Opinión - colonialidad - México

Pablo Tut

Tiempo de lectura: 7 minutos

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28.03.2021

Círculos culturales alienados: Mérida is hot!

El modelo que conocemos de arte es sostenible en Yucatán gracias a su larga historia de racismo y sometimiento cultural.

En este texto se discutirá una idea muy vaga, pero que ha dominado el pensamiento y los espacios de arte en la Península de Yucatán: el desarrollo cultural.[1] A partir de lo que se ha hecho en la península, el desarrollo cultural ha sido un llamado aspiracional a copiar los modelos culturales de los centros hegemónicos. Esta es la condición de muchas comunidades y poblaciones que han sido sometidas bajo colonialismos, cuyos discursos culturales y espacios artísticos han sido adaptados al modelo de “industria cultural” que se caracteriza por respaldar y vender producciones artísticas como productos turísticos.

Las suposiciones desarrollistas impulsaron la creación de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY), a pesar de que se haya hecho con buen corazón. Al instaurarse decididamente o no en Yucatán, una población con muy bajos índices de salario, la ESAY abrió espacio para que jóvenes del sureste del país y provenientes de hogares de clase trabajadora pudieran acceder a estudios de arte contemporáneo. Antes de esto, las concepciones de arte de la región se basaban exclusivamente en las bellas artes, debido al tipo de escuelas que han disciplinado a varias generaciones de artistas.

Además de aquellas generaciones de la escuela de artes plásticas que la Universidad Autónoma de Yucatán, desde su apertura en el 2005, la ESAY ha formado a una cantidad considerable de artistas y agentes culturales bajo criterios actuales de aquello que se considera arte y cultura. Se podría suponer que en el 2021 esto se reflejaría en una escena o sistema de arte consolidado. Tristemente no es así. Las artes visuales en Yucatán, desde antes de la pandemia, se encuentran en un estado de petrificación y al mismo tiempo en un estado de acelerada gentrificación que resulta en la exclusión y el acaparamiento de los discursos artísticos que se muestran localmente. Existe un trasfondo material y social que imposibilita una verdadera apropiación y transformación de estos conocimientos por parte de les artistas peninsulares. ¿Qué ha evitado que generaciones de artistas no hayan podido consolidar sus carreras y producciones a través del desarrollo cultural? ¿Por qué existe una tremenda ausencia de instituciones y espacios independientes que respalden producciones contemporáneas de artistas locales? Pareciera que “lo contemporáneo” no tiene lugar en la sociedad yucateca, a menos que esté hecho para no incomodar a nadie. Además de ser una cuestión de recursos, esta es una cuestión de dominación cultural.

La enseñanza de artes que recibimos no incluía en su plan de estudios una perspectiva interseccional y crítica sobre las condiciones sociales de la región. No hubo herramientas para todos los problemas que los egresados enfrentarían: una sociedad aislada y estratificada, el colonialismo epistemológico, el colorismo, el sexismo, por mencionar algunos. Las personas y sus acciones siempre están ligadas a una sociedad y cultura, y las artes son un reflejo del estado de ambas. Con esto en mente cabría preguntar, ¿qué es el arte visual en Yucatán?

Siempre se espera que el arte sea una especie de objeto valioso, intercambiable por capital económico y cultural. Esto es lo que ha justificado el modelo que se promueve en instituciones, galerías y escuelas alrededor del ”artista genio”, de “maestro”. Una figura altamente individualizada, plenamente acoplada a su disciplina, siendo esta tanto el aspecto artesanal y procesual de obras físicas, como el aislamiento bajo cánones intelectuales anacrónicos. Estas expresiones artísticas a pesar de ser consideradas subjetivas, también están regidas por un índice de utilidad por parte de galerías que venden estas obras a coleccionistas políticamente aislados y como tokenismo actualizador por parte de las instituciones culturales. El artista es una persona de paso en los espacios de arte de Yucatán, secundario, accidental, que de hecho se vuelve incómodo si su obra y presencia no se constriñen al rol que se espera que juegue.

La vacilación institucional y gremial en cuanto a lo que es arte, permite la existencia de espacios y producciones artísticas que operan solamente como proyecciones de privilegios blancos, gustos alienados. A consecuencia de este panorama cultural, educativo, y del actual estado del mercado de arte peninsular existe un fuerte condicionamiento de las producciones locales a la escópica blanca eurocentrada; una visión que no solo percibe, si no se expresa, y en su expresión excluye; certificando con su mirada las expresiones culturales “más trascendentales” al ser las más adecuadas a sus gustos y agendas. Para mí es innegable que la educación artística que recibí fue altamente eurocentrista, excepto por la mención en clase de algunas obras contemporáneas mexicanas y de Latinoamérica. Han existido muchos movimientos de performance, video y cine experimental en Yucatán que son desconocidos por les estudiantes pues existen muy pocas iniciativas generando un archivo público de los mismos al no ser producciones legitimadas por los centros y por capitales.

Si desde su base la enseñanza y circulación de arte contemporáneo son culturalmente occidentales y blancas, ¿qué significa entonces una producción crítica en la península?

En el texto “Arqueología conceptual: Sobre la exposición Incidentes de viaje espejo en Yucatán y otros lugares” que se realizó en el Museo Tamayo en el 2011, no pude evitar cierta repulsión por el énfasis que se hace en dicha “historicidad” al viaje de los arqueólogos Catherwood y Stephens, como una cuestión de verdadero descubrimiento, invisibilizando así la relación que muchas comunidades tenían con las ruinas mayas desde antes de su llegada. Menciono este texto curatorial porque fue de las primeras exposiciones que ahondaba en el contexto de Yucatán a partir de prácticas contemporáneas. Sin embargo, al mismo tiempo, no incluyó a ningún artista yucateque o peninsular. Este hecho me remite a la concepción colonial que se tiene de las personas en Yucatán, como un lugar con voces sin sentido, es decir: sin voces capaces de replicar las concepciones occidentales de vida y gusto. A la borradura o sustitución de las experiencias locales o situadas por valores modernizadores y eurocéntricos se le llama epistemicidio, y ante el mismo, el museo Tamayo aún tiene un trabajo de reparación que hacer en relación a este caso. A partir de lo anterior, la concepción de las artes visuales, específicamente de Yucatán, es hasta este día un espacio para el descubrimiento y la realización del hombre blanco, así como un espacio de consumo de la cultura maya. Un consumo “espiritual” sin realidad política.

Les estudiantes/artistas peninsulares son en su mayoría personas marginadas y racializadas, por ello su ausencia en las galerías y espacios locales. Su presencia en estos espacios significarían una pérdida de la exclusividad con la que se maneja la sociedad de la “Ciudad blanca” (Mérida). El mercado local al no tener una diversidad de referentes artísticos (o al no buscarla), se dedica a especular con la figura de sus artistas a partir de cuan blanca y eurocéntrica su obra es, o a la inversa, por cuan exóticos y Otros resultan a la escopia blanca. Y así es cómo espacios y producciones artísticas se entremezclan fácilmente con agendas hegemónicas e “ignorantemente coloniales”.

¿Cuál podría ser la función del conocimiento en artes visuales? ¿La decoración de las nuevas propuestas inmobiliarias de la península o la generación de espacios de integración social? En mi opinión la virtud artística (si es que tenemos la necesidad de definir algo así) no radica en su laboriosidad, si no en su escapatoria, en su indefinición decidida. Las artes, más que el desarrollo de una habilidad racional o técnica, son la conjunción de varios elementos y temporalidades en espacios que habilitan discusiones culturales. Aspectos aleatorios, no convenientes para una inversión segura. El modelo que conocemos de arte es sostenible en Yucatán gracias a su larga historia de racismo y sometimiento cultural. Dicho modelo no necesita de nosotres para existir. Necesitamos comunidades de artistas y agentes culturales que compartan un suelo en común, vulnerabilidades y deseos. Si mantenemos los ideales de exclusividad y genialidad artística seguiremos alienados, esparciendo el credo de la especulación mercantil. No tiene sentido seguir manteniendo las formas que se nos han enseñado.

Notas

  1. There is no specific concept of cultural development because there would have to be a single concept of what culture is. Therefore, such a concept will always depend on the context and the motivations of the person who enunciates it.

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