Opinión

Rafael Paredes Salas

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31.05.2020

La confianza por construir: retos del Programa Nacional de Cultura Comunitaria

Opinión: Rafael Paredes Salas
31 de mayo de 2020

Segunda entrega como parte de la serie de opiniones sobre las políticas culturales del gobierno de México a propósito de un sistema cultural público en crisis, en la cual, Rafael Paredes reflexiona sobre el programa cultural estrella de la 4T para afirmar que una decentralización exitosa en el ámbito cultural no podrá suceder sin un pacto de confianza que queda aún por definir.

En la antesala de las elecciones presidenciales, los debates sobre política cultural lograron una atención mediática inusitada. Un 14 de mayo de 2018 en el Centro Cultural Roberto Cantoral de la Ciudad de México, con el foro repleto y cientos de espectadores en línea, el sector cultural tuvo la oportunidad de contrastar las diferentes apuestas para el nuevo sexenio. La propuesta de continuidad de Beatriz Paredes, el enfoque ciudadanista de Raúl Padilla y la política cultural para el Siglo XXI de Consuelo Sáizar no guardaban mucha distancia entre sí. Por su parte Alejandra Frausto comenzaba a tejer una narrativa diferente, hablaba de redistribuir la riqueza cultural, de repensar las periferias como nuevas centralidades y de reconocer la diversidad de fuerzas creativas en el territorio. Un mes después se publicó el documento El Poder de la Cultura que asomaba ya el cambio por venir.

En esos días, América Latina volteaba la mirada a México, espectando el resurgimiento de un liderazgo que abriera camino a una nueva década progresista. Con la victoria de López Obrador y el eco de una promesa de campaña, “Por el bien de todos, primero los pobres”, Alejandra Frausto asumió su propio compromiso como titular de la Secretaría de Cultura: “No dejar a nadie atrás” se convirtió en lema y principio ético de la política cultural del nuevo sexenio. Probablemente la primer gran muestra de cambio fue el nombramiento de Lucina Jiménez como titular del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). La institución que en su nombre lleva el peso de la alta cultura sería dirigida ahora por una incansable promotora cultural, mediadora y arte-formadora de larga trayectoria, con trabajo de base en la popular colonia Guerrero de la capital y en las ciudades de la frontera norte sumidas en la guerra contra el narco.

Con menor atención mediática, Esther Hernández —pedagoga con previa experiencia como funcionaria pública de la cultura— asumió como Directora General de Vinculación Cultural y comenzó a integrar un equipo que tendría como principal responsabilidad la implementación de uno de los programas estrella de la Cuarta Transformación: el Programa Nacional de Cultura Comunitaria. El programa estableció como principal objetivo fortalecer la participación en la vida cultural de las personas en situación de vulnerabilidad por desigualdad o violencia, desde una mirada interseccional, a través del desarrollo de proyectos culturales comunitarios. Con un presupuesto histórico de 400 millones de pesos, el 25 de febrero de 2019 en San Pablo del Monte, Tlaxcala, se presentaron sus cuatro estrategias:

– Misiones por la Diversidad Cultural, con el objetivo de desarrollar mapeos y diagnósticos culturales participativos bajo una metodología lúdica denominada MILPA;

– Semilleros Creativos, proyecto de continuidad del programa del sexenio anterior, Cultura para la Armonía, con el objetivo de constituir colectivos de participación cultural para la niñez y la juventud;

– Territorios de Paz, con el objetivo de promover la recuperación colectiva y afectiva del espacio público; y

– Comunidades Creativas, con el objetivo de replantear a manera de tequio los esquemas de retribución social del FONCA.

 

La Dirección General de Vinculación Cultural, que nunca había operado un programa de esta magnitud a nivel territorial, debía encontrar la manera de llegar a más de 700 municipios antes de concluir el año. A este desafío se sumó la instrucción presidencial de evitar la transferencia de recursos a los gobiernos estatales y municipales, así como a las organizaciones de la sociedad civil, a las que el presidente públicamente señaló como fuente de corrupción, opacidad y discrecionalidad. La Dirección General de Vinculación Cultural no encontró mejor opción que articular su propia estructura operativa mediante la subcontratación de cientos de promotores culturales que, de un día a otro, se convirtieron en representantes del Gobierno Federal en sus propias comunidades, lo que generó cierta tensión en los gobiernos locales por la jerarquización bajo la cual se pudo llegar a entender dicho nombramiento.

Aún logrando salvar este problema, la secretaría no contaba con los instrumentos adecuados y con las capacidades institucionales necesarias para la operación de un programa así, situación que ya se alertaba desde un diagnóstico interno realizado previo a su lanzamiento. Estas condiciones eventualmente obligaron a un ajuste de metas y a una reducción del presupuesto ante la amenaza de subejercicio. Aun así, el primer año de Cultura Comunitaria cerró con número cercanos a lo esperado: tres mil 173 actividades (asambleas, capacitaciones, talleres, acciones de animación sociocultural, festivales, y un largo etcétera) en 518 municipios y la participación de más de 790 mil personas.

Afortunadamente, es posible observar que el programa está realizando una autocrítica sana y giro oportuno. En febrero de este año, en un foro realizado en la ciudad de San Luis Potosí, el equipo de Esther Hernández presentó el replanteamiento de Cultura Comunitaria. La nueva fórmula abandona hasta cierto punto el énfasis en el desarrollo de actividades y centra su atención en el tipo de procesos que busca motivar:

– La participación cultural comunitaria, a través de un nuevo esquema que promoverá la constitución de asambleas comunitarias y laboratorios culturales con presupuestos participativos para el desarrollo de proyectos.

– El fortalecimiento de capacidades locales, a través del modelo pedagógico de los Semilleros Creativos y los proyectos de formación e investigación comunitaria.

– La interacción comunitaria, llevada a cabo mediante jolgorios y convites culturales, la recuperación de espacios públicos y los intercambios entre artistas y comunidades.

 

Un cambio de enfoque no menor, y que vino a suceder en la antesala de una crisis sanitaria que invita con urgencia a revisar las políticas culturales en su capacidad de fortalecer la resiliencia comunitaria. A pesar de los errores que la propia institución reconoce, el programa Cultura Comunitaria es una de las apuestas más atinadas y coherentes de la 4T.

Si el programa aspira a consolidarse, trascender y constituirse como una política de Estado, tal como logró suceder en Brasil con la política de Cultura Viva, se requiere comenzar a trabajar sobre algunos retos en el mediano plazo:

1) El primero sería lograr la universalidad del programa, de tal manera que todo aquel agente cultural comunitario que desee vincularse y acceder a los beneficios del programa pueda hacerlo de manera sencilla. Esto requerirá, irremediablemente, restituir la relación de cooperación y corresponsabilidad con los estados, municipios y la sociedad civil organizada, repensando el modelo de gestión actual del programa.

2) El segundo reto consistiría en continuar con una necesaria reingeniería institucional que contemple procesos de innovación gubernamental en lo jurídico y administrativo, para poder saltar los obstáculos que actualmente limitan, no sólo el relacionamiento de la institución con las comunidades, sino con sus propios colaboradores (algunos de los cuales sufrieron retraso de sus pagos).[1]

3) En este mismo sentido, es urgente que el programa diseñe mecanismos adecuados para el reconocimiento, estímulo y fortalecimiento de las organizaciones culturales comunitarias ya instaladas en los territorios.

4) Finalmente, se requiere elevar la temperatura política, aprovechando todos los espacios posibles para que las comunidades se apropien del programa. Se requiere además asumir un liderazgo regional en materia de cooperación cultural, ahora bajo este nuevo enfoque que otorga mayor relevancia al desarrollo cultural comunitario.

El programa Cultura Comunitaria si bien, nunca logrará saldar la deuda del Estado con las comunidades histórica y sistemáticamente marginalizadas de la política cultural tradicional —centrada en las artes y el patrimonio— es en definitiva un avance contundente y necesario para abrir una conversación sobre paz, bienestar y reparación comunitaria. Al ser un programa emblemático de la 4T, representa fielmente sus anhelos de renovación política y también sus contradicciones. Es necesario dar tiempo a la maduración de este tipo de apuestas políticas, pero también apurar a su buen desarrollo, con el fin de presentar resultados antes del cierre sexenal y afianzar su continuidad, esperando que este sea apenas, el principio de un largo camino.

Notas

  1. Trans. note: Campaigns for the current government period happened from March 30 to June 27, 2018. Of these, the party that was the winner of the presidential elections was MORENA with its founder and candidate, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), current president of the country.

  2. Trans. note: “Cuarta transformación” [Fourth Transformation] is the name of the political project of the Morena party that guides the government of Andrés Manuel López Obrador (AMLO) who took office on December 1, 2018.

  3. See more: “Cultura Comunitaria en la Ciudad de México: Jamesbondización del espacio público y precarización laboral bajo la 4T (Primera parte)” in Revista Código, Opinion section, Novemeber 20, 2019. Available in

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