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29.08.2018

From the Page to the Street: Latin American Conceptualism

Blanton Museum of Art, Austin, Texas, USA
30 de junio de 2018 – 26 de agosto de 2018

Entre las décadas de 1960 y 1980, artistas de todo el mundo participaron en la profunda reorientación del arte conocida como conceptualismo. Pensando críticamente las arraigadas tradiciones clásicas del dibujo, la pintura y la escultura, los artistas priorizaron a partir de entonces la idea (o concepto) subyacente en una obra de arte en vez del objeto final. En América Latina, este cambio supuso más que una simple crítica a la historia del arte: fue una propuesta emancipadora ligada al acceso, a la urgencia política y contra la exclusión promovida por los “centros” del arte. Dibujar, escribir, fotografiar, enviar materiales por correo postal, apropiarse, fotocopiar, publicar e incluso meramente proponer una obra de arte se convirtieron en formas efectivas de crítica en contra de regímenes políticos locales cada vez más represivos y contra la influencia neocolonial de los Estados Unidos.

Dibujar en el campo expandido

En su manifiesto personal de 1962 el artista argentino Alberto Greco escribió: “El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle.” Las formas tradicionales del arte, en su perspectiva, eran insuficientes para representar las condiciones de vida crecientemente caóticas, restringidas y absurdas de la época. En las décadas posteriores al manifiesto de Greco, muchos artistas exploraron los elementos tradicionales del dibujo —línea, color, forma, superficie, perspectiva—expandiendo los límites materiales y discursivos de la representación. Utilizando tácticas que abarcaban desde el eufemismo y el silencio hasta el humor negro y la poesía radical, los artistas lograron así llevar sus obras de la página a la calle.

De la página a la vida  

De la misma manera que lo habían hecho con el dibujo, los artistas y poetas Concretos trascendieron los límites del lenguaje para representar el mundo. Hacia mediados de los años setenta, casi todos los países de Sudamérica estaban gobernados por dictaduras militares que ejercían un control estricto sobre el comportamiento y el discurso. En la retórica de la dictadura, las palabras familiares adoptaron significados nuevos y ajenos. Los artistas propusieron la idea de que, en lugar de transmitir un mensaje para ser interpretado por un espectador, una obra de arte podía ser activada — y, por tanto, producida— por el público en conjunción con el artista. Abrir los procesos de creación e interpretación también sirvió como crítica del flujo unidireccional del poder bajo los regímenes autoritarios. 

En este espíritu colaborativo, artistas de todo el mundo comenzaron a enviar obras en papel a pequeña escala a través del correo postal, movimiento que pasó a ser conocido como arte correo. Como una red descentralizada de artistas conectados en las periferias del mundo artístico, el arte postal proponía solidaridad, formas radicales de comunicación, y distribución del arte fuera de instituciones como periódicos, galerías, casas de subasta y museos. Estos circuitos marginales también transmitían información sobre la situación política y criticaban de manera encubierta los métodos de censura y control de las dictaduras. El arte correo ocultaba el mensaje del remitente a la vez que implicaba al gobierno en la entrega de su propia crítica, transformando el servicio postal en conducto de la subversión.

Acción y documentación

A medida que los miembros del público se involucraron más en el proceso colaborativo de producción artística, el papel del artista también cambió. En las obras llamadas de instrucción, por ejemplo, el artista sigue siendo el generador de una idea o concepto, pero delega la producción a otros. De hecho, la obra propuesta podría nunca llegar a realizarse. Propuestas tan abiertas hacen que la obra sea flexible y responda a su entorno, en lugar de estar fija en la pared de un museo. De manera similar, los libros de artista promueven una intervención interpretativa en sus lectores. Con páginas que buscaban ser leídas en cualquier orden, o promover una acción, estos libros ofrecen una relación material única y un nuevo conjunto de significados para cada lector. Los libros pueden ser esculturales o portátiles, accesibles o fáciles de compartir. Como obras múltiples, proponen que la obra de arte sea democrática en lugar de un objeto único y valioso.

Los artistas también formaron parte de actos de creación performativa. Al incorporar sus propios cuerpos de manera consciente y a veces irónica en su propia obra, pudieron reivindicar así su presencia en la historia. Mientras que el arte performativo o basado en acciones es por naturaleza efímero y podía a veces evadir la censura, muchos artistas se inclinaron por el uso de la fotografía y el video para documentar y extender la vida y accesibilidad de sus obras.

https://blantonmuseum.org

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