Contemporary Art in the Americas Arte Contemporáneo en las Américas

Estallar las apariencias

Teo Hernández

Centro de la Imagen Ciudad de México, México 04/19/2018 – 07/15/2018

Vista de Estallar las apariencias: Teo Hernández en Centro de la Imagen, Ciudad de México, México, 2018. Curaduría de Andrea Ancira. Fotografía: Daniela Ramirez

Vista de Estallar las apariencias: Teo Hernández en Centro de la Imagen, Ciudad de México, México, 2018. Curaduría de Andrea Ancira. Fotografía: Daniela Ramirez

Vista de Estallar las apariencias: Teo Hernández en Centro de la Imagen, Ciudad de México, México, 2018. Curaduría de Andrea Ancira. Fotografía: Daniela Ramirez

El Centro de la Imagen presenta Estallar las apariencias: Teo Hernández, la primera revisión crítica de la obra y el archivo del cineasta mexicano Teo Hernández. Esta exhibición curada por Andrea Ancira es el resultado de una investigación de largo aliento en torno a la trayectoria de este artista quien, entre 1968 y 1991, filmó alrededor de 160 películas de duración y formatos diversos (8mm, Super 8 y 16mm). Además de ser una figura excepcional del cine experimental —cuyo trabajo ha sido poco exhibido en México debido, entre otras cosas, a su exclusión en las narrativas historiográficas del arte y del cine— Teo Hernández fue un mestizo oriundo de Ciudad Hidalgo que, desde el autoexilio en Francia, desarrolló una práctica cinematográfica en el seno de una comunidad gay y grupos contraculturales parisinos hacia finales de los años sesenta. Como recuerda Dominique Noguez en el prólogo de su “Elogio al Cine Experimental”, antes que un manifiesto de vanguardia, lo que articuló a la vez que distinguió dichas prácticas respecto de otros grupos de cine experimental de la época, fue un intenso sentido de amistad y amor.

Tanto el vínculo afectivo como su condición de extranjería fueron elementos que radicalizaron su quehacer cinematográfico al grado de entablar diálogos feroces con el cine comercial y de autor de América y Europa. De este modo, a pesar de que su obra tuvo una circulación y recepción limitada, podría decirse que el cine de Hernández despliega una temprana y aguda intuición poscolonial que abreva de un amplio abanico de referentes cinematográficos, algunos de ellos mencionados en sus cuadernos de notas, tales como Michael Powell, Eisenstein, Julien Duvivier (Golgotha), Jean-Luc Godard, Alain Resnais, la cámara humana de Rossellini y Renoir, el Cinema Vérité, Vittorio de Sica (Miracolo a Milano), Emilio “El Indio” Fernández, Sergei Yutkevitch (Othelo), Gregory Markopoulos y la fluorescencia e incandescencia de las películas de Keneth Anger.

El cine de Teo Hernández nos recuerda que la potencia subversiva de la imagen no radica en su capacidad de reflejar o reproducir la realidad, sino en las experiencias sensibles y suprasensibles, rituales o mágicas a las que ella nos compromete. Cercana al chamanismo, la técnica cinematográfica de Hernández explora otros ojos, otros oídos, y en última instancia, otros cuerpos desde los cuales sentir, recrear o reescribir el mundo. Desde una cámara desobediente, lanza ejercicios autorreflexivos e íntimos que desarticulan y cuestionan nuestra sensibilidad para finalmente restituir el cuerpo como principio activo o deseo. En efecto, al desestabilizar los fundamentos del cuadro y la narrativa, entre otros elementos del lenguaje cinematográfico, Teo interroga no sólo su propia identidad personal y artística, sino también la función del cine.

Organizada en cuatro núcleos (El Yo filmado, Derrames: mitos y conjuros, El cuerpo como vértigo, Ciudad íntima, ciudad ruin), esta selección subraya su apuesta radical por un cine táctil que, informado por las artes escénicas y la danza contemporánea, es capaz de invocar cuerpos y realidades por venir. Sin proponer una interpretación canónica, se introducen algunas inquietudes, obsesiones y filias de este artista en torno a la identidad, el rito, el cuerpo y la ciudad.

En el corazón de la exposición se encuentra un dispositivo de activación del archivo de este cineasta resguardado en la Bibliothèque Kandisnky del Centre Pompidou. Este espacio anarchivístico traduce al espacio de exhibición el proceso de inmersión y acceso a la obra de Teo Hernández, cuya singularidad patrimonial exige repensar los modos vigentes de compartir y reproducir imágenes. De manera que este dispositivo atiende no sólo a la condición material e institucional específica del archivo de este artista resguardado en París sino también a la dificultad ineludible de activar archivos en general. Desplazando el fetiche de “lo original”, este Centro de Documentación opera como un dispositivo de simulación interdisciplinario que posibilita una relación corporal con dicho archivo: palparlo, involucrarse y jugar con sus reproducciones, sorteando, al nivel de la experiencia, los procedimientos institucionales y las voces especializadas. Los cuatro módulos giratorios despliegan una selección de imágenes que instiga a ensayar posibles lecturas y visiones cruzadas o simultáneas entre los cuatro núcleos temáticos de la exposición, pero también a crear “archivos potenciales” que resistan a las clasificaciones rígidas del cine, la danza, la fotografía, la escritura o las artes plásticas.

Curaduría de Andrea Ancira

Descarga aquí el catálogo de la exposición

https://centrodelaimagen.cultura.gob.mx

Vista de Estallar las apariencias: Teo Hernández en Centro de la Imagen, Ciudad de México, México, 2018. Curaduría de Andrea Ancira. Fotografía: Daniela Ramirez

Vista de Estallar las apariencias: Teo Hernández en Centro de la Imagen, Ciudad de México, México, 2018. Curaduría de Andrea Ancira. Fotografía: Daniela Ramirez

Vista de Estallar las apariencias: Teo Hernández en Centro de la Imagen, Ciudad de México, México, 2018. Curaduría de Andrea Ancira. Fotografía: Daniela Ramirez

El Centro de la Imagen presenta Estallar las apariencias: Teo Hernández, la primera revisión crítica de la obra y el archivo del cineasta mexicano Teo Hernández. Esta exhibición curada por Andrea Ancira es el resultado de una investigación de largo aliento en torno a la trayectoria de este artista quien, entre 1968 y 1991, filmó alrededor de 160 películas de duración y formatos diversos (8mm, Super 8 y 16mm). Además de ser una figura excepcional del cine experimental —cuyo trabajo ha sido poco exhibido en México debido, entre otras cosas, a su exclusión en las narrativas historiográficas del arte y del cine— Teo Hernández fue un mestizo oriundo de Ciudad Hidalgo que, desde el autoexilio en Francia, desarrolló una práctica cinematográfica en el seno de una comunidad gay y grupos contraculturales parisinos hacia finales de los años sesenta. Como recuerda Dominique Noguez en el prólogo de su “Elogio al Cine Experimental”, antes que un manifiesto de vanguardia, lo que articuló a la vez que distinguió dichas prácticas respecto de otros grupos de cine experimental de la época, fue un intenso sentido de amistad y amor.

Tanto el vínculo afectivo como su condición de extranjería fueron elementos que radicalizaron su quehacer cinematográfico al grado de entablar diálogos feroces con el cine comercial y de autor de América y Europa. De este modo, a pesar de que su obra tuvo una circulación y recepción limitada, podría decirse que el cine de Hernández despliega una temprana y aguda intuición poscolonial que abreva de un amplio abanico de referentes cinematográficos, algunos de ellos mencionados en sus cuadernos de notas, tales como Michael Powell, Eisenstein, Julien Duvivier (Golgotha), Jean-Luc Godard, Alain Resnais, la cámara humana de Rossellini y Renoir, el Cinema Vérité, Vittorio de Sica (Miracolo a Milano), Emilio “El Indio” Fernández, Sergei Yutkevitch (Othelo), Gregory Markopoulos y la fluorescencia e incandescencia de las películas de Keneth Anger.

El cine de Teo Hernández nos recuerda que la potencia subversiva de la imagen no radica en su capacidad de reflejar o reproducir la realidad, sino en las experiencias sensibles y suprasensibles, rituales o mágicas a las que ella nos compromete. Cercana al chamanismo, la técnica cinematográfica de Hernández explora otros ojos, otros oídos, y en última instancia, otros cuerpos desde los cuales sentir, recrear o reescribir el mundo. Desde una cámara desobediente, lanza ejercicios autorreflexivos e íntimos que desarticulan y cuestionan nuestra sensibilidad para finalmente restituir el cuerpo como principio activo o deseo. En efecto, al desestabilizar los fundamentos del cuadro y la narrativa, entre otros elementos del lenguaje cinematográfico, Teo interroga no sólo su propia identidad personal y artística, sino también la función del cine.

Organizada en cuatro núcleos (El Yo filmado, Derrames: mitos y conjuros, El cuerpo como vértigo, Ciudad íntima, ciudad ruin), esta selección subraya su apuesta radical por un cine táctil que, informado por las artes escénicas y la danza contemporánea, es capaz de invocar cuerpos y realidades por venir. Sin proponer una interpretación canónica, se introducen algunas inquietudes, obsesiones y filias de este artista en torno a la identidad, el rito, el cuerpo y la ciudad.

En el corazón de la exposición se encuentra un dispositivo de activación del archivo de este cineasta resguardado en la Bibliothèque Kandisnky del Centre Pompidou. Este espacio anarchivístico traduce al espacio de exhibición el proceso de inmersión y acceso a la obra de Teo Hernández, cuya singularidad patrimonial exige repensar los modos vigentes de compartir y reproducir imágenes. De manera que este dispositivo atiende no sólo a la condición material e institucional específica del archivo de este artista resguardado en París sino también a la dificultad ineludible de activar archivos en general. Desplazando el fetiche de “lo original”, este Centro de Documentación opera como un dispositivo de simulación interdisciplinario que posibilita una relación corporal con dicho archivo: palparlo, involucrarse y jugar con sus reproducciones, sorteando, al nivel de la experiencia, los procedimientos institucionales y las voces especializadas. Los cuatro módulos giratorios despliegan una selección de imágenes que instiga a ensayar posibles lecturas y visiones cruzadas o simultáneas entre los cuatro núcleos temáticos de la exposición, pero también a crear “archivos potenciales” que resistan a las clasificaciones rígidas del cine, la danza, la fotografía, la escritura o las artes plásticas.

Curaduría de Andrea Ancira

Descarga aquí el catálogo de la exposición

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