Reseñas - Estados Unidos

LEE ESCOBEDO

Tiempo de lectura: 6 minutos

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15.04.2017

Dancing on Graves: Steven Parrino en The Power Station, Dallas, Texas

por Lee Escobedo, The Power Station, Dallas, Texas, EE.UU.
5 de abril de 2017 – 16 de junio de 2017

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Como poesía, el romance de la muerte está esparcido a lo largo del suelo del Power Station. Steven Parrino finalmente obtiene la muestra americana que merecía, Dancing on Graves en The Power Station de Dallas, Texas. Ubicada en una antigua subestación de la compañía Power & Light de Dallas, esta es la primera exhibición institucional para Parrino en los Estados Unidos que abarca obras realizadas entre 1979 y 2004 a través de la pintura, obras sobre papel, escultura y video. Sin embargo, la exhibición llega 12 años después de su muerte; montando su propio pálido caballo en la mañana de Año Nuevo, un accidente de motocicleta en carreteras resbaladizas le arrastró hacia la muerte en 2005 a la edad de 46 años.

Si hoy estuviera vivo, Parrino no se sorprendería por nada de esta nueva fama. Su obra trataba sobre la comedia de la muerte: la suya, la de sus amigos, la de la pintura. Exploró estas posibilidades creando pinturas a gran escala que frustran las expectativas y las suposiciones académicas sobre qué aspecto debe tener una pintura, que debe ser y hacer.

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A través de su obra, Parrino asesinaba a sus ídolos y al canon con el que trabajaba para que éste evolucionara más. Su trabajo era una oscura reflexión del minimalismo y la paleta monocromática que le precedió. La obra de Parrino se movió teóricamente entre Andy Warhol, Yves Klein y los Hells Angels.

Atacó la planitud con obras de formas geométricas grandes, como Untitled de 2004, que The Power Station pone en exhibición en el primer piso. Aquí, Parrino ha creado una pirámide invertida, a la vez un ejercicio de aumento y reducción en el tamaño y la escala de la pintura. Los crudos muros y el suelo del Power Station se convierten en puntos de encuentro de tres de los cuatro vértices de la pieza, con el cuarto extendiéndose hacia los cielos. El lienzo negro y gris es estirado y arrugado alrededor de la forma triangular del marco, una especie de bolso para cadáver para una práctica pensada muerta cuando Parrino comenzó a pintar.

La carrera de Parrino como músico noise sirve como punto de acceso auxiliar a sus teorías sobre la condición del hombre y del país. El ruido que creó con Blood Necklace y las colaboraciones con el artista visual Jutta Koether, fueron homogéneas a su producción visual. Eran diferentes destilaciones del mismo tedio, de la agotadora rabia hacia la forma y el precedente: el lenguaje artístico de Parrino lleno de ladridos y palizas. Parrino estaba difuminando las líneas entre el arte contemporáneo y la música experimental antes de que esto se convirtiera en el passé de todos los graduados de licenciatura de Artes Liberales.

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Esto se puede enfatizar con su elogio para un amigo, 13 Shattered Panels (for Joey Ramone) de 2001. Observando la cuenta de Instagram de la institución, se puede ver al director de The Power Station, Gregory Ruppe y al artista conceptual italiano, Piero Golia (quien estaba en la ciudad para la Feria de Arte de Dallas) tomando turnos para golpear con un bat de baseball las pinturas de esmalte negro. Post-mortem, en el segundo piso del museo, las pinturas descansan erguidas, lado a lado, a veces apiladas. Los fragmentos y materiales yacen como partes del cuerpo en un campo de batalla. Los escombros en el suelo desempeñan un papel similar al del recurso poético conocido como «pillow word» (una frase para denotar una ruptura) o el recurso de filmación, «pillow shot» (un corte a un farol o atardecer después de una intensa sección de diálogo). Estas funciones narrativas lingüísticas y estéticas significan pausas para la mediación, rupturas entre la acción que permiten al espectador reflexionar sobre lo que acaba de ver. Por lo general se sitúan entre «lo que era» y «lo que será» dentro de la historia. Los trozos del panel mutilado, encontrados a veces con tal violencia que vuelven a sus orígenes de polvo y arena, sirven como «pillow markings«, momentos de pausa para evitar que nos enfoquemos en gestos, sino que contemplemos nuestra propia complicidad en la violencia de la sociedad y el yo.

3 Units of Aluminum Death Shifter, de 1992, cuelga en el segundo piso como un descendiente directo de John Chamberlin – si el artista hubiera jugado con sábanas. Esta obra trae a la mente el lenguaje utilizado en películas de acción y mafia sobre preparar la propia muerte («Has hecho tu cama, ahora yace en ella»). Es una prosa hiper masculina que cuando se contrasta con la elección de materiales de Parrino, da lugar a una lectura texturizada del sitio donde su práctica encaja: entre la abstracción que le precedió y el fatalismo de la era de los años 2000, aquella de los artistas neoyorquinos que trabajaban en  técnica mixta inspirados por el vicio. El esmalte sobre las obras en lienzo revela la escena de tres crímenes, o al menos esa es mi interpretación. Las tres formas de color alumínico delinean manchas de formas humanas. Los pliegues y arrugas de esta pieza son ásperos e implacables, presionados hacia el lienzo con ferocidad, o tal vez hechos para aparentarlo. Sin embargo, la abnegación es palpable. De inmediato, Parrino rechaza todo y nada dentro del campo de la pintura.

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Por su simple estructura y nombre, el Power Station dota de ornamentación al mito de Parrino. Su gran arquitectura industrial hace que el nihilismo de las pinturas se extienda a través de sus niveles. Podría ser fácilmente el sitio de un espectáculo de noise de 1980 (o de la actualidad), un escenario que se produce a través de la propia entropía del espectáculo y por medio de la instalación, Dancing on Graves (1999), el video de cinco minutos del cual la exhibición toma su título. Un pequeño monitor se encuentra junto a dos altavoces pequeños y tres paneles negros rotos y mezclados. La pieza de video es una amalgama de sexo y terror. De las imágenes granuladas vemos a una mujer mirándonos, bailando sobre materiales similares mientras coquetea, quizás burlándose de nosotros. El ruido se enciende en los altavoces, llamándonos desde la tumba. Entonces vemos a Parrino proporcionando castigo sobre sus obras, luego oscuridad, seguida de ausencia. Parece que a través de sus experimentos con el noise, Parrino encontró que el silencio puede ser aniquilador.

 

Lee Escobedo es crítico, curador y artista. Su trabajo puede ser encontrado en Berlin Art Link, ArtDesk, Glasstire y The Dallas Morning News. En 2017 fue el co-programador de Artist Circle en el Nasher Sculpture Center y ha sido invitado por el Museo de Arte Moderno de Fort Worth, la Feria de Arte de Dallas y la Universidad Metodista Sureña a curar o programar. Vive y trabaja en Dallas, Texas.

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