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Edición 10: Fayuquerxs

Daniel Aguilar Ruvalcaba

Tiempo de lectura: 12 minutos

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18.12.2017

Nacionalización de dos TVs Samsung Series 6 6100 40'' Diag. Class UHDTV 4k

Desde la privatización de la banca en México, el Fobaproa y el arte como territorio independiente, Daniel Aguilar Ruvalcaba elabora un plan para poder pagar la deuda de su padre con la beca BBVA Bancomer.

Quedan dos semanas para ir allá y traer eso que les digo me pertenece.
El problema principal es que no conozco gente en Matamoros y es complicado hacerlo solo. Aunque, quizá, una semana de estancia es suficiente para familiarizarme con las instalaciones del museo, las vialidades cercanas y hasta —si mi limitada experiencia criminal lo permite— conseguir unos secuaces. Tal vez un amigo de acá podría ir conmigo y echar una mano con la cargada del equipo.
Si les digo que esas teles me pertenecen es porque así lo siento y, aquí y en la China Popular, lo que un artista siente es realidad.
Lo que pretendo es que esas pinches teles sean para uso común. Estoy seguro de que en tres semanas van a terminar fosilizadas en una bodega con aroma a tapetes de papel couché sellados al vacío, milenarias esporas de Old Spice y clips oxidados. Para evitar tan cruel destino habría que invocar y poner en práctica —el Expecto Patronum del priismo más decrépito— un verbo que siempre que se requiere aparece en modo infinitivo: nacionalizar. Hay que nacionalizar esas teles.
Nacionalizar es expropiar.
En 1936 el presidente Lázaro Cárdenas diseñó un “instrumento revolucionario” [1] llamado Ley de expropiación.[2] Durante cinco décadas este instrumento fue la carta de presentación del México posrevolucionario, de la revolución fabricada desde las instituciones. La expropiación del sistema de ferrocarriles (1937), de la industria petrolera (1938), de la industria eléctrica (1960) y de la banca privada (1982) dieron forma a la nación que hoy conocemos. Sin embargo, actualmente, luego de la integración de México a la economía global, dicha ley es una esterilizada reliquia más del gabinete de curiosidades del nacionalismo económico del siglo XX.[3] Por ejemplo, demandar hoy la nacionalización del servicio de Uber sería impensable, se tacharía como exotismo populista vintage.[4]
Bueno, no sé si sepan que BBVA-Bancomer es el banco más importante de México. Esta institución de capital español es líder del sistema bancario, “ya que es el banco con el mayor monto de activos, el que tiene la mayor cartera de crédito y el que mayor captación tiene”.[5]
Con tanto poder, ¿figuran cuántas teles posee? Además de las ya que tienen en sus sucursales y oficinas, hay que tomar en cuenta las que sus clientes compran a crédito con el dinero que el mismo BBVA presta. ¿Serán miles, millones, billones, trillones de teles?
¿Y cómo llegaron a tener tanta tele?
Podríamos decir que la historia comienza el 1 de septiembre de 1982 cuando el presidente José López Portillo decretó la nacionalización de la banca privada y el control de cambios. Esa fue la polémica medida que el mandatario tomó para hacer frente a la crisis financiera (deuda externa, devaluación, cancelación de créditos, inflación, etc). En ese entonces Bancomer, como muchos otros bancos, pasó a ser administrado por el Estado. Pero en el sexenio siguiente, el de Miguel de la Madrid —quien nunca estuvo de acuerdo con la expropiación bancaria e hizo lo posible para contrarrestrarla— se inició a la brevedad la venta de empresas estatales, pues era una de las recomendaciones políticas que el Consenso de Washington[6] exigía a los países subdesarrollados azotados por la crisis. En 1991 ya era urgente “modernizar” el sistema bancario porque la firma del TLCAN estaba en puerta y así, finalmente, Carlos Salinas de Gortari reprivatizó la banca. A esta etapa se le conoce como “extranjerización de la banca” ya que entidades financieras trasnacionales se hicieron con el 90% de la banca mexicana.
Bancomer fue comprado por el empresario regiomontano Eugenio Garza Lagüera. La mayoría de los bancos adquiridos en ese periodo eran cajas negras, no obstante el panorama era alentador puesto que México estaba a punto de convertirse en país de primer mundo como anunciaban los medios de la época. Sin embargo, a finales del intenso año de 1994 el gobierno se vio obligado a devaluar el peso y a solicitar apoyo a la comunidad internacional para hacer frente a sus obligaciones a corto plazo,[7] esa crisis financiera pasó a la historia como el “error de diciembre”. Ya que una eventual quiebra de los bancos habría llevado al país a la ruina, Ernesto Zedillo aplicó el infame Fobaproa[8] para absorber las deudas de los bancos, privatizando las ganancias y socializando las pérdidas. Una vez saneado y recapitalizado, Bancomer fue adquirido a inicios del nuevo milenio por el Grupo Financiero BBVA recuperando rápidamente su inversión y convirtiéndose en la mina de oro de la entidad bancaria española.
Tampoco crean que cuento con formación en economía, me falta mucho para entender a detalle la convulsa historia económica de México, soy un aficionado. Aunque lo que sí tengo claro, y por eso me interesa analizar esto, es que el mercado es un espacio político y por ende ideológico. Si se nacionaliza o extranjeriza una industria, si se legaliza o se prohíbe una mercancía es una decisión de economía política. Contrario a lo que lo predica la economía ortodoxa, el marxismo nos advierte que no hay nada “natural” en el capitalismo.
Si yo les cuento esto es porque el año pasado se inauguró De la formación a lo público una exposición colectiva donde se mostraron los resultados de los beneficiarios de la cuarta edición del Programa Bancomer-MACG (2014-2016). Se trata de una beca para la producción de arte contemporáneo que otorga la Fundación BBVA-Bancomer en colaboración con el Museo de Arte Carrillo Gil. Una mancuerna entre iniciativa privada y Estado, donde la primera pone el dinero y la segunda hace labores de gestión. Participé y fui apoyado, mi proyecto consistió en pagar el adeudo de alguien que le debe a BBVA-Bancomer usando los mismos fondos y recursos de la beca. Con la particularidad de que el deudor se llamase como mi padre, Juan Manuel Aguilar, y que a cambio de saldar el adeudo, Juan Manuel Aguilar re-actuara los fracasos financieros de Juan Manuel Aguilar siendo dirigido por Juan Manuel Aguilar.
Y es que esto de las teles lo vengo arrastrando desde mayo 2016.
Antes de que cerrara la exposición se me ocurrió hacer una última petición al programa. Les pregunté si podía vender unas pantallas que habían comprado para reproducir el video de la exposición final. Les dije que iba pagar una pequeña deuda que tenía mi papá con BBVA, claro antes lo articulé como parte del proyecto y que la única forma de resistir a la tiranía de las finanzas era la insolvencia semiótica. Sin embargo me respondieron que no. Bueno, no me dijeron no, así como así. Se tomaron su tiempo y me lo expresaron de manera muy amigable.
La directora del MACG me citó en su oficina, era obvio que la directora de la Fundación BBVA no iba a perder su tiempo conmigo. Recuerdo tener la sensación de ser atendido por personal del área de quejas del BBVA: su encantador hábito de negar sonriendo delataba su entrenamiento en servicio al cliente. Me explicó la cantidad de papeleo que implicaba mi propuesta y que habría de negociar con el Instituto Nacional de Bellas Artes, el sindicato del INBA, la Fundación BBVA, etc. Toda su explicación iba dirigida a resaltar la dificultad de mi idea y sugerirme que mejor pensara en otra cosa. Sencillamente no quería ayudarme pero no me lo podía expresar así. Me atendió porque su imagen estaba en juego de tal manera que me negó el apoyo sin caer en la censura. Su excusa fue un lugar común pero infalible, recurrió a las más profundas abstracciones burocráticas con las cuales no se puede entablar un diálogo. Se mostró vulnerable ya que ni siquiera ella como demon estatizado —funcionaria pública de rango medio, un puente entre las simples personas físicas (mortales) y el Estado (Olimpo) — podía hacer algo.

Sospecho que el mensaje que la Fundación BBVA-Bancomer realmente me envió, sin el velo de la corrección política de atención al cliente del demon estatizado, era así:
Vete a la verga con tus pendejadas dizque de arte contemporáneo consíguete un trabajo de verdad pinche inmaduro de mierda retrasado mental ojalá que te atropellen cuando salgas de aquí y te quedes chueco para que valores la vida y mira si te dejamos hacer esto y lo otro con la limosna que te dimos por beca es porque somos bien buena onda pero ya estuvo bueno de tus pinches babosadas eres un mal artista apestas ni sabes hacer nada bien ni pintar ni nada y no vamos a dejar que vendas las teles para pagar la deuda de tu papá rancio huevón pinche ruco vividor váyanse por favor a chingar a su reputísima madre los dos gusanos que tienen caca en el cerebro o qué Daniel no nos quieras ver la cara de pendejos joder que somos españoles y nosotros conquistamos este pinche rancho y se aguantan pues es nuestro la tenemos más grandota que Moctezuma Morelos Zapata y Cárdenas juntos coño.
Ciertamente, amigos, ya se dieron cuenta que tengo atorado un coraje. Soy muy orgulloso y no me gusta perder. Lo bueno que aquel día ni me enojé, nada más dije que sí a todo, me hice el desentendido de lo de las teles, di el gatazo de que comprendí todo y salí cordialmente por la puerta. Ya ven lo que dicen el que ríe al último, ríe mejor.
Pasemos del intestino al cerebro para regresar luego al intestino.
Si de algo sirve tanta teoría es para aplicarla. Entonces si agarramos de Arthur Danto la noción de mundo del arte (artworld)[9]y luego agarramos lo que Boris Groys dilucida sobre la política de la instalación[10] y lo licuamos durante 5 minutos. Queda un menjurje teórico que puede provocar una diarrea conceptual donde se defeque una posibilidad consistente: percibir a la instalación como una nación al interior de un universo paralelo identificado como mundo del arte.
Es decir, en mi instalación —la que está en el Museo de Arte Contemporáneo de Tamaulipas, sede de la segunda itinerancia De la formación a lo público— yo puedo montar un instrumento revolucionario como la Ley de expropiación dónde y cuándo considere necesario. Este instrumento traspasa la superficie de los objetos y sujetos, pone la ley dentro de la materia. Porque, de acuerdo con el paréntesis ontológico que es el mundo del arte, como artista dispongo de la soberanía suficiente para reordenar el tiempo y el espacio de mi instalación y legislar químicamente sobre la materia.
Si quiero nacionalizar esas mentadas teles es porque es factible. El mundo del arte es un aparato excluyente que permite auto constituirse como sujeto político con capacidad de transformar la materia y las relaciones sociales mediante la deformación del marco legal que contiene a la realidad. La instalación por lo tanto es una micronación[11] y yo como artista, un soberano que puede tomar decisiones sobre el territorio que gobierna, hacer economía política crítica. Nacionalizar esas teles es la única manera de superar la crisis que está hundiendo a mi instalación (desgaste de las reservas, fuga de capitales, desempleo, hiperinflación) y es que la deuda externa, simbólica y libidinal con mi padre me está llevando a la ruina afectiva y ya se agotaron todas mis líneas de crédito.
Para expropiar esas teles del museo estaría la cosa así:
Ciudad de México a Matamoros. La llegada puede ser en avión o en camión, el precio del boleto oscila entre 1000 y 1500 pesos. Pasa el tiempo y no alcanzo a comprar el de avión y llegamos en camión, pero tardamos varias horas, acaso un día de camino. En Matamoros buscamos un hotel barato, uno que se llama Roma, en el centro, a unas calles del Museo de Arte Contemporáneo de Tamaulipas. Cuesta 500 pesos por noche y pagamos 4 noches que son 2000 pesos. Me acompaña mi amigo de acá y el día que hacemos check-in vamos juntos al museo. Es temprano, tengo el cabello muy corto y una gorra, para mi amigo es difícil pasar desapercibido pero ni modo. Estudiamos el lugar: cuántos accesos, cuántas cámaras, cuántos guardias y consideramos varias maneras de llevarnos las teles. Sólo están colgadas con un gancho y no necesitamos el cable de corriente, ese se consigue fácil, tampoco necesitamos el control remoto lo dejamos porque lo cargan los guardias. No llevaremos armas ni drogas, ni ningún tipo de cosa ilegal. Por eso es necesario documentar en video el contenido de nuestras bolsas, el cuerpo completo para que, si nos agarran, no nos planten mierda. Nosotros no queremos violencia buscamos la magia, un calculado y estratégico acto de ilusionismo: arte óptico. Miramos también por los alrededores para hacer un par de aliados y así poder guardar las teles en caso de que sea necesario. Hasta tres cambios de look preparados traemos: pelucas, shorts, sombreros, lentes y vendas. Un amigo de allá, de San Diego, también está aquí dice que manejó por la carretera 10 hasta llegar a San Antonio de ahí bajó hasta Brownsville y entró a Matamoros. Entre los tres inspeccionamos dónde hay cámaras y dónde hay puntos ciegos, él nos espera en un punto ciego, el más ciego y cercano, y trepamos las teles. Nos damos una perdida por la ciudad. Pensamos que cruzar al otro lado unas teles no será tanto problema pero preferimos hacerlo por Reynosa y no por Matamoros: entrar por McAllen y de ahí subir hasta Laredo y agarrar para San Antonio y tomar la carretera 10 hasta San Diego. Ni mi amigo de acá ni yo vamos para el otro lado, no tenemos papeles. Así que mi amigo de allá dice que luego me ve en Tijuana y regresamos, mi amigo de acá y yo, a la Ciudad de México pero por precaución viajamos en autobuses separados con destinos distintos quizá San Luis Potosí y Zacatecas. De ahí subimos a otra línea de autobuses que no llega a Tamaulipas, y luego nos encaminamos a la Ciudad de México llegamos con horas de diferencia. Días después recibo una demanda por cometer el delito de robo. Me busca la policía porque mi expropiación es tipificada de anticonstitucional e irracional. Si bien me va, puedo hacer un trato y pagar una indemnización desproporcionada al BBVA para que retire los cargos. Pero bajo ninguna circunstancia devuelvo las teles. Esas permanecen en Tijuana mientras se calman las aguas.
Quedan dos semanas para ir allá y traer eso que les digo me pertenece.

 


Terremoto aclara que este texto fue comisionado al autor como una obra de ficción; la revista no se hace responsable de cualquier acto o palabra que podría ocurrir en la realidad a partir de lo descrito en el texto.

Notas

  1. Enrique Krauze, La presidencia imperial, (Tusquets, 1997), 34.

  2. Mexico’s Expropriation Act (Ley de expropiación) was published in the nation’s Official Federal Gazette (Diario Oficial de la Federación) on November 25, 1936. Federal Chamber of Deputies Library, consulted online in September 2017.

  3. In a few years, fellowships from the Fondo Nacional para la Cultura y las Artes will also be relegated to the cabinet of curiosities.

  4. Though in post-Brexit England similar things are being proposed. Nick Srnicek, “We Need to Nationalise Google, Facebook and Amazon. Here’s Why,” The Guardian, August 30, 2017. https://www. theguardian.com/commentisfree/2017/aug/30/nationalise-google-facebook-amazon-data-monopoly-platform-public-interest

  5. “Los 5 bancos con mayores utilidades en 2016,” El Financiero, January 5, 2017. http://www.elfinanciero.com.mx/rankings/los-bancos-con-mayores-utilidades-hasta-noviembre-de-2016.html

  6. Wikipedia: “Consenso de Washington.”

  7. From the so-called Reporte Índigo. México: El tesoro de BBVA, November 5, 2012. http://www.reporteindigo.com/reporte/mexico-el-tesoro-de-bbva/

  8. Wikipedia: “Fondo Bancario de Protección al Ahorro.”

  9. “What ultimately makes the difference between a box of Brillo pads and an artwork consisting of a Brillo Box is a certain art theory, the theory that lets it ascend to the art world, that prevents it from collapsing into the real object that it is (in a sense of is that is different from that of artistic identification). Naturally, lacking the theory, it’s not likely you can see it as art and so to see it as part of the art world you need to be on top of a great deal of art theory as well as a considerable amount of recent painting history in New York. Fifty years ago, it couldn’t have been art. But, of course, all things being equal, there couldn’t have been flight insurance in the Middle Ages or Etruscan erasers for typewriters. The world has to be ready for certain things, the world of art no less than the real world. The role of arts theorists, today as always, is to make the art world and art—possible. I can’t imagine the painters at Lascaux ever imagined they were producing art on those walls.” Arthur Danto, El mundo del arte, (Universidad de Salamanca, Spain). [N.B.: Translator’s rendition of Ruvalcaba’s Spanish-language citation.]

  10. “It could be said the practice of the installation reveals the act of sovereign and unconditional violence that initially establishes all democratic order. We know that democratic order never arises democratically; democratic order always emerges as the outcome of a violent revolution. Setting up one law means breaking another. The first legislator can never act legitimately: he installs political order but he does not lie within it. He remains alien to that order even if he then decides to submit to it. An artistic installation’s author is also that legislator that offers a space where the community of visitors can constitute itself and define the rules to which that community must submit, but does so without belonging to that community, always remaining outside it. This continues to be true even if the artist decides to become a part of the community he has created. This second step must not lead us to ignore the first one, i.e., sovereignty.” Boris Groys, “Política de la instalación. Un ensayo sobre las tensiones políticas que sugieren las instalaciones en el arte contemporáneo,” Horizontal, January 13, 2016. http://horizontal.mx/politica-de-la-instalacion/ [N.B.: Translator’s rendition of Ruvalcaba’s Spanish-language citation.]

  11. YouTube: The People Who Rule the World’s Smallest Countries (HBO), Vice News, August 3, 2017.

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