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Opinión - México

Ochy Curiel, AFROntera

Tiempo de lectura: 21 minutos

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07.04.2022

Una conversación con Ochy Curiel: criticando el feminismo blanco, articulando contra las colonialidades constituyentes del mundo y cimarronando nuestras resistencias

En el marco de su visita a Index Art Book Fair en la Ciudad de México, la colectiva AFROntera conversa con la activista y teórica dominicana Ochy Curiel sobre esas posibles rutas contra-hegemónicas que rechazan de vuelta al feminismo blanco para luchar por la autonomía antipatriarcal, antirracista y decolonial desde Latinoamérica y el Caribe.

AFROntera es una colectiva fronteriza, afro, mestiza y anticolonial. Es un proyecto colectivo antihegemónico, periférico y antirracista, que se propuso como un ejercicio de fuga y encarnación a partir de las múltiples experiencias de sus integrantes, Waquel Drullard, Valeria Angola, Brenda Nava y Astrid Cuero, para imaginar mundos otros fuera de la razón blanca occidentalcentrada del capitalismo moderno colonial.

AF: Nos encontramos con una de nuestras referentes, quien nos ha ayudado a cuestionar cosas que dábamos por sentadas. Bienvenida a México, Ochy, que presentas tu último libro titulado Un golpe de Estado: La Sentencia 168-13, continuidades y discontinuidades del racismo en República Dominicana. Creo que la mayoría de nosotras en algún momento fuimos feministas sin hacer ningún matiz. El 8M del 2021, Día Internacional de la Mujer, nosotras presentamos el Manifiesto AFROntera, donde nos deslindamos del feminismo. El Manifiesto expresa que no tenemos ninguna certeza, sino preguntas. Preferimos abrir el debate y poner los temas sobre la mesa en lugar de universalizar discursos. Tenemos preguntas que queremos contrastar con tu pensamiento; esa es la invitación que te hacemos hoy.

Consideramos que la teoría feminista, independientemente de los diferentes apellidos que hay, es una teoría que nació de la modernidad, de la colonialidad del saber, en donde nosotras hemos insistido mucho en que tenemos que caber. Debimos apelar a la inclusión, a que el sujeto del feminismo no puede ser universal y que hay otras formas de habitar un cuerpo atravesado por lógicas del patriarcado blanco, del racismo. En esa lógica de la no-insistencia, dijimos no al feminismo y afirmamos que podemos ser antipatriarcales, antirracistas y decoloniales sin necesidad de enunciarnos desde ahí. Tú, como feminista decolonial y precursora del mismo en América Latina, ¿qué opinas de esto?

Ochy: Sabía que esa iba a ser la primera pregunta. (Risas) Somos sujetos históricos. Yo también entré al feminismo blanco universal donde pensábamos que todas las mujeres éramos iguales pero rápidamente empecé a ponerle apellido a ese feminismo que profesaba, precisamente por mi historia. Las bases del feminismo decolonial construyen corrientes críticas hacia esa universalidad. Soy feminista con apellido, y muchos apellidos. Cuando me enuncio antirracista, lesbiana-feminista, autónoma, antimilitarista, anticapitalista, me ubico en un lugar de oposición dentro del mismo feminismo. Son muy pocas las propuestas políticas que han sido autónomas en nuestra experiencia porque la modernidad nos cruzó. No estoy esperando que compañeras —como hace el feminismo blanco— se asuman como feministas, no importa. Lo importante es cuál es el proyecto político que hay detrás de todo esto. Tampoco actúo políticamente sólo hacia el género, el racismo ha sido fundamental para mí durante todo mi activismo, es lo que ha propuesto el feminismo negro.

AF: Es hacer genealogía. De dónde y cuáles son los caminos que una ha transitado. AFROntera, como colectiva, hemos sufrido algunas cancelaciones, ataques, porque hay ciertos sectores que consideran que el feminismo es un lugar que no replica ni reproduce violencia y que dejar de nombrarse feminista es negar la historia. Nos han dicho “si hoy puedes hablar, escribir, es gracias a muchas mujeres feministas”.

Ochy: Se olvidan de una genealogía distinta, muchas podemos escribir no por el feminismo, sino por las luchas cimarronas históricas que hemos tenido en nuestros países. La lucha anticolonial sucedió antes de que el feminismo llegara a estas latitudes, y esa es la genealogía que nos interesa enfatizar. Un elemento clave es precisamente hacer otra narrativa de nuestras luchas.

AF: ¿En qué medida, dentro de las conquistas del feminismo, ha habido una conquista real para las mujeres y grupos racializados? La representación está estrechamente ligada con la lógica de la interseccionalidad y de la multiculturalidad. Hemos sido víctimas de esa representación porque la hemos pedido, hemos participado en grandes medios de comunicación, nos han fotografiado y siempre terminamos con una sensación amarga de ser tokenizadas, terminamos posando en estas imágenes desde el lugar que el poder nos ha dado, simplemente aparecemos. ¿Tenemos que seguir luchando desde ahí?

Ochy: Empecemos por problematizar la representación, más que darla por sentado. Ser negros, indígenas, mujeres, trans, las categorías que movilizamos políticamenre son producto de la modernidad. Siempre digo que quien nos hizo negras fue el sistema racista, quien nos hizo mujeres fue la lógica patriarcal, quien nos hizo lesbianas fue la lógica heterocéntrica; a partir de ahí, la mayoría de los movimientos sociales nos hemos ido por una lógica identitaria, no obstante, la modernidad-colonialidad nos produjo. La modernidad pone nuestras subjetividades e historias en una paradoja, no estamos fuera de ella, sino dentro.
La representación es importante porque siempre se ha negado nuestra imagen e historia. ¿Hacia qué lugares vamos a demandar un tipo de representación? Depende de tu proyecto político. Más allá de que esos medios utilicen tu imagen e historia para hacer una especie de multiculturalidad global, están “permitiendo” a los indígenas, a la gente afro, a las disidencias sexuales, estar siendo representades. Eso es lo que hace el multiculturalismo liberal, por eso hay una especie de extractivismo de la imagen para mostrarse más abierto al tema de la diversidad. Y la diversidad y la inclusión sabemos que son una trampa, el reconocimiento de la diversidad y hacer políticas inclusivas no necesariamente termina con los sistemas de poder.
El tipo de representación que nosotras tenemos que buscar tiene que ser con base en una genealogía histórica de lucha contrahegemónica-cimarrona que nos permita dignidad. No buscamos la representación entre nosotres que ya tenemos cierta conciencia política, sino impactar en una sociedad. La representación es una pequeñísima parte de todo lo que tenemos que hacer.

AF: Una representación sin un proyecto político detrás no significa más que asimilación y captura dentro de la colonialidad del poder, del saber y del capitalismo, donde los cuerpos racializados, maricas, heterodisidentes son cooptados para poder incluirse en una lógica de cuotas para que el sistema se vea modernizado, reactualizado, progresista, pero nuestros cuerpos siguen sin ser importantes, ni centrales, ni llorables.

La representación solamente se puede entender en un paradigma democrático, liberal y republicano. Pienso en nuestras ancestras cimarronas que nunca aspiraron a tener un cuarto en la casona ni un pedazo de tierra en la plantación sino que imaginaron una cosa otra que se escapaba de la colonialidad. Hicieron un quilombo, un conuco, un palenque. Se reunieron entre ellas y construyeron algo que ahora falta de un concepto para poder llamar, que se escapa del entendimiento del blanco, del amo y la ama.

La representación es una trampa, como algo mágico, que hace pensar que el sistema está cambiando, que esta vida es posible, pero terminamos reproduciendo lógicas del sistema sin generar ningún proyecto de transformación. Lo único que nos queda es resistir.

Ochy: La modernidad-colonialidad es una gran paradoja en nuestras vidas; nosotres no estamos fuera de ella. La representación, como todo, tiene diferentes maneras de entenderla y diferentes maneras del hacer. La representación que hacemos trata de desenmascarar cómo funcionan las lógicas y sistemas de poder, a diferencia de la representación que busca incluir una diferencia: la gente negra, la gente indígena, la gente trans, las mujeres, etcétera. Es la cuota que le da una supuesta apertura, ¿para qué? Para el mercado, porque la diferencia hoy es vendible.

AF: Cuerpos a ser consumidos.

Ochy: La mayoría de las palabras y conceptos que, inclusive nosotres decoloniales, utilizamos son modernas. ¿Cómo es que vamos a darle la vuelta a todo esto? Colocándonos en un lugar de oposición y provocando otros lugares, otras genealogías, otras referencias como el quilombo, como el cimarronaje, etc., pero recordemos que el cimarronaje no estaba fuera de la plantación. Es en ese sistema que se puede dar una resistencia desde dentro. Por eso lo decolonial es tan difícil, no es una cosa absoluta. Tenemos que lidiar con todo esto, buscarle otro significado, buscar otras genealogías, otras maneras en cómo se entienden las cosas…

AF: Es habitar la contradicción.

Ochy: Pero no solamente habitarla sino superarla. ¿Cómo se hace política decolonial? Entendiendo la contradicción, yo creo que la lógica cimarrona o palenquera nos da pistas para ubicar espacio, construcciones colectivas que superen esa vaina. Eso es lo más difícil para nosotres, porque la mayoría trabaja en las universidades, el Estado, las ONGs, que son los grandes pilares de la colonialidad. ¿Qué es ser decolonial? Es buscar y vivir en la contradicción, pero también buscar esas fugas que construyan otra manera de entender y habitar lo social a nivel general. Creo que hay representaciones distintas y que no sólo está ligado a lógicas de democracia liberal, son importantísimas incluso para nuestros propios movimientos. Lo que nos interesa representar no necesariamente pasa por el Estado, la academia, ni por las empresas sino que está dentro de nuestro propio proyecto político.

AF: Esto nos lleva a pensar en las líneas de fuga, en cómo podemos construir y contar historias que no necesariamente se escriben dentro de las colonialidades. En el auge del feminismo blanco y del movimiento antirracista, que ha sido un movimiento con tendencias coloristas, en donde parecería que hay sujetos que son más válidos que otros. No nos encontramos ahí, porque los discursos son cada vez más prefabricados, cooptados por ciertos sistemas y reproducidos por los mismos movimientos sociales. Nos han dicho: Tú no eres tan negra, tu cabello no es rizado, no pareces indígena, hablas español, estás en la universidad, tus preferencias sexuales son heteropatriarcales… ¿Qué tanto las identidades nos están separando? Para nosotras la lucha es integral, no podemos quitar el antirracismo del objetivo de destruir al patriarcado, ser antipatriarcal es ser antirracista, anticolonial, el sujeto político no debería de superponer al género, a la raza o a la clase, va junto.

Ochy: Los nuevos movimientos sociales están fundamentalmente basados en la identidad. No es que las identidades no sean importantes, a partir de cómo éstas te construyen, tú te posicionas desde ahí. Yo creo que eso es para lo único que sirven las identidades. Lo que pasa es que no hay una identidad absoluta, somos muchas cosas a la vez, lo llevamos diciendo las negras desde hace mucho tiempo. La política identitaria segmenta un proyecto político porque prioriza la identidad que tú crees que es tuya, pero esas diferencias la colonialidad las coloca como “tú eres fundamentalmente mujer”, o eres “fundamentalmente indígena”, y los movimientos sociales se han articulado desde ahí. Esa ha sido una trampa de la colonialidad, de la cual nosotros también hemos sido parte.
No creo que la lucha antirracista debe ser sólo de gente negra, indígena o descendiente, la gente blanca puede ser antirracista, pero una cosa es el discurso y otra el tener que callarte cuando te tienes que callar. Significa reconocer un privilegio en este tipo de sociedades patriarcales. No hay posibilidad de entablar una lucha frente al racismo siendo capitalista, siendo militarista, sexista o clasista. Nuestro aporte como decoloniales es llevar este tipo de reflexiones para no caer en fragmentaciones, por eso ya no creo en el separatismo, sé las implicaciones que tuvo en mi vida y en mi política, es una trampa; sobre todo para aquellas que pensamos que es posible una transformación profunda. No podemos segmentar el pensamiento, la realidad es integral.
El tema del colorismo es una apuesta importada de Estados Unidos. Es un debate importante para poder entender las relaciones sociales raciales, cómo es que se dan en contextos distintos. ¿Cómo se entiende el racismo, la racialidad, en Estados Unidos, en México o en el Caribe? Son diferentes contextos que dan distintos elementos de cómo se construye el racismo.
¿Cuál es el sujeto que debe cumplir ciertas condiciones para nombrarse afro, negra o antirracista? Es lo que está afectando a muchos movimientos, creo que eso no es entender cuáles son las características particulares de Abya Yala, no podemos hablar de una negritud absoluta, porque se han dado procesos distintos que habría que caracterizar según la historia, la experiencia, la genealogía. Hay que evidenciar la complejidad de la negritud en la región para también desnaturalizar sus posiciones coloristas.

AF: ¿De qué manera crees que los feminismos negros, antirracistas y decoloniales cuestionan el reformismo del feminismo? ¿Crees que seguir utilizando esa categoría “feminista” para nombrar genealogías de resistencia y pensamiento, desde las mujeres racializadas, indígenas, negras, sea reproducir la misma razón blanca-colonial o crees que realmente los feminismos negros antirracistas plantean otro tipo de disputas y rupturas, cuáles serían esas? En ese mismo sentido, ¿por qué crees que muchas mujeres racializadas todavía apuestan por nombrarse feministas negras, antirracistas o decoloniales? ¿Qué es lo que pueden encontrar ahí y por qué crees que le siguen apostando a sistematizar esas prácticas políticas y conocimientos? Somos una colectiva joven, tenemos mucho entusiasmo, pero al mismo tiempo tenemos muchas dudas, porque estamos siendo parte de gozar un legado de resistencia desde las mujeres negras y antirracistas que nos antecedieron y que es fundamental reconocerlo, pero al mismo tiempo intentamos abrirnos camino en un mundo que ya se proclama políticamente correcto, inclusivo, interseccional, incluso antirracista, pero que tal vez está siendo más racista que nunca. En este contexto, ¿Consideras que estos discursos y luchas disidentes se han ido despolitizando?

Ochy: El feminismo decolonial se alimenta del feminismo negro al abordar una apuesta por todos los sistemas de poder. Cuando se encuentran los aportes del feminismo negro con el giro decolonial lo que nos permite es articular la matriz colonial de lo que ya entendíamos como la matriz de dominación. No son solamente conceptos sino una acción política, en donde necesariamente tenemos que hacer una genealogía, pero fundamentalmente actuar sobre eso; y para mí eso es lo más revolucionario.


No todas las feministas negras necesariamente son decoloniales. Hay feministas negras que se sitúan en una política de identidad, aunque sea compleja. Para nosotras, feministas decoloniales eso no es suficiente. ¿Quién capta de mejor manera esa identidad? No es casual que muchas feministas negras se pongan el apellido de decolonial, eso si bien retoma parte de los aportes fundamentales de ese feminismo negro dentro de la matriz de opresión, la complejiza y es una acción política más compleja y no se basa en la política identitaria.
Muchas feministas negras se limitan al tema de la interseccionalidad de forma identitaria sin entender que hay una matriz de opresión que es particular que no solo nos afecta como negras y mujeres, sino en un sistema mundo a nivel general. La interseccionalidad es una especie de multiculturalismo liberal, busca reconocer a la diversidad, la diferencia, pero hay que contextualizar de dónde viene la interseccionalidad, que se levanta desde un espacio liberal.
¿Desde qué lugar decolonial me sitúo yo? Mucha gente cree que soy académica, pero siempre he dicho que doy clases en la universidad, pero lo decolonial, ese pensamiento que nosotras tenemos desde GLEFAS, lo hemos hecho en el movimiento, y lo hemos llevado a la academia. No para que hagan revoluciones decoloniales porque en la academia no se hace eso, sencillamente para que tengan otros referentes. Nosotras hacemos decolonialidad, no nos quedamos en una academia acartonadas llevando la teoría. Muchas feministas decoloniales que están en la academia no son antirracistas, por eso me gusta decirme feminista decolonial antirracista, como un elemento clave de mi política. No es suficiente analizar que el racismo es parte de la colonialidad, eso es pura teoría.
El feminismo negro es eminentemente un lugar de oposición al feminismo blanco, en sus teorías, en sus maneras, en sus lógicas de pensar. Eso no tiene que limitarnos para crear otras categorías, lo decolonial es imaginar otras categorías que nos permitan salir de estos pesos históricos que tenemos. Es lo que se llama el desenganche epistemológico, ¿cómo es que vamos a crear una categoría que nos permita contener el proyecto político en el cual creemos hoy? Somos sujetos históricos, es importante recuperar nuestra propia historia y el feminismo negro ha sido parte de la historia de personas marcadas como mujeres afrodescendientes. Yo sí recupero la categoría pero con todos estos apellidos que se amplían cada vez más. Quizá algún día encontremos una categoría que articule todas, tal vez no, tal vez tenemos que seguir poniendo comas.

AF: También nos sentimos parte de un escenario político donde, por un lado, hay un feminismo trans excluyente que se ha vuelto viral con una lectura esencialista del patriarcado, pero al mismo tiempo también hay un purismo blanco-burgués-clasemediero que también ha ganado mucho espacio y que parece la otra cara de la moneda de ese terfismo. Esa blanquitud que nombra como cis-privilegiados a las personas racializadas–hombres y no le da profundidad al peso de la raza y la clase en esos sujetos que sólo se ve como cis.

Ochy: Es un feminismo de derecha ampliamente. Me sorprende que después de un debate tan álgido sobre el tema de la construcción social, del biologicismo, del determinismo biológico, vuelvan a él en este momento de la vida. Lo que más me preocupa es que es mucha gente joven, como una reactualización de estas posiciones de derecha. Y obviamente son racistas, la mayoría, ve a ver si alguna de ellas está en un proyecto antirracista, ¡no les interesa! Otra vez, por la centralidad del género. Un género vaciado de racialidad, de clase, inclusive de geopolítica.

AF: ¿Qué piensas de la categoría patriarcado? ¿Crees que esa categoría sigue teniendo una funcionalidad política, en medio de la disputa por visibilizar a los sujetos disidentes? ¿Crees que ponerle ese apellido colonial al patriarcado tiene sentido?

Ochy: Sobre la funcionalidad política del patriarcado como concepto hay una propuesta de las feministas materialistas que es pensar más en relaciones sociales que en sistemas cerrados. Esto es complicado, porque nosotras hablamos del sistema colonial, pero cuando metemos el análisis racial, de clase, no podemos seguir pensando en un concepto que se llame patriarcado, donde se asume que hay un sector de la sociedad que es el victimario, que son hombres, y otras que son las víctimas, que son las mujeres. Habría que preguntarse si para el concepto de racismo cabría también este análisis. Pienso más en “relaciones sociales racializadas” porque creo que debemos particularizar, etnografiar cómo y a qué se dan ese tipo de relaciones sociales. Lo cual no quiere decir que no es sistémico ni coyuntural, por ello todavía no me cierro a desechar totalmente el concepto. Me abro a la propuesta materialista de pensar en relaciones sociales, porque nos permite no universalizar, pero sí hacer análisis sistémicos. Cuántos más apellidos le ponemos al patriarcado mejor, nos da la posibilidad de poder entender cambios en términos históricos.
La pregunta sería, como hace Lugones, ¿Cuándo surge el concepto mujer? ¿A partir de dónde? ¿Cuándo podríamos decir que ha existido, que surge el patriarcado como un sistema en términos históricos? Es un ejercicio de etnografía histórica que nos conviene hacer. Todo esto lo pondría entre comillas porque también quiero hacerme esa pregunta en torno al racismo y el heterosexismo ¿podríamos hablar de sistemas, como se ha dicho del patriarcado? Hay debates que no pueden estar cerrados, en la medida que aclaremos qué decimos, por qué, en qué momento, nos lleva a irnos a otro lado y no desgastarnos en estos debates de conceptos. Las categorías se pueden utilizar siempre y cuando sean contextualizadas, esa es mi postura al día de hoy.

AF: Totalmente, siguiendo el pensamiento de las feministas tercermundistas —Chela Sandoval, Anzaldúa, Norma Alarcón— es como tener la política de la ubicación, entendiendo que tienen una geolocalización, una historia concreta y singular que no es universal. Lo que Donna Haraway llama conocimiento situado, pero es un pensamiento fronterizo, chicano, que generalmente se coloca en este pensamiento blanco, burgués y de esa colonialidad del saber que muchas veces se escucha solamente cuando vienen ciertos cuerpos. ¿Cómo inventamos otras formas de existir que se escapen de las nomenclaturas blancas? Este pensamiento categorial, que es muy propio de la academia también, fragmenta y al fragmentar construye identidades que son difusas desde su fundación.

Me gustaría enfatizar dos cosas. La primera es, desde el concepto de María Lugones sobre la colonialidad de género y nuestro manifiesto en donde nos deslindamos del feminismo porque nos parece que siempre coloca al centro un sujeto mujer o femenino, pero nosotras creemos que el sujeto revolucionario no es la mujer sino que es más complejo. Nos damos cuenta que el feminismo comunitario o decolonial, que respetamos y del que hemos aprendido, traen al centro este sujeto particular que luego incluye. Desde esa lógica de pensamiento del sumar no puede ser el punto de partida para construir nuestros movimientos, sino desde una imbricación, desde un sujeto difuso en sí mismo.

Cuando hay un sujeto difuso que no es claramente mujer, gay o negra, es muy difícil que sea asimilado y reterritorializado por la colonialidad y la modernidad. La modernidad y la colonialidad sólo puede asimilar lo que es entendible en la matriz de la heterosexualidad como régimen político. Cuando somos muchas cosas tenemos la oportunidad de ser inatrapables. Pensando en Deleuze y Guattari, donde mencionan que en vez de ser un árbol, con raíces y copa identificables en una lógica vertical, podemos ser un mapa, en donde no sabes por dónde empieza, estando aquí y allá al mismo tiempo. La gente cree que la línea de fuga la inventaron los franceses pero yo creo que se lo inventaron les cimarrones.

Ochy: Y no solamente lo inventaron, lo hicieron.

AF: Y no era teoría, no lo escribieron en papel, lo hicieron en la práctica. La línea de fuga es una práctica antirracista y de cimarronaje. ¿Es posible abandonar estas categorías? Yo me lo pregunto a diario, yo no soy un hombre, nunca he habitado la masculinidad, ¿Es posible abandonar el ser hombre? ¿Abandonar completamente la categoría de ser mujer, entendiendo que el género es una categoría propiamente humana y colonial?

Nos hiciste una invitación a crear la categoría que nosotras queramos, que se contrapongan con ese pensamiento categorial. Pienso en la existencia cimarrona, entendiéndola como un sujeto difuso que habita la frontera como un dolor pero que desde dentro resiste, no forma parte y al mismo tiempo forma parte.

Ochy: Tenemos que salir y fugarnos de esas categorías que son binarias, racistas, clasistas, etc., pero no olvidarlas por completo porque nos permiten hacer una genealogía histórica. El pensamiento social no puede estar sin categorías para poder explicarlo. Hay que explicar, contextualizar, situar, a qué me refiero cuando digo equis categoría. Creo que hay categorías identitarias que todavía nos sirven, porque nos permiten vernos como la colonialidad nos ha hecho. Acerca de la existencia cimarrona, nosotras hemos trabajado mucho esto en GLEFAS, en las escuelas decoloniales, damos el cimarronaje no solamente como momento histórico durante la colonia, sino desde la filosofía cimarrona. Esa filosofía que si bien surge de la plantación, propone fugas intelectuales, físicas, geográficas, económicas, etc. y eso es a lo que debemos apuntar. Lo cimarrón nos permite reconocernos en una historia que es cercana a nuestras antepasadas, la fuga significa no solamente estar disputándonos en el sistema colonial sino crear otra cosa. ¿Cómo es que pensamos esta manera cimarrona? ¿Qué nos enseña de nuestros antepasados que no puede quedarse en una anécdota de resistencia? En la isla, de donde todos somos, hay cimarronaje todo el tiempo. ¿En qué medida tenemos la capacidad de reconocer eso como parte de esa resistencia histórica que está viva? Hay mucha gente que ha pensado el cimarronaje como esa posibilidad, la utilice como categoría o no, que yo lo pensaría más como propuesta política que nos permite ver la contradicción en el sistema colonial, al tiempo de fugarse del sistema colonial.

Hay otras propuestas como las llamadas ontologías relacionales, no tienen que ver con esta lógica fragmentada y separatista de la realidad, sino cómo todo forma parte y las indígenas de aquí me han enseñado muchísimo. Las compañeras mayas nos han enseñado cómo lo decolonial tendría que basarse en esa ontología relacional; es un gran reto, tampoco lo tenemos terminado pero por lo menos el hecho de pensarlo como posibilidad ya nos abre otro mundo al tiempo de recuperar y crear.

AF: Si bien es cierto que algunas hemos decidido abandonar categorías para habitar otros mundos y posibilidades no significa que estamos peleadas con quienes resisten desde ciertas categorías; la resistencia tiene diferentes formas. Algunas nos desplazamos a ciertos lugares y otras a otros espacios y eso es muy político. María Lugones habla de coaliciones, podríamos también construirlas.

Ochy: Es urgente y fundamental crear coaliciones. Como diría Fanon, los condenados del mundo son nuestra apuesta, no queda de otra, el mundo está muy cabrón y cada vez tenemos que empezar a debatir sobre ese proyecto que tenemos que fortalecer porque sino nos va a llevar la mierda.

AF: ¿Cuál es el proyecto político? ¿Cuáles son los elementos que podríamos enlistar?

Ochy: Un proyecto político es lo que yo sueño, cómo quiero el mundo. Yo particularmente quiero un mundo donde no haya racistas, clasistas, sexistas, misóginas, nacionalistas, de derecha, que ha implicado quitarle la dignidad a tanta gente afectada por estas lógicas de poder. Quiero que la gente viva en dignidad, que no haya fronteras. Vivir en felicidad, que la música sea central en nuestras vidas, que no tengamos que estar jodiendo para encontrar un trabajo, que el conocimiento esté en la academia como que no esté –es más, si podemos desaparecer la academia mejor. Y ser felices.

AF: Muchas gracias por esta entrevista, gracias por estar aquí. Nuestro objetivo es construir nuevos horizontes que se fuguen de todas estas colonialidades que habitamos. Gracias Ochy.

Para escuchar la entrevista completa, visita la siguiente liga: https://bit.ly/3uK4Dmp

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