25.11.2019

Resistencias (trans)feministas: imágenes encriptadas y producción de memoria colectiva

A partir de un análisis de los regímenes escópicos de violencia en México y Latinoamérica, la teórica Sayak Valencia, junto con el arte-educador Felipe Zúñiga, constelan imágenes encriptadas como una respuesta a la asepsia instaurada por los imaginarios ultra-cosméticos producidos desde estructuras de poder.

…subrayar el modo en que el cuerpo, al traspasar la frontera entre “lo individual (biografía e inconsciente) y lo colectivo (programación de normas de disciplinamiento social y sexual) ofrecería la posibilidad de que una gestualidad no codificada por el discurso público hiciera aflorar capas reprimidas de significación que lograran así acceder a una bloqueada de  superficie de lectura carnal” en tiempos de censura y persecución militares. [1]

Felipe Zúñiga: Me interesa iniciar esta conversación refiriéndome al texto de Nelly Richard ya que, en esta obra, la autora estableció una relación entre las condiciones de opresión derivadas de la funesta alianza surgida después del golpe militar en Chile —entre el poder económico neoliberal y el estado golpista— y el surgimiento de formas de resignificación de la vanguardia internacional por artistas como Catalina Parra, Diamela Eltit y Marcela Serrano, Las Yeguas del Apocalipsis, entre otrxs, como formas de resistencia ante el régimen oficial y sus géneros de representación encarnados entre la pintura (en las Bellas Artes) y el desfile militar (en el espacio público). Richard enuncia el tejido de rebeldías corporales que articularon obras insurgentes, las cuales abrieron múltiples formas de antagonismo frente al discurso patriarcal de una sociedad militarizada.

Es pertinente pensar en estas condiciones para proyectarlas como una matriz constante en el horizonte actual de Latinoamérica. Es ahí donde se articula una gobernanza necropolítica que intersecta regímenes militares con modelos neoliberales, secuestrando y cooptando diversos y amplios grupos poblacionales —siendo el principal las mujeres y en segundo lugar los pueblos originarios. En tu obra Capitalismo Gore has explorado la articulación de estos poderes en la dimensión de la crisis de violencia en México. A partir de finales de la primera década del siglo XXI, estableces un vínculo entre el narco y la implementación de la economía neoliberal, y cómo esto se expresa de forma virulenta en la sociedad mexicana. No como un “golpe militar”, sino como régimen de necropoder que trasciende cualquier tinte partidista u orientación política tradicional.

Sayak Valencia: Efectivamente, el concepto de Capitalismo Gore es una apuesta crítica realizada desde el transfeminismo. Quise hacer explícita la alianza entre heteropatriarcado-racista-colonial militarcapitalista y su conjunción distópica con la masculinidad necropolítica como una forma de gobierno generalizada en nuestro contexto mexicano (no sólo refiriendo al narco como empresa). Éste puede extenderse también como una categoría de lectura de las formas de gobierno necropolíticas que se extienden alrededor de Latinoamérica y que se muestran abiertamente ante geopolíticas del norte, como los Estados Unidos o la Unión Europea y sus políticas de muerte aplicadas a migrantes.

FZ: A casi diez años de la publicación de tu obra y ante las traducciones de ésta en 2018 por el MIT (Semiotexte/Intervention series) y su próxima traducción al alemán y al coreano, me gustaría recuperar el apunte que hiciste en tu nota aclaratoria al respecto del capitalismo gore y su devenir snuff. Empleaste ambos términos de nomenclatura cinematográfica para dar luz a una posible interpretación de la episteme de la violencia contemporánea desde sus lógicas y prácticas. En el texto definiste lo gore como parte del género splatter [salpicadura], el cual se centra en una teatralización de la violencia haciendo uso de los excesos “gráficos” que explotan la vulnerabilidad del cuerpo y su mutilación. Por otro lado, sobre el género snuff, señalaste que consiste en un “soporte de registro” de las atrocidades reales donde las teatralizaciones gore son subsidiarias para distribuirlas comercialmente como entretenimiento. En ese momento, te mostrabas cauta, pero afirmabas la posibilidad de que el devenir snuff pudiera ser frenado.

Ante la agudización de la emergencia de género en México, representada por la avalancha de cifras nacionales como el aumento de un 150% de los feminicidios en el país (cada dos horas y media, una mujer es asesinada) y las violaciones sexuales que registran un aumento del 37%, aunado a la desaparición de luchadoras y activistas de pueblos originarios vinculados a la defensa del territorio y de comunidades LGBTTIQ+, me interesa preguntarte, ¿cuál es tu perspectiva al respecto?

¿Acaso no vemos a los dos elefantes blancos en el cuarto? La respuesta es sí: fascismo y capitalismo.

SV: El capitalismo no sólo devino snuff en nuestro país, sino que inauguró un género nuevo en la representación de la violencia. Le denomino régimen live y se fundamenta en la fascinación por la violencia de todas las intensidades y el necro-pop, ambos difundidos por las redes sociales virtuales y por las plataformas de entretenimiento en la era de la e-comunicación.

Desde mi perspectiva, el régimen live es una forma de gobierno de la sensibilidad que no se limita ya a la imaginación cinematográfica que me inspiraba hace 10 años, cuando propuse el término gore para explicar el capitalismo que vivíamos en el espacio fronterizo de Tijuana y que viró rápidamente hacia el snuff. El término trasciende la división ficción/realidad y se basa en la pre-producción de la realidad para re-elaborar los consensos visuales-sociales y desafiar los pactos de verdad con los cuales se leen las imágenes de la realidad. En este sentido, el régimen live no es un género audiovisual distópico de hipermediación, sino la difusión de una forma de gobierno de las poblaciones que se disemina de manera psicopolítica y normaliza la violencia extrema, la injusticia y el despojo en contra de poblaciones históricamente vulnerabilizadas como las mujeres cis y trans, lxs disidentes de género y de sexualidad, las personas racializadas, las personas migrantes, entre otrxs.

Así, el régimen live sería un dispositivo de gobierno que no sólo produce imágenes e imaginarios ultra-cosméticos sobre la violencia para rentabilizarlos, sino que secuestra el sentido de las imágenes de denuncia social para desactivarlas a través de su banalización extrema. Esto lo hace al menos por dos vías: 1) El bombardeo descontextualizado y sin correlato de las imágenes del feminicidio. Es decir, la sobre-exposición basurizada de las víctimas en los telediarios, en diarios amarillistas y la revictimización de las asesinadas a través de los encabezados de los periódicos o los comentarios a las notas en redes sociales; 2) La producción de un relato fracturado y su distribución a través de productos culturales como series televisivas o e-series, películas, publicidad, moda y diseño que cosmetizan la violencia y descentran el sentido de denuncia e indignación social que tienen las imágenes o los relatos. Una especie de gentrificación de las luchas para producir códigos oficiales de lectura con respecto a la violencia.

En contra ofensiva a este secuestro y desactivación del sentido de las imágenes del feminicidio, he venido pensando en la necesidad de producir imágenes encriptadas, que para ser decodificadas sea necesario participar en la producción de su sentido de forma comprometida. Es decir, producir imágenes cuyo valor de denuncia no pueda ser fácilmente apropiados y desactivados por el relato oficial de la necro-masculinidad y el heteropatriarcado capitalista. Mi propuesta puede sonar un tanto críptica y de difícil implementación en un mundo que rebosa de imágenes y de transmisiones en vivo. Sin embargo, los ejercicios de imaginación política y de ampliación de las gramáticas para pensar, resistir y transformar el mundo que han hecho los feminismos racializados durante las últimas décadas, nos dejan ver que la hegemonía discursiva y visual no es tan sólida como se nos ha hecho creer durante siglos. A continuación, ejemplificaré estas formas de producción de correlato y sentido desde imágenes encriptadas.

Imágenes encriptadas y producción de correlatos feministas

En la imagen, observamos la fotografía de un elemento que no podemos identificar a primera vista. Se trata de un recuadro rosa, que parece estar pixelado o brillar intensamente. Este elemento llamativo, por su color fucsia, es una imagen encriptada, una imagen que puede ser percibida pero no puede ser leída sin el correlato social y cultural que la acompaña. Una especie de objeto que se construye fuera de sí, que necesita del consenso político feminista para develarse y unos lazos de solidaridad para mostrarse.

Es un close up sobre polvo de brillantina, diamantina, purpurina o glitter, como le queramos llamar según nuestro acento y ubicación geográfica. La imagen es efectivamente sólo una captura de cerca de un polvo rosa que brilla. Sin embargo, es mucho más: es una denuncia, una forma de imaginación feminista y de insurrección micropolítica que repudia la violencia estructural contra las mujeres en México, violencia sufrida por causas de género y que va desde la violación hasta el feminicidio.

Esta imagen surge de un hecho concreto: el lunes 12 de agosto de 2019, activistas y feministas de la Ciudad de México realizaron una marcha en apoyo a una joven de 17 años que acusó a cuatro policías de violación tumultuaria dentro de una patrulla en la alcaldía Azcapotzalco. La manifestación desembocó en una protesta frente a las oficinas de Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México (SSC-CDMX), donde arrojaron diamantina rosa al titular de la dependencia, Jesús Orta Martínez. Este gesto: lanzar diamantina rosa al titular de la dependencia se vuelve un manifiesto que expresa la rabia y el descontento generalizado en México ante la imparable ola de violencia contra mujeres cis y trans de todas las edades que, en 2019, alcanza la exorbitante cifra de nueve feminicidios y 50 violaciones diarias por todo el país.

Así, la primera función de la bomba de diamantina fue intervenir el pelo del titular de la SSP-CDMX, sin embargo, su potencia radica en que un gesto pequeño, festivo e incluso poético logró transgredir las normas sociales y romper la anestesia de las estructuras, pues esta declaración de guerra no violenta por la representación. Abrió paso entre el universo simbólico en la petición de justicia y se inauguró una imaginación política distinta, convirtiéndose en un correlato feminista que habilita estrategias de resistencia colectiva y produce ciertos códigos de lucha, las cuales lograrán crear empatía a través de la fundación de una memoria por medio de un símbolo: la brillantina rosa.

#JuntasBrillamosMás #SiNoPuedoBrillarNoEsMiRevolución

En un país donde, literalmente, hemos hecho de todo para visibilizar y concientizar sobre la gravedad de perseverar en la masculinidad necro-patriarcal y machista, la brillantina rosa aparece como un elemento que se convierte en un símbolo de insurrección feminista intergeneracional.

El color fucsia o rosa mexicano no es casual. Hace un guiño a la historia de las luchas por la búsqueda de justicia protagonizadas por las madres de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, quienes hicieron de las cruces rosas el símbolo de su lucha. Así, la potencia de la brillantina activa conversaciones intergeneracionales, pues reconoce la memoria y dignidad de las mujeres en pie de lucha contra el feminicidio desde los años 90 hasta nuestros días. Esto también abre otros horizontes de alianza, donde las imágenes e intervenciones micropolíticas construyenun diálogo al margen del Estado necro-patriarcal y machista.

La brillantina rosa y la imagen de la indignación estatal ante la intervención “violenta con diamantina” han dado la vuelta al mundo, creando un artefacto cultural a base de memes y videos que circula en redes sociales. Esta circulación nos habla de la diamantina rosa como un símbolo cultural cargado de futuro y nos da pistas de cómo construir pequeñas y potentes fugas ante el sistema de representación de las imágenes re-victimizantes, como lo serían las campañas para prevenir la violencia machista presentando a mujeres golpeadas, por ejemplo.

***

FZ: Sobre las posibilidades de imágenes encriptadas, el mapa Los feminicidios en México [2] de María Salguero [3] visualiza, en tiempo real (régimen live), lo irrepresentable para dar cuenta de la violencia ejercida contra las mujeres, al cubrir con marcadores la superficie de un mapa de México. Dar una imagen (big picture) en tiempo real e intentar no revictimizar son operaciones complejas. La estrategia de Salguero incide en un aspecto doloroso: el reconocimiento público del estatus víctima para poder dar cuenta de la violencia ejercida sobre las mujeres como recurso que permita exigir justicia en tanto estrategia “parajudicial y forense”.

Viniendo del otro lado de la pantalla, la rebeldía purpurina da un giro a este tipo de intervención feminista para invadir el régimen live al interceptar las representaciones de víctimas y posicionar una imagen de poder colectivo contra el régimen necro-machista.

SV: El mapa de Salguero es una especie de hackeo al régimen live ya que, con los mismos elementos de “difusión en tiempo real”, rompe la anestesia social y presenta a las víctimas sin revictimizarlas, dando cuenta de ellas.

Hace unos meses me preguntaba: ¿cómo representar de otra manera nuestras demandas en contra de la violencia machista y el feminicidio? Y en este sentido, tanto el mapa de Salguero como la brillantina rosa me responden que la revolución (trans)feminista tiene la creatividad necesaria para reinventar los lenguajes de la imaginación política, haciendo uso de las calles y las redes (porque ambas también son nuestras) para articular cuerpos en lucha y contestación tanto en el mundo offline como en el online. Esta forma de entrar y salir de ambos mundos será lo que nos mantendrá construyendo una memoria en lucha y un futuro posible en el cual podamos responder a cualquier agresión y, quizá en un momento no muy lejano, caminar tranquilas y detener el índice de feminicidios.

FZ: La cuestión de la memoria de estas estrategias me lleva a rememorar las enunciaciones de de Susan Lacy en los años sesenta, sobre la denuncia de violaciones en el centro de Los Ángeles; pasando por El tendedero de Mónica Mayer que implementa en México desde 1979; y las distintas estrategias en América Latina como “El siluetazo”, las prácticas de disidencia y el reclamo social vinculados con la resistencia y la denuncia de la violencia ejercida por regímenes autoritarios en contra de la ciudadanía.

En este sentido, me interesa revisitar la propuesta de los espectáculos éticos desarrollada por Stephen Duncombe en el libro Dream: re-imagining progressive politics in an age of fantasy (2006). El autor marca la difícil pregunta en relación a la diada entre espectáculo y ética: ¿acaso no vemos a los dos elefantes blancos en el cuarto? La respuesta es sí: fascismo y capitalismo. Como ya lo has señalado antes (en tu ensayo sobre la fascinante violencia),[⁴] el espectáculo fascista se centra en una ética de la obediencia masiva y del sacrificio de lo individual por una voluntad “superior”. Por otro lado, el espectáculo capitalista se centra en el intercambio económico que promete singularidad y transformación individual. Según Duncombe, un espectáculo ético emplea relatos, mitos, fantasía e imaginación para sembrar su respectiva agenda —al igual que el fascista y el capitalista. Sin embargo, los espectáculos éticos estarían estructurados para ejercer una democracia directa,
rompiendo jerarquías, procurando comunidad, permitiendo la diversidad, involucrándose con la realidad de su tiempo e interrogándose sobre otras realidades posibles. En relación con la espectaduría de éstos, la propuesta apunta hacia una co-producción y una co-dirección. En una realidad compartida, en el campo de pugna de las representaciones y presencias, es pertinente involucrar la discusión sobre estrategias feministas de intervención del espacio público en tanto espectáculos éticos o ejercicios simbólicos de restitución —dados a partir de cuerpxs en rebeldía en las calles y estrategias de resignificación de elementos visuales propios de la vida cotidiana en los medios de comunicación masivos y las redes sociales.

SV: Recupero la idea de la ética. En nuestra era del espectáculo y la cultura de la celebridad, los espectáculos éticos pueden ser un detonante para que una imagen no deje secuestrar su sentido y pueda despertar empatía. Así, se producen lazos y solidaridades como un ejercicio lúdico crítico que nos haga partícipes de la construcción de su sentido. Estimula también observadorxs participantxs activxs que trasciendan los viejos modos de representación ocular-céntrica, y superen el marco heteropatriarcal, su representación re-victimizante y la anestesia moral generalizada en la que vivimos en México y en muchos de los países de Latinoamérica —países que, pese a sus especificidades, son femigenocidas.

#ANosotrxsNosCuidanNuestrasAmigxsNoLaPolicía
#NiUnaMenos
#VivasNosQueremos
#LaRevoluciónSeráTransFeminista

Notas

  1. Nelly Richard, Abismos temporales. Feminismo, estéticas travestis y teoría queer, Santiago de Chile: Ediciones Metales Pesados, 2018, p. 205.

  2. Para consultar el mapa: .

  3. Feminista, investigadora, científica de datos, activista, especialista en feminicidio y delincuencia organizada.

  4. Sayak Valencia y Katia Sepúlveda, “Del fascinante fascismo a la fascinante violencia: Psico/bio/necro/política y mercado gore” en Mitologías hoy, [S.l.], v. 14, p. 75-91, dic. 2016. ISSN 2014-1130.

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