Reseñas - México

Eduardo Abaroa

Tiempo de lectura: 9 minutos

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12.05.2016

SITAC 2016: Simposio Internacional de Teoría del Arte Contemporáneo

por Eduardo Abaroa, Ciudad de México
15 de abril de 2016 – 16 de abril de 2016

Simposio internacional de Teoría sobre Arte Contemporáneo XIII, 2016.

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Este mes de abril se llevó a cabo la primera fase del SITAC XIII: “Nadie es inocente”, dedicado a discutir “los límites entre lo público y lo privado; el papel del Estado en la producción y difusión de la creación contemporánea; el debilitamiento de las fronteras que separan los intereses mercantiles de los culturales; el papel de los medios de difusión en la percepción pública de la práctica artística.”

Casi todas las versiones anteriores del SITAC han tenido una dosis de reflexión sobre estos temas. Pero en este caso el equipo encargado de la organización parece decidido a ir más allá de la vocación teórica que dio origen al evento e intentará “proponer soluciones conjuntas.”

El plan es hacer este primer simposio, luego una segunda fase llamada NODOS que “tendrá lugar a través de diversas actividades (seminarios, discusiones públicas, ciclos de video, etc.) entre mayo y agosto”. Y por último una sesión final de conferencias que intentará dar fe de lo conseguido en todo el proceso.

Lo que vimos las aproximadamente 600 personas que asistimos a estas dos sesiones (y otras mil y tantas por internet) constituyó la primera fase. Fue acertado comenzar el evento con Boris Groys, cuyos textos ya canónicos a la vez desmenuzan y dan nueva vida a las instituciones que exhiben el arte actual. Desde luego es difícil dilucidar alguna pauta concreta para la acción directamente de sus hallazgos, sobre todo porque su descripción del arte del primer mundo no embona tan fácilmente en el contexto de México. Sin embargo, sus ideas pueden ser un buen punto de partida. En su ensayo de 2003, El museo en la era de los medios masivos, Groys articula una de las defensas más sólidas para la existencia de los museos:

“dado nuestro clima cultural actual, el museo es prácticamente el único lugar donde podemos realmente dar un paso hacia atrás de nuestro propio presente y compararlo con otras épocas. En estos términos, el museo es irremplazable, porque está particularmente bien equipado para analizar críticamente y desafiar los reclamos de un zeitgeist promovido por la moda.”(1)

Boris Groys en Sitac 13

En el SITAC, durante su conversación con Magali Arriola y Nina Möntmann, el filósofo alemán describió cómo los estados-nación perdieron interés en representarse a través del museo. También puntualizó un cambio en los últimos años: dado que los museos ahora necesitan tener una presencia constante en el internet a través de redes sociales para obtener patrocinadores, se han transformado de lugares de recogimiento cultural donde “nada sucede” a lugares donde todo el tiempo están sucediendo cosas, simposios, acciones, etc., escenarios donde irrumpen las celebrities de hollywood, y los millonarios. Sin embargo, Groys expresó optimismo.

La siguiente mesa fue moderada por el escritor Rafael Lemus, quien hizo una excelente narración del desastre que vivimos en México durante los 27 años de la recién suspendida institución cultural mexicana Conaculta. George Yúdice habló sobre el repunte de los rasgos más perniciosos del neoliberalismo en varios países de Latinoamérica, lamentando el largo camino que hay por recorrer para fomentar efectivamente la diversidad cultural. Terminó su contribución subrayando la cesión de la soberanía de los estados nacionales a las compañías tecnológicas más importantes: Google, Facebook, Amazon, Microsoft y Apple. El antropólogo chileno Claudio Lomnitz, un poco confundido por su papel en este evento, disertó sobre la ausencia de narrativas viables que puedan dirigir el cambio en nuestro país, un problema bastante amplio que puede ser el tema de un simposio entero.

George Yúdice, Claudio Lomnitz, Rafael Lemus

La crítica de arte María Minera organizó una mesa “multitudinaria” con cinco integrantes tratando de poner “el aparato cultural mexicano a examen” y de discutir la nueva Ley de Cultura de México. Carlos Bravo Regidor, Alejandro Hernández, Déborah Holtz, Luis Vargas Santiago y Heriberto Yépez abordaron el tema a partir de preguntas de la organizadora. El debate se volvió tenso en poco tiempo debido a la segunda contribución, a cargo del escritor mexicano Heriberto Yépez, quien sentenció en su estilo característico que esta nueva institución es la Secretaría de Cultura de una dictadura, recordando el sitio privilegiado y útil que ocupa la clase intelectual en lo que llamó “la dictadura neoliberal del PRI”. Como respondiendo a Minera, quien en su introducción se preguntaba qué hacer para que fuera recibida la “carta a Santaclós”, Yépez concluyó que quizá al hacer estas preguntas sobre el apoyo del estado, los intelectuales estaban buscando para sí mismos el control suave de la “dictablanda”, mientras profesores, estudiantes, periodistas, activistas, etc. sufren la violencia “férrea” de la dictadura.

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Hubo reacciones confusas de algunos de los ponentes. Déborah Holtz, directora de Trilce Ediciones, fue de las pocas que se concentró en el tema y abiertamente defendió el potencial de la nueva secretaría con el argumento de que permitirá más participación por parte de los actores culturales y menos injerencia de la burocracia. En la mesa se mencionaron entre otros asuntos, la cultura (y su presupuesto) como derecho de las personas, la falta de vigencia de un “adentro” y un “afuera” de la cultura (o del estado), los problemas por el sistema de becas, qué significa decir “estado” después de Ayotzinapa, el “acomodarse y resistir” etc. Pero Yépez no se quedó tranquilo. Al sentir que la atmósfera se había enrarecido, trató de profundizar:

“el cuerpo que se forma desde nuestra posición de intelectuales en esta sociedad siente una especie de confianza en que las instituciones van a responder, pero ésa es una ficción creada desde las tecnologías del yo, estamos hablando de la tecnología del yo que se llama revolucionario institucional”

Lo dicho causó más revuelo. Desde el público, la curadora Helena Chávez, que ha trabajado en museos mexicanos importantes como el MUAC, reclamó al polifacético escritor tijuanense que no se podía renunciar a ejercer una resistencia desde las instituciones y que esto podía complementarse con una acción conjunta al margen de las mismas: “es una gran iniciativa la Escuelita Zapatista, pero no podemos renunciar a la UNAM, o al Politécnico o a la educación pública”.

A todas luces la intervención de Yépez fue estimulante. Pero su planteamiento, que se quedó corto por falta de espacio, iba más allá del reclamo moralista que sintieron algunos interlocutores.

Minera cerró la mesa con zozobra; quizá no era ése el lugar para discutir los aspectos técnicos de esa ley. Incluir a tantas personas en el panel fue injusto para todos. Una conferencia de Yépez o un panel menos nutrido hubieran sido más efectivos.

En la sesión de la tarde, moderada por el gestor Osvaldo Sánchez, destacó la intervención del crítico chileno radicado en Nueva York, Christian Viveros Fauné. Su ponencia en contra del auge del capital especulativo en el arte tenía una buena dosis de datos acerca de los Panama Papers. Viveros habló de un mercado ciertamente destructivo y criminal convertido en el “juego favorito del mundo financiero”. Como contraparte a esta absurda situación, Viveros mencionó los proyectos del grupo danés Superflex, el artista afroamericano Theaster Gates o la artivista Tania Bruguera, que han usado “los valores del mercado para presentar otros valores de oposición”.

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La contribución de Dolores Béistegui, quien actualmente dirige el Papalote Museo del Niño, fue un ejemplo perfecto de la visión empresarial. Hay que escuchar esto con mucha atención. Entender cómo funcionan los museos masivos y cuáles son los objetivos que se plantean dentro de la lógica mercantilista es esencial para generar alternativas a este modelo que son urgentes.

El segundo día las mesas se dedicaron a “La producción del valor del arte”. La discusión adquirió una riqueza especial con las intervenciones de Brenda Caro y la coordinadora del día, Pilar Villela. La escritora estadounidense Marina Vischmidt se refirió al tipo de arte que Viveros Fauné veía como alternativa a la hiper-capitalización del arte la tarde anterior. Para ella, estas prácticas reclaman “una noción socialmente progresista y activista del concepto de uso, pero no nos dicen cómo se entendería el uso en una sociedad que esté organizada alrededor de algo totalmente distinto a lo útil socialmente, es decir, que no esté organizada alrededor del valor de cambio y la ganancia. Tales argumentos, desafortunadamente tienden a consolidar el imperialismo de la instancia social del arte a un nivel más alto e insidioso”(2)

En la misma mesa, el sociólogo danés Pascal Gielen definió el término “cultura”, como aquello que da sentido a la vida de las personas. Al hacernos notar que tanto el marxismo como el neoliberalismo consideran a la economía como la sub-estructura, o la base de la sociedad, Gielen, un poco ingenuamente, propone colocar la cultura como base de la sociedad. Siguiendo a Chantal Mouffe, Gielen definió el “commonism” como una democracia deliberativa en la que jos de una armonía ideal, hay una constante lucha por diferentes posiciones individuales y subjetivas, de las cuales el arte es un vehículo privilegiado. Este commonism me hizo recordar la comunalidad promovida por el escritor, activista y músico zapoteca Jaime Martínez Luna durante el SITAC pasado en Oaxaca, un planteamiento muy distinto, ya que allí lo más importante es el bien común, el deber y la armonía con la tierra.

La segunda mesa del día fue un debate entre dos ingleses, Dave Beech y Stewart Martin, quienes argumentaban uno a favor y otro en contra de la idea de la obra de arte como un caso especial de mercancía en términos económicos. Este asunto clave, al que también se refirieron otros ponentes, generó el único debate propiamente teórico del evento.

En la última mesa, Sandra Sánchez y Alejandro Gómez Arias nos dieron una magnífica estampa de la supervivencia de los jóvenes en el medio artístico de la Ciudad de México. Desde puntos de vista muy personales, cada uno expuso sus ideas y confusiones sobre lo que es el ámbito artístico local, haciendo cuestionamientos sobre la viabilidad económica de su práctica si no se quiere desactivar su potencial crítico. Para terminar, Daniel Aguilar Ruvalcaba leyó un texto admirable y divertido acerca de la adopción pirata de la imagen de la Calavera de Damian Hirst por un grupo de narco-corridos.

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Mucha gente se pregunta si el formato de conferencias es conveniente todavía. Para mí, el SITAC sigue siendo un lugar privilegiado para el debate y una herramienta pedagógica apreciable, más allá de si llegará o no a los objetivos estipulados. A pesar de algunos errores, vale la pena escucharlo con cuidado por internet.

 

Notas:

(1) «…given our current cultural climate the museum is practically the only place where we can actually step back from our own present and compare it with other eras. In these terms, the museum is irreplaceable because it is particularly well suited to critically analyze and challenge the claims of the media-driven zeitgeist.” Boris Groys, The museum in the Age of Massmedia, 2003, Manifesta Journal of contemporary curatorship #1 The Revenge of the White Cube, Manifesta International Foundation, Amsterdam, Silvana Editoriale, Milan p.47

(2) Quotation of Marina, min 38/56:
…claims it (the use of art) for a socially progressive, activist notion of use, without opening up how we might understand use in a society which is organized around something totally different from the socially useful, that is, organized around the exchange value and profit. Such arguments can unfortunately tend to consolidate the Imperialism of the social instance of art at a higher and more insidious level…

 

Todas las conversaciones de la fase uno se pueden encontrar en:

https://www.youtube.com/watch?v=XkOE90IHbJg

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