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04.02.2022

«Visceral» exposición individual de Óscar Guzmán Vallejo en Galería RAB 63, CDMX, México

Del 15 de enero de 2022 al 28 de febrero de 2022

Visceral

Solía pensar en la obra de Oscar Guzmán Vallejo -Vallejoskar- como un relieve, un territorio afianzado en estratos previos. Creía que le correspondía un lenguaje más cercano al de la geografía que al de la propia disciplina. Ahora reconozco a través del peso de su mano, en la intriga por el pigmento aglutinado, una pregunta concerniente a cada cuadro: ¿cuáles son las inquietudes que determinan el aparecer de la materia?

La pintura es la expresión sensible de nuestros compromisos con la realidad. Plasticidad configurativa que adquiere la forma de nuestro ser en el mundo. Así pues, en Vallejo el empaste es consecuente con una estética irreductible a elementos visuales. Las crisis no están al servicio de la imagen. El arte no es una reacción, es una respuesta.

Frente a los discursos que exotizan la “periferia”, que ven en la “marginalidad” motivos de representación icónica, la visceralidad retiene la importancia de los sucesos en la carne, señalando sus pliegues y accidentes como lugar de afirmación de toda circunstancia. En las figuras de Vallejo se articula un espacio que pretende resguardarnos de la banalización de la violencia. La calle no es el escenario de su cosmogonía particular conformada por vírgenes, bestias y sirenas, en todo caso, su crudeza señala que la pérdida del espacio público conlleva también la de lo humano.

Su forma de tratar el óleo emparenta la basura, el fuego y la piel, pero lo visceral no se resume en la mancha, es un modo de presencia. Aunque hay impacto en lo que muestran, la fuerza de estas piezas reside en la obstinación con que sus pinceladas vuelven sobre capas ya resueltas. Es un esfuerzo contra el olvido que sirve a la injusticia. En la pintura el pensamiento se atreve a confrontar las cosas que desea evadir, responde a la exigencia ética por sostener la mirada.

Vallejoskar no produce series, tiene insistencias. Sus perros delatan una reflexión errante en que la vida se expresa como persistencia. Afán por encontrar algo más que bolsas negras al final del rastro de sangre. En los resquicios de la herida se vislumbran animales, figuras revolucionarias, fantasmas… en suma, una sacralidad que no es otra cosa que la convicción de que todavía es posible morir dignamente.

Hay una ausencia que subyace a todos los rostros, habita un imaginario recurrente que pretende darle consistencia al recuerdo. Tiene que ser comprensible la voluntad de querer para quienes amamos otra cosa que un envoltorio de plástico. Tiene que haber para el arte otro destino que el de la mercancía.

No me equivoqué al ver en la obra de Vallejo la construcción de un espacio, pero era una caracterización incompleta. En su suelo se afianza como una utopía lo que debe ser defendido, aun a costa del renombre. El robustecimiento de su superficie se debe a la necedad, a la elección de una pintura feraz por encima de cien imágenes domésticas. En cada cuadro una trinchera. La visceralidad distingue la resignación de la resistencia. 

Hugo Alejandro Vega
enero de 2022

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