30.05.2016

Las Nietas de Nonó

Las artistas puertorriqueñas Sofía Gallisá y las Nietas de Nonó hablan sobre su investigación sobre el sistema carcelario en Puerto Rico y el círculo de pobreza, discriminación de clase y racial que lo alimenta.

(1)-Foto-Cortesía-de-Las-Nietas-de-Nonó

Sofía Gallisá: Nosotras nos conocimos hace como dos años, cuando fui a ver su pieza Manual del Bestiario Doméstico en Patio Taller, que es su casa y además un espacio de encuentro vecinal y artístico. Nunca supe qué vino primero, ¿las Nietas de Nonó, Patio Taller o Manual del Bestiario Doméstico (MBD)? ¿Cómo se dieron las condiciones para que ustedes empezaran a pensar y trabajar sobre estos temas de su historia familiar?

Lydela: Todo se fue dando de manera simultánea. Teníamos una necesidad de conectarnos con las diferentes versiones de la historia familiar. Comencé a escribir y a publicar algunas de mis reacciones a las expresiones despectivas que generaban las noticias sobre personas que viven en los barrios y los caseríos residenciales de vivienda pública. Ya Michelle y yo teníamos conversaciones de crear una pieza con la que pudiéramos expresar nuestras experiencias e inquietudes alrededor de las vivencias en el caserío, las visitas a la cárcel, la escuela, la escasez y la familia. El álbum de fotos de la familia ayudó a traer a la memoria nuestras visitas semanales a la cárcel de Guayama para ver a los tíos, primos y algunos vecinos y fueron esas imágenes las que usamos como material de referencia para la pieza de teatro MBD que presentamos en la casa de nuestros abuelos paternos.

(7)-Foto-de-Ricardo-Alcaraz

(6) La Sangre pesa mas que el Agua Foto de Ricardo Alcaraz

Michelle Nonó: No nos cuestionamos mucho la decisión de utilizar la casa de nuestros abuelos para presentar la pieza. Nos negábamos a recurrir a los métodos de producción tradicionales que implican presentarse en espacios teatrales comerciales. Y Patio Taller se fue dando casi sin ninguna formalidad. Los vecinitos de nuestra calle pedían jugar baloncesto en nuestro patio y al tiempo comenzamos a ofrecerles talleres con las prácticas de Teatro de la Opresión de Augusto Boal. La casa y el patio de nuestros abuelos se convirtió en punto de encuentro vecinal y poco a poco fueron surgiendo las colaboraciones con otras personas, talleres durante el verano, residencias artísticas, intercambio de las cosechas de los árboles frutales y la crianza de gallinas. Esas prácticas ya venían de alguna manera desde los ‘40, las casas del barrio se fueron construyendo en colaboración con vecinos y las cosechas de árboles frutales se compartían. Para nosotras es continuar con esas colaboraciones y ver de qué otras manera podemos seguir cultivando esas relaciones.

(3)-Foto-de-Angelica-Allen

SG: Mi proyecto Buscando La Sombra también tiene que ver con las memorias familiares, pero en mi caso Carlos “La Sombra” Torres Meléndez era el personaje más memorable de las historias que me contaba mi papá de chiquita. Mi papá lo conoció un día en la Penitenciaría Estatal, y empezó a traerle libros a la cárcel cuando visitaba a sus compañeros de lucha, en ese entonces arrestados por desobediencia civil contra la militarización. “La Sombra” se devoró Los Condenados de la Tierra de Frantz Fanon y empezó a organizar una asociación de presos dentro de las cárceles que llamó los Ñetas, e incluso armaron motines en protesta por las condiciones de vida en el penal. Entró y salió de la cárcel en los años 70 varias veces, y se volvió una figura pública irreverente y combativa en una época dura de la izquierda en Puerto Rico. Me encantaba que era una mezcla de calle, poesía y retórica política. Entendió profundamente su lugar en el sistema, y cómo la cárcel ejercía evidentes dinámicas de opresión económica y racial. Yo le insistí a mi papá por años que escribiera un libro sobre él porque me parecía terrible que tan poca gente lo recordara, pero nunca le dio seguimiento. Así que empecé a reunir gente que también figuraba en esas historias, para grabarlos hablando sobre él y esa época. Luego estando en La Práctica de Beta-Local organicé un encuentro público con personas que habían conocido a “La Sombra” y les pedí que trajeran documentos que tuvieran sobre él. Llegó un montón de gente con cartas, poemas y hasta grabaciones de sonido que llevaban acumulando polvo en sus armarios hacía décadas. Todo el mundo lo recordaba como una figura excepcional. Entonces este esfuerzo por recuperar su memoria se convirtió en un proyecto a largo plazo. También se volvió una excusa para reflexionar sobre el archivo y sobre cómo investigar y contar la historia a través de mis relaciones y encuentros con personas que guardaban distintos pedazos y versiones. Me encanta la escala de Puerto Rico porque al uno contar su proyecto siempre surgen nuevas pistas y conexiones; todo el mundo se conoce. Mi proyecto no está atravesado por todo lo que implica una conexión directa al sistema carcelario, pero también tiene que ver con lo complicado que es trabajar entre lo emocional e íntimo y lo político.

(14)-Oso-blanco

L: Qué bueno que traes el tema de lo íntimo y lo político porque pienso que mientras más profundizaba en la memoria de mi familia, esa historia dejaba de ser mía y ya no estaba solamente hablando del encierro, la ausencia de los hombres de nuestra familia, de la herida de nuestras mujeres. Estábamos contando una historia común de hombres negros y pobres en la cárcel y de hombres asesinados en las calles por los conflictos entre los bandos de los diferentes puntos del narcotráfico. Ese acercamiento a las memorias familiares nos permitió construir una historia que no sólo partía de nuestras vivencias. Por ejemplo, las circunstancias de vida en el Fanguito (un arrabal pobre en San Juan) en los ‘50 fueron las vivencias de mi abuela, mi mamá y mis tías, los encarcelamientos masivos en los ‘60 fueron las vivencias de mis tíos y las redadas en los ‘90 de las políticas de la mano dura contra el crimen con tanques militares y la guardia nacional lo vivimos Michelle y yo desde el balcón de nuestra casa en el residencial público Manuel A. Pérez.

(4)-Foto-de-Ricardo-Alcaraz

MN: El denominador común de esas historias está ligado a la política de higienización que propone el estado en los barrios pobres. Esas opresiones operan desde diferentes instituciones que buscan disciplinarnos: la escuela, la familia, la industria médica, los laboratorios de alimentos, la cárcel. En Manual del Bestiario Doméstico buscábamos trazar una historia desde nuestra propia voz, que hiciera referencia a cómo las instituciones han limitado las posibilidades de las personas que viven marginadas en Puerto Rico.

SG: A riesgo de sonar ingenua, todavía me sorprende la invisibilidad de esas realidades a pesar de ser tan ubicuas. Creo que en Puerto Rico consumimos tanto contenido audiovisual importado que estamos alejados de nuestras propias historias, y podría hasta parecer exótico que alguien decida hablar de la cárcel o el caserío desde sus experiencias personales. Yo me pregunto si parte de lo que hace una pieza como la de ustedes es crear las condiciones para que se hable, para que se comparta.

MN: Mi percepción es que la presentación de la obra en parte provocó unas conversaciones de gente que se identificó a través de las experiencias que evoca MBD. Por otra parte, noto una negación a hablar sobre las circunstancias que generan hombres y mujeres en desigualdad social, e incluso hubo situaciones que ponían en evidencia esos juicios. Algunas personas desde que llegaban expresaron su desconfianza porque estaban en un barrio. Recibíamos llamadas de personas que decían: “Creo que estoy perdida, porque llegué a un barrio y no puede ser aquí.” Entonces nosotras aclarábamos: “Sí, la función es en nuestra casa en un barrio.”

L: Sí, yo creo que han habido algunas expresiones que se acercan desde el lugar anecdótico personal de “ay bendito, es que eso le pasó a los primos de ellas”, pero yo me cuestiono si puede haber un acercamiento al tema de la cárcel, de la desigualdad social, del narcotráfico, donde la atención que genera nuestro arte no se enfoque en nosotras sino en los contenidos y en las problemáticas que estamos tratando.

SG: Es más fácil hablar de ustedes…

L: Y de la estética… pero nuestras prioridades no son la estética sino los contenidos.

SG: En general creo que respondemos más a las historias de individuos que a críticas colectivas que nos implican, pero además es un reto fuerte para la audiencia saber qué hacer en respuesta a todos estos ejes de violencia una vez salen de la función.

MN: Sí, el espectador puede o no responder a la información según sus experiencias, juicios y circunstancias. ¿Cómo manejaste tú la información que fuiste recibiendo de Carlos “La Sombra”?

SG: Tengo bien presente que mi punto de partida son los recuerdos de una generación del Partido Socialista Puertorriqueño para quien “La Sombra” hasta cierto punto confirmaba la viabilidad de la revolución proletaria que querían ver en la Isla. Para mí es importante interrogar esa memoria también y por eso incluyo otras perspectivas sobre su historia, desde periodistas que lo tildaban de loco hasta el trabajo de ustedes, primas y sobrinas de presos del grupo rival de Los Ñetas, Los 27, que tenían que cruzar la Isla para verlos porque estaban segregados.

Estoy produciendo un libro-objeto que pondrá en circulación los materiales que he recogido en la primera parte de la investigación. El trabajo editorial consiste en dirigir la lectura de maneras sutiles a través del diseño, que está disfrazado como un archivo tradicional para ser insertado ya sea en bibliotecas institucionales o en la biblioteca de Patio Taller o Beta-Local, y abrirlo a nuevas lecturas. También tengo otros materiales, como el expediente criminal de “La Sombra”, que he guardado para futuras fases del proyecto porque entiendo que amerita otro tratamiento. No quiero presentar la versión del estado sobre él sin intervenirla directamente, y eso requiere de otras estrategias formales.

MN: En Manual del Bestiario Doméstico también nos cuestionamos mucho sobre cómo utilizar las acusaciones del estado y decidimos presentar en algún momento de la pieza dos versiones de Fernando Salgado Osorio, quien está confinado en una penitenciaría en Estados Unidos. Una de las versiones fue extraída de una plataforma web en donde se guarda registro de los presos con la descripción de los cargos criminales. La otra versión es de la persona a través de fotos de su niñez y adolescencia. La lectura queda a merced de los espectadores, pues queríamos ver qué reflexiones podían surgir. Recuerdo que en una de las intervenciones una mujer decidió buscar el nombre de su esposo en la misma plataforma web en vez de buscar el nombre que le sugerimos. Encontró la ficha de su esposo, que estaba allí con ella y que hacía poco había salido de la cárcel. Comparamos la foto de la ficha web con el rostro vivo del hombre y parecían dos personas diferentes; incluso generaban emociones distintas.

(13)calabozo

 

SG: Para mí otra razón importante de hablar sobre Carlos “La Sombra” hoy día es que provoca una conversación muy necesaria acerca del sistema carcelario. Me interesa insertarlo dentro de la campaña por la excarcelación de Oscar López Rivera, por ejemplo. La narrativa que dice que López Rivera es el último preso político puertorriqueño y que “su único crimen es amar a la patria” me parece bien problemática. Primero, porque hace años alguien me dijo que todos los presos son políticos y nunca he podido olvidarlo, pero además porque Oscar López Rivera fue líder de un grupo armado clandestino revolucionario, y eso no hay que borrarlo para apoyarlo. ¿Por qué insistir en separar la figura del “preso político” de los “presos comunes”? ¿Cómo ampliamos el discurso político y asumimos la complejidad de generar empatía más allá de lo que consideramos ilegalidades defendibles? ¿Cómo desmontamos la lógica de la ‘mano dura contra el crimen’ que tenemos tan interiorizada? Yo estoy convencida de que el mismo Oscar preferiría, como prefieren ustedes, provocar una conversación sobre el sistema que lo tiene encerrado hace 34 años y no sobre un individuo.

L: Es complejo, cuando reflexiono sobre la lucha por la excarcelación de Oscar López Rivera y la solidaridad a ese reclamo que se hace en nombre de su gente y Puerto Rico, retumba en mí el resto de la población de hombres y mujeres que cumplen penas largas por narcotráfico con quienes no existe la misma empatía. Y eso tomando en cuenta que existen unos estereotipos que nos dicen quién es criminal y quién no, mediante las realidades de raza, género y condición social. Para ampliar el discurso hay que humanizar a la persona presa, mostrar su rostro, sus historias y eso lo veo en tu proyecto de «La Sombra». Así mismo nosotras con Manual del Bestiario Doméstico, y en una intervención a la que fuimos convocadas por Mickey Negrón de Asuntos Efímeros (evento mensual de performance) para reaccionar al refrán La sangre pesa más que el agua. En esa intervención, nos aprovechamos de la campaña masiva por la excarcelación de Oscar López Rivera. Sustituimos la cara de Oscar por las de los hermanos presos Joel y Fernando Salgado Osorio, buscando visibilizarlos y provocar reflexiones sobre esas diferencias que tú bien señalas sobre el “preso político” y el “preso común”.

SG: Es interesante cómo las tres nos preocupamos por provocar un proceso más allá del trabajo en sí mismo; el producto no es suficiente. Yo he hecho dos videos durante el proceso de investigación que empiezan en esta búsqueda por “La Sombra” y se van en otras direcciones, en parte porque no encuentro lo que estoy buscando. Fui al archivo de la Universidad de Puerto Rico y en el tarjetero de asociaciones no está la Asociación Pro-derechos del confinado que él fundó. Fui a los calabozos de la cárcel La Princesa, donde se amotinó, y me encontré grupos de turistas a los que se les hablaba de fantasmas y piratas pero nunca de la historia reciente del lugar. Y esas piezas son mi contribución al archivo, desde otro lenguaje visual, pero son desviaciones del tema. Estamos siempre chocando contra los límites de la conversación que queremos plantear, ¿no?

 

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