06.02.2017

The Value of Rage

El artista estadounidense y el curador suizo hablan sobre la crisis de la democracia, la cultura de la celebridad en Estados Unidos y sobre las redes sociales como un espacio para la resistencia.

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El valor de la furia

En su trabajo, el artista Morgan Fisher se ha preocupado por el problema de la voz que expresa autoría en una obra de arte, una cuestión ejemplar de la producción industrial. Esto se remonta a su experiencia en la industria cinematográfica, pero más aún, a los enfoques de la vanguardia del cine y el arte de finales de los sesenta. Sus contribuciones al cine datan de ese tiempo, y las de la pintura datan de finales de los noventa. Ambas siguen siendo importantes e influyentes para generaciones de artistas. En años recientes, Fisher estableció otro tipo de voz pública, que es de hecho muy expresiva. Ha estado publicando sus opiniones sobre la política y los medios estadounidenses en Facebook. Su voz hace eco de su determinación y su postura. Más de una vez ha pronunciado «Yo acuso» de una manera u otra. Tenzing Barshee habló con Morgan Fisher sobre su compromiso y el estado de las cosas.

Tenzing Barshee: Al leer tus comentarios en las redes sociales, asumo que eres un observador cercano tanto del panorama político en los Estados Unidos como de su representación en los medios de comunicación.

Morgan Fisher: Podría ser mucho más cercano y más activo. Admiro lo que Andrea Bowers está haciendo. Ella ha hecho del activismo político una parte de su práctica artística de una manera que me parece extremadamente poderosa. Su trabajo no estetiza los medios de tal activismo, simplemente lo presenta como es: folletos de apoyo a los huelguistas, folletos de apoyo a los esfuerzos de sindicalización. Esta presentación directa en un espacio de galería es bastante impactante, en el mejor sentido posible. Hay fotografías de manifestantes, la mayoría de los cuales son personas de color. Y ella misma está allí con los manifestantes. Ella fue a Standing Rock. Yo no fui. Pero en cuanto a la estrategia de no estetizar, una vez escuché a Allan Sekula, por cuyo trabajo tengo gran admiración, criticar a Leon Golub por hacer eso. Una pintura estilizada de la policía golpeando a alguien no incrementa nuestro conocimiento o nos hace ver la situación de una manera que nos diga lo que podemos hacer al respecto.

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TB: ¿Cuál es el alcance de tu compromiso con los políticos y los medios de comunicación?

MF: En ocasiones he escrito a mis senadores y a mi representante en el Congreso. Yo soy un simple liberal y mi congresista también lo es, así que tengo menos ocasiones de escribirle. Pero mis senadores, aunque ambos son demócratas, son otra historia. No recuerdo sobre qué les escribí la última vez, pero creo que tenía que ver con instarlos a que publicaran el informe de tortura [Informe del Comité de Inteligencia del Senado sobre la Tortura de la CIA 2001-2006 (2012)]. Además de enviar cartas a los editores del Times y a su editor público, hace un tiempo envié dos ensayos al editor de su página de editoriales de opinión. Nunca han publicado nada de lo que les he enviado. Últimamente he hecho comentarios sobre artículos específicos en la edición en línea del artículo. Justo puse uno hoy.

TB: ¿Cuándo le empezaste a escribir al New York Times?

MF: Fue un escándalo, o al menos una gran ira, lo que detonó el comienzo de mis cartas, y sucedió hace relativamente poco, justo antes de la guerra de Irak. Era obvio que Estados Unidos iba a invadir Irak, cometiendo así un crimen de guerra, y si mi recuerdo es correcto, el Times no tuvo nada que decir sobre esto; sobre si era una buena idea o si era justificada, y mucho menos sobre el hecho que invadir Irak sería un crimen de guerra. El Times no estaba ni un poco escéptico sobre la historia del gobierno de que Irak tenía armas de destrucción masiva. Así que mi indignación fue doble: por el curso que Estados Unidos estaba a punto de tomar, y por el silencio del Times sobre ese curso, silencio que llamaré complicidad. Como entendemos ahora, esa guerra dio origen a ISIS y a todo lo que se ha producido, incluyendo la guerra en Siria y la migración masiva desde Oriente Medio hacia Turquía y Europa, lo que a su vez contribuyó al ascenso de la extrema derecha en Europa. Ha sido un desastre total de consecuencias cada vez más amplias, y fue obra de pocas personas, aunque con la complicidad de un Congreso y una prensa pasivos y crédulos. ¿Recuerdan el desprecio que los miembros del Congreso dirigieron contra Francia por no unirse a Estados Unidos y Gran Bretaña en la guerra? Francia fue ridiculizada como parte de la «vieja Europa», es decir, como irrelevante, y la cafetería de la Cámara de Representantes cambió el nombre de French fries a Freedom fries. Bush, Cheney, Wolfowitz y todos los demás son criminales de guerra, pero permanecen impunes.

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TB: ¿Cómo continuó tu intercambio con el Times?

MF: Recientemente hubo un editorial en el Times que me enfureció tanto que escribí un comentario que sabía que era más largo de lo que el sitio aceptaría, pero no pude evitarlo. El autor del editorial está asociado con un think-tank de derecha. La pieza hablaba de lo bueno que es que Trump asuste al mundo, partiendo del principio de que asustar a otros es la única manera de que los Estados Unidos cumplan su destino como la única superpotencia del mundo, es decir, pasándole por encima a la gente. Algunos que están asustados son los aliados europeos de los Estados Unidos, que no saben si los Estados Unidos cumplirán sus obligaciones estipuladas bajo la OTAN para protegerlos de Putin. Además de ser demasiado largo, para el momento en que terminé el comentario, el plazo para enviarlo había pasado, así que lo publiqué en Facebook. He puesto otras cosas que he escrito en Facebook, principalmente cartas a los editores del Times. En una forma limitada, esto hace públicas mis opiniones y por supuesto espero que esto aliente a otros a tomar una postura más activa en las cosas, de la misma forma en que las publicaciones de los demás –y hay muchas– me animan a ser más activo.

TB: Luego denunciaste al periódico por el lenguaje que usan.

MF: Fue una vergüenza que el Times usara la frase «interrogatorio reforzado» en lugar de llamarlo tortura, otro ejemplo de cómo el periódico se tragó entero el discurso de los que estaban en el poder. Yo fui una de las muchas personas que les escribieron sobre esto. Recuerdo que el editor público rechazó las objeciones a la frase, como corrigiendo burlonamente el error de un niño ingenuo, como si llamarlo interrogatorio reforzado no implicara tomar partido. Suficientes personas escribieron para quejarse hasta que el Times finalmente empezó a llamarlo tortura, pero nunca debería haberlo llamado «interrogatorio reforzado»; en primer lugar. Un ejemplo más reciente de algo similar es que el Times usa la palabra alt-right directamente, por así decirlo, sin comillas ni otros calificativos para hacerle saber al lector que es un término que los supremacistas blancos y otros extremistas se han otorgado a sí mismos para ocultar su verdadera naturaleza. Incluso la Associated Press les dice a sus escritores que no usen la palabra directamente, sino que la pongan entre comillas o añadan un calificativo como «los llamados»; mientras tanto el Times dice que los escritores tienen discreción en cómo usan la palabra, lo que es un escándalo absoluto.

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TB: ¿Existe una desilusión general con los medios de comunicación tradicionales?

MF: Es impactante recordar que sólo dos o tres periódicos de reputación seria en Estados Unidos apoyaron a Trump, mientras que todos los demás, y hubo decenas de ellos, respaldaron a Hillary, algunos hablando explícitamente en contra de Trump, y, sin embargo, fue elegido. La competencia de realidades presentada por fuentes de noticias alternativas recuerda la observación de Hannah Arendt, que aprendí en Facebook, de que aquellos propensos a aceptar el totalitarismo son aquellos para quienes ya no existen las distinciones entre hecho y ficción, entre verdadero y falso. Ya habíamos tenido una prueba de este nuevo estado de las cosas, que cuestiona lo que es un hecho, lo que es cierto, durante la administración del segundo Bush; en ese entonces alguien de alto rango en su círculo dijo algo que iba en el sentido de que los hechos ya no importaban, pues la gente en su administración determinaba qué era la realidad.

TB: Pero luego están las redes sociales.

MF: Además de publicar en Facebook cosas que le he escrito al Times, comento sobre lo que otros publican. Generalmente lo que Robert Reich (que fue Secretario de Trabajo de Clinton durante cuatro años) tiene para decir es importante, aunque no estoy de acuerdo con todo lo que dice. Por ejemplo, asumiendo que Clinton ganaría las elecciones, él había sugerido que Clinton nombrara a Obama a la Corte Suprema. Yo estaba muy en desacuerdo, ya que la negativa de Obama a obedecer el tratado internacional que lo obliga a procesar a los torturadores demuestra que él no cree en el estado de derecho, como lo dije a los que habían pedido eso antes. También escribí a Obama para instarlo a seguir la ley. He encontrado en Facebook un foro muy útil para asuntos políticos: por ejemplo, aprendí sobre los veinte puntos de Timothy Snyder para defender la democracia bajo Trump y me acordé del libro de Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo, fuente del pasaje que he resumido anteriormente. Claramente, es un libro que todos debemos leer.

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TB: En tu escritura eliges a menudo un tono acusatorio, ¿es esto algo que conduce tu opinión pública?

MF: Estar enojado o rabioso es una gran motivación, y me ayuda fácilmente a organizar mi pensamiento. Por casualidad leí The Road to Wigan Pier (1937) hace un tiempo, y está claro que parte de lo que llevó a George Orwell a escribirlo es la indignación, aunque es complicado pues él está indignado por la resignación de la gente al sufrimiento, de modo que la indignación por su resignación se convierte en desprecio por ellos. Él es muy duro con la pareja miserable que maneja la tienda de té y tripas pues saben que son infelices pero sienten que no hay nada que puedan hacer para tratar de cambiar su situación. Y también está indignado por la conducta cotidiana de los socialistas que él nos dice que son la única esperanza de Inglaterra. Si sólo esos socialistas renunciaran a su excéntrica forma de vestirse, que los ridiculiza a los ojos de los demás y pone a la gente respetable en su contra. Convertir la indignación en fines constructivos es un modelo al que todos debemos aspirar. La rabia te da algo que decir y tener algo que decir es realmente todo lo que necesitas.

TB: ¿Puedes rastrear tu compromiso político hacia tu posición siendo un hombre joven?

MF: En una palabra, no. Cuando era joven era callado, mucho más de lo que debería haber sido. Cuando estaba en la universidad escribí una letra a una revista nacional semanal ridiculizando a Barry Goldwater, quien era senador de los Estados Unidos por Arizona por un periodo de cinco años y nominado por el Partido Republicano para la elección de 1964 para Presidente de los Estados Unidos, y obtuve correos de odio. Sólo unas cuantas cartas, pero me sorprendía siquiera haber recibido algo, lo cual era muy ingenuo de mi parte. Eso tuvo un efecto en mí. Pocos años después, estaba enojado por la guerra en Vietnam, aún más enojado de lo que estuve por la invasión de Irak, pero me tomó más de lo que debería haberme tomado llegar a ese punto de vista, y no lo expresé públicamente. Yendo aún más atrás, yo era un niño durante el periodo de McCarthy, pero mis padres no tenían nada que decir al respecto. Eran demócratas de los suburbios y no corrían ningún riesgo de ser perjudicados por el gobierno de McCarthy. Pensarías que la seguridad de su situación les permitiría explicar cosas pero tal vez era todo lo contrario, si hubieran estado en riesgo quizás me hubieran hablado de ello. La ciudad donde crecí era abrumadoramente republicana, pero un republicanismo a la antigua, de un tipo que puede ser llamado respetable, en última representado por alguien como Nelson Rockefeller, no en lo que el partido se ha convertido. Pero mis padres sabían incluso a inicios de los 50s que Nixon era un criminal, creo que por su campaña de acoso y persecución de comunistas en el senado en 1950. Vale la pena revisar. Lo que hizo es realmente horrible. Fue entonces cuando obtuvo el apodo Tricky Dick. En relación a su conducta de ese momento, ninguna de las cosas malas que hizo después en su vida política fue una sorpresa.

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TB: ¿Cómo repercute tu opinión política con el actual estado de «dificultad» (para citar el editorial de Terremoto) al que se enfrentan muchas sociedades hoy en día?

MF: Hoy leí una entrevista con Noam Chomsky publicada en un periódico de Sri Lanka el 14 de diciembre. Habló sobre el papel del chivo expiatorio en el aumento reaccionario que está ocurriendo hoy en día. Decía: «La historia típica de los chivos expiatorios es escoger a personas vulnerables y encontrar algo que no es totalmente falso sobre ellas –porque hay que tener un elemento de verdad– y luego convertirlo en un coloso, que está a punto de superarte.» Trump sin duda identificó muchos grupos como chivos expiatorios (por ejemplo, a los inmigrantes ilegales) y las personas que votaron por él eran las que sentían que no están recibiendo su parte del sueño americano debido a esos grupos. Pero, por supuesto, Trump y la gente en otros países que utilizan chivos expiatorios no tienen interés en atender las preocupaciones de los agraviados que votaron por ellos, sólo están interesados en explotar esos agravios para servir a sus propios intereses y al interés de una poderosa y rica élite. Ese es el programa de Trump: reducciones de impuestos para los ricos, la eliminación del impuesto sobre bienes, lo que creará una élite permanente que podrá comprar elecciones para asegurar más su poder, por supuesto a expensas de todos los demás; la eliminación de Obamacare, la deportación de inmigrantes ilegales a escala masiva –lo que esperamos sea una fantasía que va a estar más allá de su poder para hacer que suceda. Si Trump se sale con la suya, será capaz de poner a la Corte Suprema en una dirección de la que le llevará décadas recuperarse, si es que eso llega a ser siquiera posible. Él y Ryan, el portavoz de la Cámara de Representantes, quieren enviar a EE.UU. de nuevo a la era del capitalismo del barón ladrón. Pero los cambios radicales que los republicanos podrían hacer podrían ayudar a revertir el declive de los sindicatos o podrían energizar a la izquierda para organizarse y luchar. Lo impresionante es ver las pocas personas que votaron, como si no hubiera nada en juego o como si no hubiera diferencia entre Trump y Clinton. Un artículo en el Times citó a alguien diciendo que no votó porque ninguno de los candidatos dijo que haría algo por él. Yo no podía creerlo. Y había mujeres jóvenes que dijeron que no podían identificarse con Clinton. Por estas razones, entre muchas otras que deben ser igualmente irracionales, hemos elegido a un misógino racista ignorante que nunca ha ocupado un cargo así. Parte del problema parece ser que demasiadas personas parecen pensar en las campañas políticas y cómo se cubren como una forma de entretenimiento, sin sustancia, lo que supongo proviene de la cultura de la celebridad. Chomsky dijo algo muy poderoso pero escalofriante: «Mientras la población en general sea pasiva, apática, desviada hacia el consumismo o hacia el odio a los vulnerables, entonces los poderosos pueden hacer lo que les plazca, y los que sobrevivan contemplarán el resultado.» La cultura de la celebridad es una forma de consumismo, el consumo de personalidades. Esa es la situación en la que estamos –o si no estamos ya dentro de ella, estamos al borde de ella. Por eso los medios de comunicación tratan a Trump como si fuera simplemente una celebridad, no muy diferente de, por ejemplo, Taylor Swift, en lugar de como a alguien a punto de convertirse en la persona más poderosa del mundo, y de quien todos deberíamos tener mucho miedo. Así que la pregunta es qué hacer para que la gente se preocupe, se dé cuenta de que si no toman partido en la política, sus vidas sólo empeorarán; cómo hacer los cambios que van a superar la supresión de los votantes, cómo hacer para que la gente se registre, para que la gente vote. Si Obama está buscando algo qué hacer después de dejar el cargo, ese esfuerzo es algo que podría dirigir. Sé que esto es perfectamente obvio, pero quiero decir estas cosas.

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TB: ¿Cómo culmina todo esto en la actual crisis de la democracia?

MF: Lo que llamas crisis actual de la democracia, en este país al menos, se debe en gran parte a la indiferencia ante la importancia crucial de estar más informados sobre los temas y tomar partido en la vida política. En parte es una cuestión de que la política sea vista como una extensión de la cultura de la celebridad y en parte es un asunto de chivos expiatorios. ¿Es demasiado decir que estas dos cosas juntas eligieron a Trump? Como ha sido señalado por otros, es absolutamente impactante cómo la cobertura mediática de la elección prestó atención a trivialidades relativas y no a las diferencias en lo que Trump y Clinton defendían. No tengo televisor, así que no sé qué dijo Clinton en la televisión, pero en el Times y en las redes sociales había poco sobre lo que ella defendía que pueda recordar, más allá de ser demócrata. Pero yo sí que sabía lo que Sanders defendía, a pesar de que no obtuvo la atención que Clinton obtuvo. Es más que sorprendente que Trump haya nombrado a Steve Bannon, quien es un portavoz de la supremacía blanca, como su asesor de estrategia, una posición que no está sujeta a confirmación. Un posible escenario es que Trump, con la ayuda de los republicanos en el Congreso, hará tanto daño a las instituciones estadounidenses esenciales, como Medicare, el Seguro Social, los impuestos progresivos, y el derecho a votar, por no hablar de Obamacare, que el electorado reaccionará y devolverá al menos el Senado al control de los demócratas dentro de dos años. Yo sólo espero que entre tanto Trump y las mayorías republicanas no destruyan a EE.UU., por no mencionar otras partes del mundo, o al mundo mismo. Pero tal vez no tendremos que esperar dos años. Existe la posibilidad de que haya suficientes republicanos en el Senado que tengan suficientes principios y consciencia como para comprender lo peligroso que es Trump para instituciones cruciales estadounidenses y para el orden mundial, y se nieguen a votar con otros republicanos para implementar sus programas. Eso requeriría un valor político real, pero me gustaría pensar que es posible.

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TB: ¿Cómo comparas hoy en día con los retos nacionales y globales previos que has vivido?

MF: Los retos que he pasado han sido finitos, por lo cual me refiero a que han terminado, por ejemplo, la crisis de los misiles cubana, aunque la raíz de tal crisis y otras que han venido e ido es el excepcionalismo americano. Esto es lo que opina América de sí misma, que no está limitada por los mismo estándares de comportamiento que otros países. Claro que sólo es América siendo una superpotencia sin oposición lo que hace esto posible, lo cual refuerza su poder. Pero han habido crisis por otras razones que han tenido consecuencias duraderas, por ejemplo, el Red Scare al final de los 40s hacia los 50s, que nos dio la lista negra de la industria del entretenimiento y el gobierno de McCarthy.  Y hay condiciones continuas que deberíamos llamar crisis, y se están volviendo cruciales. Como Chomsky ha observado, con el paso de los años ha habido decisiones cercanas a las armas nucleares. Ha habido falsas alarmas, algunas, creo, resultando en decisiones de lanzamiento que fueron desobedecidas sólo porque alguien estaba escéptico sobre la fiabilidad de la alarma. Y bombas han sido extraviadas por accidente. Es una cuestión de suerte que no haya habido desastres, pero la suerte del mundo no puede durar por siempre, y el riesgo sólo aumentará con el incremento en el número de países con capacidad nuclear, sin mencionar la creciente probabilidad de actores deshonestos. Las probabilidades de controlar, dejando fuera una reducción, el esparcimiento de armas nucleares parece, lamento decirlo, muy remotas, no es una imagen alentadora. Y, volviendo a Chomsky, está el cambio climático, que debería ser llamado la catástrofe climática. La opinión de Trump al respecto, eso es una broma, un escándalo, pero hace tres cosas a la vez. Convierte a los chinos en chivo expiatorio, indica a los ricos que él, como ellos, está comprometido con el capitalismo de libre mercado, al punto de estar allí mientras la industria combustible fósil devasta el planeta, e indica a aquellos partidarios que no son ricos, menos educados o evangélicos, que, como ellos, él es anti-elitista, anti-educación, anti-conocimiento, eso es, en contra del conocimiento basado en hechos. Aun si Trump comprometiera a EE.UU. a pelear contra la catástrofe climática e intentara proveer liderazgo para que otros países lo hicieran también, probablemente ya es muy tarde, las probabilidades de acción a escala global que estarían disponibles para reducir su rapidez, ya no detenerlo, son remotas. Así que habrá extinción de masas, agitación en la agricultura, y conforme las áreas costeras se inundan, por ejemplo en Bangladesh, habrá refugiados por el clima, creando una catástrofe humanitaria. Ya hay migración de la África sub-sahariana a Europa que está relacionada con la catástrofe climática.

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