Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Callar la protesta / Borramientos del poder

Coordinada y curada por Julieta Omaña y Jesús Torrivilla

La Fortaleza Ciudad de México, México 02/08/2018 – 02/11/2018

Vista de la exposición Callar la protesta / Borramientos del poder, La Fortaleza, Ciudad de México, 2018. Foto por Carlos Iván Hernández

Vista de la exposición Callar la protesta / Borramientos del poder, La Fortaleza, Ciudad de México, 2018. Foto por Carlos Iván Hernández

Vista de la exposición Callar la protesta / Borramientos del poder, La Fortaleza, Ciudad de México, 2018. Foto por Carlos Iván Hernández

En 1977 el artista sudafricano William Kentridge criticó al alemán Joseph Beuys por su propuesta para la documenta de Kassel. La obra, titulada “Bomba de miel en el lugar de trabajo”, consistía en dos motores que bombardeaban miel a lo largo de un tubo de 17 metros de alto que distribuía el líquido a través de los cuartos del Museo Fridericiarum. Beuys había construido una metáfora y su referente: a la par de la instalación, emplazó en los espacios del museo la llamada Universidad Internacional Libre, un proyecto que pretendía poner en valor el conocimiento y la creatividad en comunidad, en un momento histórico en que la economía industrial se movía hacia la abstracción y el proceso creativo pasaba hacia el centro de la producción de valor.

Kentridge le reclamaba a Beuys que el arte político implicaba “arriesgarse a ser encarcelado o a recibir electrodos en los testículos”, pero en una entrevista reciente Kentridge aclara que esa crítica la hizo mientras era estudiante en Sudáfrica, en un momento en que la política era sinónimo de arrestos y persecución. Hoy, sin embargo, su opinión se ha matizado: “…a mí me interesa más la ambigüedad y la incertidumbre. Normalmente lo político exige un significado inequívoco a favor o en contra. Creo que la contradicción y la paradoja son más certeras que aquello que no deja lugar a dudas”. La duda, dice Kentridge, proviene de una constante amenaza: “En Sudáfrica siempre hemos sabido que la vida es riesgo”. Acostumbrados a la supervivencia, dice, no hay espacio para las certezas ni seguridades.

Hoy en Latinoamérica esa sensación de que la vida está en riesgo nos parece demasiado familiar. Y la pregunta de qué podemos hacer al respecto no deja de rondar nuestras preocupaciones.

Décadas después, cuando la amenaza es una impronta omnipresente, las posiciones antes enfrentadas entre Beuys y Kentridge parecen reconciliarse en la paradoja, lugar de elocuente pertinencia para el arte contemporáneo. Como lo afirma el curador mexicano José Luis Barrios, el mundo de hoy reclama por “el horizonte de deseo y la condición de posibilidad material de la praxis en donde se mueven las prácticas del arte contemporáneo” (74). Atrapados por el desasosiego que pone en crisis esa práctica artística, habría que explorar el lugar de una pulsión poética que permita una potencia “crítico estética del presente” (80).

Como investigadores y artistas esa condición de posibilidad nos moviliza.

Esta muestra representa, como el trayecto de miel de Joseph Beuys, la evidencia visual de un proceso de investigación en curso. Ante las crisis políticas de México y Venezuela, países que nos vinculan a los investigadores y a los artistas, decidimos indagar en cómo los creadores se enfrentan a esas circunstancias urgentes, con el objetivo además de encontrar vínculos comunes entre las dos realidades. El proyecto comprende tanto la exhibición como la presente publicación a manera de “borrador de trabajo”, testimonio del intercambio entre los investigadores como evidencia de un proceso de estudio e interpretación del arte contemporáneo desde una mirada de nuestros países en conflicto. Es un primer paso que pretende proyectarse en el tiempo como ejercicio de visibilidad y emplazamiento de un discurso en que el arte aparezca como lugar privilegiado de enunciación. Es allí, como lo señala Barrios, donde se devela una “latencia de lo vivo”(80) que orienta las búsquedas “hacia la fuerza, la potencia, la pulsión, el goce; pero también el caos, el conflicto y la violencia”(80).

La pregunta compleja por una praxis contemporánea que no apareciera aplanada por discursos panfletarios nos hizo buscar artistas que trascendieran la coyuntura en favor de la comprensión crítica de su campo y de su historia. El filósofo George Didi-Huberman se pregunta “¿Cómo escribir lo que se ha padecido, cómo construir un logos (…) con el propio pathos del momento” y recuerda que, ante las exigencias intelectuales, éticas y políticas de tomar posición, “lo que no podemos decir o demostrar también debemos mostrarlo”(30). Este es un ejercicio de mostrar el trabajo de un grupo de artistas en su capacidad para generar conexiones, lecturas y, en su conjunto, tomar posición como una trama formal, pero también poética, capaz de revelar relámpagos de sentido, en medio de la pulsión y el caos.

La impronta de la violencia y las tensiones del poder que la ejerce son una de las preocupaciones centrales de esta selección de imágenes y los textos que provocan. Nos interesa el efecto que ejerce esa violencia sobre el cuerpo como lugar de disputa de lo vivo, territorio de choque entre las tensiones de poder del mundo globalizado. Es en el cuerpo, afirma la investigadora Yolanda Wood, “donde lo identitario supera todo frágil localismo para penetrar el espacio de las inquietudes existenciales y humanistas”(56). Para artistas como Abraham Ávila y Ángela Bonadies, el cuerpo se enfrenta al poder en forma de monumentalidad, muros y edificios  del Estado, hitos arquitectónicos que hacen visible la amenaza pero que toman nuevos significados desde su mirada; mientras que desde la fragilidad del material en Dulce Gómez evidencia cómo ante la constante sobrevivencia también hay que lidiar con el desgaste y la tradición; o en la forma en que al artista Luis Poleo enfrenta al cuerpo y al monumento al absurdo, en una carcajada herética que también es burlarse de su misma historia, como en la obra de Ana Navas o la cruda carnalidad de Nelson Garrido.

El poder pretende ganar sobre el cansancio que a veces queda entre el desgaste, la duda y la distancia irónica. Pero cuando no hay intención de ofrecer una respuesta inequívoca, el arte encuentra en el abismo la posibilidad de una elocuencia, de escarbar en lo que se calla para revelar la intención de quien apuesta a la sumisión y se encuentra con la resistencia de lo sensible. Obras como las de Ling Sepúlveda, Déborah Castillo, desde su compleja musicalidad y certera visualidad, sacan de ese abismo algo más que el silencio. El paisaje que ofrecen las obras de Bunimov, Salazar y Octavio, entre sus referentes y tiempos, también encuentran un posible relato de la violencia que no se limita a un espacio y a una tragedia, sino que en sus juegos con el imaginario de protesta y redención, son una mirada directa al abismo.

La exhibición se propone como una constelación de imágenes en que el sentido aparezca entre lo oculto, entre aquello que la imagen sola no dice pero que moviliza cuando se pone en tensión con otras, cuando la poética es capaz de activar la fuerza de su sustrato como documento de una realidad. Este catálogo, a manera también de registro del proceso de investigación, incluirá tres ensayos: uno donde se presenta una perspectiva para entender el silencio como potencialidad política en la imagen a partir del artista Armando Reverón y dos estudios de casos sobre la obra de los fotógrafos Nelson Garrido y Ángela Bonadies.

En la encrucijada de un presente en que el poder se difumina en campos de tensión cada vez más complejos y difíciles de enfrentar, este proyecto pretende acercarse al arte contemporáneo de México y Venezuela para mostrar aquello que se hace tan difícil decir, para encontrar conexiones entre dos países que han tenido que enfrentarse a la violencia en dimensiones atroces y que quizá, ya sin poder aspirar a la verdad, al menos buscan  revelar nuestra relación problemática con ella, en medio de un campo de destellos en los que, a ratos, aparezca la potencialidad del arte como pulsión, como conmoción vital.

 

Artistas participantes

Abraham Ávila, Ángela Bonadie, Mariana Bunimov, Déborah Castillo, Nelson Garrido, Dulce Gómez, María Ángeles Octavio, Ana Navas, Luis Salazar, Ling Sepúlveda, Luis Poleo.

Obras citadas

Barrios, José Luis “Las derivas del deseo y la deuda como pulsión universal de la política, la historia y el arte I (notas en torno a la Bienal de Venecia 2017: del mito como pulsión y crítica a la contemporaneidad)”. Nierika 13 año 7 enero-junio (2018): 69-80. Universidad Iberoamericana

Didi-Huberman, George. Cuando las imágenes toman posición. A. Machado Libros: Madrid, 2008

Kentridge, William. “Hay que tomarse en serio el absurdo.” Entrevista por Anatxu Zabalbeascoa en El País, 31 de diciembre de 2017. Web. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2017/12/26/eps/1514287197_612651.html

Wood, Yolanda. “Caribe contemporáneo, por los territorios del cuerpo”. Revista Artesur No 1 (2009): 56-62. Consejo Nacional de las Artes Plásticas

https://www.facebook.com/lafortalezacdmx/

Vista de la exposición Callar la protesta / Borramientos del poder, La Fortaleza, Ciudad de México, 2018. Foto por Carlos Iván Hernández

Vista de la exposición Callar la protesta / Borramientos del poder, La Fortaleza, Ciudad de México, 2018. Foto por Carlos Iván Hernández

Vista de la exposición Callar la protesta / Borramientos del poder, La Fortaleza, Ciudad de México, 2018. Foto por Carlos Iván Hernández

En 1977 el artista sudafricano William Kentridge criticó al alemán Joseph Beuys por su propuesta para la documenta de Kassel. La obra, titulada “Bomba de miel en el lugar de trabajo”, consistía en dos motores que bombardeaban miel a lo largo de un tubo de 17 metros de alto que distribuía el líquido a través de los cuartos del Museo Fridericiarum. Beuys había construido una metáfora y su referente: a la par de la instalación, emplazó en los espacios del museo la llamada Universidad Internacional Libre, un proyecto que pretendía poner en valor el conocimiento y la creatividad en comunidad, en un momento histórico en que la economía industrial se movía hacia la abstracción y el proceso creativo pasaba hacia el centro de la producción de valor.

Kentridge le reclamaba a Beuys que el arte político implicaba “arriesgarse a ser encarcelado o a recibir electrodos en los testículos”, pero en una entrevista reciente Kentridge aclara que esa crítica la hizo mientras era estudiante en Sudáfrica, en un momento en que la política era sinónimo de arrestos y persecución. Hoy, sin embargo, su opinión se ha matizado: “…a mí me interesa más la ambigüedad y la incertidumbre. Normalmente lo político exige un significado inequívoco a favor o en contra. Creo que la contradicción y la paradoja son más certeras que aquello que no deja lugar a dudas”. La duda, dice Kentridge, proviene de una constante amenaza: “En Sudáfrica siempre hemos sabido que la vida es riesgo”. Acostumbrados a la supervivencia, dice, no hay espacio para las certezas ni seguridades.

Hoy en Latinoamérica esa sensación de que la vida está en riesgo nos parece demasiado familiar. Y la pregunta de qué podemos hacer al respecto no deja de rondar nuestras preocupaciones.

Décadas después, cuando la amenaza es una impronta omnipresente, las posiciones antes enfrentadas entre Beuys y Kentridge parecen reconciliarse en la paradoja, lugar de elocuente pertinencia para el arte contemporáneo. Como lo afirma el curador mexicano José Luis Barrios, el mundo de hoy reclama por “el horizonte de deseo y la condición de posibilidad material de la praxis en donde se mueven las prácticas del arte contemporáneo” (74). Atrapados por el desasosiego que pone en crisis esa práctica artística, habría que explorar el lugar de una pulsión poética que permita una potencia “crítico estética del presente” (80).

Como investigadores y artistas esa condición de posibilidad nos moviliza.

Esta muestra representa, como el trayecto de miel de Joseph Beuys, la evidencia visual de un proceso de investigación en curso. Ante las crisis políticas de México y Venezuela, países que nos vinculan a los investigadores y a los artistas, decidimos indagar en cómo los creadores se enfrentan a esas circunstancias urgentes, con el objetivo además de encontrar vínculos comunes entre las dos realidades. El proyecto comprende tanto la exhibición como la presente publicación a manera de “borrador de trabajo”, testimonio del intercambio entre los investigadores como evidencia de un proceso de estudio e interpretación del arte contemporáneo desde una mirada de nuestros países en conflicto. Es un primer paso que pretende proyectarse en el tiempo como ejercicio de visibilidad y emplazamiento de un discurso en que el arte aparezca como lugar privilegiado de enunciación. Es allí, como lo señala Barrios, donde se devela una “latencia de lo vivo”(80) que orienta las búsquedas “hacia la fuerza, la potencia, la pulsión, el goce; pero también el caos, el conflicto y la violencia”(80).

La pregunta compleja por una praxis contemporánea que no apareciera aplanada por discursos panfletarios nos hizo buscar artistas que trascendieran la coyuntura en favor de la comprensión crítica de su campo y de su historia. El filósofo George Didi-Huberman se pregunta “¿Cómo escribir lo que se ha padecido, cómo construir un logos (…) con el propio pathos del momento” y recuerda que, ante las exigencias intelectuales, éticas y políticas de tomar posición, “lo que no podemos decir o demostrar también debemos mostrarlo”(30). Este es un ejercicio de mostrar el trabajo de un grupo de artistas en su capacidad para generar conexiones, lecturas y, en su conjunto, tomar posición como una trama formal, pero también poética, capaz de revelar relámpagos de sentido, en medio de la pulsión y el caos.

La impronta de la violencia y las tensiones del poder que la ejerce son una de las preocupaciones centrales de esta selección de imágenes y los textos que provocan. Nos interesa el efecto que ejerce esa violencia sobre el cuerpo como lugar de disputa de lo vivo, territorio de choque entre las tensiones de poder del mundo globalizado. Es en el cuerpo, afirma la investigadora Yolanda Wood, “donde lo identitario supera todo frágil localismo para penetrar el espacio de las inquietudes existenciales y humanistas”(56). Para artistas como Abraham Ávila y Ángela Bonadies, el cuerpo se enfrenta al poder en forma de monumentalidad, muros y edificios  del Estado, hitos arquitectónicos que hacen visible la amenaza pero que toman nuevos significados desde su mirada; mientras que desde la fragilidad del material en Dulce Gómez evidencia cómo ante la constante sobrevivencia también hay que lidiar con el desgaste y la tradición; o en la forma en que al artista Luis Poleo enfrenta al cuerpo y al monumento al absurdo, en una carcajada herética que también es burlarse de su misma historia, como en la obra de Ana Navas o la cruda carnalidad de Nelson Garrido.

El poder pretende ganar sobre el cansancio que a veces queda entre el desgaste, la duda y la distancia irónica. Pero cuando no hay intención de ofrecer una respuesta inequívoca, el arte encuentra en el abismo la posibilidad de una elocuencia, de escarbar en lo que se calla para revelar la intención de quien apuesta a la sumisión y se encuentra con la resistencia de lo sensible. Obras como las de Ling Sepúlveda, Déborah Castillo, desde su compleja musicalidad y certera visualidad, sacan de ese abismo algo más que el silencio. El paisaje que ofrecen las obras de Bunimov, Salazar y Octavio, entre sus referentes y tiempos, también encuentran un posible relato de la violencia que no se limita a un espacio y a una tragedia, sino que en sus juegos con el imaginario de protesta y redención, son una mirada directa al abismo.

La exhibición se propone como una constelación de imágenes en que el sentido aparezca entre lo oculto, entre aquello que la imagen sola no dice pero que moviliza cuando se pone en tensión con otras, cuando la poética es capaz de activar la fuerza de su sustrato como documento de una realidad. Este catálogo, a manera también de registro del proceso de investigación, incluirá tres ensayos: uno donde se presenta una perspectiva para entender el silencio como potencialidad política en la imagen a partir del artista Armando Reverón y dos estudios de casos sobre la obra de los fotógrafos Nelson Garrido y Ángela Bonadies.

En la encrucijada de un presente en que el poder se difumina en campos de tensión cada vez más complejos y difíciles de enfrentar, este proyecto pretende acercarse al arte contemporáneo de México y Venezuela para mostrar aquello que se hace tan difícil decir, para encontrar conexiones entre dos países que han tenido que enfrentarse a la violencia en dimensiones atroces y que quizá, ya sin poder aspirar a la verdad, al menos buscan  revelar nuestra relación problemática con ella, en medio de un campo de destellos en los que, a ratos, aparezca la potencialidad del arte como pulsión, como conmoción vital.

 

Artistas participantes

Abraham Ávila, Ángela Bonadie, Mariana Bunimov, Déborah Castillo, Nelson Garrido, Dulce Gómez, María Ángeles Octavio, Ana Navas, Luis Salazar, Ling Sepúlveda, Luis Poleo.

Obras citadas

Barrios, José Luis “Las derivas del deseo y la deuda como pulsión universal de la política, la historia y el arte I (notas en torno a la Bienal de Venecia 2017: del mito como pulsión y crítica a la contemporaneidad)”. Nierika 13 año 7 enero-junio (2018): 69-80. Universidad Iberoamericana

Didi-Huberman, George. Cuando las imágenes toman posición. A. Machado Libros: Madrid, 2008

Kentridge, William. “Hay que tomarse en serio el absurdo.” Entrevista por Anatxu Zabalbeascoa en El País, 31 de diciembre de 2017. Web. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2017/12/26/eps/1514287197_612651.html

Wood, Yolanda. “Caribe contemporáneo, por los territorios del cuerpo”. Revista Artesur No 1 (2009): 56-62. Consejo Nacional de las Artes Plásticas

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