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16.07.2020

Agua, tierra (mágica) y hongos. Sobre tres proyectos expositivos llevados a cabo en el MAC Lima

A través de la revisión de tres proyectos realizados en el MAC Lima antes del confinamiento, la curadora Giuliana Vidarte pone sobre la mesa los efectos que la pandemia ha tenido en el medio ambiente y cómo el espacio expositivo puede dinamizar nuestros vínculos con lo no humano.

Gracias al clima húmedo de Lima y su ubicación justo en el centro de un desierto costero, el agua, la tierra y los hongos son protagonistas en la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad. Respiramos agua y vivimos entre nubes de polvo, con hongos que crecen en la superficie de todo. Sin embargo, las interrelaciones entre los elementos y organismos de este ecosistema limeño, como en otras grandes capitales, se encuentran gravemente dañadas. Esta Lima de hongos, agua y tierra es la octava ciudad más contaminada de América Latina y, además, Perú es el tercer país más vulnerable al cambio climático.

En las primeras semanas del aislamiento social obligatorio, declarado por el gobierno peruano, en redes sociales se viralizaron diversas noticias que destacaban la limpieza de las aguas del río Rímac ―el cual abastece al 30% de la población de Lima―y, en general, la transformación de los espacios naturales en la ciudad. Todo esto como consecuencia del confinamiento de lxs habitantes de la ciudad y de la reducción de la descarga de deshechos en el cauce del río. En esos mismos días, aparecieron imágenes que mostraban delfines nadando sobre las aguas del Rímac.[1] Los míticos bufeos colorados o delfines rosados de los ríos amazónicos aparecieron saltando y, aparentemente, jugando muy amistosamente con una persona. Para poder llegar y compartir con este sujeto, los delfines habían logrado la hazaña impensable de cruzar la Cordillera de los Andes. Algunas horas después, se probó que la información era falsa: las fotografías habían sido intervenidas.

La noticia sobre la limpieza de las aguas del río, en el contexto pandémico, hace evidente el impacto negativo de lo humano sobre la naturaleza y su capacidad de alterar la Tierra y sus formas de vida. Las fotografías intervenidas enfatizan la idealización de esta supuesta gran transformación que estamos viviendo en la actualidad, estableciendo el vínculo imposible ―aún en los ríos amazónicos es muy difícil hoy avistar o acercarse a los delfines rosados― entre lo humano y lo no humano, un nuevo ecosistema con el río de aguas claras reestablecido y los bufeos.

En la región amazónica del Perú, de donde provenían los delfines rosados del Rímac, las comunidades indígenas defienden un conocimiento que se enfoca en el vínculo con lo no humano, reconociendo que plantas y animales tienen espíritus que debemos saber escuchar. Esta mirada refleja las diversas relaciones que se presentan en el contexto amazónico entre los conceptos de humanidad y naturaleza, o cultura y naturaleza. Las conexiones tan fluidas entre estas aparentes identidades ―supuestamente contrapuestas― demuestran una capacidad particular de convivir con “otros” seres, la que es parte importante de los invaluables conocimientos de las comunidades de la Amazonía. Pero hoy es imposible escuchar y compartir ese conocimiento, de la misma manera que en generaciones anteriores, ya que el diálogo entre todos estos seres se dificulta por la contaminación y destrucción del entorno natural.

El Museo de Arte Contemporáneo de Lima está ubicado en el distrito de Barranco, uno de los más húmedos y representativos de la franja costera de la ciudad. En diciembre de 2018, empecé mi trabajo en el MAC Lima como parte de un equipo que se encargó de proponer una programación reflejo de nuevos enfoques curatoriales y de investigación, centrados en las prácticas artísticas peruanas contemporáneas. En los últimos meses, entre finales de 2019 y principios de 2020, llevamos a cabo un programa de exposiciones orientado al desarrollo de proyectos colectivos en colaboración con diversos grupos de artistas peruanxs. Muchas de estas propuestas se concretaron como instalaciones para generar espacios en donde fuera posible establecer vínculos con los públicos del Museo y crear y compartir flujos de ideas y pensamientos. Consideramos fundamental afirmar al Museo como un lugar para la creación continua, que permitiera experimentar con las instalaciones y pensar con ellas sobre la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno y sobre problemáticas actuales del contexto peruano y mundial ―como la contaminación, deforestación y crisis medioambiental― para contribuir en la creación de una cultura global sostenible.

A partir de aquí revisaré tres de los últimos proyectos que hemos desarrollado en el Museo. Dos de estas exposiciones se llevaron a cabo y una quedó en pleno montaje antes del cierre del edificio por la pandemia. Estos proyectos son Ecosistema del agua, presentado de junio a septiembre 2019 en Sala 3; Materia Común, de octubre de 2019 hasta hoy en Sala 3, aunque ya no sea posible visitarlo; y Desbosque: desenterrando señales, en montaje suspendido y que esperamos podamos exhibir muy pronto en Sala 1. Es posible reconocer muchos elementos en común entre estos proyectos. En el MAC Lima, que estaba reafirmando sus vínculos con la comunidad, se desarrollaron estas tres propuestas que exploraban las maneras en la que nos vinculamos, comunicamos y entendemos el espacio en el que vivimos, entendiendo éste en reciprocidad con su entorno no-humano. Las tres exposiciones estaban trabajadas a partir de un elemento natural, como el agua, la tierra, o un organismos como los hongos, que luego era vinculado con particularidades conceptuales dentro de la propuesta. Tres tipos de elementos que funcionan como sustrato o material vinculante de otros elementos y cuya protección y valoración resulta fundamental en medio de la crisis medioambiental que se perpetúa.

Además, las tres instalaciones abordan temas como las relaciones del ser humano con el medioambiente, el paisaje y otros seres vivos. En el contexto pandémico actual, en el que esas interacciones han variado drásticamente, es posible y necesario repensar estas propuestas artísticas. Los proyectos evidencian las limitaciones de la comprensión humana de la naturaleza y proponen preguntas como: ¿Qué podemos aprender de aquello que llamamos naturaleza? ¿Cómo construimos con ella? ¿Cómo creamos conocimiento en el contexto del cambio climático? ¿Cómo contribuimos en la destrucción del entorno natural? ¿Cómo nos vinculamos con lo no humano? Asimismo, son propuestas de investigación interdisciplinarias que se nutren de conocimientos de la Antigüedad, de comunidades precolombinas del pasado, del pensamiento mágico sobre la tierra y de la “inteligencia” de las plantas. Oyendo a la naturaleza —al agua, a la tierra y a los hongos— estos proyectos proponen ampliar la visión sobre la supremacía de lo humano y establecer dudas válidas sobre la manera en la que hemos venido interrelacionándonos con nuestro entorno natural.

Ecosistema del agua fue el proyecto ganador de Primer Premio MAC Lima de Arte e Innovación 2019. La instalación fue diseñada por Ana Teresa Barboza y Rafael Freyre junto a Roberto Román (trabajo en piedra), Samuel Goicochea, Eber Goicochea y David Goicochea (tejido en junco y totora), Elizabeth Vásquez (cerámica) y Erick Malásquez (adobe). La propuesta replicaba el ciclo del agua y recuperaba conocimientos que las sociedades del Antiguo Perú adquirieron a partir del estudio de este sistema. Esta obra incluía materiales como el junco y la totora, así como plantas fitopurificadoras propias de los humedales de las Costa peruana. La instalación proponía entonces experimentar el fenómeno de captación y purificación del agua in situ. Al final de su recorrido, el visitante podía tomar el agua que había sido filtrada en la misma instalación e integrarse al ecosistema para continuar el camino de ésta. Las superficies de fibras de junco y totora fueron tejidas durante varios meses en el Museo, luego, el público visitante pudo recorrer esas mismas superficies mientras las fibras captaban el agua y continuaba el ciclo.

Esta instalación abría la posibilidad de reconocer las interrelaciones entre los humanos y los ecosistemas, especialmente los humedales de la costa peruana. Se superponían sobre ella varios enfoques, desde el conocimiento ancestral de los usos y sistemas del agua, el conocimiento científico del ciclo y el vínculo ritual con el agua, al tener la posibilidad de beberla dentro del recorrido. Al integrar a los seres humanos en el ciclo, se hace evidente cómo participamos continuamente de las transformaciones naturales del entorno, para comprender que no son fenómenos que vemos desde fuera, sino que somos parte de ellos y están directamente ligados a nuestros modos de vida.

Por su parte, Materia Común se planteó como una instalación para ser construida directamente en la Sala 3 del Museo. Se trató de un proyecto de lxs artistas Ximena Garrido-Lecca e Ishmael Randall Weeks con la curaduría de Jose Falconi. La estructura estaba inspirada en La Ciudad del Sol propuesta por el fray dominico Tomás Campanella en el siglo XVII, una ciudad que podría idealmente reunir todo conocimiento. Los artistas plantearon que la instalación con muros de tapial estuviera hecha de tierra ―parte de ella, tierra negra mágica de la localidad de Chilca al Sur de Lima― y de diversos periódicos de la ciudad que llegaban diariamente al Museo. Lxs visitantes podían participar de la preparación del papel para ser incluida en la estructura y de una lectura en voz alta de los periódicos. Esta narración, que acompañaba la construcción, estaba inspirada en los lectores de tabaquería en Cuba, quienes se encargan de leer para lxs trabajadores que están creando los puros con hojas de tabaco.

Además, lxs visitantes eran invitados a traer objetos como ofrendas para levantar los tapiales, contribuir en un proyecto común, y dialogar sobre cómo se construye el conocimiento contemporáneo, que rol cumplen los medios y de qué manera compartimos esa información actualmente. El público colaboró con todo tipo de ofrendas, desde documentos de identidad, billetes de diferentes países hasta fotografías personales, poemas o cartas dedicadas al propio proyecto. Convivimos con la construcción, vimos cómo se iban levantando los muros, escuchamos a lxs lectores y compartimos con lxs artistas, mediadores del museo y el público comentando los nuevos y fabulosos objetos que llegaban como ofrendas junto a las noticias del día. La instalación permitía así abrir interrogantes sobre nuestra capacidad de forjar una misma “materia común” y, en el camino, evidenciaba la pertenencia a una red ya existente, un ciclo de intercambio constante reflejado en su propia materialidad. Sobre la tierra y con la tierra construimos todo. Nuestra presencia, intercambios diarios, objetos e ideas marcan también esa tierra. Una estructura hecha de materia humana y no humana ―textos escritos, tierra, voz, imágenes y pensamientos generados a través de la narración― para dar cuenta de un todo integral.

Por su parte, la bioinstalación Desbosque: desenterrando señales, creada por FIBRA Colectivo ―conformado por Gabriela Flores, Lucía Monge y Gianine Tabja― en colaboración con hongos ostra, propone generar un espacio en el que los humanos experimenten la intensidad y dimensión de la deforestación de los ecosistemas amazónicos, a través de estímulos de luz y de sonido. Se trata, como ya había comentado de una exhibición que tenemos en la Sala 1 del Museo esperando culminar el montaje y recibir a los visitantes. Las esculturas, parte de la instalación, están hechas de micelio que da estructura a los hongos y cuyas ramificaciones, junto a las raíces de los árboles, componen las redes de micorriza, que los interconectan en un sistema subterráneo. Para la obra, los cuerpos de los hongos dejan la tierra y se ubican frente a los espectadores bajo la forma de elementos de comunicación humana: teléfonos, micrófonos, parlantes o radios. De este modo, afirman la necesidad de replantear la forma en que construimos las redes que nos relacionan como seres vivientes y que, ya debilitadas, han generado una grave crisis.

Desbosque surge así con la intención de aprender de tecnologías y saberes no humanos y unirse a los hongos para visibilizar la pérdida de los árboles replicando artefactos humanos. La instalación plantea otra forma de experimentar la información, los datos o cifras que estamos acostumbrados a recibir pero que ya no nos movilizan. Las alertas y la biotecnología conforman un sistema que representa el ritmo del desbosque para posibilitar una reflexión sobre las problemáticas que surgen por los desencuentros humanos. Se trata así de mostrar los componentes internos del bosque y presentar a los hongos, árboles y sus redes subterráneas como un modelo de comunicación y de generación de vínculos, para reconocer a estos organismos que mantienen una conexión sólida que posibilita la vida en el planeta que todos compartimos.

Estas tres exposiciones proponer crear espacios para pensar colectivamente en los vínculos entre lo humano y lo no humano, las consecuencias de la intervención humana sobre su entorno y nuestra capacidad de aprender de la naturaleza y de construir y crear juntxs. Lugares para compartir nuestros puntos de vista, para tejer, construir y crecer, para pensar a través de la experiencia y reafirmarla como instrumento de conocimiento. En el contexto pandémico actual, el MAC Lima tiene la oportunidad de repensar estos proyectos y reconocer la importancia de “escuchar” a los elementos naturales eje de estas tres exposiciones, para consolidarse como un sustrato productivo, un espacio que estreche conexiones y afirme relaciones, que establezca redes, fluido como el agua, sólido y fértil como la tierra (mágica) y capaz de transmitir conocimiento, comunicar e interconectar otros elementos, como ya lo hacen los hongos.

Muy pronto en la Lima de hongos, agua y tierra volveremos a los museos, esperamos sea la oportunidad de que se consoliden como espacios para repensar los vínculos entre humanos y no humanos y proyectar nuevas formas de convivencia, intercambio y aprendizaje.

Notas

  1. Las fotografías se pueden revisar en este portal web

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