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Reseñas - México

Ariadna Ramonetti

Tiempo de lectura: 11 minutos

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26.10.2017

Forensic Architecture: Hacia una estética investigativa, en MUAC, Ciudad de México

por Ariadna Ramonetti, Ciudad de México, México
9 de septiembre de 2017 – 7 de enero de 2018

Una arqueología de la derrota

Una herramienta seguirá siendo marginal o poco empleada mientras
no exista la máquina social o el agenciamiento colectivo
capaz de incluirla en su «phylum».
Claire Parnet en diálogo con Gilles Deleuze, 1980.

En su texto Mujeres blancas buscando salvar mujeres color café, Karina Bidaseca se refiere a la retórica de la salvación y su implícito colonialismo discursivo y jurídico actual como: «Los continuos intentos de algunas voces feministas de silenciar a las mujeres de color/no blancas, o bien de hablar por ellas» (BIDASECA, 61; 2011). Esta “retórica de la salvación” no sólo ocupa las relaciones impuestas por los feminismos “blancos”, conforma también discursos globales hegemónicos que se vuelven extensivos a otros esfuerzos, a veces bienintencionados, por denunciar desde el “Norte”, conflictos políticos históricamente localizados en el “Sur Global” [1]. Así, las voces en resistencia –lo que Ranajit Guha llama “voces bajas” (2002)– suelen ser engullidas por otras voces que gritan más fuerte y que buscan traducir los esfuerzos de las “voces bajas” (2002) contrahegemónicas otorgándoles legibilidad en la esfera pública para normar y ordenar sus esfuerzos en la búsqueda de equidad entre quienes detentan el poder y quienes carecen de él.

¿Cómo distinguir, parafraseando a Bidaseca, las voces de los actores y sus interlocutores en el marco global? ¿Cuándo es una voz propia? ¿Cuándo es una voz sofocada, engullida, traducida, o silenciada? ¿Debemos templar “nuestra voz” y cederla a otros para que sea circulada y conocida en la esfera pública? La respuesta de Gayatri Spivak sería probablemente que no, porque ni siquiera poseemos una voz que templar (CFR. SPIVAK, 1988). Esta ha sido históricamente fagocitada por la “colonialidad del poder” [2]. Si “nuestra” voz carece de un lugar de enunciación es porque los recuerdos y las memorias nos han sido arrebatadas para convertirse en improntas de la dominación colonial. «La única opción política posible para la subalternidad, es precisamente dejar de ser subalternos, en otras palabras, intensificar la voz, hacerla propia, en algún sentido lejos de la representación.» (BIDASECA, 69; 2011)

¿Cómo es que ciertas prácticas estéticas contemporáneas que se alimentan de conflictos originados en el “Sur Global” [3] –en este caso hablando específicamente sobre las prácticas propuestas por la “agencia” Forensic Architecture–, consiguen que las voces contrahegemónicas con las que trabajan, hablen y se expresen?

Forensic Architecture es un ejercicio colaborativo que vincula tecnologías y herramientas de investigación que abrevan de la arquitectura, la estética y la ciencia forense para presentar evidencias materiales y testimonios sobre conflictos políticos, territoriales, ambientales y bélicos a petición específica de organismos internacionales oficiales, así como de organizaciones no gubernamentales que luchan por los Derechos Humanos.

El fundador de F.A. e investigador principal desde 2010, el arquitecto Eyal Weizman, se refiere a ella como una “agencia”. Si pensamos en el significado etimológico de esta palabra como «un servicio autorizado para actuar por otros» [4], lo que el colectivo de arquitectos, periodistas, cineastas, diseñadores y artistas visuales con sede en el Centre for Research Architecture de Goldsmiths en la Universidad de Londres hace, se relaciona también con la mediación, la interlocución y la traducción para completar la parte testimonial de su práctica. Esto es plausible a lo largo de toda la muestra Hacia una estética investigativa, curada por Rosario Güiraldes y actualmente exhibiéndose en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) en la Ciudad de México: un ensayo “mural” de corte científico que desdobla las preocupaciones, filias y fobias contenidas en el marco teórico desde el cual opera F.A., llamado “estética investigativa”, el cual busca idear narrativas que puedan articular las verdaderas demandas que requieren las organizaciones sociales, usando las sensibilidades estéticas actuales como recursos investigativos y de politización de la mirada.

Mientras recorremos la exposición de casi una veintena de “casos” –entre los que se encuentran las desapariciones forzadas en Iguala, Guerrero el 26 y 27 de septiembre de 2014–, encontramos diversos registros como mapas, bitácoras, renders, imágenes satelitales, transcripciones de datos, reconstrucciones de hechos a partir de diversos programas de geolocalización, así como evidencias y testimonios en video de las “voces”que han sido violentadas por los aparatos de represión estatal y sus dispositivos de poder.

Sin embargo, estas “voces” pocas veces se expresan con “voz” propia, ya que son constantemente mediadas o bien por la treintena de colaboradores de F.A. –la mayoría de ellos egresados también de Goldsmiths– quienes conducen a sus entrevistados a través de preguntas sesgadas que buscan sólo datos que puedan ser graficados o renderizados, o bien, engullidos por los propios displays tecnológicos y diversas plataformas para realizar alzados arquitectónicos digitales que la agencia utiliza para circular y dotar de una visualidad específica a los casos que le interesa investigar y mostrar públicamente.

Al recorrer la muestra permanece la sensación, sobre todo al escuchar las entrevistas que conforman Liquid Traces: The Left to Die Boat Case (2012-14), Ground Truth: Testimonies of Dispossession, Destruction and the Return in the Naqab/Negev (2015-) y Saydnaya: Inside a Syrian Torture Prision (2016) –todas ellas testimonios de violaciones a las normas internacionales de derechos humanos y del derecho penal internacional–, de que nuestra interacción con ciertas “voces” que vemos y escuchamos en las pantallas y proyecciones de la exposición, está siendo mediada por un andamiaje neocolonial; casi prostético que nos muestra sólo la faceta del conflicto que F.A. desea que miremos. Así, la “agencia” de investigación se imposta en toda la sala de exposición como una voz colectiva única que grita, tutela y dirige a “otros”.

Las víctimas y los testimonios son tratados como algoritmos o datos que contribuirán a la obtención de pruebas que eventualmente aportarán algo (o no) a la resolución de los conflictos. Es importante destacar que de los casos en los cuales F.A. ha participado aportando pruebas por encargo, ninguno ha sido aún resuelto por las instancias nacionales e internacionales correspondientes.[5] En ese sentido, no podemos ignorar la sensación cuando miramos la exposición en conjunto, de que asistimos a una arqueología de la derrota.

Partiendo de lo anterior, quiero dejar una pregunta abierta: ¿Es posible, entonces, colaborar desde un espacio de enunciación privilegiado como la Universidad de Londres con escenarios de precariedad y desposesión sin apelar al tutelaje, al asistencialismo y a la retórica de la salvación implícita en la historia neocolonial contemporánea?

¿Quién autoriza a Forensic Architecture para hablar por “otros”? Una larga lista de organismos internacionales como la ONU, Médicos Sin Fronteras y Amnistía Internacional, así como Organizaciones No Gubernamentales que han jugado un papel fundamental para la comprensión de conflictos y atención a víctimas, como el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) con sede en Buenos Aires o el Centro Prodh con sede en la Ciudad de México en el caso de la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, por mencionar algunos. Todos ellos se agolpan en una lista de redes muy sólidas que la agencia viene concretando desde hace 7 años. Estos organismos comisionan a F.A. para que los apoye investigando y encontrando pruebas que tendrán visibilidad en la esfera pública convocada tanto por foros académicos, como por las instituciones del arte y otros dispositivos de exposición como la Documenta 13 en 2011, de la cual participó F.A.

Para las Epistemologías del Sur [6], la Carta Magna de los Derechos Humanos, en lugar de fungir como herramienta jurídica de lucha para quienes se encuentran en desigualdad ante el poder, ha servido –en algunos casos– como mecanismo de dominación que va en contra de la emancipación de los sujetos y sujetas desprovistas de ciudadanía (refugiades, desplazades, preses políticos, inmigrantes y algunos Pueblos Originarios, etc.) en pos de instaurar una ética liberal, homogeneizante y transnacional que atenta contra los principios de igualdad y diferencia (CFR. SANTOS, 2012).

En este sentido sería interesante indagar sobre si la “arquitectura forense” se pondrá en el futuro también al servicio de otras colectividades oprimidas, excluidas y discriminadas que persiguen justicia social fuera del marco regulador de las ONG y los organismos internacionales que velan por los Derechos Humanos; como los movimientos de autodefensas, los frentes populares, las comunidades indígenas autónomas y las organizaciones separatistas, quienes luchan desde su propia trinchera y sin recursos económicos contra el crimen organizado, las corporaciones transnacionales y la violencia estructural y política [7]. Esto implicaría un involucramiento distinto por parte de F.A. al prescindir de la información digerida que las ONG pueden proporcionarles para realizar su trabajo. Una experiencia de este tipo tendría que valerse de más trabajo etnográfico y de la eventual adhesión de científicos sociales a las huestes del colectivo.

Más allá de la crítica que pueda hacerse al lugar de enunciación de F.A. y que ha ocupado una buena parte de esta reflexión, la relevancia de la exposición Hacia una estética investigativa radica en la manera en que F.A. utiliza a la institución “museo” como campo y plataforma para visibilizar y comprender una serie de conflictos en ese “teatro de operaciones bélicas” que mencionaba Sergio González Rodríguez como una de las tantas acepciones de la palabra “campo” que también puede aplicarse al museo: un lugar en donde se cruzan la geopolítica, la vida de las personas, la guerra, la estética, el arte, la cultura, la experiencia de la vigilancia y el control a las colectividades (CFR. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, 9; 2014).

Si pensamos el término “agencia” ya no como el servicio autorizado para actuar por otres, sino como un agenciamiento «que siempre es colectivo, y que pone en juego, en nosotros y fuera de nosotros, poblaciones, multiplicidades, territorios, devenires, afectos, acontecimientos» (DELEUZE, 61; 1980), entonces los esfuerzos de las y los involucrados en Forensic Architecture aciertan completamente al convertir temporalmente al museo en un anfiteatro (forense) desde el cual explicitar la violencia estructural y política y sus dispositivos de poder. «Lo importante no son las filiaciones, sino las alianzas y las aleaciones; ni tampoco las herencias o las descendencias, sino los contagios, las epidemias, el viento. Los brujos lo saben muy bien. Un animal se define menos por su género o su especie, por sus órganos y sus funciones, que por los agenciamientos de los que forma parte.» (DELEUZE, 79; 1980)

 

Ariadna Ramonetti. Licenciada en Historia del Arte por el Centro de Cultura Casa Lamm (México D.F., 2001-2005). Maestra en Estudios de Arte por la Universidad Iberoamericana (México D.F., 2008-10), de la cual es Docente desde 2012. Desde el 2005 se desempeña como curadora independiente, productora y gestora de proyectos culturales.

Notas:

1. El “Sur Global” es un “Sur” no geográfico; una metáfora del sufrimiento sistemático y la desigualdad de clases y grupos sociales, producido por el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado a nivel global. Este “Sur” existe también en el “Norte Global” de los grupos oprimidos y marginados de Europa y Norteamérica, por ende, hay también un “Norte” en el “Sur”: son las élites locales que se benefician del capitalismo global (CFR. SANTOS, 35; 2011).

2. La noción de “colonialidad del poder” apela a la invención/creación de nuevas identidades geoculturales y de relaciones materiales e intersubjetivas de dominación a partir de la imposición de la idea de raza, derivada de un proceso violento de conquista y colonización (CFR. QUIJANO, 217; 2000).

3. Los “casos” que desarrolla Forensic Architecture que participan de la muestra Hacia una estética investigativa se localizan en ese “Sur” no geográfico de países como Afganistán, Brasil, Indonesia, Israel, Guatemala, México, Pakistán, Palestina, Siria, Turquía y en la región sur del Mediterráneo.

4. GÓMEZ DE SILVA, GUIDO. Breve diccionario etimológico de la lengua española. México: FCE, COLMEX, 1998.

5. Si el lector está interesado en revisar la lista de “casos” presentes en la exposición y su seguimiento en medios de comunicación para indagar si el conflicto en cuestión se resolvió o no, se sugiere buscar en Google las noticias más recientes al respecto.

6. Las Epistemologías del Sur son el reclamo de nuevos procesos de producción y de valorización de los conocimientos científicos y no científicos no previstos por el pensamiento Occidental. Son el reclamo de nuevas relaciones entre diversos tipos de conocimiento a partir de las clases y grupos sociales que han sufrido sistemáticamente de opresión, destrucción y discriminación por parte de la desigualdad naturalizada por el colonialismo y el capitalismo (CFR. SANTOS, 2011). “La diversidad del mundo es infinita, una diversidad que incluye modos muy distintos de ser, pensar y sentir, de concebir el tiempo, la relación entre seres humanos y entre humanos y no humanos, de mirar el pasado y el futuro, de organizar colectivamente la vida, la producción de bienes y servicios y el ocio. Esta inmensidad de alternativas de vida, de convivencia y de interacción con el mundo queda en gran medida desperdiciada porque las teorías y conceptos desarrollados en el Norte global y en uso en todo el mundo académico, no identifican tales alternativas y, cuando lo hacen, no las valoran en cuanto contribuciones válidas para construir una sociedad mejor.” (SANTOS, 35; 2011)

7. Violencia estructural se refiere a la organización económico-política de la sociedad que impone condiciones de dolor físico y/o emocional. Violencia política: incluye aquellas formas de agresión física y terror administradas por las autoridades oficiales y por aquellos que se le oponen, tales como represión militar, tortura policial y resistencia armada en nombre de una ideología, movimiento, o estado político. Se recupera la propuesta de clasificación de Philippe Bourgeois (basada en Clastres y Galtung) enunciada por Francisco Ferrández y Carles Feixa en el texto Una mirada antropológica sobre las violencias.

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