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15.10.2021

"El mural" (2017) por lalulula.tv

Proyector presenta a lalulula.tv, un archivo de videos que trabaja desde 2010 con un enfoque curatorial que investiga el fenómeno de la presencia del arte contemporáneo en los principales medios de comunicación. Una colección de estereotipos y clichés que da forma al imaginario popular sobre el mundo del arte que para esta ocasión nos presenta la película «El mural» (2017) para reflexionar sobre los límites entre ficción e historia del arte.

2017, video HD, 1:51
Ve la película completa a través del canal de lalulula.tv

La traición de la imaginación
Cuando hablamos de futuro, no sólo nos referimos a un mero momento temporal, sino también a las historias, los cuentos y la imaginación que se precisan para pensar lo impensable.
Había una vez un mural perdido, olvidado en el sótano de la mansión de un magnate Argentino. Dicen que fue hecho por un artista mexicano que estaba refugiado en tierras sureñas. Ayudado por un grupo de jóvenes artistas de la región, utilizó técnicas e ideas que no se conocían hasta entonces en aquel país y que no volverían a repetir.
“Ficción” es un sinónimo para imaginación, y este cuento del mural olvidado da pie a una de mis películas favoritas. Estrenado en 2010, el largometraje astutamente titulado El mural dirigido por el argentino Héctor Olivera, no es un film merecedor de un Óscar (como si eso significara algo) pero tiene eso que a mi me encanta y que colecciono desde hace 11 años en www.lalulula.tv: un tremendo melodrama.

El cuento que retrata dicho documental está “basado en hechos reales”, o sea, en muchos chismes y rumores. Los hechos son los siguientes: Siqueiros en los años treintas aprovecha la oportunidad que le da el convertirse en un perseguido político y hace un tour sudamericano.

Bajo el nombre ficticio de Sr. Suárez, Siqueiros llega en 1928 a Uruguay. Durante la estadía en Montevideo, Siqueiros se enamoró de Blanca Luz Brum, una poeta muy joven y hermosa quien también tenía afinidades con la izquierda política. Regresan a Mexico y viven un par de años en dicho país. Luego él estuvo cinco meses preso, perdieron un hijo y fueron deportados a Los Ángeles en donde permanecerían el año 1932 y donde se casarían. Pero la relación entre ambos era trágica, un amor apasionado según dicen los documentos, de enorme violencia, golpes y alcohol, lo que hizo que ella planificara una separación, lenta pero segura.

Estados Unidos les niega la renovación de la visa, por lo cual no les queda más opción que regresar al sur. Dicen los historiadores que ella organizó para Siqueiros actividades en Montevideo y Buenos Aires, con la esperanza de deshacerse de él al llegar allí. En Buenos Aires, Siqueiros escribió una larga serie de artículos sobre arte y revolución para el diario Crítica (el periódico de más venta en Argentina), y más tarde el propietario del diario, Natalio Botana le pidió que le pintara un mural en su casa.
El trabajar para una persona como él, si bien resolvía sus dificultades económicas, lo ponía en un conflicto ideológico: era trabajar para la oligarquía local, y además había que hacerlo en una especie de sótano en su residencia privada. Para realizar el mural Siqueiros contrató cuatro jóvenes aristas que ya se destacaban en el contexto local: los argentinos Lino Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino y Antonio Berni, así como el uruguayo Enrique Lázaro.

Y si bien ya tenemos plena telenovela mexicana en marcha, aquí es cuando el cuento empieza a ponerse picante, y entra la narrativa dramática del film para echarle chile a la historia.

Trabajando casi a la manera medieval (un genio y sus discípulos), Siqueiros and friends llenaron el sótano de ondulaciones y gigantescos cuerpos desnudos que envolvían el espacio, y ensayaron técnicas nunca antes vistas utilizando materiales poco usuales. Pero mientras eso sucedía (¡#spoileralert!) entre bambalinas se desarrollaba un retorcido culebrón erótico que tenía por protagonistas a Botana, su no menos mítica y aparentemente demente esposa (la feminista, militante anarquista y convencida ocultista Salvadora Medina Onrubia), Siqueiros, Blanca Luz, un policía infiltrado disfrazado de gaucho (sinónimo de “Argentinian Cowboy”), una niñera lesbiana y hasta a Pablo Neruda. Todes con todoe, y contra todes, bajo el mismo techo.

Ahora bien, el conflicto central de la película es el de la traición, Blanca Luz supuestamente se acostaba con todos (¿Quién habrá difundido ese rumor me pregunto?) y traiciona a Siqueiros. A pesar de que todes se traicionan entre si, en realidad el más traicionero es el mismo protagonista. El muralista se traiciona a si mismo al acceder a hacer este encargo que va en contra de todos sus principios. ¿Porque lo haría? ¿Por el dinero? ¿Por el despecho?
¡Corte! Volvamos un poco a los hechos reales…. Pese a al cambio de rumbo en este mural de Siqueiros (y tal vez por eso mismo) según algunos, es la obra cumbre del muralismo en América. Se titula Ejercicio plástico donde David Alfaro tuvo la oportunidad de poner en práctica muchas de sus propuestas experimentales que concibió a raíz de su contacto con Eisenstein. La pintura cubre absolutamente todo el espacio, muros techo y piso, y fue concebida como un complemento orgánico del espacio arquitectónico pensado en función de un espectador envuelto por el mismo. Con esta propuesta, Siqueiros imagina el futuro y se adelanta al cinetismo pictórico de la segunda mitad del siglo XX.

La obra, al quedar libre de ataduras formales del Realismo Socialista, se transformó en un canto lírico a su mujer que se separaba de él. Dicen que la imagen hace referencia a una escena trágica en su vida: aquella vez que Siqueiros le pegó en público a Blanca Luz con tanta violencia que la hizo caer sobre la mesa en un restaurante, episodio que inspiraría su separación. Sin embargo, en su despecho de macho golpeador él se pintó vestido con pantalones cortos (como un niño), pero a ella desnuda y con cuernos en la cabeza.

Para Siqueiros, este era un retroceso en su militancia, y de hecho, luego intentó darle un tinte político diciendo que la mujer desnuda simbolizaba a la víctima proletaria. Sin embargo, este desvío ideológico era para él una debilidad la cual era mejor olvidar y que fuese olvidada.

Y así fue. Luego de concluir el mural en 1933, el artista es expulsado de Argentina. Blanca Luz se queda (y mantiene durante un tiempo una relación con Botana), y años más tarde, con la venta de la propiedad y el desprecio de los nuevos propietarios por la pieza, la misma queda sepultada durante décadas. Afortunadamente luego de muchas batallas y gestiones hoy en día ya está restaurada y puede visitarse y recorrerse en la ciudad de Buenos Aires.

Como arqueóloga de dramas cinematográficos sobre la romantización del mundo del arte, este film fantasea con el pasado y me presenta una jugosa telenovela llena de clichés y fantasías llenas de testosterona, donde en medio de una época convulsionada por dictaduras y represión, los hombres juegan a los revolucionarios y son víctimas de sus mujeres (una loca y una puta). Pero en fin, de chismes y telenovelas se hace la historia, el pasado y el futuro.
Soy una de esas convencidas de que toda obra de arte es política, incluso cuanto más aséptica parezca, pero de todas maneras, a mi, personalmente, me gusta más cuando la militancia y el arte van por separado, porque sino siento que muchas veces se cancelan mutuamente.
Y este “desliz” que tuvo Siqueiros, este exabrupto emocional y apolítico dio lugar a un laboratorio experimental lleno de imaginación y libertad, produjo una obra única del muralismo nunca repetida ni por él ni por otros. Para el arte local fue una absoluta novedad, que generó no sólo el movimiento muralista argentino si no que ayudó a modernizar y plantear el futuro del arte local. Eso es mil veces más revolucionario y transformador que cualquier panfleto político.

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