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08.04.2015

¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento?

MACO Oaxaca, Oaxaca, México
24 de enero de 2015 – 20 de abril de 2015

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La exposición inicia con una pregunta sobre la consonancia entre el tiempo y los objetos, y cómo la memoria se impregna del presente.

¿Cómo contar la historia del universo en cien años?

¿Cómo contar la historia del universo en un día?

Serpiente, pochote, engrane, trompo, pelota, guerrero-cornudo, madre tierra, alfarero, olla, murciélago, tornillo, perro, mazorca, rana con celular, raíz, lagartija, calabaza, anciano, guajolote, ceiba, columna infinita.

Este repertorio de objetos, algunos de ellos arqueológicos, otros mecánicos, lúdicos o sintéticos; fueron seleccionados en el presente, junto con el taller de cerámica Coatlicue en Atzompa, Oaxaca. La selección fue el sustento para imaginar una serie de historias, que ahora se alzan cual columnas en el espacio expositivo.

¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento? se sitúa en la delgada línea que divide nuestra relación con los objetos, con las historias que elaboramos en torno a ellos. Tal vez lo resbaloso no es el lenguaje, sino los objetos. El uso, la manipulación es su razón de ser y al mismo tiempo su desgaste, su agotamiento, su desaparición completa.

El proceso de trabajo de Castillo Deball despunta con una pregunta que paulatinamente es habitada por distintos personajes. Algunos son ficticios, otros, figuras históricas; juntos comienzan a tejer una red intrincada en la que conversan en el tiempo y coinciden en el espacio.

Con un lenguaje a menudo incoherente, algunas veces discursivo, poético o formal, Castillo Deball está interesada en la especificidad de las formas y de las voces.

En el proyecto ¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento?, la pregunta inicial parte de la relación que los ceramistas de Atzompa tienen con su legado arqueológico y de qué manera este se expresa, se contamina o se disuelve en el presente. Lejos de tomar una postura purista, el trabajo comenzó con una serie de discusiones en torno a las copias, las falsificaciones, los cambios de estilo y las influencias en la historia de la arqueología mexicana.

Juntos visitamos el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo y seleccionamos nuestras piezas favoritas. A este conjunto de piezas, se añadieron un montón de tuercas y engranes que encontramos en el taller mecánico de Ramiro, un trompo, una pelota, y otros bártulos, hasta formar un repertorio, un vocabulario para contar nuestras historias.

Tal vez se puede contar una historia a partir de cualquier cosa, tal vez los objetos definen el tipo de historia que se va a contar.

El procedimiento fue muy similar al cadáver exquisito surrealista, al teléfono descompuesto o a cualquier otro tipo de montaje o de chisme que añade fragmentos paulatinamente.

El grupo se dividió en dos. El ejercicio principal consistió en elaborar una historia que transcurriera en el lapso de cien años, y otra que ocurriese en un día. Terminamos con una historia del origen del universo en cien años, y otra del origen del universo en un día. Las dos son casi la misma historia, lo que nos puso a pensar. Después salió la historia de la jornada de un alfarero, desde que se levanta al alba para preparar el barro, hasta que termina sus piezas, las quema, y luego sale a venderlas para comprar mazorca para comer.

A los cien años les toco transitar la vida y muerte del guerrero que terminó siendo guerrero vida-muerte. También nos dimos cuenta de que el pochote era un personaje protagónico, y de que los engranes pasaron a ser metáfora de todo.

Y después cada personaje se convirtió en arcilla, y los ordenamos en columnas para que se alcen hasta el techo y los visitantes puedan rodear las historias de arriba abajo y de abajo arriba.

El proyecto cuestiona la idea de una tradición estática que no se debe cambiar para poder existir, ampliando el debate de lo que es la arqueología en el presente y cómo puede ser actualizada constantemente para resignificar panoramas visuales de identidad.

 

La exposición ¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento?
esta acompañada por la publicación IXIPTLA Vol. 3.
IXIPTLA Vol.3, se abre como un espacio de reflexión en el que antropólogos, arqueólogos, artistas y escritores colaboran en la discusión en torno al modelo, la copia, la influencia y la reproducción.
El arqueólogo recopila fragmentos de cultura material dejados por el paso del tiempo. Mientras trabaja, produce otros objetos: dibujos, notas, mediciones, fotografías y conversaciones. Este material emerge en un tiempo específico, produciendo un doble del sitio original, que comienza a seguir sus propias rutas.
Desde el siglo XIX, los arqueólogos inventaron diversas técnicas para capturar y replicar la evidencia material: en la forma de moldes de yeso, de papel, facsímiles o modelos a escala. IXIPTLA sigue la trayectoria de estos objetos desfasados, que parten de un contacto directo con el original y se llevan una parte del original con ellos, así como la huella de un momento particular en la historia.

El concepto nahua de ixiptla se ha traducido como imagen, delegado, sustituto o representante. Ixiptla podía ser una estatua, una visión o la víctima que se convierte en el dios destinado al sacrificio. Los varios ixiptlas del mismo dios podían ocurrir de manera simultánea, sin que sus semblantes fueran por fuerza idénticos.
Ixiptla deriva de la partícula xip: piel, cobertura, cáscara; es el contenedor, la presencia reconocible, la actualización de una fuerza imbuida en un objeto: un ser ahí, removiendo la distinción entre esencia y materia, original y copia.
En este sentido, el ixiptla y la imagen toman caminos distintos.
Ixiptla es la manifestación irresistible de una presencia.

Con contribuciones de Moosje M. Goosen, Anne Huffschmid, Pablo Katchadjian, Federico Navarrete Linares, Sandra Rozental, Carlos Sandoval, Adam T. Sellen,

Anna M. Szaflarski y Laura Valencia Lozada.

¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento? es un proyecto realizado en colaboración con el taller de cerámica Coatlicue e Innovando la tradición, producido por el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca.

Taller Coatlicue: Ana María Alarzón Hernández, Adrián Martínez Alarzón,
Ana Beatriz Martínez Alarzón, Apolonio Martínez Alarzón, Francisco Martínez Alarzón, Hilario Martínez Alarzón, Juventino Martínez López, Ramiro Martínez Alarzón

Curado por Oliver Martínez Kandt

Link: http://www.museomaco.com/

Fotos: Manuel Raeder

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