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27.08.2018

Nunca fuimos modernas

Carolina Caycedo y Catalina Lozano reflexionan sobre procesos de sanación y descolonización como salidas posibles al embrujo autoritario dominante.

Carolina Caycedo, artista, y yo, Catalina Lozano, hemos llegado por caminos diferentes a intereses comunes que tienen que ver con entender los efectos ubicuos y naturalizados de la colonialidad para contrarrestarlos a través de nuestra práctica artística y curatorial respectivamente. En esta conversación hacemos un repaso sobre nuestros recientes proyectos para reflexionar sobre posibles formas de entender la sanación como un proceso integral de descolonización en el que lo humano y lo no humano empiecen a estar indiferenciados.

Catalina Lozano: Hay una historia de colonización que produjo un régimen racializado y patriarcal, un régimen opresor. Esto es lo que define la colonialidad. La naturaleza entendida como una realidad externa al hombre —al hombre blanco— es la primera forma de ejercer un derecho de explotación sobre ella dentro de este sistema moderno colonial. El capitalismo organiza esta explotación dentro de su lógica hegemónica. Históricamente, en América los pueblos indígenas fueron clasificados del lado de la naturaleza y así se justificó su explotación y su exterminio. Estos son temas que he abordado en diferentes proyectos curatoriales y desde diferentes ángulos.

En The Cure [1] hilé una serie de ideas que rondaban mi cabeza, que tenían que ver, en gran medida, con la división moderna entre naturaleza y cultura y en cómo esa división se problematiza a través de la sanación. La sanación —lo que llamo aquí sanación en oposición a la medicina occidental— es una negociación entre diferentes ámbitos, en la que se invocan fuerzas que se escapan de un régimen de verificación visual que, paradójicamente, nos ha enceguecido. El tener que “ver para creer” nos ha cerrado posibilidades de acceder a un conocimiento invisible y sensible.

Otro campo que me interesaba, por lo que representa dentro de la historia del conocimiento occidental, son los museos de historia natural en los que se encapsulan de forma tan violenta ciertas implicaciones de la episteme colonial moderna occidental. La idea de conquista domina la retórica de estos lugares y la taxidermia es el recurso de “conservación” que representa la vida a través de la muerte.

Tengo la impresión de que todos estos son temas o preocupaciones que conciernen tu práctica, de manera más o menos directa.

Carolina Caycedo: La clasificación de la naturaleza, como la que encontramos en museos de historia natural, es un proceso relacionado con la occidentalización del cuerpo femenino, nuestra clasificación/estigmatización corporal, sentimental, laboral. Bajo los parámetros y restricciones patriarcales, hemos [2] perdido los conocimientos y el control sobre nuestro cuerpo, olvidando auto-procesos de sanación, prevención de embarazos, alimentación, sexualidad. En este sentido, es consecuente resaltar la relación entre institución científica e institución religiosa, como dos regentes de este proceso de colonización y patriarcalización del cuerpo.

CL: María Ovidia Palenchor Anacona, líder del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) en Colombia, explica cómo luchar contra el modelo patriarcal es indispensable para el movimiento indígena contemporáneo porque éste ha sido un modelo impuesto a través de la colonización en Colombia. Es un modelo totalmente incrustado dentro de la colonialidad y es una de las luchas más tenaces de la descolonización, pienso yo, inclusive al interior de las luchas descoloniales más radicales. Palenchor habla del desequilibrio que produce la dominación de lo masculino como un desequilibrio radical que afecta a toda la convivencia en el territorio entre todos los seres que lo habitan. Ella dice que “la mujer milenaria tiene una relación fundamental en restaurar ese origen, en restaurar esa práctica de la ley de origen pero también de transformar todas esas prácticas cogidas de afuera para el patriarcalismo”. Menciona algo que es clave, que las “brujas para nosotros [los indígenas] son sabias, pensadoras [por lo que] al modelo capitalista, patriarcal e individualista, no le conviene incorporar la sabiduría de la mujer”. [3]

CC: Una parte importante de mi proceso de sanación-descolonización ha sido la recuperación de una sexualidad sin culpas, ni miedos. Aquí las historias de Kochininako (yellow women), presentadas por Leslie Marmon Silko, escritora Laguna Pueblo, han sido de gran ayuda. En la cosmovisión Laguna Pueblo [4] la creadora es una mujer, la mujer araña o mujer pensamiento, una figura femenina que es a su vez una figura heroica, lo que permite construir una mitología donde el status de la mujer es igual al del hombre. El poder de Kochininako reside en su valentía y su sexualidad desinhibida. A pesar de estar casada y ser madre, Kochininako tiende a irse de su pueblo por épocas con distintos amantes. En una de las historias su pueblo sufre de sequía y falta de alimentos, todos los días Kochininako debe caminar más y más lejos para encontrar agua. Un día llega a un manantial muy apartado, en donde encuentra una criatura hermosa mitad hombre, mitad búfalo, quien la seduce y se la lleva galopando a sus espaldas. Dado el amor entre el hombre búfalo y Kochininako, la gente búfalo accede a entregar su cuerpo a los cazadores Laguna Pueblo, acabando así la hambruna. La sexualidad vibrante y la sabiduría femenina de Kochininako benefician a su pueblo.

CL: Esto me recuerda cómo las “ciencias sociales” han relegado las “leyes de origen” de las que habla Palenchor, a una categoría de “mito” para deslegitimar esos conocimientos dentro de la categoría de lo inventado, fantasioso e “irracional”. De esta forma se ejerce la anulación de otras epistemes para construir la hegemonía de una racionalidad occidental que, sin embargo, se ha mostrado como totalmente irracional. El capitalismo en su etapa neoliberal es una empresa criminal más en la punta de lanza del ecocidio y genocidio que estamos viviendo. Colombia es un ejemplo perfecto de esto: lo que pasa actualmente en el “postconflicto”, después de la firma del proceso de paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), cuando más de 250 líderes sociales, comunales, indígenas han sido asesinados y la derecha sigue recolectando votos.

CC: ¿Recuerdas ‘el embrujo autoritario’? Así se llamó el reporte publicado en el 2003 por la Plataforma de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, sobre el primer año de gobierno de Álvaro Uribe Vélez en Colombia. A vistas de las elecciones presidenciales en Colombia es obvio que unos seguimos embrujados y otros amenazados por una estructura mortífera y extractivista que tiene componentes visuales muy particulares, anclados en visiones de desarrollo, progreso, crecimiento, y tecnología, filtrados por la cultura y la fe narco-paraca. Mira el tweet que Uribe tuvo fijado en su cuenta. Una mezcla de fascismo, racismo y espiritualidad. [5]

Estoy convencida que a través del arte y del lenguaje, podemos generar contraposiciones visuales y lingüísticas a este embrujo autoritario, por medio de alucinaciones colectivas, como la facilitada por la curandera Pachita de la que hablas en The Cure. Básicamente podemos generar contraposiciones desde cualquier disciplina, pero funciona mejor cuando trabajas en tándem.

CL: Es importante esto que dices acerca de cómo el arte puede tener un papel que apela a lo sensible pero que tiene un efecto más allá. Una forma de activismo en la que el arte actúa como tal. Tú tienes la posibilidad de trabajar a un nivel específico local, pero también pensar de forma muy integral, lo que permite que este trabajo también viaje y sus implicaciones se desborden.

CC: Desde el 2012, desarrollo un cuerpo de trabajo que busca examinar cómo las represas como infraestructuras afectan la diversidad bio-cultural. Empecé por acercarme al territorio impactado por el Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo, sobre el río Yuma (Magdalena) en Huila, Colombia. Es el primer proyecto hidroeléctrico construido por capital transnacional en Colombia. Las visitas dieron paso al proceso de geocoreografías, que organizamos con Jonathan Luna en varios municipios del Sur del Huila, en donde exploramos con jóvenes y niñas afectadas por el Quimbo las posibilidades del cuerpo y sus gestos cotidianos como herramienta política. Por ahí comencé a involucrarme más con procesos organizativos en defensa de los territorios a nivel regional con Jaguos por el Territorio, Asoquimbo, Asonaret, Defensores del Macizo Colombiano, Colectivo Cultural Yaguilga, y a nivel nacional e internacional con el Movimiento Social Ríos Vivos Colombia, Movimento de Atingidos por Barragens en Brazil, y la tribu Yaqui en México. Siempre me he presentado como artista visual en las diferentes comunidades que me han acogido y he dejado claro que estoy ahí para ayudar con la construcción y deconstrucción de imágenes que se producen a través de su agenda política, misma que en ese momento se convierte en mi agenda. Para mí la defensa del agua, de los territorios y la vida es un compromiso a largo plazo, mismo que aviva mi práctica, y me obliga a esforzarme a no caer en extractivismo artístico o académico. [6] También se trata de entender cómo puedo aportar desde el arte a procesos por la justicia ambiental, y cómo puedo reclamar espacios dentro del circuito del arte para debatir el modelo minero-energético capitalista y abogar por una transición energética justa.

Una parte importante de mi proceso es visitar lo que llamo las líneas de frente de la injusticia ambiental, específicamente en aquellos lugares donde se están construyendo o se construyeron hidroeléctricas, donde han habido crímenes ambientales con relación a represas tanto hidroeléctricas como de desechos mineros, o donde hay organización y movimiento social en defensa del territorio y el agua. Este es un trabajo de campo espiritual, pues más que seguir una metodología científica de recopilación de información manteniendo una distancia objetiva, sigo mis intuiciones que se basan en las necesidades establecidas en el territorio, en las redes emocionales ya existentes, y en la suerte y el azar. O sea, me incorporo a las agendas locales y regionales, la intención estética y el objetivo de hacer arte pasan a un segundo plano. Así voy visitando, grabando, colectando objetos, tejiendo amistades con las personas que viven y laboran allí, compartiendo tanto en la intimidad de los hogares o del lugar de trabajo, como en los espacios de acción directa, de aprendizaje y de celebración colectiva. También busco en bibliotecas, archivos y bases de datos, y hago entrevistas más precisas con interlocutores particulares en mente. En el 2012 pude entrevistar al Mamo Pedro Juan, líder espiritual Kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia. (Mamo Pedro Juan dejó este mundo el año pasado). Cuando le pregunté qué representaba para su comunidad la represa de El Cercado [7] sobre el Río Ranchería, me dijo que esa represa era como un nudo en el ano. ¡Uy! Esa frase resonó tan fuerte en mi cuerpo y en mi cabeza, que aún aprieto el culo cada vez que la menciono. Comencé a entender cuáles son y cómo se sienten las afectaciones del extractivismo y sus mega-infraestructuras no sólo a nivel del territorio, sino a nivel del cuerpo, tanto el cuerpo humano como el animal o el del río. Finalmente, en 2016 pude ilustrar la cita del Mamo, con la esperanza de generar una reacción parecida a la mía, y que esa reacción corporal, esa sensación de estar apretado, cohibido, permitiera generar una empatía, y por qué no una solidaridad, con aquellas entidades (tanto humanas como no humanas) que están dejando el pellejo por todas nosotras en las líneas de frente de las luchas ambientales.

CL: Ese dibujo me parece muy potente. Su visceralidad (literal) lo hace muy eficaz, genera una sensación corporal que funciona a un nivel muy inmediato. Creo que la sanación también sucede a través de las imágenes. Por otro lado, es una transformación integral. Como dice Tobie Nathan se sanan “desórdenes” [8], no enfermedades localizadas en un órgano u otro. Lo que se cura está inserto en una comunidad, en un ecosistema, en una red de relaciones que involucran lo humano y lo no-humano. Es ahí donde la división entre naturaleza y cultura se pone claramente en crisis.

CC: Generar esa sensación de estar contenida también la he explorado en la acción Más allá del control (2015-2017), una acción pensada para una galería o espacio interior, que termina acorralando al público en una esquina por el mayor tiempo posible. Cuando el público comienza a querer romper el corral, se mencionan dos casos recientes de asesinatos de defensores ambientales, se dicen los nombres de los defensores, su edad, su territorio, su lucha, el lugar y la manera en que fueron asesinados, y si se sabe se mencionan los perpetradores. De inmediato la sensación de acorralamiento y la indignación de perder nuestro espacio personal se desvanece, y se genera un cuerpo colectivo conformado a partir de la rabia y el duelo que generan escuchar estas injusticias. Cada año superamos el número de activistas ambientales asesinados. Las y los ambientalistas se han convertido en enemigos número uno del capitalismo. Estas violencias han tocado de cerca a Ríos Vivos y otros movimientos por el agua en Latinoamérica, las amenazas son consistentes y hemos puesto varios muertos. Es el escenario de muerte de la colonia que sigue desdoblándose sobre las mujeres, los indígenas, los campesinos, los refugiados, entre otros.

CL: Hace un año más o menos estuve en un simposio en Noruega que se llamó Museums on Fire. Hubo discusiones bastante acaloradas sobre arte indígena y cómo éste entra y vive en el museo. Al hablar de descolonización, algunas personas lo entendían como un regreso al tiempo antes de la colonización. También hubo un momento en que se dijo que había que facilitar que los inuit hicieran programas de maestría y doctorado para poder invitarlos a hablar en simposios como ese. Y, para mí, de ahí surgió la respuesta: lo que se tiene que descolonizar/cambiar radicalmente es el simposio para que no solamente las personas avaladas por instituciones de educación occidental puedan tener una voz en él. La descolonización es transformar las instituciones hasta que no las podamos reconocer como instrumentos de ejercicio de un poder hegemónico y homogeneizador.

CC: Mucha gente piensa en la colonización como un suceso que ya pasó. Sin embargo, la colonización es una llaga monstruosa que continúa mutando, y es clave discutir sobre las condiciones, el desarrollo y las consecuencias de los conflictos socio-ambientales asociados a la confrontación armada. En ese sentido, se ha venido visibilizando a la naturaleza como escenario, botín y víctima de la guerra, incluidos los territorios y los cuerpos de los hombres y las mujeres. Desde Ríos Vivos planteamos la construcción de una memoria histórica ambiental popular, recopilada y contada por la misma gente afectada, que tiene como propósito fortalecer la defensa de los territorios, conocer los orígenes del conflicto armado en Colombia y sus afectaciones sobre la naturaleza humana y no humana, ampliar la documentación de hechos que conduzcan a la visibilización de la verdad como elemento fundamental para la no repetición y generar un debate que ayude a pensar el futuro como parte de la biodiversidad que somos. [9] Es urgente empezar a construir otras genealogías de pensamiento y acción, sin olvidar aportaciones de personas como Kimy Pernía Domicó, líder indígena colombiano; Berta Cáceres, activista ambiental hondureña, o Sandra Viviana Cuellar, ambientalista desaparecida desde 2011. Sería increíble poder incluir una genealogía de la resistencia en los currículos escolares, sería de los tantos puntos de partida para empezar a descolonizar y transformar las instituciones.

[1] Catalina Lozano, The Cure, Askeaton: A.C.A. Public, 2018.

[2] Cuando me refiero a “hemos”, me refiero a los cuerpos occidentalizados, que nos reconocemos como mestizos, POC (people of color, brown bodies).

[3] Maria Ovidia Palenchor Anacona entrevistada por Antonio Morales Riveira en Nación Indígena, dirigido por Antonio Morales Riveira, INCODER-Corporación Latinoamericana Misión Rural, 2014.

[4] Laguna Pueblo es una tribu nativo-americana localizada en el centro/oeste de Nuevo México, EE.UU.

[5] Tweet consultado el 31 de marzo de 2018

[6] Fui introducida a este concepto por una compañera de Ríos Vivos. En el arte se le conoce como la práctica del helicopter artist: ese artista que desciende sobre una comunidad-territorio, extrae imágenes e información, y se va sin dejar nada a cambio, o que nunca regresa. Una de las cosas que estoy ponderando es cómo distribuir las ganancias de las ventas de la serie Cosmotarrayas. No quisiera repetir la fórmula de las empresas que compensan con dinero sólo a algunas familias o individuos (que me facilitan las redes), generando tensiones al interior de la comunidad. Por ahora, vamos a subvencionar el transporte de unos 80 miembros de Ríos Vivos hacia el Encuentro Nacional de Afectados por Represas, que se llevará a cabo en junio 2018 en Barrancabermeja, Colombia.

[7] Para más información sobre la presa El Cercado consultar: Margarita Granados, Enyel Rodríguez, Luisa Rodríguez y Sandra Teheran, Represa del río Ranchería: falsas promesas de desarrollo, CINEP/PPP, no. 75 (2012), 32-35.

[8] Tobie Nathan, “Les bienfaits des thérapies sauvages”, en Médecins et sorcieries, eds. Tobie Nathan & Isabelle Stengers (París: Éditions La Découverte, 2012).

[9] Presentación del Foro de Memoria Histórica Ambiental Popular, llevado a cabo en Bucaramanga, 28 y 29 de septiembre de 2017. Consultado el 10 de abril de 2018: http://censat.org/es/noticias/foro-memoria-historica-ambiental-popular

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