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05.06.2021

Sólo los puentes hacen existir un lugar

En conjunto con la revista «V/A – Various Artists», quienes comisionaron y publican hoy este texto en inglés, compartimos con ustedes el mismo en español, en el cual, el artista César Vargas G. escribe sobre las iniciativas de apoyo mutuo que fueron activadas por UV Estudios (Argentina), KM 0.2 (Puerto Rico) y Sagrada Mercancía (Chile) para abrir cuestiones en torno a la dicotomía entre lo individual y lo colectivo que articula a los espacios independientes en Latinoamérica.

La figura de un espacio común

Hay un elemento esencial a los espacios de arte independiente, y es que éstos han apostado por una inscripción propia en la historia. Es decir, se han restado del flujo dominante, para abrir un devenir propio. A saber: una forma de existencia que se juega cotidianamente la posibilidad de tener un camino. En muchos sentidos y en diversos grados, ese camino ha estado trazado por la fragilidad, la lucha constante y la resistencia ideológica al contexto. Factores que, vistos en conjunto, dan cierta explicación a la discontinuidad histórica que caracteriza a los espacios independientes. Sin embargo, esa discontinuidad articula una extraña forma de conexión experiencial. Para decirlo de otra forma: una temporalidad micropolítica y sensible a la multiplicidad, dentro de la cual han vivido, viven y transitan diversas experiencias de arte independiente de nuestro continente.

Desde el espacio de acá, la continuidad de nuestra propia historia colonial, postcolonial, y fundamentalmente, nuestra historia reciente, nos ha familiarizado con la precariedad y un sentido permanente de crisis. Y es, precisamente, por compartir una historia de sufrimiento común, que los espacios de arte independiente en Latinoamérica, Centro América y el Caribe, configuran lugares de resistencia, encuentro y reconocimiento. En cierta forma, los espacios de arte independiente ejercen una apropiación crítica de las desfavorables condiciones históricas, económicas, políticas y, por supuesto culturales, que propician su emergencia. Se abre la enunciación colectiva de una voz, la ocupación de un lugar, la configuración de una forma distinta de hacer las cosas. Todos esos factores críticos son indisociables al levantamiento de un espacio artístico independiente y se conectan, lo quieran o no, a un tejido de experiencias históricas precedentes y contemporáneas. Ese tejido de experiencias no tiene y no necesita autor. Es más bien, una forma de vida subyacente, en la cual se van conectando las prácticas independientes que se derraman por las diversas realidades culturales de Latinoamérica.
Visto desde esta perspectiva, el concepto y el sentido de independencia no sólo nace de una firme necesidad política de autovisibilización, sino también de la vital conciencia crítica de dichos espacios de arte respecto a su contexto cultural dominante. En esa dirección, lo realmente profundo e interesante, es que el estatuto de independencia está irremediablemente asociado a un coeficiente de libertad. O quizás, deberíamos decir más bien, a una forma de resguardar ese sentimiento de libertad a través de las prácticas artísticas que se dan en estos espacios. Porque son espacios de libertad al ser espacios de pensamiento y, por consiguiente, el asunto de la experimentación resulta tan relevante para ellos y su forma de operar en las artes visuales.

En ningún caso ser independientes significa automarginación o no depender de algo. Muy por el contrario, los espacios de arte dependen de un conjunto de relaciones, instancias superiores y menores, pero que son organizadas en favor de una autonomía y una libertad de acción sobre sí mismos. Aquello que quiero enfatizar, es que los lazos y puentes son lo que realmente hace existir un lugar. Son los puentes los que dibujan un espacio de lo común, una existencia ampliada que da forma a la subjetividad colectiva de los espacios independientes.

La auto-transformación y el poder de proteger la vida

Bajo la constelación conceptual de la independencia que acabamos de esbozar, quisiera exponer la activación social y artística de tres espacios de arte vigentes: UV Estudios (Argentina), KM 0.2 (Puerto Rico) y Sagrada Mercancía (Chile). La base común que sostienen, es que han abierto prácticas relacionales basadas en la autonomía y libertad; pero, sobre todo, han levantado un devenir independiente de autogestión colectiva.

El contexto chileno ha sido especialmente complejo, ya que se han encabalgado dos procesos de crisis consecutivos: el estallido social del 18 de octubre del 2019 y la pandemia mundial COVID-19. A nosotros, como espacio de proyectos Sagrada Mercancía (en adelante SM), pero, sobre todo, como equipo de trabajo, esta experiencia de doble crisis ha significado un proceso desafiante en términos de capacidades y, al mismo tiempo, de seguridad sobre nuestra labor.
Durante el segundo semestre del año 2019, estábamos trabajando con el artista costarricense Christian Salablanca. Su residencia de investigación estuvo centrada en las tecnologías de la violencia, especialmente, en la dictadura militar y la instalación del modelo neoliberal. Su proyecto se llamó Alza de Mira y se inauguró el viernes 11 de octubre del 2019. Una semana exacta después, se inició una de las revueltas populares contra el modelo económico más importantes en la historia reciente de nuestro país. La sensación normal del tiempo se detuvo. El proyecto de nuestro artista, quedó en una insospechada correspondencia crítica respecto a la violencia que desbordó nuestra realidad. Todo estaba sucediendo en las calles. Lo que se inició con la evasión del transporte subterráneo programada por los estudiantes secundarios, debido a un alza en la tarifa, se propagó raudamente a todas las ciudades del país.

Ante la magnitud de los saqueos de la revuelta popular y en menos de 24 horas de iniciado el estallido, el gobierno del presidente y empresario Sebastián Piñera, decretó el estado de excepción constitucional. Policías y militares en las calles desplegaban el terror de Estado reprimiendo, matando y dejando ciegos a decenas de jóvenes. La violación sistemática de los DD.HH. se expandió por todo el territorio nacional. Durante las semanas más álgidas y en las ciudades más importantes, toda la infraestructura institucional comercial, bancaria y cultural, cerró sus puertas y blindaron sus accesos. La misma violencia de la dictadura militar retornaba y era utilizada para defender la herencia más importante de ésta: el modelo económico neoliberal.

Por nuestra parte y ante este escenario, el mismo 18 de octubre del 2019, y previo acuerdo con el artista, decidimos desmontar la exhibición y abrir nuestro espacio como refugio. La naturaleza del acontecimiento político-social fue desbordante, en pocos días se configuró como algo histórico por la multiplicidad de dispositivos de violencia y terror. Bajo tales condiciones, activamos nuestro espacio con el fin primero de prestar refugio y todo tipo de ayuda médica básica. La coordinación de fuerzas internas aumentó y decidimos junto a unos amigos formar el colectivo paralelo SM – Apoyo Mutuo. Esto nos permitió focalizarnos y sumar a las labores de nuestro espacio: el acopio, la recepción y distribución de insumos médicos para todos los centros y brigadas de enfermería que se fueron emplazando en las zonas de lucha callejera.

De este modo, SM – Apoyo Mutuo constituyó una orgánica autónoma y de carácter múltiple compuesta por artistas, diseñadores, arquitectos, periodistas, médicos, escritores, trabajadores del mundo audiovisual, entre otros. Su objetivo principal se enfocó en pensar y activar nuevas formas de apoyo colectivo, potenciando las distintas fortalezas que los integrantes aportan. La configuración de esta experiencia organizativa nos sirvió para resistir en comunidad y, consecutivamente, dirigir los esfuerzos de colaboración hacia la crisis sanitaria del COVID-19. Centrándonos especialmente en el impacto que ésta ha tenido en distintas comunidades no visibilizadas por la esfera institucional. Así, desde hace un año y medio, esta red de colaboración, tradujo su actividad en diversas acciones, entre las cuales están:

1.- Refugio y resistencia ante la brutalidad policial y militar

2.- La gestión, compra y distribución de insumos médicos para los distintos puntos de salud que se desplegaron para atender a los manifestantes heridos por la represión policial

3.- Diseño y construcción de dispositivo de defensa para los trabajadores de la salud y rescatistas

4.- Desarrollo de talleres de primeros auxilios y mesas de educación cívica

5.- Aportes monetarios directos a distintas ollas comunes, organizaciones comunales y sociales que han nacido como respuesta popular a la crisis sanitaria del COVID-19

El análisis crítico de nuestra situación contextual, puso de relieve la verticalidad, rigidez y esterilidad social de la cultura institucional. Efectivamente, toda su infraestructura y administración ya está captada por el modelo económico y, a causa de ello, se mostró impotente en la práctica. La gubernamentalidad neoliberal y su política de mercantilización de la cultura (comprenderla como bien de consumo y tratar a los ciudadanos como simple audiencia), es la que precisamente suprime la conexión al aquí y ahora de las personas. La crisis del estallido social y la pandemia, han desencadenado una serie de políticas brutales sobre la población, un estado de excepción permanente, y todo un despliegue de dispositivos institucionales y policiales para proteger el modelo extremo de neoliberalismo que vivimos. La generalización del mercado por todos los sectores de la sociedad ha dejado expuesto la vida misma de las personas.

Rompimos esa lógica a través de una práctica social diferente, capaz de operar de forma horizontal y orgánicamente flexible. Se estableció conexión con organizaciones que no vienen del mundo del arte y activamos una red de solidaridad. Así, el proyecto SM-Apoyo Mutuo fue nuestra respuesta política y social al contexto inmediato. Fuimos uno de los pocos espacios sino el único, que mantuvo abierta sus puertas y se comprometió con el resguardo a la vida de las personas. Por ello, adquirió tal radicalidad, el hecho de que como espacio de arte independiente operásemos como refugio y centro de ayuda. Una experiencia de orgánicas paralelas que, sin duda alguna, puede ofrecer un rendimiento de transferencia a otras instancias similares y en contextos de crisis sociales graves.
La libre cotidianidad del mercado
Estamos más o menos de acuerdo en que, ningún campo cultural medianamente sano y maduro, está exento de la dialéctica entre lo institucional y lo independiente, entre un adentro y un afuera. Más que una fatalidad, esa relación y la multiplicidad orgánica que pueda asumir, se muestra necesaria e incluso enriquecedora. Ahora bien, en nuestra experiencia empírica local, han quedado demostrada dos cosas; primero, que esa posible relación de mutuo beneficio casi no existe. Que desde los organismos gubernamentales de la cultura no se considera a espacios independientes —o sea que estén fuera del modelo institucional— como interlocutores válidos. Segundo, bajo estado de excepción, la esfera institucional de la cultural es paralizada y sometida a los dispositivos de seguridad que dicta el poder soberano.

En nuestro país, el desarrollo histórico de las políticas neoliberales y el proceso de privatización de la cultura, del cual la institucionalidad no es más que la garante de su aparente carácter público, ha terminado exhibiendo, finalmente, que la cultura es un recurso más dentro de las tecnologías del poder empresarial del gobierno. La privatización no es sino el estado de excepción ampliado y vuelto permanente. Es una lógica que mezcla dos movimientos simultáneos: la elitización meritocrática del acceso a la cultura y la precarización de un amplio espectro de trabajadores, que están adentro como afuera de la esfera institucional de la cultural. Una lógica nefasta en la cual todo se debe volver empresa para participar de la cultura. Así, opera la institucionalización del modelo empresarial que, en su movimiento de supuesta contribución y éxito para el país, ha consolidado a la cultura como un derecho de propiedad que se puede negar, dar o suspender.

La gubernamentalidad neoliberal contemporánea se ha derramado en un proceso de democratización del self emprendedor. No es sólo la cultura a la que se dirige para conducirla, sino también la cultura que genera y despliega el propio comportamiento económico de dicho self.

Un modo de subjetivación que hace época en nuestro tiempo y que mantiene vigente una compleja red de poderes de agentes financieros individuales, filantropía, organismos públicos y privados. Todo un entramado en el que operan lo que podríamos llamar aquí “soberanías empresariales de conducción cultural”. Una dinámica de poder que instala tanta competencia como sea posible y tanta planificación como sea necesaria. Proceso que inevitablemente tiene por correlato la exclusión del sentido de comunidad de un aquí y ahora de la cultura. O sea, una drástica anulación, del sentido vital e inmanente, que la cultura constituye como lugar de la condición humana en su pluralidad.

Subjetividad colaborativa y ejercicios de apoyo mutuo

En el contexto presente de la pandemia mundial del COVID-19 y de la extremación de este modelo de constante precarización sobre la vida, la activación de los espacios independientes ha resultado fundamental. Ante las políticas de confinamiento que castigan profundamente la actividad cultural, por precisamente no ser una actividad esencial. Los espacios de arte alternativos han posibilitado formas de resistencia, apoyo para los artistas y diversas organizaciones afines. El caso del espacio y galería de arte KM 0.2 (San Juan, Puerto Rico), ha sido especial porque fue pionero en impulsar políticas de colaboración y ayuda económica directa para los artistas de la isla. Los directores del proyecto Roberto “Yiyo” Tirado y Karlo Andrei Ibarra, levantaron el proyecto La Cuarentena. Un fondo de emergencia pensado como una ayuda inmediata para artistas visuales, diseñadores, ilustradores, curadores e historiadores del arte. La convocatoria fue abierta y establecía una serie de premisas de valor ético, como que las ayudas no se gastaran en: financiamientos de proyectos, materiales artísticos, publicitarios o catálogos de exhibición.

Esta iniciativa impulsada en plena pandemia tuvo dos versiones, y en la segunda se pudieron repartir 25 apoyos de 600 USD. Un factor relevante a nivel práctico, es que este proceso de ayuda fue posible bajo una forma de mutua cooperación entre dos instancias. De un lado la galería y espacio de arte independiente KM 0.2, que impulsó, diseñó y creó una convocatoria a través de su sitio web y, por otra parte, el Fondo Flamboyán para las Artes de Puerto Rico que puso el dinero. Esta experiencia ilustra de manera clara, modelos de asociatividad, que vuelven políticamente posible ayudar de forma directa e incidir positivamente en la comunidad artística.

El establecimiento de orgánicas de trabajo co-extensivas entre la institucionalidad (privada o pública) y los espacios independientes, es totalmente legítima y necesaria; además, demuestra la capacidad móvil de operar ante un escenario común.

Acudir en favor de la vida de los artistas, protegerlos y contribuir en situaciones de crisis. Los espacios independientes se activan, casi de forma natural, como plataformas y redes de ayuda, porque son punto de contacto directo en cuanto al mundo de los artistas que les forman. Esa cercanía a una realidad compartida —el aquí y ahora del fenómeno cultural— les permite estar en conocimiento para poder ayudar. Pero, no es simplemente poder ayudar, sino y, sobre todo, saber ayudar en aquellas situaciones en que la existencia de los artistas se vuelve difícil a causa de escenarios críticos múltiples.

Otra iniciativa emprendida por KM 0.2 que puede ser significativa, es la muestra colectiva de 35 artistas “Landmark” (2020), en la que se establece un diálogo transgeneracional y visual desde diferentes geografías. También podemos nombrar la exposición virtual “Viral Spring”, en la que participaron 5 artistas latinoamericanos. Ambas iniciativas, en sus dos formas de activación, fueron muy importantes porque se desarrollaron durante la primera fase de la pandemia. Reunieron una multiplicidad de artistas bajo el espíritu de la colaboración, apoyando sus vidas a través de brindar visibilidad y posibilidad de compra de sus obras. El sentido de este tipo de proyectos colectivos, y de carácter internacional dentro de nuestro continente, era atravesar lo regional y lo personal. Lo trascendente de estas iniciativas, era justamente generar un campo narrativo para compartir las experiencias, es decir, poder darle sentido al trabajo de los artistas en un contexto de confinamiento global.

La obra como autogestión de los encuentros

Un elemento transversal y vital que mantiene vivo a los espacios independientes, es la generación de puentes de relación. Ese elemento se ha vuelto complejo y, debido a la crisis sanitaria mundial, ha tenido que buscar nuevas formas de manifestación. Sin embargo, y como hemos visto, las relaciones y puentes de trabajo, se han tornado esencial para la protección de la vida y el sostenimiento del sentido de comunidad. Por esos puentes no sólo transitan las relaciones laborales que han unido las vidas de los espacios y los artistas. En ellos también se ha movilizado, desde ya hace varios años, un tejido de experiencias autogestionadas; una práctica de libertad y reconocimiento mutuo; en definitiva, y hoy más que antes, un sentimiento de compañerismo en el hecho de no saberse solos. Esto se ha vuelto posible, porque la sensibilidad es un elemento esencialmente político, y ha operado como una matriz colectiva, a través de la cual se repliegan los cuerpos sobre sí. Hacernos un lugar, para sentirnos parte del tejido crítico de experiencias de arte independiente y su capacidad de elaborar narraciones comunes.

Vivir el arte desde adentro de los espacios independiente, ha tenido siempre un componente de dificultad que recorre, por decirlo de una forma, los límites de la propia existencia de estos espacios.

Efectivamente, el coeficiente de independencia y libertad que portan, es la libertad de poder devenir de otra forma que la propia. En ese sentido, el caso del espacio de arte UV estudios (Bs As, Argentina), ha sido paradigmático respecto a las modalidades de autotransformación.
Por un conjunto de motivos y situaciones, este espacio tuvo que dejar la casa desde la cual operaban, y transformarse en una oficina móvil de proyectos. Su directora Violeta Mansilla, quien actualmente se trasladó de Argentina a Uruguay, comenzó a gestar nuevos modelos de activación itinerante. Un proyecto que reeditaron durante el convulsionado año 2020, fue el Restorán de Hoco Huoc. Esta obra de carácter performático, creo, es especialmente significativa como acontecimiento en el propio devenir que estaba sufriendo el espacio UV estudios. La obra en sí, sirvió como lugar de experimentación, en la medida que a través de ella se cruzaron el contexto de crisis sanitaria y el proceso de transformación interno del espacio de proyectos.

La complicidad entre Violeta Mansilla y el artista Hoco Huoc, fue muy importante para la gestación del proyecto. De hecho, esa obra tuvo su primera versión en el año 2018 en la casa histórica de UV Estudios. Lo que se propuso el artista en esa oportunidad, fue activar la performance de un restorán por toda la casa, otorgándole una función activa a la cocina del lugar, y produciendo distintos ambientes para cenar. La instalación en sí misma estaba hecha por distintos elementos residuales como telas, planchas de madera y cortinas, que hacían las veces de separadores de ambiente. Una vez finalizada esta obra performática, se quitaba el telón de las paredes y se podía ver una serie de pinturas que completaban la experiencia.

Este procedimiento artístico se volvió a repetir en el 2020, pero ahora en formato de delivery, a causa del COVID-19. El contexto de confinamiento es utilizado a favor y la experiencia adquiere una movilidad y un nuevo sentido de afectividad. Una tercera versión titulada Salón Air se hace en el Teatro de Artes Independientes (TAI, Villa Ortúzar, Argentina). Se lograron hacer 6 cenas entre noviembre y diciembre del 2020, cada una de la cuales contaba con un menú clase media argentina, mantelería y servilletas personalizadas.
Lo interesante de este proceso, es que en condiciones de aislamiento y confinamiento por causa del COVID-19, logró activar una forma de encuentro social que sirvió para recomponer subjetividades vulneradas por la experiencia pandémica. El ritual de la comida se convertía en una especie de «situacionismo afectivo» y, conseguía algo tan sencillo, como que la gente pudiera verse, compartir y sobrellevar de mejor manera el difícil escenario del aislamiento. La obra y los remixes del restorán de Hoco Huoc, con toda su precariedad y nobleza en la elaboración de los materiales, abre un campo crítico que tiene que ver con lo que decíamos sobre el repliegue del cuerpo sobre sí. Creo que esta tipología de obras y, más todavía, sumada la voluntad y motivación del artista, se vuelven un factor político insustituible, ya que posibilita el encuentro, el diálogo y le dan sentido a todo aquello que significa establecer un puente.

Experimentar la fragilidad de la existencia dentro de las transformaciones que nos está tocando vivir sigue siendo un desafío sumamente difícil. Sin embargo, es la propia vida, en su múltiple capacidad de actuar políticamente sobre la realidad, la que nos organiza y en la que nos organizamos. La capacidad de poder transformarse a sí mismos, poder devenir otra cosa que lo propio, es lo que hace tan profundamente vitales a los espacios de arte independiente dentro del mundo del arte. No tener una identidad fija, poder poner en juego los propios límites que dan forma al trabajo, otorgan una flexibilidad y un flujo crítico diferente. En ese sentido, y si hay una singularidad aquí, es que los espacios de arte independiente funcionan más al modo de como los artistas operan con sus procesos de obras que a la rigidez propia de los modelos institucionales. Así, sus dificultades y precariedad, obedecen simplemente, a que son los lugares donde el arte vuelve a ser cuestionado de forma radical desde la perspectiva de la existencia individual y colectiva.

Este ensayo fue comisionado originalmente en inglés por V/A – Various Artists, una revista en línea que examina el panorama cultural del presente y las sensibilidades que emergen en él. Al ser un texto importante para entender el ecosistema del arte en Latinoamérica, Terremoto se suma a su difusión en español.

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