Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Zugzwang

Curated by Mónica Ashida

Museo de Arte Raúl Anguiano (MURA) Guadalajara, Jalisco, México 06/30/2017 – 08/31/2017

Vista de instalación. Zugzwang, en Museo de Arte Raúl Anguiano. Cortesía: Colección Ashida Cueto. Foto: Carlos Díaz Corona

Vista de instalación: Roberto Parodi, Sin título, 1990. Díptico, óleo/tela, 202.1 x 311 x 4.5 cm; Germán Venegas, Sin título, 1989. Aguafuerte y aguatinta. 79.2 x 60.9 cm; Benito Zamora, Mujer otoñal, 1981. Acrílico y tinta/papel. 88 x 68 x 4 cm. Cortesía: Colección Ashida Cueto. Foto: Carlos Díaz Corona.

Vista de instalación: Daniel Navarro, Los olvidados, 2001. Impresión digital. 49.7 x 66.5 x 0.5 cm. Serie de 2 fotografías; Rubén Méndez, Actela Sunrise. Instalación eléctrica con cubetas de plástico. Medidas variables. 12 x 17.5 x 17.5 cm c/u; Eduardo Abaroa, Cuatro figuras, sin título, 1995. Plastilina epóxica. 31.3 x 19.2 x 6 cm; Diego Medina, Sin título, Serie de cráneos. Resina. 8 x 8 x 12.5 cm. Cortesía: Colección Ashida Cueto. Foto: Carlos Díaz Corona.

Zugzwang. Una revisión de la Colección Carlos Ashida

En alemán, la palabra zugzwang significa “obligación de moverse”, y si bien puede tener una connotación negativa en el ajedrez (donde se usa para describir una situación adversa en la que cualquier movimiento posible lo pone a uno en desventaja), en este caso refleja una particular forma de ver y vivir el arte.

Carlos Ashida fue un incansable observador de su entorno; su imparable obligación por moverse lo llevó a descubrir y traspasar los límites de la percepción acerca de obras, artistas y movimientos de los escenarios de las artes visuales y plásticas, de una manera particularmente intensa en los años ochentas y noventas del siglo pasado.

Parte muy importante para lograr estos resultados es sin lugar a duda una libertad intelectual extraordinaria que le permitió emprender proyectos experimentales e innovadores que requerían de mucha valentía para poder tomar riesgos y emprender empresas cuyo éxito financiero y cuya comprensión y aceptación por parte de la comunidad artística no estaban garantizados.

Apasionado de las artes visuales y la cultura en general, Ashida luchó siempre por que se le diera a Guadalajara y a Jalisco el lugar que merece como cuna de grandes maestros y constante fuente de inspiración y creación a nivel local, nacional e internacional. Como parte de esa misma preocupación, inicia desde muy temprana edad a adquirir, en la medida de sus posibilidades, un conjunto de obras de arte con una clara vocación histórica y testimonial, la cual no puede entenderse en su totalidad sin revisar paralelamente su labor como promotor de las artes visuales.

Su colección, como su trabajo, muchas veces se anticipó al gusto de sus contemporáneos, y está conformada por obras que, a pesar de su diversidad y multiplicidad de registros, integra un conjunto artístico coherente y de primer nivel. Durante toda su vida profesional, Carlos Ashida detonó cambios fundamentales para la evolución de la escena artística regional y nacional trabajando con artistas que se convirtieron a la postre en los principales representantes del arte mexicano en el extranjero.

En la colección, artistas de la talla de Juan Soriano, Jesús Reyes Ferreira, Mathias Goeritz y Rufino Tamayo comparten el espacio con creadores como Germán Venegas, Roberto Turnbull, Francis Alys, Julio Galán, Abraham Cruzvillegas, Sofía Taboas, Antonio Ramírez, Gonzalo Lebrija, Fernando Palomar, entre muchos otros. Todos ellos encontraron en Carlos un lúcido interlocutor, arriesgado y seguro de su ojo, que brindó en sus proyectos un terreno fértil para la experimentación y el encuentro del arte con las grandes tradiciones de Jalisco.

Esta muestra pretende dar a conocer a un público amplio una fracción del valioso acervo artístico conformado a lo largo de más de cuarenta años de fomento, investigación, difusión y creación en las artes visuales. Y si bien no puedo dejar de tener una aproximación emotiva con este proyecto debido a los lazos profesionales y personales que me vinculan a Carlos, ya que su dolorosa ausencia me hace lamentar, entre muchas otras cosas, el no tener su voz para corregir y enriquecer este intento por mostrar parte de su legado, espero que, retomando sus palabras “pueda ser fiel a los hechos y honrar así la memoria de los que ya no están con nosotros”.

– Mónica Ashida Cueto

Sitio web MURA

Vista de instalación. Zugzwang, en Museo de Arte Raúl Anguiano. Cortesía: Colección Ashida Cueto. Foto: Carlos Díaz Corona

Vista de instalación: Roberto Parodi, Sin título, 1990. Díptico, óleo/tela, 202.1 x 311 x 4.5 cm; Germán Venegas, Sin título, 1989. Aguafuerte y aguatinta. 79.2 x 60.9 cm; Benito Zamora, Mujer otoñal, 1981. Acrílico y tinta/papel. 88 x 68 x 4 cm. Cortesía: Colección Ashida Cueto. Foto: Carlos Díaz Corona.

Vista de instalación: Daniel Navarro, Los olvidados, 2001. Impresión digital. 49.7 x 66.5 x 0.5 cm. Serie de 2 fotografías; Rubén Méndez, Actela Sunrise. Instalación eléctrica con cubetas de plástico. Medidas variables. 12 x 17.5 x 17.5 cm c/u; Eduardo Abaroa, Cuatro figuras, sin título, 1995. Plastilina epóxica. 31.3 x 19.2 x 6 cm; Diego Medina, Sin título, Serie de cráneos. Resina. 8 x 8 x 12.5 cm. Cortesía: Colección Ashida Cueto. Foto: Carlos Díaz Corona.

Zugzwang. Una revisión de la Colección Carlos Ashida

En alemán, la palabra zugzwang significa “obligación de moverse”, y si bien puede tener una connotación negativa en el ajedrez (donde se usa para describir una situación adversa en la que cualquier movimiento posible lo pone a uno en desventaja), en este caso refleja una particular forma de ver y vivir el arte.

Carlos Ashida fue un incansable observador de su entorno; su imparable obligación por moverse lo llevó a descubrir y traspasar los límites de la percepción acerca de obras, artistas y movimientos de los escenarios de las artes visuales y plásticas, de una manera particularmente intensa en los años ochentas y noventas del siglo pasado.

Parte muy importante para lograr estos resultados es sin lugar a duda una libertad intelectual extraordinaria que le permitió emprender proyectos experimentales e innovadores que requerían de mucha valentía para poder tomar riesgos y emprender empresas cuyo éxito financiero y cuya comprensión y aceptación por parte de la comunidad artística no estaban garantizados.

Apasionado de las artes visuales y la cultura en general, Ashida luchó siempre por que se le diera a Guadalajara y a Jalisco el lugar que merece como cuna de grandes maestros y constante fuente de inspiración y creación a nivel local, nacional e internacional. Como parte de esa misma preocupación, inicia desde muy temprana edad a adquirir, en la medida de sus posibilidades, un conjunto de obras de arte con una clara vocación histórica y testimonial, la cual no puede entenderse en su totalidad sin revisar paralelamente su labor como promotor de las artes visuales.

Su colección, como su trabajo, muchas veces se anticipó al gusto de sus contemporáneos, y está conformada por obras que, a pesar de su diversidad y multiplicidad de registros, integra un conjunto artístico coherente y de primer nivel. Durante toda su vida profesional, Carlos Ashida detonó cambios fundamentales para la evolución de la escena artística regional y nacional trabajando con artistas que se convirtieron a la postre en los principales representantes del arte mexicano en el extranjero.

En la colección, artistas de la talla de Juan Soriano, Jesús Reyes Ferreira, Mathias Goeritz y Rufino Tamayo comparten el espacio con creadores como Germán Venegas, Roberto Turnbull, Francis Alys, Julio Galán, Abraham Cruzvillegas, Sofía Taboas, Antonio Ramírez, Gonzalo Lebrija, Fernando Palomar, entre muchos otros. Todos ellos encontraron en Carlos un lúcido interlocutor, arriesgado y seguro de su ojo, que brindó en sus proyectos un terreno fértil para la experimentación y el encuentro del arte con las grandes tradiciones de Jalisco.

Esta muestra pretende dar a conocer a un público amplio una fracción del valioso acervo artístico conformado a lo largo de más de cuarenta años de fomento, investigación, difusión y creación en las artes visuales. Y si bien no puedo dejar de tener una aproximación emotiva con este proyecto debido a los lazos profesionales y personales que me vinculan a Carlos, ya que su dolorosa ausencia me hace lamentar, entre muchas otras cosas, el no tener su voz para corregir y enriquecer este intento por mostrar parte de su legado, espero que, retomando sus palabras “pueda ser fiel a los hechos y honrar así la memoria de los que ya no están con nosotros”.

– Mónica Ashida Cueto

Sitio web MURA

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