Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Campamento para Jóvenes Naturalistas

Comisariada por Karla Kaplun y Wendy Cabrera Rubio

Museo de la Ciudad de Querétaro & rivera Querétaro, México November 29, 2019 – March 6, 2020

Clemente Castor, Príncipe de Paz (2019). Video instalación monocanal. Foto por Sergio Ivan Rebolledo, cortesía de Rivera

Carolina Fusilier, Angel Engines (2018). Óleo sobre tela. Foto por Sergio Ivan Rebolledo, cortesía de Rivera

Campamento para Jóvenes Naturalistas (2020). Vista de instalación. Foto por Sergio Ivan Rebolledo, cortesía de Rivera

En Inglaterra, en el año de 1676, se descubrió un fémur que se creyó provenía de la pierna de un gigante. No fue sino hasta un siglo después que se reconoció como el hueso de un dinosaurio. En nuestras formas de conocer hay siempre una posibilidad de cambiar la perspectiva.

Desde la Duria Antiquior —una ilustración científica que en 1830 ofreció por primera vez una representación de la prehistoria— hasta Fantasía, bajo la brillante dirección de Walt Disney, se ha intentado representar la vida de las criaturas extintas a partir de los fósiles conocidos en la época. En 1990, la franquicia de Jurassic Park alimentó un nuevo imaginario con aquella escena de un gigante y aguerrido T-Rex con cuerpo de reptil que persigue a un frágil humano. Importa poco que años después la comunidad científica descubriera que estas inmensas criaturas estuvieron en realidad cubiertas de plumas. Necesitamos otro gran éxito hollywoodense, con más explosiones y dinosaurios, con plumas hiperrealistas más fotogénicas, para poder instaurar esta imagen en nuestra memoria, camisetas y figuras de acción.

Aquellos casos nos hacen pensar cómo las intersecciones entre el arte y la ciencia no sólo permiten cuestionar la manera en la que se exhibe el conocimiento, sino también nuestra relación con él. Nos permiten ver, por ejemplo, que el conocimiento especializado, al ser no ser accesible para todos, solo se nos presenta desde lo indirecto y lo parcial. Siempre a partir de los enfoques didáctico, representacional o mitológico; del hallazgo a la fábula, del laboratorio a la sala del cine.

Como planteó hace una década el crítico de arte Boris Groys, ni el tiempo, ni la duración, ni la vida misma pueden ser mostrados directamente, sino sólo documentados. Desde esa imposibilidad, en esta exposición se presentan diferentes aproximaciones para pensar lo que tales documentos dicen de nuestra cultura. Como los dibujos de animales en las cavernas prehistóricas, que ayudaron a la domesticación del ganado y que modificamos para complacer nuestras necesidades a costa de despojar a los animales de su capacidad para sobrevivir en su entorno. Los idílicos paisajes con milpas dentro de la montaña tienen muy poco de natural.

Tender puentes entre lo animal y lo humano nos acerca a nuestra propia animalidad: Winnie Pooh come miel en tarros de barro y habita en una casa con amenidades; las hojas de los árboles tienen venas. Diego Rivera modificó el diseño e ingeniería de las fábricas de automóviles Ford con formas que recuerdan más a Coatlicue, la misma diosa de la vida y la muerte. Por otra parte, como asevera la filósofa Donna Haraway, la máquina es natural porque forma parte del devenir del proceso evolutivo; es la máquina “exterior” que incorpora a esta otra máquina “interna” para desafiar el reloj biológico. Entonces, es la prótesis lo que prolonga la vida; en forma de dron metafísico o celular como una extensión de nuestra memoria.

¿Qué significa ser-humano? Tal vez sea el incansable esfuerzo que hacemos por negar nuestra propia contingencia desde donde construimos mitos. Los nuevos naturalistas navegan por la deep web, exploran bancos de memoria y combaten amenazas de virus que se esparcen en el ADN del sistema. Es así que, desde la ciudad de rascacielos con jardines podados, desde la incapacidad de la máquina por captar lo que vemos y de las palabras por narrar lo inexplicable, los jóvenes campistas cazan moscas utilizando como cebo la luz de una pantalla.

—Texto por Karla Kaplun y Wendy Cabrera Rubio

Artistas

Ana Navas, Aslam Narváez Parra, Atanasio Echeverría y Godoy, APRDELESP + Fabien Cappello y Xavier Nueno Guitart, Bruno Darío, Carolina Fusilier, Chantal Peñalosa, Clemente Castor, Débora Delmar, Daniel Aguilar Ruvalcaba, Diana Cantarey, Elsa-Louise Manceaux, Gabriel Gutiérrez, Horacio Warpola, Israel Urmeer, Ivo Loyola, K. Reswob, José Eduardo Barajas, Josué Mejía, Lucas Lugarinho, Lourdes Martínez, Marek Wolfryd, Orlando Ortíz, Paloma Contreras Lomas, Roger Muñoz, Romero Gómez López, Toro Garibay, Gala Berger, Santiago Robles y Jacobo Zambrano Rangel.

https://www.galeriarivera.com/

Clemente Castor, Príncipe de Paz (2019). Video instalación monocanal. Foto por Sergio Ivan Rebolledo, cortesía de Rivera

Carolina Fusilier, Angel Engines (2018). Óleo sobre tela. Foto por Sergio Ivan Rebolledo, cortesía de Rivera

Campamento para Jóvenes Naturalistas (2020). Vista de instalación. Foto por Sergio Ivan Rebolledo, cortesía de Rivera

En Inglaterra, en el año de 1676, se descubrió un fémur que se creyó provenía de la pierna de un gigante. No fue sino hasta un siglo después que se reconoció como el hueso de un dinosaurio. En nuestras formas de conocer hay siempre una posibilidad de cambiar la perspectiva.

Desde la Duria Antiquior —una ilustración científica que en 1830 ofreció por primera vez una representación de la prehistoria— hasta Fantasía, bajo la brillante dirección de Walt Disney, se ha intentado representar la vida de las criaturas extintas a partir de los fósiles conocidos en la época. En 1990, la franquicia de Jurassic Park alimentó un nuevo imaginario con aquella escena de un gigante y aguerrido T-Rex con cuerpo de reptil que persigue a un frágil humano. Importa poco que años después la comunidad científica descubriera que estas inmensas criaturas estuvieron en realidad cubiertas de plumas. Necesitamos otro gran éxito hollywoodense, con más explosiones y dinosaurios, con plumas hiperrealistas más fotogénicas, para poder instaurar esta imagen en nuestra memoria, camisetas y figuras de acción.

Aquellos casos nos hacen pensar cómo las intersecciones entre el arte y la ciencia no sólo permiten cuestionar la manera en la que se exhibe el conocimiento, sino también nuestra relación con él. Nos permiten ver, por ejemplo, que el conocimiento especializado, al ser no ser accesible para todos, solo se nos presenta desde lo indirecto y lo parcial. Siempre a partir de los enfoques didáctico, representacional o mitológico; del hallazgo a la fábula, del laboratorio a la sala del cine.

Como planteó hace una década el crítico de arte Boris Groys, ni el tiempo, ni la duración, ni la vida misma pueden ser mostrados directamente, sino sólo documentados. Desde esa imposibilidad, en esta exposición se presentan diferentes aproximaciones para pensar lo que tales documentos dicen de nuestra cultura. Como los dibujos de animales en las cavernas prehistóricas, que ayudaron a la domesticación del ganado y que modificamos para complacer nuestras necesidades a costa de despojar a los animales de su capacidad para sobrevivir en su entorno. Los idílicos paisajes con milpas dentro de la montaña tienen muy poco de natural.

Tender puentes entre lo animal y lo humano nos acerca a nuestra propia animalidad: Winnie Pooh come miel en tarros de barro y habita en una casa con amenidades; las hojas de los árboles tienen venas. Diego Rivera modificó el diseño e ingeniería de las fábricas de automóviles Ford con formas que recuerdan más a Coatlicue, la misma diosa de la vida y la muerte. Por otra parte, como asevera la filósofa Donna Haraway, la máquina es natural porque forma parte del devenir del proceso evolutivo; es la máquina “exterior” que incorpora a esta otra máquina “interna” para desafiar el reloj biológico. Entonces, es la prótesis lo que prolonga la vida; en forma de dron metafísico o celular como una extensión de nuestra memoria.

¿Qué significa ser-humano? Tal vez sea el incansable esfuerzo que hacemos por negar nuestra propia contingencia desde donde construimos mitos. Los nuevos naturalistas navegan por la deep web, exploran bancos de memoria y combaten amenazas de virus que se esparcen en el ADN del sistema. Es así que, desde la ciudad de rascacielos con jardines podados, desde la incapacidad de la máquina por captar lo que vemos y de las palabras por narrar lo inexplicable, los jóvenes campistas cazan moscas utilizando como cebo la luz de una pantalla.

—Texto por Karla Kaplun y Wendy Cabrera Rubio

Artistas

Ana Navas, Aslam Narváez Parra, Atanasio Echeverría y Godoy, APRDELESP + Fabien Cappello y Xavier Nueno Guitart, Bruno Darío, Carolina Fusilier, Chantal Peñalosa, Clemente Castor, Débora Delmar, Daniel Aguilar Ruvalcaba, Diana Cantarey, Elsa-Louise Manceaux, Gabriel Gutiérrez, Horacio Warpola, Israel Urmeer, Ivo Loyola, K. Reswob, José Eduardo Barajas, Josué Mejía, Lucas Lugarinho, Lourdes Martínez, Marek Wolfryd, Orlando Ortíz, Paloma Contreras Lomas, Roger Muñoz, Romero Gómez López, Toro Garibay, Gala Berger, Santiago Robles y Jacobo Zambrano Rangel.

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