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22.02.2016

Brazil, Deadly Environment: Desenvolvimentismo in the work of Paulo Tavares and Beto Shwafaty

Pedro Neves Marques aborda la resaca en relación con la ideología del progreso, traducida al concepto de desenvolvimentismo (“desarrollismo”) en Brasil, aplicado en el marco de la derecha neoliberal naciente de América del Sur. Neves analiza el trabajo del artista Beto Shwafaty y del arquitecto Paulo Tavares y su investigación en la región amazónica.

PazNaSelva2014

El 5 de noviembre de 2015, una represa a cargo de la empresa minera Samarco, propiedad de la brasileña Vale y la anglo-australiana BHP, se desató en el área de minería industrial Germano de Bento Rodrigues, cerca de la ciudad de Mariana, en el estado de Minas Gerais en Brasil. Al menos 62 millones de metros cúbicos de detritos de mineral de hierro y de agua fangosa se regaron en los ecosistemas cercanos, contaminando el Río Doce y sus ambientes circundantes, hasta el final de la región altamente turística de Minas Gerais y las largas extensiones de arena blanca en Regência en la costa del estado de Espírito Santo. El río, la tierra, la vegetación, los animales y los humanos, las playas y el mar, las economías locales y los sistemas biológicos que conectan a la naturaleza y la cultura a los largo del camino devastado por el detritus, todos llevan muriéndose tres meses. Este es el mayor desastre ambiental que jamás ha golpeado el territorio brasileño. A pesar de la escala, es, no obstante, sólo la más dramática de muchas muertes lentas en todo el país.

Paulo Tavares img 1

Como muestra la imagen de arriba, la región biogeográfica del Amazonas se ha convertido en muchos sentidos un «ambiente mortal», gestado en el entrecuce de la economía del cambio climático y la persistencia de la violencia colonial en América del Sur. El mapa «Medio ambiente mortal» fue producido por Paulo Tavares, arquitecto brasileño e investigador que ha desarrollado este proyecto para y con el Goldsmiths Research Architecture Center en Londres. Más recientemente, ha expuesto en Forensis en Haus der Kulturen der Welt en Berlín en 2014 y, junto con Ursula Biemann, en BAK en Utrecht en 2015. El mapa es parte de la investigación forense e histórica de Tavares titulada Amazonia: Una Arqueología Botánica de la Violencia, centrada en la «arquitectura» de la selva amazónica y en la violencia que conllevó su desarrollo industrial desde la década de 1950. Además de examinar abundante material de archivo y sostener un diálogo con arqueólogos como Michael Heckenberger y Eduardo Neves, Tavares ha estado utilizando imágenes de satélite y conocimientos botánicos para mapear y conectar la antigüedad de la selva con los crímenes de genocidio contra las comunidades indígenas cercanas a los sitios de extracción, como los Waimari Atroari. En sus propias palabras, este mapa “compila datos sobre violaciones de derechos humanos recogidos en los informes elaborados por la ONG Pastoral da Terra, Conselho Indigenista Missionário y Global Witness, en combinación con la información GIS sobre territorios indígenas, ubicación de represas, explotación de petróleo y deforestación .»(1)

Mientras que al este del mapa se pueden ver los números absurdos de asesinatos dirigidos y el desplazamiento de la población correlacionados a la tala y la deforestación, al Oeste, a medida en que la selva surge de los estados de Acre y Amazonas hasta la sierra peruana y ecuatoriana, la Amazonía básicamente está siendo transformada en un sitio de extracción de petróleo gigante. Al el centro del mapa, por debajo de Santarém, se encuentra el proyecto de la represa Belomonte y la mina de Carajás, que es la mayor mina a cielo abierto de hierro en el mundo (del mismo modo, mayor mina de oro al aire libre se encuentra en Paracatu, estado de Minas Gerais). Al sur del mapa, como una sonrisa espantosa, está el «Arco de Fuego», que atraviesa el estado de Mato Grosso. Este es quizás uno de los más rápidos e intensos sitios de terraformación en toda América del Sur, gracias a lo cual las zonas forestales y las grandes llanuras del ecosistema amazónico sur se han transformado en grandes monocultivos de soya, maíz, caña de azúcar o algodón ––aquí de nuevo, el mapa conecta la deforestación con los asesinatos dirigidos de poblaciones mayoritariamente indígenas y de activistas de la tierra.

Sin título1

Al igual que el desastre Mariana, sin embargo, muchos más sitios de violencia marcan el territorio brasileño por fuera de este límite cartográfico. Muchos de éstos se caracterizan no sólo por la violencia directa sino también lenta, y allí también, los monocultivos acelerados de los estados agrícolas ––que no serían posibles sin el uso intensivo de pesticidas y semillas transgénicas–– son reveladores: Brasil es el primer consumidor mundial de plaguicidas y otros productos químicos agrícolas; su población ingiriere en promedio hasta seis litros de pesticidas al año y la mayoría de cultivos químicos están los destinados a biocombustibles y a la ganadería como la soja, el maíz, la caña de azúcar, y el algodón. (2) El progreso y la producción a costa de la contaminación y el cáncer: estas regiones están atravesadas molecularmente por un grupo de pesticidas en movimiento por el subsuelo y el aire, desregulados como una máquina colosal impulsada por mano de obra barata o esclava, en donde la red de la producción y el transporte está por encima de cualquier ser o de cualquier cultura humana o no humana. Mientras que el mega puerto fluvial de Santarém no se inaugure, abriendo el camino para que los productos agrícolas y el ganado sean enviados a través de la cuenca del Amazonas y hasta el Canal de Panamá, toda esta producción continúa viajando por el sur a los puertos de Santos en Sao Paulo y Vitória, en Espírito Santo. Brasil es el famoso pulmón del mundo, pero también es su granja. No es sorprendente entonces que, dado que los «ruralistas» se aferran al sistema político brasileño ––un sistema que, dada la incapacidad de una reforma agraria, aún perpetúa el legado de su estructura terrateniente colonial heredada–– estén tomando ventaja, sino orquestando parcialmente, la actual crisis política. Además están presionando por una enmienda que permite el uso de las semillas Terminator: semillas transgénicas estériles que duran sólo una temporada. Esta ley PL 1117 haría que Brasil sea el primer país del mundo en romper con la prohibición de las semillas Terminator, firmada por 192 países en la ONU en 2000. Sus consecuencias son predecibles, con el riesgo de contaminación genética de los ecosistemas y más afianzamiento del trabajo esclavo y la dependencia agrícola sobre las corporaciones como Monsanto o Syngenta. Del mismo modo, el recientemente aprobado aunque todavía en contestación PEC 215 detendrá instantáneamente cualquier demarcación adicional de territorios indígenas e incluso podrá retraer aquéllos logrados desde la Constitución de Brasil en 1988, cada vez que la tierra sea considerada (¿por quién?) de «interés público pertinente» —en otras palabras, más monopolización de la tierra. (3)

Este paisaje, tóxico y contaminado por el conflicto, es la consecuencia de lo que en Brasil se llama desenvolvimentismo (desarrollismo). Para el estado brasileño corporativo, la manera moderna sigue siendo la manera extractivista, con poca diferencia entre hoy y el Brasil colonial de las entradas y bandeirantes (exploración y explotación interna de Brasil, ya sea a manos de la corona portuguesa o de manera privada, respectivamente.) Lamentablemente, a pesar de la política revolucionaria de inclusión y redistribución del Partido de Trabajadores, la ideología desarrollista atraviesa todos los partidos ­––como el antropólogo Eduardo Viveiros de Castro dijo una vez, el Partido de Trabajadores tiene una mentalidad del siglo XIX, aunque uno sólo puede imaginar la intensificación de la violencia bajo la derecha neoliberal mediática. (4)

Paulo Tavares img 2

Paulo Tavares demuestra cómo la modernidad tropical brasileña oculta, detrás de su propaganda estatal, un Brasil químico. Junto con otros investigadores presentes en Forensis, su investigación traduce los ecosistemas y la economía del cambio climático y sus actividades de terraformación en un ejercicio de visualidad más allá de las instantáneas ambientalistas comunes, uniendo dispositivos tecnológicos concretos e imágenes inhumanas (radiometría Landsat, por ejemplo) a casos de responsabilidad legal. Habitar un mundo contaminado demanda de nosotros la participación en una realidad expandida, donde no sólo los seres humanos y los no humanos deben interactuar, como en la Actor-Network-Theory, pero en dónde, de manera igualmente importante, las imágenes de lo visible y lo invisible (ya sean rastros químicos o la edad y la fertilidad de los bosques) deben combinarse para que nos familiaricemos con un mundo cuya textura se extiende más allá de nuestro aparato perceptivo. En palabras del arquitecto Eyal Weizman, con quien Tavares ha trabajado a menudo, “la capacidad de las imágenes tanto de crear como de destruir.» (5)

Beto_Shwafaty-3@Edouard_Fraipont

El artista plástico brasileño Beto Shwafaty es uno de los pocos artistas de Brasil que conozco que trabaja sobre este tipo de política de desarrollo, no de una manera alegórica desde la superficie sensorial de la representación (lo que abunda en las artes brasileñas) sino a través de una investigación metódica a largo plazo sobre el entrecruce histórico entre sus agentes, períodos, la arquitectura y las artes. Para mí, la práctica de Shwafaty desde hace algún tiempo ha sido una contraparte a la cartografía de Tavares ­––y no es quizás ninguna sorpresa que sostengan un diálogo sobre estos asuntos––abriendo la red infraestructural y cultural que ha sostenido el manejo destructivo del territorio, de la población, de la energía y, por qué no, también de la estética, sobre todo a partir de la caída de la segunda presidencia de Vargas a mediados de la década de 1950 e incluyendo el hecho de que algunas mentes de élite progresivas lo consideraron necesario.

Beto_Shwafaty-5@Edouard_Fraipont

Si el tropicalismo (y la estética neo-concretista, que a partir de la edificación de Brasilia en adelante se proclamó como el estilo oficial de la nación) persisten lánguidamente en gran parte del arte brasileño, el tropo es revisado en instalaciones y videos de Shwafaty no como legitimidad genealógica (una forma de inscribir el propio arte en una tradición de color, cuerpo y geometría), sino para narrar el juego de poder de tales estéticas dentro de las políticas nacionalistas del país en tanto forma y contenido, tal vez de manera similar a cómo el expresionismo abstracto en los EE.UU. se puede enmarcar, sociológicamente, a través de su patrocinio por la CIA. Contrato de Riesgo, su última exposición en la Galería Luisa Strina se aproximó a la historia de la sede de la petrolera brasileña, Petrobras, en Río de Janeiro. Siempre consciente del diseño de exposición, el entorno de objetos de Shwafaty narró la sumisión de las ideas progresistas a la industrialización, fetichizada en Brasil en la forma de Petrobras, que a su vez adornó su edificio con el estilo abstracto neo-concretista de relieves de hormigón armado ––el famoso arquitecto paisajista Burle Marx también diseñó susjardines interiores colgantes. Una serie de esculturas recrea parte de los relieves del edificio y junto con serigrafías de noticias que van desde sus etapas iniciales en la década de 1970 hasta la actualidad, la obra recuerda episodios de la vida y la recepción pública de la sede de Petrobras, sus promesas pasadas de revitalización urbana y el colapso reciente, con la empresa ya totalmente sumida bajo la corrupción. Una pintura mural en blanco y negro basada en el modelo de baldosas abstractas de otro edificio Petrobrás (ubicado en Brasilia y diseñado por Athos Bulcão a principios de 1960), también es apropiado por Shwafaty, alterado en su ritmo visual estable para evocar un estado constante de crecimiento a partir de la cuadrícula, terminando en un negro petróleo profundo.

Su escultura del mismo título (a lo que añadió el subtítulo: El Trabajador, Político, intelectual y Revolucionario) a pesar de funcionar a un nivel más simbólico o representativo, encapsula de nuevo en una sola imagen la cara doble de las ideas progresistas en Brasil , con una mano bicéfala de un trabajador con un puño apretado y levantado sobre otro puño que se clava en una cacerola miserable (utilizada por los trabajadores para llevar la comida) llena de caucho negro, en una alusión al petróleo. Otra escultura de naturaleza similar, Aculturação (não) é integração I (2015) muestra un jarrón de cerámica tradicional pintado con el logo de la compañía minera Vale do Rio Doce, que opera la mina de Carajás y ahora está en el centro de la debacle de Mariana. Esta producción icónica de imaginería industrial recuerda algunos de los mejores momentos de Cildo Meireles, una de las comparaciones mas difíciles de las artes brasileñas.

Beto_Shwafaty_Geral-4@Edouard_Fraipont

Al igual que en la investigación arquitectónica y ecológica de Tavares, el papel social de la tecnología y la industria es esencial para la política de Shwafaty. Pero mientras Tavares usa este rol con el fin de ampliar los límites tecnológicos y cosmopolíticos de la política ecológica, Shwafaty se refiere a su despliegue ideológico en la red social del país, tanto en una cuadrícula psicológica (retrógrada/progresivo, bastardo/moderno, socialista/capitalista, etc.) como en una red geopolítica y energética territorial muy concreta de poder y negación.

Reparar, sí señor… Necesitamos un nombre propio para eventos tales como la fuga en la represa de hierro en Mariana (entre muchos otros incontables en Brasil y en otros lugares.) Estos no son desastres sino negligencia. Esto es lo que el trabajo de Tavares o Shwafaty nos permite repensar al tiempo en que nos permite señalar responsabilidades, tecnologías y aparatos corporativos y de estado.

La derecha neoliberal de Brasil está blandiendo el desastre Mariana cual cuchilla con la cual asestar un golpe definitivo al hoy por hoy calamitoso gobierno de Dilma Roussef. Pero, por otra parte, los desastres de este tipo sólo refuerzan a los ojos del llamado mundo desarrollado una imagen de tercermundismo a través del Atlántico y del Golfo pérsico que re-inscribe el lazo colonial en Brasil (o en cualquier otro lugar del «mundo en desarrollo») limitando una y otra vez a estos lugares a ser «países del futuro» a lo que el autor austriaco Stefan Zweig una vez los condenó. Esto incluso cuando desastres similares abren de una sola sentada la molecularidad de la tierra en los Estados Unidos, en Europa, Japón, y así sucesivamente. Esto incluso cuando las fugas de metano de Porter Ranch en California siguen desatando gas (más de 83.000 toneladas métricas) desde octubre, contaminando el aire desde Los Ángeles hasta San Fernando Valley. (6) De todos modos, como cualquier persona que ha vivido en Estados Unidos sabe, EE.UU. es un país del tercer mundo disfrazado de primer mundo.

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Llamar a este tipo de incidentes desastres es dejarnos fantasear en ellos de manera delirante, inscribiéndolos en el espectro de los desastres naturales en el debate del cambio climático. Estos eventos se relacionan a la crisis ecológica, tanto como causa como consecuencia. Que las Naciones Unidas los clasifique como desastres de Derechos Humanos no es mucho mejor ya que tal nomenclatura presenta como cerrada y opaca a la red trans-ontológica más amplia de agencias, historias y cosmologías. El desastre Mariana y Rio Doce están afectando no sólo a las poblaciones y economías, ni, ya que estamos, simplemente, al medio ambiente ––siempre y cuando el medio ambiente se entienda de manera a-histórica y anti-antropológica. Pues si el entorno de Minas Gerais sólo puede entenderse históricamente a través de su manejo colonial y de terraformación, por el contrario, lo que se nos presenta (especialmente por la ONU) simplemente como un entorno biodiverso es para las comunidades indígenas un espacio social intenso de seres y mundos-de-otro-mundo ajenos a nosotros. ¿Cuál entonces debe ser la escala y el alcance de la reparación para tal genocidio?

 

Notas:

(1) Paulo Tavares, intercambio privado de correos electrónicos, enero de 2016.
(2)    Ver, entre otras fuentes, Mariana Rossi, “O alarmante uso de agrotóxicos no Brasil atinge 70% dos alimentos,” El País, 20-04-2015, última revisión 16-01-2016 (http://brasil.elpais.com/brasil/2015/04/29/politica/1430321822_851653.html)
(3) Ver entre otras fuentes la página del Instituto Socioambiental sobre el tema: http://www.socioambiental.org/pt-br/tags/pec-215
(4)    Eduardo Viveiros de Castro, “A escravidão venceu no Brasil. Nunca foi abolida,” entrevista de Alexandra Lucas Coelho, Público, 16.03.2014.
(5)    «The Anthropocene Issue: Episode 2009», Inhabitants, diciembre 2015. http://inhabitants-tv.org/dec2015_specialseries_theanthropoceneissue.html
(6) Para más información sobre los escándalos de la corrupción involucrando a Petrobras y a funcionarios de alto mando del gobierno, ver las páginas de El País dedicadas al tema: http://brasil.elpais.com/tag/caso_petrobras/a/ and http://brasil.elpais.com/tag/petrobras/a/
(7) Lorraine Chow, Porter Ranch Methane Leak Spreads Across LA’s San Fernando Valley, Ecowatch, 15-01-2016 (https://ecowatch.com/2016/01/15/porter-ranch-methane-leak-spreads/)

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