10.02.2020

Impulso vital

La artista Monika Bravo comparte con Dorothée Dupuis, directora de Terremoto, las herramientas espirituales que le han permitido tejer entre sí su vida y su arte, así como algunos consejos espirituales respecto al despertar de consciencia en la década del 2020.

Dorothée Dupuis: Este número de Terremoto se enfoca en las estructuras que sostienen al mundo del arte. Nos conocemos desde hace varios años, y pese a que aún no hayamos trabajado juntas, hemos sostenido varias pláticas respecto a nuestras actividades y estamos al tanto de lo que ambas hacemos. Pertenecemos a mundos que se entrecruzan: tú, colombiana en Nueva York y, yo, francesa en la CDMX. Las dos somos migrantes que hemos tenido que integrarnos a modelos distintos de nuestra cultura de origen. ¿Podrías platicarnos un poco sobre cómo llegaste a NY, por qué te fuiste de Colombia, y si encontraste lo que buscabas en Nueva York, personal y profesionalmente?
Monika Bravo: Desde 1994, Nueva York ha cambiado muchísimo. Puedo decir que cada siete años es una ciudad diferente, a la cual uno se debe adaptar y regenerar. Llegué a Nueva York el 18 de septiembre de 1994, siguiendo un consejo de mi astrólogo de entonces: Camilo Lleras, quien me dijo que tenía que irme de Colombia antes de esa fecha si quería lograr mi destino. Siempre supe que en Colombia no viviría, porque mi luna está en la casa nueve de los países extranjeros, la búsqueda de la verdad, y la expansión. De hecho, nunca estudié formalmente arte, me informo vía experiencias. Aunque entre 1983 y 1995, estudié Diseño de Moda y Fotografía entre Roma, París, Londres y Nueva York. Viví temporalmente en Atenas y Bogotá antes de llegar a Nueva York —donde venía sólo por un año y ya llevo 25. No vine buscando nada, sólo quería ser artista a través de las vivencias y la observación. En esta ciudad encontré el lenguaje creativo que sigo utilizando para expresarme, y encontré también a mis maestrxs de prácticas esotéricas. Nueva York me acogió generosamente y me ofreció maneras para mantenerme fiel a mis principios. Este verano que transcurre, el del 2019, quise huir; pero primero hice el ejercicio de revisar y soltar, agradeciendo por aquello que ya no me brindaba alegría y me quedé sólo con lo que es esencial. Se fueron muchas cosas materiales, menos mi archivo artístico y colección de arte que me inspiran día a día.
DD: ¿Me podrías hablar de tu obra y de la conexión que ella tiene con tu otro papel en la vida, que es el camino personal que estás siguiendo para conocerte mejor y cuidarte? Asimismo, ¿cómo compartes este camino con otras personas, y en qué consiste el mismo? ¿Qué filosofías o sabidurías incluye? ¿Cómo las usas con relación al arte?
MB: He sido mística desde siempre. A los 4 años perdí un globo de helio que tenía atado a mi dedo y desde la ventana del carro lo vi perderse en el horizonte. Así deduje que los globos son como la vida: llenos de ilusiones. La dolorosa pérdida de mi padre a los ocho años, debido a un accidente, hizo que buscara en sus libros subrayados un contacto más cercano con él, pues era un gran lector de filosofía. Nietzsche, particularmente, me acercó de una manera sincrónica. Al leer sus textos, intuí que nos unía la pérdida de nuestros progenitores. Fue así que, al buscar la presencia de mi padre en su ausencia, encontré un camino.
Por otra parte, las búsquedas artísticas y espirituales siempre han ido de la mano en mi vida. El deseo de descifrar mi realidad y encontrar el propósito de mi existencia me han llevado a fascinarme por aquellas cosas que son constituidas por un sistema y que pueden ser interpretadas, como las lenguas extranjeras, la cartografía, el I Ching, el Tarot o la astrología evolutiva. Desde 1987, en distintos momentos de mi vida, he sido una seria discípula de varixs maestrxs alrededor del Taoísmo, Qigong, Feng shui, acupuntura, nutrición, y por último, el diseño humano que aplico en mis talleres y lecturas.
Todas estas disciplinas parten de una base estructurada que las consolida para que, a su vez, sean improvisadas intuitivamente. Esto es muy importante: la improvisación no existe sin una buena estructura. Igualmente, en los últimos años me he dado cuenta de que el no haber estudiado arte bajo un sistema educativo y académico ha sido una bendición y no una limitación, pues la intuición me ha ayudado a forjar el lenguaje que he construido desde el inicio de mi vida.
Asimismo, en mi obra se esconde una decodificación del lenguaje, ya sea con diagramas ancestrales, textos simbólicos, mapas, colores o formas abstractas. Tanto la tecnología como la materialidad de cada obra son sólo el medio, la manera de llegar a quienes la experimentan, como lo podría ser la poesía, pues hay una necesidad de querer descifrar los símbolos, las coordenadas. En la obra está muy presente esa búsqueda mediante la cual estudio la noción del tiempo y mi percepción del mismo, para preguntarme si el mundo en el que vivimos no es más que una construcción mental. Estos dos puntos, el tiempo y el espacio, siempre están conectados en la obra por medio de emociones y la memoria, y buscan materializar cuestionamientos espirituales y metafísicos de forma espacial y sensitiva.
El 2019 ha sido un año para consolidar e integrar, es decir, para ser coherente en cuanto a disolver todas las categorías que me limitaban y poder expresar quién soy sin tener que definirme. Por miedo a ser juzgada me tomó tiempo aceptar y revelar esa parte mística; temía al rechazo, al abandono de mi gremio artístico. Sin embargo, la única que se estaba juzgando y limitando era yo misma. Creo que la era de la Iluminación que le concedió tanta importancia a la razón ha creado una distopía insostenible, en la que, como especie humana, nos separamos de la naturaleza para creernos superiores a ella sin darnos cuenta de que somos parte de la misma: somos espíritus encarnados. Me divierte pensar que la palabra “Iluminación” en las filosofías ancestrales se refiere a observar la realidad tal cual es, sin el velo de la ilusión y la idealización.

El intelecto es muy importante, pero no puede ser el epicentro de todas las decisiones. Sentir es la manera más correcta para poder navegar esta realidad.

Necesitamos observar cómo respondemos ante las situaciones en vez de reaccionar. Esto nos hace más sabixs.

DD: Yo he usado tus servicios astrales, los cuales tienen que ejecutarse en un marco de confianza, pero que no los exenta de una remuneración económica para ejercerse. ¿Cuál es tu relación con el dinero? No sólo respecto a este tipo de servicios, sino también en cuanto a la creación de valor en el mundo del arte.
MB: Para mí existe una relación directa entre el valor de las cosas y la autoestima. Saber tener una relación conmigo misma, con la sustentabilidad, con cómo me alimento y mantengo un techo sobre mi cabeza. Esto significa tener el poder de decisión al saber valorar lo esencial que me da seguridad y así poder negociar esas necesidades con lxs demás. Si lo valoro primero, lxs demás lo harán por igual —de hecho, la parte más interesante de mi carta astral y del diseño humano apuntan a que logro hacer poderosxs a lxs demás revelando cómo valorarse.
Cuando llegué a NY hace 25 años, me impactó trabajar por horas. Como soy rápida, aprendí a cobrar por trabajo, no por horas. Cuando comencé a vender obra, la fórmula fue la siguiente: separando el valor de la producción, mi tiempo y cuánto debería de pagar por comisiones a terceros, ¿con qué cantidad de dinero quedaría satisfecha? Al inicio de mi carrera comencé a hacer encargos de arte público. Esto me generó mucha seguridad, ya que cobraba por anticipado y tenía que preparar propuestas siempre pagadas, como en la antigüedad, cuando el mecenazgo de arte pedía a artistas y arquitectxs elaborar grandes obras con un apoyo económico desde el inicio.
Creo, honestamente, que lxs artistas hemos dado demasiado poder al intermediario. Por ejemplo: el fenómeno insostenible en torno al mercado del arte que hoy toma como práctica ir de feria en feria. ¿Quiénes ganan allí? Los dueños del terreno del recinto ferial y quienes organizan la feria, pues cobran por anticipado. Por su parte, las galerías hacen apuestas como si estuvieran en un casino, lxs artistas son lxs últimxs de la cadena alimenticia, cuando son quienes deberían tener un subsidio para producir su obra. Incluso los carpinterxs, electricistas, y compañías de transporte cobran inmediatamente. Para mí este modelo de mercado del arte ya no funciona desde hace muchos años. A mí me interesan diferentes medios de expresión y de distribución.
DD: Hablemos del estado de la Tierra. El otro día, cuando te invité a tener esta conversación, me platicaste que en el 2020 la Tierra va a empezar su despertar, que las fuerzas femeninas del mundo van a levantarse. ¿Podrías contarme sobre lo que ello implica y en qué consistirán estos cambios? ¿Qué podemos esperar de ellos con relación al mundo actual? ¿Qué actitud adoptar ante estos cambios?
MB: Estamos acercándonos hacia una completa transformación de la tradición judeocristiana, donde el tiempo que se percibe linealmente ha generado ansiedad colectiva de una segunda llegada mesiánica. En otras palabras, el final del mundo; de un mundo. Este sistema feudal-patriarcal, ha causado una gran corrupción, pues el consumo masivo del miedo ha creado una co-dependencia que dio a instituciones, como la Iglesia y la democracia, todo el poder. De esta forma se instauró un sufrimiento para desvirtuar la moral y el espíritu humano. Esta cultura hegemónica maneja la manipulación como lenguaje, a través del eje que existe entre la culpa y el victimismo.

Hay que aceptar que ser críticx es muy importante, desde el punto de discernimiento y no del prejuicio, pues el último conlleva a la culpabilidad. El victimismo se puede superar mediante la aceptación.

El mantra perfecto para el 2020 suena así: si acepto mi condición, puedo transformar la situación.
No es una coincidencia que el mes de enero del 2020 nos ofrece una gran conjunción de planetas que comenzarán a transformar rápidamente esas mismas instituciones de autoridad, pues hoy en día son sinónimos de inmoralidad y falta de ética. Las culturas ancestrales hablan del fin de una era de oscuridad, lo cual trae una gran oportunidad para despertar y reconocer el verdadero potencial humano que está en la aceptación, en la integración con la naturaleza y en el agenciamiento del individuo a través de la armonía. No es un cliché: ¡somos uno! Henri Bergson lo definía como Élan vital, el vacío, éter o quintaesencia, la energía oscura de la ciencia cuántica, el Prana, el Qi, como lo quieras identificar. Y aquello que nos une puede ser el amor incondicional, o la idea de lo sublime y absoluto, el Dios o el Buddha que llevamos cada unx dentro.
A nivel particular, la integración de lo femenino y lo masculino se dará cuando aceptemos que son las energías electromagnéticas, causantes de bipolaridad, las que rigen las leyes de este plano. No es un cuestión solamente de género. Jung proponía identificar e integrar la parte masculina en la feminidad y la parte femenina en la masculinidad: anima/animus. La cultura china se refiere a ello como el TAI CHI (la gran polaridad) y el Yin y Yang.
La actitud para el 2020 es: “seré responsable de mis decisiones, no le asignaré este compromiso a ninguna otra persona o institución, integraré mis diferencias y observaré mis intolerancias para ocasionar una transformación individual en mis actitudes, suscitando una transmutación en el ADN familiar, cultural, colectivo y generacional”. Esto hará que movimientos como #MeToo, originados antes del cambio, nos ayuden a dejar morir al patriarcado que habita en cada unx.

Monika Bravo, Parallel fields, 2018. Collage de papel, animación, cinta y estambre; 11 x55 in.

DD: Hace dos años tuve una peritonitis muy fuerte. Durante mi larga convalecencia, sentí la necesidad de acceder a otras perspectivas sobre mi camino personal, así que por primera vez leíste mi carta astral. Dijiste que era una persona que en vidas anteriores había luchado mucho para el bienestar de mi comunidad y que tenía que preguntarme si para esta vida es lo que querría hacer de nuevo. Que, tal vez, en ésta tenía el derecho de ocuparme de mi misma, de mi propio bienestar. Aquel entonces platicamos de la posibilidad de no tener hijxs como una forma de auto- cuidado ante el orden patriarcal de reproducción definido para las mujeres cisgénero, para que en su lugar procuráramos el cuidado de nuestrx niñx interior, quien justo podría haber sido descuidadx durante su infancia; en vez de hacer otrx hijx e intentar sanar a través de ellx. Para concluir, ¿podrías entonces platicarme de tu relación con la maternidad?
MB: Nunca he sido Susanita de la serie Mafalda de Quino. Para mí, la parte maternal se puede expresar metafóricamente en el día a día mediante mi intuición, que es el espacio que genera fluidez. No ser madre fue una decisión que tomé a conciencia. A través de mi obra y de las lecturas de cartas astrales cumplo mi propósito de vida. Sirvo a la humanidad de una forma creativa, pues creo que la revolución más importante para mí es ser auténtica, y esto conlleva seguir mi destino. En mi carta astral, la línea del destino (nodo norte en Cáncer) está en la casa V de los hijos (acoger mi autoridad femenina expresándome con creatividad, Venus está en la misma casa). La luna que rige el nodo norte está en Escorpión, que es signo de agua, y se encuentra en conjunción con Neptuno, planeta de la unión, con lo sublime también en el signo de agua en medio del cielo. Esos arquetipos se traducen así: mi rumbo es totalmente permeable, flexible, intuitivo y de fe absoluta hacia la aceptación más dócil que genera un intercambio y un potencial de responsabilidad, para integrar todas mis experiencias emocionales y generar con ellas algo para poder conectar, comunicar e inspirar. Ese es mi legado. Me interesan todas las vías que me lleven hacia la integración del espíritu y la manifestación de la forma, hacia una evolución de la consciencia que me lleve a ser parte de una sinergia, de jerarquías horizontales que hagan que cada ser humano sea responsable de su propia relación con su entorno y así co-crear y subsistir en unión.

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