Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

COSMOS

Eduardo Terrazas

Museo Experimental El Eco Ciudad de México 06/15/2019 – 08/25/2019

Eduardo Terrazas, COSMOS. Installation view at Museo Experimental El Eco, Ciudad de México, 2019. Courtesy of the artist and Proyectos Monclova

Eduardo Terrazas, COSMOS. Installation view at Museo Experimental El Eco, Ciudad de México, 2019. Courtesy of the artist and Proyectos Monclova

Eduardo Terrazas, COSMOS. Installation view at Museo Experimental El Eco, Ciudad de México, 2019. Courtesy of the artist and Proyectos Monclova

According to philosopher Michel Onfray, these new times are of acosmic civilization: the times of those living in cities under a logic of productivism, distanced from the cosmic wisdom of our ancestors; in some sense, those of us who are victims of specialization and efficiency. In his book Cosmos, specifically the chapter “The Day After Tomorrow, Tomorrow Will Be Yesterday,” Onfray speaks of the Roma people and their traditions in order to develop a critique of what we consider to be “the uncivilized.” These wandering people, he tells us, can have a relationship with time that is different to that of others “who are victims of their activities and waste their lives making a living.”[1] Theirs is the time of ontological truth, of pure presence in the world. These notions resonate with the humanist thinking of Eduardo Terrazas (Guadalajara, Jalisco, 1936), who four decades ago, and from multiple battlegrounds, began dealing with projecting spaces, images, and situations that create awareness of our relationship with the environment from our spaces of privilege as thinking, sentient beings.

COSMOS is one of several series that Terrazas has been working on since the early seventies under a broader umbrella he refers to as “possibilities of a structure,” expressing a clear interest in performing a permanent inquiry into the relationship between art and life. Various times coexist in Eduardo Terrazas’s COSMOS: westernized and non-westernized time; fast and slow time; the time of the relationship with the environment and the time of the relationship with oneself. From this series onwards, Terrazas establishes in his work and thought an essential connection with artisanal production and geometry as a universal language. In the late sixties, Terrazas met Huichol craftsman Santos Motoapohua de la Torre de Santiago, with whom he began a collaborative relationship that continues to this day. Terrazas observed and learned from him how to apply the technique used by the Huichol to capture scenes related to gods and symbols from their worldview, with a sacred geometry that emerges from meditative states or trances. In this technique, threads of yarn are meticulously applied on wooden boards or frames coated with Campeche wax, forming sections of color and creating scenes that emerge in different shades depending on how the strands are placed. This encounter is attended back and forth by creative thinking that evades folklorism.

From the language of geometric abstraction, Terrazas deploys different images that essentially start from drawing. It is everyday work on an intimate scale, on a sheet of paper or a notebook and later adjusted in size, color, and technique, forming part of one series or another—tossing into the world new shapes and images that, in his words, attempt to contribute to the creation of a perception of the world that is more congruent with global reality, while opening a space for reflection and contemplation that is fully situated in present time.

This way, Terrazas’s works are testimonies of invested time, and they are also the result of placing his works “in context.” Some are produced in the artist’s studio in Mexico City and others in a village in Mexico’s Sierra Madre Occidental, the mountain range where Santos Motoapohua de la Torre de Santiago lives and works with his family. The artworks and their creation therefore respond to the rhythms of the people collaborating on them and entering meditative states, and to the materials’ times and their relationship with the climate.

For the Museo Experimental el Eco, Terrazas intervened Mathias Goeritz’s emotional architecture, placing a large reflecting pool in the museum courtyard and transforming the place into a sanctuary of sorts that mirrors the sky on its surface and makes us partake in what in many senses is an extended gaze. This piece emerges from a hybrid position of artist and architect. It understands the place’s symbolic and spatial needs and creates an environment for the conciliation of non-utilitarian time allowed by beingin-habiting. It also arises from an absolutely critical position, from environmentalist and humanist thinking at a time when it’s not enough to talk about concerns and we need to talk about survival. The topicality of Eduardo Terrazas’s work has to do with the very clear intention of contributing to the world it belongs to an awareness of responsibility towards others and towards the place we inhabit. We are part of this COSMOS from the second we set foot in El Eco, intervened by blue lines that trace a new geometry unfolding beyond the museum’s walls and towards infinity.

—Text and curatorship by Paola Santoscoy

http://eleco.unam.mx/el_eco/en/

[1] Michel Onfray, Cosmos. Por una ética sin moral, Argentina, Paidós, 2018, pp. 66 y 67.

Eduardo Terrazas, COSMOS. Vistas de instalación en Museo Experimental El Eco, Ciudad de México, 2019. Cortesía del artista y Proyectos Monclova

Eduardo Terrazas, COSMOS. Vistas de instalación en Museo Experimental El Eco, Ciudad de México, 2019. Cortesía del artista y Proyectos Monclova

Eduardo Terrazas, COSMOS. Vistas de instalación en Museo Experimental El Eco, Ciudad de México, 2019. Cortesía del artista y Proyectos Monclova

Los nuevos tiempos son los de la civilización acósmica, nos dice el filósofo Michel Onfray; tiempos de quienes vivimos en las ciudades bajo una lógica de productivismo alejada de la sabiduría cósmica que tenían nuestros ancestros y, en cierto sentido, víctimas de la especialización y la eficiencia. En el capítulo de su libro Cosmos, titulado “Pasado mañana, mañana será ayer”, Onfray habla del pueblo gitano y sus costumbres para elaborar una crítica hacia eso que consideramos lo no civilizado. Este pueblo de caminantes, nos dice, es capaz de mantener una relación con el tiempo distinta de la que mantienen los demás, “que son víctimas de sus actividades y pierden la vida ganándose la vida”.[1] Su tiempo es el de la verdad ontológica, de la pura presencia en el mundo. Estas ideas resuenan con el pensamiento humanista de Eduardo Terrazas (Guadalajara, Jalisco, 1936), quien hace cuatro décadas empezó a ocuparse, en sus múltiples trincheras, de proyectar espacios, imágenes y situaciones que contribuyen a crear una conciencia de nuestra relación con el entorno, desde nuestro privilegio como seres pensantes y sintientes.

COSMOS es una de varias series en las que este artista lleva trabajando desde principios de los años setenta bajo un paraguas más amplio al que denomina “posibilidades de una estructura”, que manifiesta un claro interés en llevar a cabo una indagación permanente sobre la relación entre el arte y la vida. En el COSMOS de Eduardo Terrazas coexisten varios tiempos: el occidentalizado y el no occidentalizado; el veloz y el lento; el de la relación con el entorno y el de la relación con uno mismo. A partir de esta serie, Terrazas establece un vínculo esencial para su obra y pensamiento con el quehacer artesanal y con la geometría como lenguaje universal. A finales de los años sesenta, conoció al artesano huichol Santos Motoapohua de la Torre de Santiago, con quien inició una relación de colaboración que se mantiene hasta el día de hoy. De él observa y aprende a aplicar la técnica que los huicholes usan para plasmar escenas relacionadas con dioses y símbolos de su cosmogonía, y con una geometría sagrada que emerge de trances o estados meditativos. Esta técnica se caracteriza por usar tablas o bastidores de madera cubiertos de cera de Campeche, a los que se aplican, con gran minuciosidad, hebras de lana que van formando secciones de color y creando escenas que emergen en diferentes tonalidades, gracias al posicionamiento de la hebra. En este encuentro, se da un acompañamiento de ida y vuelta desde un pensamiento creativo que evade el folclorismo.

Desde el lenguaje de la abstracción geométrica, Terrazas despliega diversas imágenes que en esencia parten del dibujo: a una escala íntima, se trata de una labor cotidiana en una hoja o en un cuaderno que después se modifica en tamaño, técnica y color, haciendo parte de una u otra serie: arrojando al mundo nuevas formas e imágenes que intentan, en sus palabras, contribuir a crear una percepción del planeta más congruente con la realidad global, a la vez que abren un espacio para la reflexión y la contemplación, situadas plenamente en el tiempo presente.

De este modo, las obras de Terrazas son testimonios del tiempo invertido y son también resultado de “poner en situación” sus obras. Algunas se producen en el estudio del artista, en la Ciudad de México, y otras tantas en un poblado de la Sierra Madre Occidental de México, en donde Santos Motoapohua de la Torre de Santiago vive y trabaja con su familia. Las obras y su elaboración responden, por lo tanto, a los ritmos de las personas que colaboran en ellas, entrando en estados meditativos, y a los tiempos de los materiales y su relación con el clima.

Para el Museo Experimental el Eco, Terrazas realizó una intervención en la arquitectura emocional de Mathias Goeritz, emplazando un gran espejo de agua en el patio del museo, que convierte el lugar en una suerte de santuario que refleja el cielo en su superficie y nos hace partícipes de una mirada ampliada en muchos sentidos. Esta pieza emerge desde una posición híbrida entre el artista y el arquitecto. Comprende las necesidades simbólicas y espaciales del lugar y crea un ambiente para la conciliación del tiempo no utilitario que el estar-habitar permite. Surge también desde una posición absolutamente crítica, de un pensamiento ambientalista y humanista en un momento en el cual no es suficiente hablar de preocupaciones, y se necesita hablar de sobrevivencia. La actualidad de las obras de Eduardo Terrazas tiene que ver con una intención muy clara de aportar al mundo al que pertenece una conciencia de responsabilidad con los demás y con el lugar que habitamos. Se es parte de este COSMOS desde que ponemos un pie en la entrada de El Eco, intervenido por las líneas azules que trazan una nueva geometría que se despliega más allá de los muros del museo, hacia el infinito.

—Texto y curaduría por Paola Santoscoy

http://eleco.unam.mx/el_eco/en/

[1] Michel Onfray, Cosmos. Por una ética sin moral, Argentina, Paidós, 2018, pp. 66 y 67.

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