Eugenio Tisselli escribe desde la pérdida, el dolor y la rabia: una rabia que surge de ver cómo la mal llamada inteligencia artificial simula a los muertos, quizá su aplicación más nociva. Dejar ir, dice el autor, no rendirse a la máquina, es el acto más humano que nos queda. Que la memoria de nuestrxs muertxs permanezca viva en los cuerpos y en la tierra, y no en los centros de datos.
Primera parte (que bien podría ser la segunda, o la tercera)
El filósofo italiano Giorgio Agamben escribió, el 2 de febrero de 2026, estas breves líneas para acompañar el atardecer de Occidente: “Como en Nápoles, en Nochevieja, tirar todo por la ventana. Luego, en la calle, recoger algunos pedazos: los pedazos traen buena suerte. Lo nuevo se hace con fragmentos de lo viejo.”1
El vasto desierto occidental crece aceleradamente, y en su hambre devastadora se agita la rabia infinita del fascismo y sus máquinas. El vasto y blanco desierto amenaza con extenderse al resto del planeta. Amenaza con sembrar muerte mientras aparenta ahuyentarla. Ya lo hace. Ese presente eterno y vacío, ciego a la muerte y a la memoria, es la gran maldición que Occidente arroja sobre la Tierra.
Muerte sin muerte: muerte sin fin.
“La palabra Occidente, con la que definimos nuestra cultura, deriva etimológicamente del verbo cadere (caer) y significa, literalmente, lo que cae, lo que nunca cesa de caer. También, se relacionan con este verbo los términos azar (caso) y casualidad. Lo que nunca cesa de caer y atardecer (occasus en latín significa ocaso) también es, por lo tanto, presa del azar, de una aleatoriedad incesante. Por lo tanto, no es sorprendente que, hoy en día, el gobierno de los hombres y las cosas adopte la forma de protocolos de intervención, independientemente de ciertos resultados, en un mundo concebido como disponible y calculable precisamente porque es aleatorio. Occidente existe y se gobierna sólo en el tiempo de su fin y su caída implacable y, como su Dios, está continuamente muriendo. Pero precisamente aquí reside su fuerza: una muerte incesante es verdaderamente interminable, una transitoriedad o aleatoriedad infinita que se presenta como imparable”.
“Una estrategia que busque abordar este declive perpetuo debe encontrar en él una brecha o una interrupción donde Occidente pierda su continuidad y se hunda definitivamente. Esta cesura abismal es la memoria. Occidente, al ser aleatorio y fugaz, no tiene memoria de sí mismo, no conoce ninguna abertura o espacio donde algo parecido a un recuerdo pueda surgir, aunque sea momentáneamente. Ciertamente puede construir, como lo hace, archivos y registros para ordenar continuamente los eventos (los casos) de su historia, pero carece de la capacidad de experimentar verdaderamente un pasado, de abrirse a algo que rompa el tejido uniforme de sus representaciones. La anamnesis, la memoria, en cambio, toma la forma de un intersticio donde el declive (el azar) se detiene por un instante y permite que un pasado heterogéneo e irrepresentable aparezca como si nunca hubiera existido. “Oh, pasado, abismo del pensamiento” (Schelling): sólo el pensamiento que desciende resueltamente a este abismo puede conducir a Occidente de una vez por todas a su fin”.2
Segunda parte (que bien podría ser la primera, o la tercera)
g, guerrillas de la información, guerrillas de contra-información, operaciones de contra-anti-des-información, guerra cognitiva, guerra psicológica operaciones psicológicas, hackeo psico-afectivo, operaciones militares de apoyo des-informativo, gestión de la percepción, gestión de las emociones, manipulación algorítmica de la afectividad pública, operaciones de influencia, comunicaciones estratégicas, comunicaciones clasificadas, des-clasificación estratégica, guerra narrativa, guerra de guerrillas narrativas, ingeniería narrativa, narratividad algorítmica, texto generativo, control de la narrativa, manipulación de la narrativa, generación automatizada del discurso, propaganda, propaganda subliminal, propaganda computacional, propaganda algorítmica, guerra política, política algorítmica, ideología algorítmica, guerrilla algorítmica, guerrilla memética, inundación memética, proliferación de paradojas algorítmicas, fractalización, guerra cultural, guerra semiótica, desprogramación neuronal, reprogramación neuronal, guerrilla simbólica, manipulación del entorno informativo, operaciones en el dominio cognitivo, operaciones para influenciar el comportamiento, integración de datos, vigilancia, inteligencia operativa, ingeniería de la opinión, ingeniería del disenso, ingeniería de la memoria, borradura, borradura, borradura, implantación de recuerdos falsos, explotación de vulnerabilidades, operaciones de diplomacia pública, control de daños, persuasión estratégica, aislamiento del disenso, desinformación, malinformación, post-verdad, medidas dinámicas de disuasión, monitoreo en tiempo real, rastreo, datificación, extractivismo cognitivo, extractivismo semántico, neuroextractivismo, neurohackeo, computación neuronal, noosfera, infosfera, activación, desactivación, reactivación, operaciones de distracción, operaciones de disuasión masiva, disuasión militar, seguridad operacional, seguridad cibernética, operaciones criptográficas, operaciones anti-criptográficas, inteligencia, contra-inteligencia, des-inteligencia, idiotización masiva, interferencia estratégica, estupidización inducida, emisión de señales contradictorias, emisión de señales falsas, hackeo informativo, tácticas encubiertas de disuasión, denegación de información, ocultamiento de información, shadowbanning, doxxing, coerción, cooperación, supresión de narrativas, guerrillas de reputación, redes de influencias, campañas de asesinato social, campañas de asesinato narrativo, cancelación, destrucción de la reputación, destrucción de la memoria, distracción dirigida, normalización del cinismo, normalización de la ansiedad, hiper-normalización, manipulación psicológica, ingeniería social, propagación de rumores, reescritura de la historia, distorsión del horizonte de eventos, glitcheo, guerra de rumores, siembra de narrativas, amplificación de narrativas, redes de rumores, rumores falsos, rumores verdaderos, manipulación mediática, perplejidad provocada, impotencia inducida, borradura del yo, borradura del nosotrxs, borradura de la borradura, laguna mental, amnesia inducida, ingeniería de la amnesia, inducción de amnesia colectiva, operaciones de encuadre mediático, operaciones de establecimiento de agenda, hackeo de la percepción, agendas ocultas, dobles intenciones, guerrillas de la atención, competencia por la atención, aceleración de la semioesfera, neurosis, psicosis, paranoia, esquizofrenia, neurodivergencia inducida, inducción de la rabia social, aplacamiento mediático de la rabia social, ingeniería de la indignación, ingeniería de la polarización, gestión del miedo, erosión de la confianza, inducción de comportamientos autistas, falso autismo, falsas dicotomías, correlaciones algorítmicas, ingeniería de la confusión, campañas de deslegitimación institucional, ingeniería de la impotencia, guerra de legitimidades, operaciones de sobrecarga cognitiva, inundación informativa, campañas de distracción, bombardeos, manipulación del conocimiento, manipulación de la información, manipulación de los datos, representaciones tendenciosas, captura epistémica, sabotaje epistémico, guerrilla ontológica, campañas de ridiculización, campañas de escarnio, filtrados, jamming, contenidos con etiquetas falsas, contenidos no etiquetados, exceso de contenidos, contenidos generados algorítmicamente, contenidos engañosos, contenidos ni verdaderos ni falsos, disrupción del discurso, fragmentación del discurso, deslegitimación de la verdad, supresión del valor de verdad, publicación masiva de textos generados, campañas de ingeniería de las creencias, campañas de ingeniería de la percepción, campañas de ingeniería de la cosmovisión, pánico, propagación de ideologías, des-ideologización, deslegitimación selectiva de ideologías, campañas de deslegitimación política, manipulación de narrativas culturales, propagación del funcionalismo computacional, siembra de dudas, inducción al odio, operaciones mitopoiéticas, storytelling, guerrillas de storytelling, des-encuadres narrativos, re-encuadres narrativos, secuestros del discurso, desarrollos contra-narrativos, operaciones de falsa bandera, generación algorítmica de imágenes, indeterminación estratégica, contra-propaganda, deslegitimación de la contra-propaganda, declaraciones públicas, filtrado de grabaciones, militarización del storytelling, ingeniería simbólica militarizada, operaciones de contra-influencia, contra-des-información, anti-contra-des-información, campañas de literacidad mediática, sabotaje a las campañas de literacidad mediática, operaciones de resiliencia cognitiva, neuroresiliencia, inoculación de opiniones, inoculación fisiológica, campañas para mentir, campañas para des-mentir, campañas para pre-desmentir, post-campañas, operaciones de defensa reputacional, inoculación psicológica, ingeniería del olvido colectivo, des-sensibilización, ingeniería del ruido, ruido psicológico, ruido informacional, silencio, silencio mediático, manipulación de las redes sociales, campañas de bots, redes de bots, redes oscuras, manipulación algorítmica, campañas de amplificación algorítmica, campañas de atenuación algorítmica, viralidad, ingeniería de la viralidad, politización, des-politización, erosión, astroturfing, gaslighting, redes de agentes inteligentes, desbordamiento de la agencia algorítmica, regulaciones, des-regulaciones, operaciones autónomas, personificación, indeterminabilidad, gestión de personas falsas, campañas de suplantación de identidad, ataques, granjas de trolls, comportamientos coordinados, desviaciones, organizaciones falsas, ingeniería de causas sociales, ingeniería de acontecimientos, ingeniería del entumecimiento, enjambres narrativos, propagación de memes, monetización del disenso, monetización de la indignación, criptomonetización del engagement, engagement farming, aura farming, optimización de motores de búsqueda, infiltración de publicidad engañosa, infiltración de propaganda, ingeniería de resultados, gestión digital de la reputación, virtue signaling, guerrilla de hashtags, campañas de saturación memética, manipulación de trends, ingeniería de trends, envenenamiento de motores de búsqueda, envenenamiento de datos, operaciones de infiltración en comunidades, manipulación de foros, guerrillas de comentarios, guerrillas de opinión, desconexión, bucles de retroalimentación narrativa, ingeniería de burbujas sociales, abuso estratégico de sistemas de recomendación, envenenamiento de filtros, manipulación de la gobernanza digital, propaganda sintética, opiniones algorítmicas, algoritmización de la memoria colectiva, algoritmización de la memoria individual, deepfakes, manipulación de los datos de entrenamiento, borradura, borradura, borradura, borrad, borra, b,
Tercera parte (que bien podría ser la primera, o la segunda)
¿De qué delgadísimo hilo cuelga la memoria? Y, ¿de qué dimensión es lo que se pierde cuando ese hilo se rompe?
Cuando mi madre se fue, se nos fue también un mundo, una vida de recuerdos. Una inmensidad de rememoraciones. Hace años, un mal degenerativo fue erosionando la superficie de su cerebro, royendo lentamente hacia adentro. Primero vinieron sus olvidos y desvaríos. Luego vino el silencio, la quietud, y al final la muerte. Nos abandonó su tiempo y su voz: la neblina tenue de la que colgaba el hilo de su memoria.
Recuerdos: el hilo que entreteje el corazón y el mundo. Rememoraciones: el hilo que une a la mente con el mundo.
Junto con el silencio de mi madre vino la parálisis. Su cuerpo dejó de caminar, de asir, de abrazar. Su presencia y movimiento en el mundo, y su memoria, se iban desvaneciendo a la par.
Quiero decir que cuerpo y memoria, abrazo y voz, piernas y cerebro, no son cosas separadas que uno pudiera estudiar como si desarmara un reloj para observar sus partes. La memoria es encuerpada, los recuerdos son movimiento, la voz es el abrazo. La mano que aprieta, el ojo que de repente se humedece, la boca que sonríe y finalmente ríe. De eso está hecha la memoria.
Lo que se pierde con la ausencia de la memoria, al caer del hilo que la sostiene, son muchas otras memorias. La mía, entre ellas. Hay tantas cosas que no recuerdo, y que quizás habría podido saber si se las hubiera preguntado a mi madre. Ya no las sabré. No conoceré jamás el tamaño de lo que he perdido.
Los hilos que articulan memoria, cuerpo y cuerpos están hechos de carne y de la sustancia invisible de las palabras, de las imágenes. Están hechos de sensaciones, de un material inefable que se sostiene con el aliento y la luz del sol. Así es como estamos entrelazadxs y nos entretejemos al rememorar. Nos mantenemos vivxs así.
Llaman algunxs científicxs cognición corporeizada a ese enmarañamiento. La cognición, ese proceso por el cual aferramos el mundo y lo volvemos inteligible, sucede en todo el cuerpo, y en la atmósfera que lo rodea y conjuga con otros cuerpos.
Dicen algunos científicos que la raíz de aquello que llamamos conciencia está en las sensaciones del cuerpo. La conciencia surge en lo vivo, en lo que siente hambre, en lo que duerme y despierta, en lo que, con miedo y sin él, evita morir pero, al final, se deja ir. Lo digo también porque lo viví. Acompañé a mi madre en la lenta borradura de su cuerpomente. Ya nadie tiene que explicarme nada al respecto.
La conciencia late en los cuerpos que recuerdan y rememoran, en los sí-mismos que dan sentido y significado a lo ya vivido. Es por ello que los remedos digitales de inteligencia viva son meras metáforas. Son engaños que nos hacen caer en la trampa del lenguaje; que nos hacen creer que una máquina, sin cuerpo ni sensaciones ni vida, pero con un enorme banco de palabras, puede tener inteligencia.
Una de las aplicaciones más nocivas3 de la mal llamada inteligencia artificial es la simulación de personas que han muerto. La aplicación, que aún no se comercializa, pero que se comercializará, funcionaría así: un algoritmo recoge los rastros digitales que esas personas dejaron en la red mientras estaban en vida: textos, imágenes, grabaciones de voz y videos (mi madre me dejó solamente un abrazo invisible, in-digitalizable). Otros algoritmos extraen palabras y expresiones, y otros más analizan los modos y los estilos de los datos extraídos. Finalmente, la aplicación escupe a las redes sociales lo procesado, en forma de fragmentos descoyuntados que se topan con nuestra irrefrenable propensión a identificar patrones y presencias en todo lo que percibimos y leemos. Es así como una sofisticada operación lógico-matemática nos lleva al engaño cuando creemos reconocer la voz del difunto en posts que lo suplantan post-mortem.
Pero el hilo debe romperse, la fotografía debe ir perdiendo sus colores, debe palidecer, y quienes quedamos vivxs tenemos que soltar. Por más doloroso que sea; dejar ir es, quizá, la enseñanza más profunda que podemos recibir durante nuestro tiempo en el mundo. Quienes se aferren a sus muertxs por puro miedo a ese dolor, y pongan en movimiento máquinas de suplantación con tal de no sentirlo, renunciarán con ello a aquello que hace que la vida merezca la pena.
Que sea en los cuerpos y en la tierra donde permanezca viva, en su hermosa imprecisión, la memoria de nuestrxs muertxs. Y no en los centros de datos.
Escribo esto desde la pérdida, el dolor y la rabia. La pérdida y el dolor van convirtiéndose poco a poco en neblina de ternura y recuerdo. Pero la rabia, la rabia sube por mi cuerpo al ver cómo las voraces empresas tecnológicas convierten la ausencia y la memoria en mercancías. Rabia infinita. Ni siquiera merecen ser llamados buitres. Son autómatas sin hilos, máquinas desmemoriadas que perdieron su corazón en algún lugar del vasto desierto occidental.

Primera parte (que bien podría ser la segunda, o la tercera)
El filósofo italiano Giorgio Agamben escribió, el 2 de febrero de 2026, estas breves líneas para acompañar el atardecer de Occidente: “Como en Nápoles, en Nochevieja, tirar todo por la ventana. Luego, en la calle, recoger algunos pedazos: los pedazos traen buena suerte. Lo nuevo se hace con fragmentos de lo viejo.”1
El vasto desierto occidental crece aceleradamente, y en su hambre devastadora se agita la rabia infinita del fascismo y sus máquinas. El vasto y blanco desierto amenaza con extenderse al resto del planeta. Amenaza con sembrar muerte mientras aparenta ahuyentarla. Ya lo hace. Ese presente eterno y vacío, ciego a la muerte y a la memoria, es la gran maldición que Occidente arroja sobre la Tierra.
Muerte sin muerte: muerte sin fin.
“La palabra Occidente, con la que definimos nuestra cultura, deriva etimológicamente del verbo cadere (caer) y significa, literalmente, lo que cae, lo que nunca cesa de caer. También, se relacionan con este verbo los términos azar (caso) y casualidad. Lo que nunca cesa de caer y atardecer (occasus en latín significa ocaso) también es, por lo tanto, presa del azar, de una aleatoriedad incesante. Por lo tanto, no es sorprendente que, hoy en día, el gobierno de los hombres y las cosas adopte la forma de protocolos de intervención, independientemente de ciertos resultados, en un mundo concebido como disponible y calculable precisamente porque es aleatorio. Occidente existe y se gobierna sólo en el tiempo de su fin y su caída implacable y, como su Dios, está continuamente muriendo. Pero precisamente aquí reside su fuerza: una muerte incesante es verdaderamente interminable, una transitoriedad o aleatoriedad infinita que se presenta como imparable”.
“Una estrategia que busque abordar este declive perpetuo debe encontrar en él una brecha o una interrupción donde Occidente pierda su continuidad y se hunda definitivamente. Esta cesura abismal es la memoria. Occidente, al ser aleatorio y fugaz, no tiene memoria de sí mismo, no conoce ninguna abertura o espacio donde algo parecido a un recuerdo pueda surgir, aunque sea momentáneamente. Ciertamente puede construir, como lo hace, archivos y registros para ordenar continuamente los eventos (los casos) de su historia, pero carece de la capacidad de experimentar verdaderamente un pasado, de abrirse a algo que rompa el tejido uniforme de sus representaciones. La anamnesis, la memoria, en cambio, toma la forma de un intersticio donde el declive (el azar) se detiene por un instante y permite que un pasado heterogéneo e irrepresentable aparezca como si nunca hubiera existido. “Oh, pasado, abismo del pensamiento” (Schelling): sólo el pensamiento que desciende resueltamente a este abismo puede conducir a Occidente de una vez por todas a su fin”.2

Segunda parte (que bien podría ser la primera, o la tercera)
g, guerrillas de la información, guerrillas de contra-información, operaciones de contra-anti-des-información, guerra cognitiva, guerra psicológica operaciones psicológicas, hackeo psico-afectivo, operaciones militares de apoyo des-informativo, gestión de la percepción, gestión de las emociones, manipulación algorítmica de la afectividad pública, operaciones de influencia, comunicaciones estratégicas, comunicaciones clasificadas, des-clasificación estratégica, guerra narrativa, guerra de guerrillas narrativas, ingeniería narrativa, narratividad algorítmica, texto generativo, control de la narrativa, manipulación de la narrativa, generación automatizada del discurso, propaganda, propaganda subliminal, propaganda computacional, propaganda algorítmica, guerra política, política algorítmica, ideología algorítmica, guerrilla algorítmica, guerrilla memética, inundación memética, proliferación de paradojas algorítmicas, fractalización, guerra cultural, guerra semiótica, desprogramación neuronal, reprogramación neuronal, guerrilla simbólica, manipulación del entorno informativo, operaciones en el dominio cognitivo, operaciones para influenciar el comportamiento, integración de datos, vigilancia, inteligencia operativa, ingeniería de la opinión, ingeniería del disenso, ingeniería de la memoria, borradura, borradura, borradura, implantación de recuerdos falsos, explotación de vulnerabilidades, operaciones de diplomacia pública, control de daños, persuasión estratégica, aislamiento del disenso, desinformación, malinformación, post-verdad, medidas dinámicas de disuasión, monitoreo en tiempo real, rastreo, datificación, extractivismo cognitivo, extractivismo semántico, neuroextractivismo, neurohackeo, computación neuronal, noosfera, infosfera, activación, desactivación, reactivación, operaciones de distracción, operaciones de disuasión masiva, disuasión militar, seguridad operacional, seguridad cibernética, operaciones criptográficas, operaciones anti-criptográficas, inteligencia, contra-inteligencia, des-inteligencia, idiotización masiva, interferencia estratégica, estupidización inducida, emisión de señales contradictorias, emisión de señales falsas, hackeo informativo, tácticas encubiertas de disuasión, denegación de información, ocultamiento de información, shadowbanning, doxxing, coerción, cooperación, supresión de narrativas, guerrillas de reputación, redes de influencias, campañas de asesinato social, campañas de asesinato narrativo, cancelación, destrucción de la reputación, destrucción de la memoria, distracción dirigida, normalización del cinismo, normalización de la ansiedad, hiper-normalización, manipulación psicológica, ingeniería social, propagación de rumores, reescritura de la historia, distorsión del horizonte de eventos, glitcheo, guerra de rumores, siembra de narrativas, amplificación de narrativas, redes de rumores, rumores falsos, rumores verdaderos, manipulación mediática, perplejidad provocada, impotencia inducida, borradura del yo, borradura del nosotrxs, borradura de la borradura, laguna mental, amnesia inducida, ingeniería de la amnesia, inducción de amnesia colectiva, operaciones de encuadre mediático, operaciones de establecimiento de agenda, hackeo de la percepción, agendas ocultas, dobles intenciones, guerrillas de la atención, competencia por la atención, aceleración de la semioesfera, neurosis, psicosis, paranoia, esquizofrenia, neurodivergencia inducida, inducción de la rabia social, aplacamiento mediático de la rabia social, ingeniería de la indignación, ingeniería de la polarización, gestión del miedo, erosión de la confianza, inducción de comportamientos autistas, falso autismo, falsas dicotomías, correlaciones algorítmicas, ingeniería de la confusión, campañas de deslegitimación institucional, ingeniería de la impotencia, guerra de legitimidades, operaciones de sobrecarga cognitiva, inundación informativa, campañas de distracción, bombardeos, manipulación del conocimiento, manipulación de la información, manipulación de los datos, representaciones tendenciosas, captura epistémica, sabotaje epistémico, guerrilla ontológica, campañas de ridiculización, campañas de escarnio, filtrados, jamming, contenidos con etiquetas falsas, contenidos no etiquetados, exceso de contenidos, contenidos generados algorítmicamente, contenidos engañosos, contenidos ni verdaderos ni falsos, disrupción del discurso, fragmentación del discurso, deslegitimación de la verdad, supresión del valor de verdad, publicación masiva de textos generados, campañas de ingeniería de las creencias, campañas de ingeniería de la percepción, campañas de ingeniería de la cosmovisión, pánico, propagación de ideologías, des-ideologización, deslegitimación selectiva de ideologías, campañas de deslegitimación política, manipulación de narrativas culturales, propagación del funcionalismo computacional, siembra de dudas, inducción al odio, operaciones mitopoiéticas, storytelling, guerrillas de storytelling, des-encuadres narrativos, re-encuadres narrativos, secuestros del discurso, desarrollos contra-narrativos, operaciones de falsa bandera, generación algorítmica de imágenes, indeterminación estratégica, contra-propaganda, deslegitimación de la contra-propaganda, declaraciones públicas, filtrado de grabaciones, militarización del storytelling, ingeniería simbólica militarizada, operaciones de contra-influencia, contra-des-información, anti-contra-des-información, campañas de literacidad mediática, sabotaje a las campañas de literacidad mediática, operaciones de resiliencia cognitiva, neuroresiliencia, inoculación de opiniones, inoculación fisiológica, campañas para mentir, campañas para des-mentir, campañas para pre-desmentir, post-campañas, operaciones de defensa reputacional, inoculación psicológica, ingeniería del olvido colectivo, des-sensibilización, ingeniería del ruido, ruido psicológico, ruido informacional, silencio, silencio mediático, manipulación de las redes sociales, campañas de bots, redes de bots, redes oscuras, manipulación algorítmica, campañas de amplificación algorítmica, campañas de atenuación algorítmica, viralidad, ingeniería de la viralidad, politización, des-politización, erosión, astroturfing, gaslighting, redes de agentes inteligentes, desbordamiento de la agencia algorítmica, regulaciones, des-regulaciones, operaciones autónomas, personificación, indeterminabilidad, gestión de personas falsas, campañas de suplantación de identidad, ataques, granjas de trolls, comportamientos coordinados, desviaciones, organizaciones falsas, ingeniería de causas sociales, ingeniería de acontecimientos, ingeniería del entumecimiento, enjambres narrativos, propagación de memes, monetización del disenso, monetización de la indignación, criptomonetización del engagement, engagement farming, aura farming, optimización de motores de búsqueda, infiltración de publicidad engañosa, infiltración de propaganda, ingeniería de resultados, gestión digital de la reputación, virtue signaling, guerrilla de hashtags, campañas de saturación memética, manipulación de trends, ingeniería de trends, envenenamiento de motores de búsqueda, envenenamiento de datos, operaciones de infiltración en comunidades, manipulación de foros, guerrillas de comentarios, guerrillas de opinión, desconexión, bucles de retroalimentación narrativa, ingeniería de burbujas sociales, abuso estratégico de sistemas de recomendación, envenenamiento de filtros, manipulación de la gobernanza digital, propaganda sintética, opiniones algorítmicas, algoritmización de la memoria colectiva, algoritmización de la memoria individual, deepfakes, manipulación de los datos de entrenamiento, borradura, borradura, borradura, borrad, borra, b,

Tercera parte (que bien podría ser la primera, o la segunda)
¿De qué delgadísimo hilo cuelga la memoria? Y, ¿de qué dimensión es lo que se pierde cuando ese hilo se rompe?
Cuando mi madre se fue, se nos fue también un mundo, una vida de recuerdos. Una inmensidad de rememoraciones. Hace años, un mal degenerativo fue erosionando la superficie de su cerebro, royendo lentamente hacia adentro. Primero vinieron sus olvidos y desvaríos. Luego vino el silencio, la quietud, y al final la muerte. Nos abandonó su tiempo y su voz: la neblina tenue de la que colgaba el hilo de su memoria.
Recuerdos: el hilo que entreteje el corazón y el mundo. Rememoraciones: el hilo que une a la mente con el mundo.
Junto con el silencio de mi madre vino la parálisis. Su cuerpo dejó de caminar, de asir, de abrazar. Su presencia y movimiento en el mundo, y su memoria, se iban desvaneciendo a la par.
Quiero decir que cuerpo y memoria, abrazo y voz, piernas y cerebro, no son cosas separadas que uno pudiera estudiar como si desarmara un reloj para observar sus partes. La memoria es encuerpada, los recuerdos son movimiento, la voz es el abrazo. La mano que aprieta, el ojo que de repente se humedece, la boca que sonríe y finalmente ríe. De eso está hecha la memoria.

Lo que se pierde con la ausencia de la memoria, al caer del hilo que la sostiene, son muchas otras memorias. La mía, entre ellas. Hay tantas cosas que no recuerdo, y que quizás habría podido saber si se las hubiera preguntado a mi madre. Ya no las sabré. No conoceré jamás el tamaño de lo que he perdido.
Los hilos que articulan memoria, cuerpo y cuerpos están hechos de carne y de la sustancia invisible de las palabras, de las imágenes. Están hechos de sensaciones, de un material inefable que se sostiene con el aliento y la luz del sol. Así es como estamos entrelazadxs y nos entretejemos al rememorar. Nos mantenemos vivxs así.
Llaman algunxs científicxs cognición corporeizada a ese enmarañamiento. La cognición, ese proceso por el cual aferramos el mundo y lo volvemos inteligible, sucede en todo el cuerpo, y en la atmósfera que lo rodea y conjuga con otros cuerpos.
Dicen algunos científicos que la raíz de aquello que llamamos conciencia está en las sensaciones del cuerpo. La conciencia surge en lo vivo, en lo que siente hambre, en lo que duerme y despierta, en lo que, con miedo y sin él, evita morir pero, al final, se deja ir. Lo digo también porque lo viví. Acompañé a mi madre en la lenta borradura de su cuerpomente. Ya nadie tiene que explicarme nada al respecto.
La conciencia late en los cuerpos que recuerdan y rememoran, en los sí-mismos que dan sentido y significado a lo ya vivido. Es por ello que los remedos digitales de inteligencia viva son meras metáforas. Son engaños que nos hacen caer en la trampa del lenguaje; que nos hacen creer que una máquina, sin cuerpo ni sensaciones ni vida, pero con un enorme banco de palabras, puede tener inteligencia.
Una de las aplicaciones más nocivas3 de la mal llamada inteligencia artificial es la simulación de personas que han muerto. La aplicación, que aún no se comercializa, pero que se comercializará, funcionaría así: un algoritmo recoge los rastros digitales que esas personas dejaron en la red mientras estaban en vida: textos, imágenes, grabaciones de voz y videos (mi madre me dejó solamente un abrazo invisible, in-digitalizable). Otros algoritmos extraen palabras y expresiones, y otros más analizan los modos y los estilos de los datos extraídos. Finalmente, la aplicación escupe a las redes sociales lo procesado, en forma de fragmentos descoyuntados que se topan con nuestra irrefrenable propensión a identificar patrones y presencias en todo lo que percibimos y leemos. Es así como una sofisticada operación lógico-matemática nos lleva al engaño cuando creemos reconocer la voz del difunto en posts que lo suplantan post-mortem.
Pero el hilo debe romperse, la fotografía debe ir perdiendo sus colores, debe palidecer, y quienes quedamos vivxs tenemos que soltar. Por más doloroso que sea; dejar ir es, quizá, la enseñanza más profunda que podemos recibir durante nuestro tiempo en el mundo. Quienes se aferren a sus muertxs por puro miedo a ese dolor, y pongan en movimiento máquinas de suplantación con tal de no sentirlo, renunciarán con ello a aquello que hace que la vida merezca la pena.
Que sea en los cuerpos y en la tierra donde permanezca viva, en su hermosa imprecisión, la memoria de nuestrxs muertxs. Y no en los centros de datos.
Escribo esto desde la pérdida, el dolor y la rabia. La pérdida y el dolor van convirtiéndose poco a poco en neblina de ternura y recuerdo. Pero la rabia, la rabia sube por mi cuerpo al ver cómo las voraces empresas tecnológicas convierten la ausencia y la memoria en mercancías. Rabia infinita. Ni siquiera merecen ser llamados buitres. Son autómatas sin hilos, máquinas desmemoriadas que perdieron su corazón en algún lugar del vasto desierto occidental.
