los vínculos entre la inserción de la economía creativa en el Sur y el ejercicio, frecuentemente dentro de las relaciones propias de la diplomacia cultural, del denominado soft power definido como “la capacidad de alcanzar objetivos mediante la atracción en lugar de la coerción”. [14] Por un desequilibrio mayor de las fuerzas socioeconómicas, esas prácticas emergen más explícitamente en el Sur que en el Norte. Es obvio que existen financiamientos a la cultura que suscitan críticas y dudas sobre las reales intenciones atrás de ellos; sin embargo, en Europa y EE.UU., a diferencia de los casos del hemisferio sur, se trata de financiamientos que siempre pertenecen al mismo hemisferio.

En el Sur se configuran gestiones de poderes que evidencian la convergencia de intereses de las élites económicas y culturales, locales y globales, que llevan a nuevas formas de colonialismo económico y cultural.

Por ejemplo, los institutos de culturas extranjeras. En la expansión de una nueva fase de la globalización regida por el capitalismo cognitivo, se multiplican así los socios internacionales entre selectos representantes de la cultura, creatividad e instituciones universitarias y culturales, extranjeras y locales, convirtiéndose en elementos centrales de la diplomacia cultural para la gestión de relaciones de poder entre Norte y Sur. [15] De esta forma, el Sur es integrado al Norte a partir de los valores procedentes de los nuevos centros de poder (aquellos de la colonialidad) que lo atraviesan y recolonizan, tanto al interior como al exterior. Estas redes de élites de profesionales globales dan vida a nuevas formas de colonialismo reproducidas mediante formas de dependencia, mismas que atraviesan y son atravesadas por los tradicionales clientelismos y elitismos de la colonialidad del poder. [16] Las nuevas formas de colonialidad invierten en las configuraciones subjetivas, en las apropiaciones culturales y en la violación de derechos de propiedad intelectual de las culturas originarias.

Un deseo de denuncia de esas prácticas movió el Circuito Futurístico e Especulativo do Desrespeito da Herança Africana, do Esquecimento Urbano e do Apodrecimento da Sociedade. [17] Se trata de una serie de seis imágenes distópicas que, en forma de lambe lambe [18], acompañaron las etapas de una caminata organizada a lo largo de los “sospechosos olvidos” del Circuito Histórico e Arquelógico da Celebração da Herança Africana diseñado por la Municipalidad de Río de Janeiro para conmemorar la identidad negra del puerto. Se presentó el Circuito como respuesta a la llamada pública por parte del Theatrum Mundi, en asociación con People’s Palace Projects y el Museu do Amanhá que invitaba a residentes, artistas, activistas, performers y demás a identificar un espacio, o relación social, en la ciudad que produjera una condición de falta de respeto. La unión entre el tema escogido (respeto) y las instituciones asociadas involucradas constituyen por sí mismos un espacio o relación social en la ciudad que produce una condición de violación.
Aunque Gentrilogy haya visto varias colaboraciones y demuestra, a través de cada una de ellas, que todavía hay esperanza, en mi opinión, a partir de mi investigación, en muchos de los casos estos nuevos sujetos económicos no han conseguido desarrollar la capacidad de reconocer y trascender la mirada colonial que construye al “otro” [19] dentro de dos sociedades aún marcadas por inequidades socioeconómicas y una fuerte herencia colonial y esclavista. Esto conlleva a reproducir lógicas de las élites coloniales en sus relaciones contemporáneas de poder relacionadas al mundo de la cultura y la creatividad.

Recordemos que las sociedades brasileña y sudafricana comparten los mayores índices de desigualdad del mundo, por lo tanto, esta afirmación no debería ni sorprender ni restringir. Por lo menos debería cuestionar los hábitos que se dan por naturalizados. Por ejemplo, el uniforme blanco de las niñeras que crían a jóvenes ricos brasileños, o los jardineros negros que residen en casas precarias, sin agua ni saneamiento, pero que cuidan los jardines (con sistema de irrigación eléctrica) en las mansiones de los ricos joburgers. Una de las formas en que la modernidad oculta la colonialidad es a través de dotar de superioridad al colonizador desde una visión eurocéntrica del mundo. Consecuentemente se crea al otro, que no responde a un patrón europeo, como alguien menos capaz, bárbaro, maleducado. Por lo tanto, aquellos dotados de superioridad están obligados a contribuir al desarrollo de aquel que se opone al proceso civilizador. Así el fenómeno que observé se refuerza a través de formaciones de redes independientes que se instauran entre pequeños colectivos informacionales de autovalorización. Mismos que, de hecho, son fundamentales en la inclusión del Sur dentro del circuito internacional de innovación y circulación creativa, circuito vital del actual capitalismo cognitivo global. De esta forma, la modernidad no significa superar la colonialidad, sino los comportamientos incivilizados que atrasan el avance de las oportunidades del mercado global y sus estilos de vida. Para la satisfacción de esta función “social” se justifica la aplicación de violencia física y simbólica.
Así, la “élite de proveedores de servicios y de consumidores, que se reproducen a escala global” [20] crean vínculos más fuertes con sus similares en el otro canto del mundo que con los residentes de la ciudad que los rodea. Se evidencia que en la ocupación colonial contemporánea las relaciones de poder tienen, como una de sus matrices, el cuestionamiento de identidades, dando vida, dentro de un nuevo régimen de capitalismo cognitivo, a una concatenación de varios poderes: disciplinar, biopolítico y necropolítico. [21] A nivel global estas conexiones de individuos evidencian la existencia de redes de colaboraciones internacionales en búsqueda continua de oportunidades y recursos. Redes que, al contrario de cuanto se declara, se hacen cada vez más cerradas para poder mantenerse vivas y reproducir las propias iniciativas de sus pares agravando la desigualdad en los accesos a los recursos económicos, culturales y espaciales.
Hay que prestar atención a los pasos que llevaron al último país de América Latina a abolir la esclavitud (Brasil) y al único país del mundo, en época moderna, de tener un régimen de racismo legalizado (Sudáfrica) de un sistema esclavista y racista, a un sistema de precariedad creativa.

Notas

  1. My observations are the result of institutional theoretical research (in the form of a master’s and doctoral degree) combined with transdisciplinary artistic practices: video interviews, photographic and cartographic mapping, derives, and debates held among local communities in the two cities, as well as in Milan, Italy, where I am from.

  2. Richard Florida, The Rise of the Creative Class (New York: Basic Book, 2000).

  3. Peter F. Drucker, The Age of Discontinuity: Guidelines to Our Changing Society (Heinemann London; 1969).

  4. [http://gentrilogy.com/en/gentrification-trilogy/].

  5. The project will be presented in an exhibition that explores my analysis of all three cities in the Centro Municipal de Arte Hélio Oiticica in Rio de Janeiro.

  6. Gayatri Chakravorty Spivak, “Can the Subaltern Speak?” in Marxism and the Interpretation of Culture, eds. Cary Nelson and Lawrence Grossberg (USA: University of Illinois, 1988).

  7. Michel Foucault, Nascimento da Biopolitica (São Paulo: Martins Fontes, 2008).

  8. YouTube, Gentrification at the Athens Biennale? “Are Artists Used as Vacuum Cleaners?” Thierry Geofroy’s channel. Accessed on October 21, 2018.

  9. George Yúdice, A conveniência da cultura: usos da cultura na era global (Belo Horizonte: Editora UFMG, 2006).

  10. Vladimir Sibylla Pires, Metrópole Cultura e breves reflexões sobre os novos museus cariocas. (São Paulo: Revista Lugar Comum – Estudos de Mídia, Cultura e Democracia, No. 35) p. 19–196. Accessed on January, 2018: [http://uninomade.net/lugarcomum/35-36-2/].

  11. John Howkin, The Creative Economy: How People Make Money from Ideas (London: Penguin, 2001).

  12. See Antonio Negri and Maurizio Lazzarato, Trabalho Imaterial: formas de vida e produção de subjetividade (Rio de Janeiro: DP&A, 2001), 112; Maurizio Lazzarato, “Trabalho e capital na produçao dos conhecimentos: uma lectura atraves da obra de Gabriel Tarde,” in Capitalismo Cognitivo, trabalho, redes e inovação, orgs. Giuseppe Cocco, Alexander Patez Galvao, Gerardo Silva, (Rio de Janeiro: DP&A Editora, 2003), 61–82; Manuel Castells, La città delle reti (Italia: Marsilio Editore, 2004).

  13. Neil Smith, «Towards a theory of gentrification: a back to the city movement by capital not people», Journal of the American Planning Association, No. 45, 1979, p. 538–548.

  14. Joseph S. Nye, Jr., Soft Power: The Means to Success in World Politics (New York: Public Affairs; 2004).

  15. Laura Burocco, “Designing Politics: Designing Respect – poder e alteridades dentro de parcerias cultuais internacionais” in Ciências Sociais Unisinos 53, No. 3 (September 2017 ), 400–412.

  16. Anibal Quijano, “Colonialidad del poder y clasificación social” in Journal of World Systems Research 6, no. 2 (2000), 342–386.

  17. [https://circuitofuturistico.tumblr.com].

  18. Street wallpaper

  19. Frantz Fanon, Black Skin, White Masks (United Kingdom: Pluto Press; 1986).

  20. Leslie Sklair, The Transnational Capitalist Class (Oxford: Blackwell, 2001).

  21. Achille Mbembe, On the Postcolony (USA: University of California Press, 2001); Achille Mbembe, Necropolitics (Duke University Press: Public Culture, V. 15, No. 1, Winter 2003), pp. 11–40. Accesed on March 2018: [https://read.dukeupress.edu/public-culture/articlepdf/15/1/11/510260/pc15.1-02mbembe.pdf].

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