Reseñas - México

Mónica Ramírez

Tiempo de lectura: 8 minutos

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02.06.2018

Elementos de belleza: Carla Zaccagnini en Ladera Oeste, Guadalajara, México

por Mónica Ramírez, Guadalajara, Jalisco, México
17 de marzo de 2018 – 9 de junio de 2018

Elementos de violencia: una imagen nunca es sólo una imagen

La premisa

Estamos en marzo de 1914 y la tranquila Venus del espejo de Velázquez descansa en la National Gallery de Londres. Intocable, se regodea viendo las caras de los asistentes impresionados ante ella.

La sufragista Mary Richardson asiste al museo, se acerca y la acuchilla. Siete cortes en el cuerpo desnudo de Venus. ¿La manera en que lo logró? Escondió un cuchillo de carnicero en su manga, y mientras fingía que hacía un bosquejo sobre la pintura, la mutiló.

La Venus está impresionada, la gente que la admira en shock, no entienden por qué una pintura de la calidad técnica del maestro Velázquez puede ser acuchillada de esa manera.

La situación se repite en distintas ocasiones con distintas pinturas de grandes maestros. ¿Quiénes son estas mujeres –quizá deberíamos llamarlas monstruos– que se atreven a destruir este gran arte? Nadie se da cuenta de lo más evidente, ni las propias pinturas están conscientes de su propia violencia.

Demos un brinco en el tiempo. Estamos ahora en el 2018, han pasado 110 años desde aquel atentado y la artista brasileña, Carla Zaccagnini, en su instalación Elementos de belleza: un juego de té nunca es sólo un juego de té, se ha dado a la tarea de hacer un recuento de todas estas obras que sufrieron ataques de las sufragistas entre 1913 y 1914.

Presentándose en Ladera Oeste en la ciudad de Guadalajara, México desde el 18 de marzo. La instalación está compuesta por la representación del perímetro de las 29 obras que a principios del siglo XX atacaron aquellas pioneras en la lucha por los derechos de la mujer. Los huecos son acompañados por una audioguía en la que la artista habla de las obras y los sucesos que rodearon los ataques, permitiendo entender la acción sufragista de acuerdo a aquello que tenián en común cada uno de estos cuadros atacados: la denigración simbólica a la mujer. Eran imágenes asumidas a lo largo de los siglos por la imperante mirada masculina.

La pregunta

Al entrar a la exposición surge inmediatamente la pregunta: ¿qué es lo qué estamos viendo? O mejor dicho, ¿qué es lo que no estamos viendo?

Ver las piezas de Carla Zaccagnini es presenciar los cadáveres de los cuadros, esos que ya no están, que ya no existen, cuadros de los que sólo queda su silueta.

No podemos dejar de pensar en el acto cometido por las sufragistas de violentar físicamente los cuadros de los grandes maestros del arte, sin hacer un paralelismo con los iconoclastas cristianos del siglo XVI, quienes en su búsqueda de no representar lo divino y, sobre todo, de ser coherentes con el discurso de humildad, quemaron, rompieron y destruyeron todos los cuadros que pudieron.

Y es que los atentados de las sufragistas no eran contra el arte en sí mismo, sino contra aquellas representaciones que violentan a las mujeres desde la imagen porque, como ha dicho la crítica feminista posestructuralista desde los setentas: no podemos pensar en imágenes sin pensar en ideas, es decir, tanto la imagen como la idea son simultáneas. Y en el gesto de destruir estas imágenes se encuentra también el gesto de destruir esas ideas que las crearon.

Con Carla Zaccagnini este discurso de iconoclastia es llevado a un nivel más allá, no existen si quiera tales cuadros, si acaso sólo encontramos un fino rastro de lo que eran. En la exhibición se muestra el propio contorno de cada cuadro, evidenciando el vacío de estas obras de acuerdo al contexto de la lucha por los derechos de las mujeres. De esa manera, Zaccagnini evita hablarnos de los cuadros, manteniéndolos en blanco, y mejor prefiere hablarnos de esas mujeres que buscaron acabar con la violencia que las imágenes representaban.

Mujeres así encontramos muchas en la escena cultural de Guadalajara. Más de 100 años después, este tipo de acciones son todavía vigentes y necesarias.

Un caso

Estamos en marzo, en la ciudad se empiezan a organizar marchas en conmemoración del día de la mujer. Se siente, más que en ningún otro mes, esa vibra de la exigencia a las autoridades por vivir en un lugar seguro donde se respeten las garantías individuales de todas.

A mediados del mes se inaugura una exposición con apenas un día de diferencia a la exposición de Zaccagnini. El Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara (MUSA), presenta Hembras, una exposición que busca “homenajear” a las mujeres. Dentro de sus salas se montaron 39 piezas en donde los artistas Juan Carlos Macías y Víctor Hugo Pérez representaron su iconografía personal de cómo ven a las mujeres: imágenes de “hembras” con características físicas animales, con seis pechos o patas. Un dibujo, por ejemplo, muestra un cuerpo perruno con cabeza de mujer y una copa en la mano/pata con la leyenda “hoy me pondré mi vestido de perra”. En otro de los dibujos vemos a una mujer desnuda en una bicicleta marca nos saliva.

¿Qué tipo de homenaje buscaba darnos el MUSA a las mujeres de Guadalajara siendo representadas por dos hombres, en lugar de abrir el espacio para las mismas mujeres? ¿Qué significa para las mujeres ser representadas por hombres en el museo? ¿No es acaso esa situación la que cien años atrás hizo que las sufragistas intervinieran las pinturas? Situación que, a unos pocos kilómetros de dicho museo, Carla Zaccagnini hace presente con sus obras.

Recordemos que la creatividad artística de las mujeres era uno de los argumentos por lo que la oposición nos negaba el voto a las mujeres a principios del siglo XX, como nos recuerda la artista y sufragista Mary Lowndes en The common cause: “¿Cuántas veces se nos ha recordado, de vez en cuando, en conversaciones, en discursos, en folletos que nuestro sexo no ha producido ningún Miguel Ángel y que Rafael fue un hombre?” ¿Cómo dudar de las razones por las que hay pocos nombres de mujeres artistas en la historia del arte si a cien años de haber dicho esto, instituciones públicas prefieren darles espacio a artistas hombres para “homenajearnos”?

Como consecuencia a la exposición, como pasó con las sufragistas en el siglo XX, un grupo de mujeres crea la Liga de Artistas y Creadoras (LAC); esta liga empezó a tomar acciones reuniéndose periódicamente para pensar cómo acabar con este tipo de violencias machistas y el 13 de mayo de 2018 tomaron su primera acción pública haciendo una intervención en el recinto donde se albergan estas piezas. Esta protesta fue conformada por una serie de textos escritos por las integrantes de la Liga, los cuales se leyeron en un recorrido guiado a toda la gente que se quiso acercar.  

Las integrantes de la LMC nos dijeron: “Nos cubrimos todas aterradas, porque a veces no nos queda de otra y no por pudor, pero, por suerte, ya llegaron estos galantes caballeros a encuerarnos para rescatarnos. Y este es nuestro homenaje. No lo hicimos nosotras para nosotras, no estamos calificadas (tal vez porque lo hubiéramos hecho distinto y eso no les importa a quienes nos homenajean como les da su chingada gana)”.

Pensemos en estas dos escenas en la misma ciudad: En el Museo de la Artes, se muestran las pinturas creadas por hombres celebrando, violentamente, a las mujeres y se ignora a las mujeres artistas que se han manifestado contra la exposición y lo que representa. Por otro lado se presenta la exposición de Carla Zaccagnini, Elementos de belleza: un juego de té nunca es sólo un juego de té en Ladera Oeste. La artista decide ignorar los cuadros de los artistas que pintaron violentamente a las mujeres y en cambio celebra a las mujeres artistas que se manifestaron en contra de este tipo de representaciones.

Durante el recorrido de la exposición, Carla Zaccagnini nos cuenta la siguiente historia:

Volvemos a 1914, apenas unos días después del atentado contra la Venus de Velázquez, la sufragista Frieda Graham entra a la sala Veneciana de la National Gallery y ataca cinco cuadros de Giovanni Bellini entre los que se encontraba The assassination of Saint Peter Martyr.

En este cuadro, San Pedro es asesinado por una daga enterrada en el pecho en oposición a la representación tradicional de su muerte que es una daga cortándole de tajo la coronilla. En el fondo aparecen hombres cortando árboles con hachas.

Aquí Zaccagnini nos hace la siguiente reflexión. La imagen es apuñalada en tres dimensiones diferentes: es apuñalada desde el plano físico cuando la madera se corta para hacer el panel, es apuñalada en la representación cuando los leñadores que aparecen en el fondo cortan los árboles y cuando le entierran una daga en el corazón a San Pedro, y finalmente es apuñalada en el discurso cuando Frieda Graham le da un hachazo a la pintura.

¿Qué representa para una imagen ser apuñalada? ¿Qué es lo que realmente se apuñala cuando una imagen se violenta en alguna de sus dimensiones? Las sufragistas apuñalaron las imágenes que nos violentan desde el plano físico, como Carla Zaccagnini lo hace evidente, mientras que la Liga de Artistas y Creadoras apuñalan la imagen desde lo simbólico, acuchillando el discurso.

Hace cien años las sufragistas sabían que al atentar contra las “verdades” del museo, atentaban también contra las estructuras que sustentan los discursos políticos y económicos que subyacen a estas instituciones.

En el 2018 poco ha cambiado esta situación y la Liga de Artistas y Creadoras sabe que al intervenir el discurso de los artistas que el museo sustenta, atentan también contra sus estructuras machistas. Se escuchó el 13 de mayo entonces: “Que quede claro, que las imágenes y el lenguaje no son neutrales, tienen una dimensión simbólica. [Sus] conceptos son una continuación de estereotipos, formas de ver y representar a esos otros.”

Así, de la misma manera que Carla Zaccagnini nos recuerda, rememorando a las sufragistas, en Elementos de belleza: un juego de té nunca es sólo un juego de té, aquí en Guadalajara nosotras decimos: una imagen nunca es sólo una imagen.

 

 

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