Edición 4: Investigadores salvajes

Rivet

Tiempo de lectura: 13 minutos

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26.10.2015

TEMPLE [or charged gift]

Una entrevista con el artista Ariel Schlesinger que aborda su experiencia como aprendiz de oficios artesanales y la influencia de esta formación en su trabajo.

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TEMPLO

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REGALO CARGADO]

Rivet: En 2013, el artista Ariel Schlesinger (Jerusalén, 1980) recibió las partes restantes de un templo japonés de parte de Masao Sato, un maestro carpintero japonés que vive en Santa Cruz, quien es su antiguo mentor.

El templo, tras haber sido parcialmente dañado por el fenómeno del Niño, había sido desarmado por su propietario y enviado de vuelta a Masao, quien había diseñado y construido la estructura original en 1986. Antes de estudiar arte, Ariel había aprendido de Masao la técnica japonesa de carpintería, caracterizada por el uso de articulaciones de madera en lugar de tornillos o clavos, en un ambiente que recuerda el rigor disciplinario, el fuerte vínculo interpersonal, y la frustrante lentitud de la relación entre los personajes Okinawa y Daniel en la película Karate Kid.

El regalo dio lugar a un nuevo proyecto de Schlesinger: la reconstrucción de este templo como una obra en el patio de Schloss Solitude (Stuttgart, Alemania) y se completará en la primavera de 2016. Este proceso de retorno al punto de partida en el que el alumno vuelve a utilizar los materiales y formas dejados por el maestro motivó a Rivet a preguntarse por los procesos y las relaciones detrás del aprendizaje (aprendizaje de una técnica, de un arte, de la vida) y del hacer.

Mientras que el trabajo escultórico de Schlesinger a menudo juega o rompe con la lógica interna de objetos readymade manufacturados, este proyecto del templo es igualmente una re-invención de un templo tradicional, pero está cargado simbólicamente con relaciones personales pasadas que tienen que ver con el aprendizaje, el ritmo y el ciclo, la autoridad, el desarrollo personal y las dinámicas interpersonales. Como proyecto, este templo es, para Rivet, un caso especial desde el cual observar el pensamiento artístico como un embrollo hecho de relaciones materiales y personales, una colaboración con la institución, y una cosa llamada artesanía.

Detail

Lo que sigue es un relato hiper detallado (porque el detalle es importante) del mismo Schlesinger que destaca el método, el proceso y el destino. Él toca cuestiones que no son necesariamente visibles en este trabajo en curso o en proyectos anteriores, pero que son, sin embargo, valiosas al momento de tratar de entender la coreografía de la cabeza y la mano, la razón y el trabajo, la teoría y la práctica.

(Impresiones compartidas entre Japón, Nueva York y Ciudad de México)

Ariel Schlesinger: Masao nació en Tokio en una familia de clase alta en la década de los 1950s, su padre era un hombre poderoso, un banquero importante. Siendo el segundo hijo de la familia, Masao era considerado menos importante que su hermano mayor, y no encajaba realmente en la visión de vida de su padre. Terminó desertando la escuela y se mudó a Kyoto, entonces un paraíso hippie e imán espiritual para gente de todo el mundo. Allí, Masao conoció personas con ideas afines a las suyas y también a su esposa estadounidense, madre de su única hija. Comenzó a trabajar para un maestro carpintero local, moviendo templos antiguos y construyendo casas tradicionales. Años después, en los 1980s, se mudó a Santa Cruz, California, y llevó sus habilidades artesanales consigo.

Conocí a Masao Sato a mis 16; eso fue en 1996, año en que me fui de mi casa en Jerusalén. Nada estaba mal en casa; sólo quería explorar. Cuando llegué a Santa Cruz, California, vi una de sus obras, una casa de campo tradicional japonesa.

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La perfección y el cuidado de los detalles en la casa dejaron una fuerte impresión en mí. Entonces me acerqué a Masao y le pedí ser mi maestro. Primero escuchó mi petición, lo pensó y a la semana siguiente me invitó a su taller. A pesar de que no sabía mucho acerca de mí ni de mis habilidades me admitió como aprendiz. Entonces sentí que mi destino era convertirme en un carpintero japonés.

Cuando llegué a Santa Cruz me inscribí en una escuela para poder tener una visa de estudiante. No me importaba mucho asistir a las clases. Cuando conocí a Masao me estusiasmé de inmediato con la idea de trabajar en su taller. Creo que él conocía mi historia y se sentía identificado – después de todo, él también había abandonado la escuela. Aunque Masao era una persona de mente abierta, era ante todo un maestro carpintero tradicional, y no un tipo simpático; era muy serio y distante. Supongo que él pensaba que ése era el papel que tenía que jugar desde esa posición. El tenía que liderar y me explicó que yo tenía que ser «una taza vacía.»

Yo mismo me estaba convirtiendo rápidamente en una especie de hippie-activista- habitante-del-bosque como el resto de mis amigos. Sin embargo, con Masao mi posición era muy clara y había poco espacio para la interpretación: yo era un aprendiz y tenía que hacer lo que me pidiera, y la mayoría del tiempo eso significaba verlo trabajar. Por ejemplo, en mi primera semana me pidió que me sentase en una silla y mirara libros. Todos eran en japonés, pero tenían dibujos fascinantes y diagramas de articulaciones de madera, estructuras, medidas y diseños de casas antiguas.

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Luego me pidió que barriera el piso. La rutina principal era la limpieza – bueno, la observación y la limpieza. Pasó un poco de tiempo antes de que yo empezara a construir cosas, pues no estaba autorizado a utilizar sus herramientas. Poco a poco fui comprando algunas herramientas: un cincel, una cortadora y una sierra. Mi primer proyecto fue construir un par de mesas de trabajo y una caja de herramientas. Copié las patas hechas por Masao; luego puse una tabla encima y eso funcionaba como mi espacio de trabajo. La fabricación no fue muy fácil porque tuve que construir algunos ángulos extraños, pero en cierta forma tampoco fue tan difícil. Yo estaba feliz con el resultado. Recuerdo que Masao elogió mi trabajo. Me preguntó si yo había hecho eso antes; le dije que mi abuelo había sido carpintero una parte de su vida y que yo lo había observado de niño.

Poco a poco fui haciendo cosas más complicadas como una preciosa caja para objetos sagrados y un taburete de baño, ambos sin clavos, sólo con articulaciones. Entonces me pidió que los entregara como regalo a su maestro. Recuerdo que eso fue muy doloroso: trabajé durante semanas en la caja, quedó perfecta, y luego, cuando se la presenté a Masao, él me dijo que fuera a dársela a a su maestro espiritual. Sentí como si hubiera perdido todo mi árduo trabajo, y que era injusto.

Cuando llegaba al taller, iba a mi escritorio y continuaba el trabajo donde lo había dejado el día anterior. Normalmente eso significaba que tenía que cortar una pieza de madera, y luego trabajar en los detalles, como las piezas conectoras, o darle el acabado a la superficie. Para lograr esto, uno tiene que tener herramientas muy afiladas, y es allí que la carpintería japonesa difiere de la carpintería occidental: el problema es mantener las herramientas afiladas constantemente. De hecho pasé una buena cantidad de tiempo aprendiendo cómo afilar mis cinceles y mi cortadora. Era mucho trabajo y yo lo odiaba: tienes que utilizar una piedra y agua y tienes que deslizar la hoja de una manera determinada. A menudo terminas haciéndote daño. A veces le pedía consejo a Masao para luego continuar con mi proyecto. A veces nos deteníamos para ‘meshi’ (el almuerzo). A veces, yo tenía que detenerme y echarle una mano a Masao, mover algo para sostener algo. Al final del día tenía que limpiar el taller. Él nunca pedía mi consejo sobre nada.

Aprendí que la carpintería japonesa es una forma de vida, ya que todo lo que hacíamos era total. Todo era muy serio, desde la elección del árbol que sería cortado, secado, y luego utilizado para hacer un poste en la casa, hasta la forma en que se cuidaban las herramientas. Cada parte se sentía muy importante. Por eso el resultado es tan sorprendente: sientes como que estás haciendo la cosa más importante del mundo.

Hay una conexión significativa en la vida personal cuando se aprende del maestro. El proyecto que estamos haciendo ahora es un buen ejemplo: ese templo fue un punto de inflexión en la vida de Masao. Cuando recibió las piezas del templo de vuelta después de que se había derrumbado, su vida también colapsó en gran medida: su hija creció y se fue de su casa, él se separó de su esposa, tuvo un accidente de coche, su maestro espiritual murió. Para Masao, como maestro carpintero, el derrumbe del templo y de su vida fueron un único evento.

Cuando mi visa de estudiante caducó después de dos años, tuve que tomar una decisión: podía continuar con Masao o regresar a Jerusalén. Para continuar tenía que solicitar una visa de aprendiz y eso asustó a Masao. El sintió que eso era un paso al siguiente nivel. Era algo que le otorgaba una mayor responsabilidad y, si conoces un poco a Masao, sabes que eso le pesaba. Si Masao hace algo, lo hace hasta el final y se lo toma muy en serio. En su cultura y como carpintero tradicional, la responsabilidad se relaciona a cómo se hace el trabajo. Sin atajos, sin doblar esquinas, al igual que con sus casas: tiene que ser perfecto. En ese momento yo también estaba más comprometido en otras aventuras con amigos: mi enfoque se alejaba hacia otras cosas. Él también lo sintió. Masao y yo llegamos a tener una reunión con un abogado después de la cual él me dijo que no creía que fuera a funcionar. Las cosas empezaron a sentirse tensas entre nosotros; él estaba estresado en esa época y yo prefería explorar otras cosas. Cuando mi visa caducó, me fui en un viaje loco a Francia y no regresé a Santa Cruz hasta 3 años más tarde, cuando tenía 21 años y era un estudiante de arte de intercambio en SVA en Nueva York.

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Rivet: Aunque tú también te convertiste en un artesano hecho y derecho al final de esta tutoría, tomaste una ruta de escape. Se podría argumentar que el artesano (y la artesanía), sólo siguen existiendo a través del trabajo activo y continuo. ¿Qué es lo que todavía llevas contigo de esa intensa experiencia de aprendizaje y del trabajo de la carpintería? ¿De qué manera el hecho de (casi) perfeccionar el arte de la carpintería japonesa sigue desempeñando un papel importante en lo que haces ahora y en cómo lo haces?

Ariel Schlesinger: Después de aprender de Masao, me di cuenta de que todo lo que hago, lo hago como amateur. El enfoque de la carpintería es tan integral que si realmente quieres hacer algo de una manera perfecta, es un trabajo de toda la vida, y se refiere a todo. Se trata de la forma en que comes, te mueves, la forma en la que interactúas con el mundo. Ahora, cuando hago algo con las manos, en el fondo sé que no es serio, porque sé que no voy a alcanzar la perfección. Aunque para mí eso no es un problema, como sí lo sería para un maestro carpintero.

Durante esos años lejos, Masao tuvo altibajos y yo también los tuve, pero lo más importante es que gracias a él yo descubrí formas de trabajar que todavía informan mi propia producción. Hace algunos años me dijo que había perdido el interés por construir y me quedé en shock. Para mí, Masao era un carpintero; quería y necesitaba construir; ¿cómo podía haber perdido el interés? Entonces comprendí que el maestro también es humano.

Años más tarde, cuando regresé en 2013 para una estancia prolongada en Santa Cruz, Masao me dió las partes del templo. Él sentía que le traían mala energía. Creo que sentía que era el destino: el hecho de que las partes estuvieran todavía en su taller y que yo hubiera aparecido. De hecho, él concluyó que tenía que regalar esas partes con el fin de detonar un cambio en su vida.

Me convertí en el destinatario de ese regalo cargado. Masao dijo que podía hacer lo que quisiera con él, y él no quería tener nada que ver con eso. Cuando recibí las piezas las envié a Berlín, donde tenía mi estudio. Sabía que si quería hacer algo con ellas, debía tenerlas allí. Cuando recibí el envío, faltaban muchas partes. Básicamente, tenía un enorme rompecabezas donde cada pieza encajaba en otra sólo si uno seguía un orden específico. Me di cuenta que si quería armar de nuevo el tempo, tendría que hacerlo con Masao. Me puse en contacto con él, y estuvo de acuerdo para ayudar, con la condición de no tener que hacer ningún trabajo de carpintería en el templo. Para él, ese capítulo había concluido. Él se sentía cómodo con la idea de ser asesor en este proyecto, ya que sabía el orden y la conexión de las piezas. Hemos involucrado a otros expertos. Stephanie Choi, una arquitecta, está trabajando con herramientas 3D antes de que hagamos la estructura de madera.

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Recientemente nos reunimos para trabajar en casa de Masao. Puesto que todas las partes están ahora en Berlín, nos concentramos en la reconstrucción de la estructura a partir de dibujos y fotos. Yo recuperé algunas piezas que no se enviaron por correo y también decidimos conseguir algunas nuevas vigas de secuoya, en caso de que necesitemos usarlas de emergencia durante la construcción. Debido a la escasez, el precio de la vieja secuoya utilizada por Masao se ha disparado. Esa madera en particular es muy densa y de grano apretado. La madera del templo probablemente tiene unos 400 años de antigüedad.

Masao y yo somos ahora colaboradores iguales: mi opinión es tan valiosa como la suya. Aún cuando hay mucha negociación y tratamiento de la carga psicológica del templo, cuando él me dio las piezas de madera, se desprendió. Y abrió también otras posibilidades. Como yo lo veo ahora, este proyecto le está dando nueva energía, y podría hacer que regrese a la carpintería, pero tal vez de una manera nueva.

Rivet: La segunda vida de este templo y su reproducción imperfecta resaltan la propia idiosincrasia del templo -es un verdadero trozo de la vida californiana de finales de 1970/1980, un entorno que era también una incubadora de habilidades tradicionales trasplantadas. El trabajo necesario para permitir su reproducción – desde la logística de envío hasta colaborar y convencer a Schloss Solitude de hacer una instalación de arte semipermanente exterior – son también partes integrales de la reconstrucción. El adquirido y persistente respeto del aprendiz hacia el material, la técnica, y el individuo van mucho más allá del ciclo narrativo tradicional de la transferencia de autoridad: la construcción en Schloss Solitude podría volver a animar al maestro y ponerlo de nuevo en marcha; pero es igualmente el resultado de un desprendimiento significativo de la mano y la mente única del maestro, del diseño original, pero sobre todo, del sentido de perfección. Esta dinámica de apartarse del modelo narrativo también se aplica al enfoque de Ariel respecto a la artesanía tradicional. El giro del arte contemporáneo hacía al trabajo y la técnica artesanal vino como reacción a la computarización de los procesos de producción. Sin embargo, el templo reconstruido de Ariel no obedece a este patrón binario: la representación digitalizada que ahora sustenta el trabajo de carpintería se basa en la concreta y detallada madera trabajada a través de técnicas tradicionales por Masao. No funciona en un espacio 3D vacío. La artesanía, siendo aún un elemento crucial, se convirtió ahora en la taza vacía proverbial, en vez de ser el factor que define todo.

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