Un texto urgente y necesario que, a partir de una experiencia personal de Duen Sacchi de amenazas y persecución, reflexiona sobre el avance del autoritarismo en Argentina y sus efectos sobre el arte, la cultura y las formas de organización colectiva. En un momento en que Javier Milei busca fortalecer alianzas con gobiernos de derecha en América Latina, el texto adquiere una resonancia particular al mostrar cómo la violencia institucional, la censura y la precarización afectan la vida cultural, pero también cómo, frente a ese escenario, siguen emergiendo prácticas de solidaridad, imaginación política y resistencia desde las comunidades artísticas y las disidencias.
Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro
Barro Tal Vez
Son las tres de la tarde, tengo las cortinas de las ventanas bajas, me resguardo del sol de los Andes salteños. Escribo.
El pajarito que vengo alimentando hace unos días, golpetea insistentemente en las ventanas, busca mi atención. Intento ignorarlo, llevo unos meses difíciles y hace síntoma en la concentración y en la escritura. Pero insiste. El pico contra el vidrio. Suelto el teclado y me quedo atento. Entre el picoteo desordenado por las ventanas, escucho pasos humanos, firmes. Vienen de un lugar que no es posible. Primero veo una cien y cabellos perfectamente peinados, luego un brazo se extiende y abre la ventana, con seguridad y sin titubeos. Salto, grito, desordenado como el pajarito. Me giro hacia al botón antipánico, lo tengo habilitado desde que que entraran a esa misma casa con intenciones de esperarme el 6 de marzo de 2024. Las amenazas venían de antes: llamadas telefónicas, mensajes por redes sociales. En septiembre de 2023, poco antes de la inauguración de La Pisada del Ñandú (o cómo transformamos los silencios), una amenaza de bomba me obligó a dejar los pinceles del mural que estaba pintando en el Centro Cultural y Sitio de Memoria Haroldo Conti (Ex ESMA) y salir del predio tal como estaba. Realizo un baile extraño dentro de la casa al darme cuenta que la mano en la ventana continua abriéndola, hago el movimiento contrario a la vez que vuelvo a apretar botones y moverme para que suene algo. El pajarito ahora está en silencio. La persona se retira como si dijera, mira te abro la ventana cuando quiero.
Todos los hechos fueron denunciados ante la Secretaría de Derechos Humanos, cuando aún respondía; ante el INADI; y ante un largo etcétera de instituciones del Estado, hoy derruidas por el gobierno, el régimen mileísta. El 15 de enero pasado, ya casi no hay dónde hacerlo. A la policía, a hacer la denuncia, me acompaña una amiga. Espera con el auto a unas cuadras de mi casa. Le da miedo, y a mis vecinas también. Tienen razón.
Me sacan de casa.
Ya en Buenos Aires agarro la bici y pedaleo hasta la Plaza Garay donde se hace la segunda asamblea antifascista y antirracista LGBTTIQ+ para preparar la marcha del pasado 7 de febrero. Pido la palabra y pido a una hermana mapuche que me acompañe, no me siento fuerte para hacer la denuncia pública, a veces se exige un porte, una forma discursiva que no me sale enarbolar. Me tiembla todo el cuerpo cuando digo:
–Vengo a denunciar ante esta asamblea…
Relato brevemente los hechos, no lo hago por mí, sino porque sé que está pasando y sé que le está pasando a otras y otros de diferentes maneras. Los casos se suceden: cientos de agresiones a personas trans, maricas, lesbianas, discas, jóvenes y adultos, ancianes en las calles y en sus casas, libros de escritoras censurados, periodistas opositoras denunciadas penalmente por expresarse, activistas de derechos humanos agredidas, movimientos sociales señalados y perseguidos, sindicalistas demonizados, dirigentes políticas encarceladas injusta y arbitrariamente, reporteros gráficos heridos, poetas y artistas amedrentados, pueblos enteros solos ante los incendios, las inundaciones y la desinformación. El silenciamiento social es impuesto a golpe de crueldad institucional: material, afectiva, psicológica. Pero no es nuevo, ese silenciamiento, ese amansamiento tiene historia. Este año se cumplen 50 años del Golpe de Estado genocida en Argentina.
Y la falta de trabajo y el hambre fueron las primeras armas que se usaron, ayer y hoy,
Y las deudas.
En el pequeño mundo del arte de este país al fin del mundo esto afecta a la mayoría de les artistas y trabajadores culturales. El miedo a quedar sin ninguna salida laboral o la falta de trabajo están dadas por el señalamiento o la lisa y llana amenaza: si decís esto o pones tal título o defiendes tal causa se baja la obra, se cancela la gira, no te llamamos más, etc. Está pasando, nosotres sí lo sabemos. Aunque cada vez que sucede parece personalizarse y individualizarse, y aparece el contraejemplo, es algo que nos está pasando, que nos afecta y nos afectará a todes. Esto también tiene historia. La escena del arte hunde sus raíces en las figuraciones del artista genio, único, no en las de les artistas como una fuerza de trabajo con capacidad de trastocar los imaginarios que tienen las personas de la vida, de la cultura, de la ciencia, del cuerpo. Esa figuración se fue transformando y adecuando a los diferentes tiempos y encastró maravillosamente con las ideas neoliberales del capital humano. El artista como proyectista, como producto, como emprendedor. Esto produjo un sistema de precarización cada vez más profunda de la vida de les artistas y, a su vez, un aplanamiento de la imaginación que tiene no pocas ni superficiales consecuencias en la vida democrática. Mi declaración en la asamblea no hizo ninguna mella, no hubo respuesta, sólo silencio y miradas bajas, algunas incluso de desconfianza e incomodidad. No es personal, es social lo que nos pasa.
Si en el ámbito del arte y la cultura hacemos silencio ante las aberraciones que vivimos todos los días, entonces seremos un eslabón más en la maquinaria de complicidad manifiesta entre gestores comerciales del arte y estructuras de poder y dinero que sostienen la necesidad de un programa social, político y económico que va contra la vida de les propies artistas. Nuestras propias vidas. Un combo fatal que no solo asfixia una escena vibrante, sino que denigra y amenaza la existencia de sus propios trabajadores.
El cierre continuo y silencioso de espacios de arte y cultura públicos es desolador: El centro Cultural y de la Memoria Haroldo Conti permanece cerrado desde el 2 enero de 2025, despedidos todos y todas sus trabajadores. Las discusiones hoy en Argentina no se hacen en grandes paneles públicos, conferencias, bienales o similares. Se conversa en reuniones pequeñas, en bancos en las veredas, por mail, afuera de los recitales masivos, adentro de los recitales pequeños, en las milongas y en las juntadas de sala, moviendo el culo en las fiestas, ¡incluso cartas!, en chats cerrados –cuando amerita sostener un posicionamiento, en espacios de cultura y arte gestionados colectivamente– clandestinamente, en inauguraciones, en plazas, en ensayos, en los cortes y caceroleadas, en las plazas, en las marchas. El llamado protocolo antipiquetes que el gobierno aplica en manifestaciones tiene el espíritu de la orden militar de la dictadura dada a las Madres de Plaza de Mayo ¡Circulen! Ahora también se exige el vaciamiento de las calles, de lo público, quizás el detenimiento con otres sea una de las vías posibles para enfrentar este momento tan aciago.
Volando bajo
Nos reunimos durante dos días completos, todes totalmente compenetrades en una serie de preguntas alrededor de la especulación. En la sala no hay una mesa redonda sino una figura rectangular armada con mesas y sillas. Los ventanales altos del lugar me hacen pensar en los salones de las series épicas norteamericanas. Volando bajo, por debajo del radar, la reunión es para pensar qué nos está pasando, no para mostrar que nos está pasando. Llevamos semanas charlando, y también leyéndonos en un entramado que en algunos casos lleva más de una década de relaciones académicas, militantes, eróticas, todo junto a la vez. Para otres es el lugar del flechazo conceptual, teórico, material, sexual, el primer encuentro. La reunión la convocaron Gabriel Giorgi y Verónica Gago. Estamos ahí para especular juntes cómo nos afecta y qué podemos hacer con los modos de la especulación del capital actual. Puede parecer algo de moda, puede parecer algo armado para completar una casilla de las tendencias académicas actuales, puede parecer otro gesto de políticas de gestión progresista, pero no. No temo equivocarme. Lo prefiero, no intento dar algunas pinceladas de esperanza, ni un análisis exhaustivo de las escenas culturales de Argentina, sino de algo que también nos está pasando, algunas escenas intermitentes de compromiso con resolver el problema de la contemporaneidad fascista.
En el rectángulo, no estamos intentando diagnósticos, esos se encuentran por todos lados, estamos ahí tratando de mover las fantasías en medio de un imperativo normativo de imposibilidad y señalamiento, de sospecha. Intentado dar respuestas, resolver problemas. Intentando mirar torcido, mirarnos con cara de malos, a lo bitch pero con reading de escucha no de impugnación. Esa bicha tiene algo para decir de mí y yo de él. Desconfiadas pero pensando juntes. Quizás intentando salir de las biopolíticas de identidad por diferentes tangentes todas a la vez.
La invitación de Gabriel viene de su trabajo teórico en relación a una profunda práctica de escucha. No me sorprende, una de esas noches lo escuche hablar con otro docente de lo crueles que habían sido sus maestros, en mi caso mis profesores habían sido ellos, maricas que me acogieron si bien la universidad y la institucionalidad me dejaba y nos dejaba a las travas, travos y trans fuera. Con ímpetu fuera.
La invitación de Verónica viene de su trabajo conceptual y político con Luci Cavallero alrededor de la deuda. Porque deuda y especulación son, valga la redundancia, ficciones especulares del yo contemporáneo. En ese rectángulo salen algunas reflexiones comunes y un nosotres inclusivo. Ese espejo que las prácticas gubernamentales y socio-culturales nos devuelven nos interpela a pensar en qué sentidos la subjetivización actual, que hace síntoma en elecciones, también hace síntoma en nosotres. Estamos reunides en una institución educativa de los Estados Unidos, en su sede en Argentina, me pregunto qué de la especulación, espectacularización, deshumanización, de la ficción y de la imaginación fascinada con la crueldad nos toca. Algunas hipótesis tentativas sobre hacia dónde atacar incluyeron el ruido como procedimiento de control cognitivo y económico del mercado, así como la pregunta por sus apropiaciones como forma de resistencia a sus efectos. También aparecieron el montaje de la masculinización social como mecanismo de sujeción, y la intermitencia, la palabra poética, la derrota y lo pasivo como posibilidad de disyunción crítica a subjetividades de creación constante y continua de valor. Preguntas sin respuestas a cómo serán las rebeldías post luchas sociales del tercer tipo, ¿Qué hacer con lo que hicieron nuestros xadres cuando imaginaron la lucha armada? ¿Qué tecnologías de especulación inventar para dejar de imaginar y trabajar para la inteligencia de los mundos de las corporaciones? ¿Quién le teme a las imágenes?
Esos putos tristes
Les artistas norteñes del país no nos conocemos todes pero nos cruzamos en el circuito de artistas del interior en Buenos Aires. Algunes vivimos más en continuidad que otres, pero la referencia del trabajador golondrina, es decir el trabajador por temporada, se ha ampliado a todos los órdenes laborales. No sé si llamarlo capitalismo cognitivo, puesto que aún requiere de la validación física y sincrónica de las personas en los eventos y en la construcción; no alcanza con el rastro cognitivo: es más un capitalismo golondrina. Les trabajadores golondrinas del arte y la cultura. No es casual que algunes estemos reunidos en el proyecto Museo del Devenir curado por Guad Creche, un museo intermitente y móvil que deambula por diferentes espacios del país.
Una noche entro a un edificio en pleno centro de Buenos Aires en busca de la obra de un amigo norteño que inaugura y algo de fiesta. Al llegar me sorprende que hay policías en el hall de entrada, imagino que es algo vecinal, se ve un hombre ofuscado y una señora en bata. Subo en el ascensor. Entro a un departamento vuelto galería de arte, espacio cultural o algo similar, hay una vitrina con lencería, las ventanas están abiertas, detrás se ve la cúpula del Congreso Nacional. Encuentro al amigo, nos abrazamos, foto para el Insta. Hay mucho cuerpo mostri por todos lados, deambulo y me frena otro amigo y me dice que hay que salir que está la yuta.
Todes sabemos que no es un espacio ilegal, que no nos pueden sacar, que no hay legislación actual que lo justifique. Pero la presencia policial se agranda y bajamos por las escaleras luego de pasar por una hilera de cuerpos armados. Abajo el libertario ofendido, ni siquiera disfruta de su triunfo, una figura maternal aún le está reclamando que es poco lo que ha logrado. La instalación de Franco Omar Casal tiene un nombre que anticipa toda la escena: El derrame del goce.
El bar se llama La orquídea está lleno a reventar un día entre semana a la noche, hay encuentro de poetas. La mesa del fondo tiene unos ocho poetas jóvenes apiñados, recitándose unos a otras y viceversa En los versos hay también un mapa de encuentros, complicidades, propuestas, derrotas, revoluciones, desamores y llamados a la acción. Los libros se mueven de mesa en mesa, algunos están a la venta pero no parece ser lo más importante, lo importante es la voz poética. La gente aplaude a rabiar cada lectura, se reparten flores, hay abrazos y confesiones de amor al oído, crítica política, y un montón de putos tristes soñando con la rebelión popular. Ahí, justo ahí, escucho los mejores diagnósticos políticos, y los más audaces programas sociales. Esta escena se repite hace unos días en otro espacio de arte, no entra un alfiler en la pequeña sala en un barrio en pleno proceso de gentrificación, al lado hay una pollería, una mantita en el piso y otra vez poetas leyendo sin parar, las voces de les vecines comprando pechugas al lado se mezclan con las voces de les poetas que convocó Nadie entre las flores, exposición de Marce Estebecorena y Kenny Lemes, viernes de poetas.
En la marcha antifascista y antirracista del 7F, un pequeño camión amarillo rueda por Avenida de Mayo hacia la Plaza. Al fondo está la Casa Rosada. La leyenda dice que su color se debe a que la cal viva estaba mezclada con sangre animal, no hay especificidades sobre qué animales. El camión va cargado de consignas, poesía también. Tiene muchos colores, el chofer reticente al principio, me conmueve al verlo atar con cuidado más de una bandera de reclamo. Avanza la columna mostri y bailamos. Eso incomoda, hacia dentro y hacia afuera, desconcierta el cuerpo expuesto sin marco de efeméride de orgullo, el cuerpo vivo, el cuerpo que baila como única barrera ante el horror, la fiesta de la lucha a plena luz hace murmurar.. En la línea que se hace para cuidar la columna mostri, me sostengo en la mirada de mis travos amigos, bailar es mi manifiesto. Andar en cuero con todas las cicatrices al aire. Fantaseo que el camión sigue y entra de lleno a la casa de gobierno y perreando desde los techos y los balcones derrocamos al gobierno de la muerte. La valla es alta, detrás del espejo de Alicia solo hay un camión hidrante y cuerpos armados.
En la ciudad hay otros pasadizos. Entramos por una pequeña persiana de metal, después del cierre del horario comercial, el ascensor da a una singular sala con estética de cine porno de los años ochenta del siglo pasado. Nunca conocimos uno pero no nos quedan dudas de que se verían así. Me siento incómodo en las butacas desvencijadas y me tapo la nariz y boca con mi propia remera para disponerme a la experiencia, fuman alrededor, no recuerdan Cromañón. Comienza Matrix, es la primera película de la saga de las hermanas Wachowski, varias manos se levantan indicando que nunca la vieron. Me alegro. Apenas puedo respirar pero necesito entender estas nuevas escenas. Recuerdo haber gritado en el cine la primera vez que la vi y apareció en la pantalla:
–Call Trans Opt (Post Op Trans llamada en curso)
Ojalá la den en todas las escuelas. El personaje principal es trans.
Quizás muchos analistas políticos antifascistas no ven estas escenas como respuestas a sus preguntas. Pero, así como existen escenas de represión, amenaza, explotación y muerte, también existen otras de reflexión, afección, compromiso y rebelión. También delatan el profundo empobrecimiento y desigualdad en las formas de creación, invención y producción, el atropello a los derechos humanos, laborales y culturales básicos. Muestran elocuentemente la internalización de la explotación en todas sus formas, la imposición de un sujeto del descuido, desligado, incluso cruel, aún con todo eso, se suceden gestos que establecen un nuevo lazo de encantamiento en esas escenas. Un nuevo intermitente lazo de solidaridades.
Es tarea cuidarlas, nunca las reprimas, no las abandones.
Perrea poeta.
¹Especulantes: Territorios de especulación: Florencia Garramuño, Gabriel Giorgi, Duen Sacchi; Tecnologías y subjetividades: Ezequiel Gatto, Michel Nieva, Martín de Mauro, Celeste Perosino, Michel Feher; Deuda, géneros y especulación: Verónica Gago y Luci Cavallero, Ariel Sánchez y Nico Pontaquarto; Estéticas de la especulación: Lina Meruane, Elian Chali, Hernán Borisonik, Ariz Komporozos.
²Gabriel Giorgi (2025) Parar la oreja. Notas para una política de la escucha. Tenemos las máquinas.
³Luci Cavallero, Verónica Gago (2025) Contra el autoritarismo de la libertad financiera. Tinta Limón Ediciones.
⁴Michel Feher (2021) El tiempo de los investidos. Ensayo sobre la nueva cuestión social, Traficantes de sueños.
⁵Compuesto por les artistes y colectivos: Cuerpes (Exequiel Ramos, Natalia Lorenzetti y Martín Soria), Duen Sacchi, Ivana Salfity, Mar Perez, Mario Llullaillaco, Martín Soria, Masi Mamani, Matias De La Guerra, Matisto, Quillay Mendez, Rosario Mitre, Sharon Renata Mendoza, Tiziano Cruz.

Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro
Barro Tal Vez
Son las tres de la tarde, tengo las cortinas de las ventanas bajas, me resguardo del sol de los Andes salteños. Escribo.
El pajarito que vengo alimentando hace unos días, golpetea insistentemente en las ventanas, busca mi atención. Intento ignorarlo, llevo unos meses difíciles y hace síntoma en la concentración y en la escritura. Pero insiste. El pico contra el vidrio. Suelto el teclado y me quedo atento. Entre el picoteo desordenado por las ventanas, escucho pasos humanos, firmes. Vienen de un lugar que no es posible. Primero veo una cien y cabellos perfectamente peinados, luego un brazo se extiende y abre la ventana, con seguridad y sin titubeos. Salto, grito, desordenado como el pajarito. Me giro hacia al botón antipánico, lo tengo habilitado desde que que entraran a esa misma casa con intenciones de esperarme el 6 de marzo de 2024. Las amenazas venían de antes: llamadas telefónicas, mensajes por redes sociales. En septiembre de 2023, poco antes de la inauguración de La Pisada del Ñandú (o cómo transformamos los silencios), una amenaza de bomba me obligó a dejar los pinceles del mural que estaba pintando en el Centro Cultural y Sitio de Memoria Haroldo Conti (Ex ESMA) y salir del predio tal como estaba. Realizo un baile extraño dentro de la casa al darme cuenta que la mano en la ventana continua abriéndola, hago el movimiento contrario a la vez que vuelvo a apretar botones y moverme para que suene algo. El pajarito ahora está en silencio. La persona se retira como si dijera, mira te abro la ventana cuando quiero.
Todos los hechos fueron denunciados ante la Secretaría de Derechos Humanos, cuando aún respondía; ante el INADI; y ante un largo etcétera de instituciones del Estado, hoy derruidas por el gobierno, el régimen mileísta. El 15 de enero pasado, ya casi no hay dónde hacerlo. A la policía, a hacer la denuncia, me acompaña una amiga. Espera con el auto a unas cuadras de mi casa. Le da miedo, y a mis vecinas también. Tienen razón.
Me sacan de casa.
Ya en Buenos Aires agarro la bici y pedaleo hasta la Plaza Garay donde se hace la segunda asamblea antifascista y antirracista LGBTTIQ+ para preparar la marcha del pasado 7 de febrero. Pido la palabra y pido a una hermana mapuche que me acompañe, no me siento fuerte para hacer la denuncia pública, a veces se exige un porte, una forma discursiva que no me sale enarbolar. Me tiembla todo el cuerpo cuando digo:
–Vengo a denunciar ante esta asamblea…
Relato brevemente los hechos, no lo hago por mí, sino porque sé que está pasando y sé que le está pasando a otras y otros de diferentes maneras. Los casos se suceden: cientos de agresiones a personas trans, maricas, lesbianas, discas, jóvenes y adultos, ancianes en las calles y en sus casas, libros de escritoras censurados, periodistas opositoras denunciadas penalmente por expresarse, activistas de derechos humanos agredidas, movimientos sociales señalados y perseguidos, sindicalistas demonizados, dirigentes políticas encarceladas injusta y arbitrariamente, reporteros gráficos heridos, poetas y artistas amedrentados, pueblos enteros solos ante los incendios, las inundaciones y la desinformación. El silenciamiento social es impuesto a golpe de crueldad institucional: material, afectiva, psicológica. Pero no es nuevo, ese silenciamiento, ese amansamiento tiene historia. Este año se cumplen 50 años del Golpe de Estado genocida en Argentina.
Y la falta de trabajo y el hambre fueron las primeras armas que se usaron, ayer y hoy,
Y las deudas.
En el pequeño mundo del arte de este país al fin del mundo esto afecta a la mayoría de les artistas y trabajadores culturales. El miedo a quedar sin ninguna salida laboral o la falta de trabajo están dadas por el señalamiento o la lisa y llana amenaza: si decís esto o pones tal título o defiendes tal causa se baja la obra, se cancela la gira, no te llamamos más, etc. Está pasando, nosotres sí lo sabemos. Aunque cada vez que sucede parece personalizarse y individualizarse, y aparece el contraejemplo, es algo que nos está pasando, que nos afecta y nos afectará a todes. Esto también tiene historia. La escena del arte hunde sus raíces en las figuraciones del artista genio, único, no en las de les artistas como una fuerza de trabajo con capacidad de trastocar los imaginarios que tienen las personas de la vida, de la cultura, de la ciencia, del cuerpo. Esa figuración se fue transformando y adecuando a los diferentes tiempos y encastró maravillosamente con las ideas neoliberales del capital humano. El artista como proyectista, como producto, como emprendedor. Esto produjo un sistema de precarización cada vez más profunda de la vida de les artistas y, a su vez, un aplanamiento de la imaginación que tiene no pocas ni superficiales consecuencias en la vida democrática. Mi declaración en la asamblea no hizo ninguna mella, no hubo respuesta, sólo silencio y miradas bajas, algunas incluso de desconfianza e incomodidad. No es personal, es social lo que nos pasa.
Si en el ámbito del arte y la cultura hacemos silencio ante las aberraciones que vivimos todos los días, entonces seremos un eslabón más en la maquinaria de complicidad manifiesta entre gestores comerciales del arte y estructuras de poder y dinero que sostienen la necesidad de un programa social, político y económico que va contra la vida de les propies artistas. Nuestras propias vidas. Un combo fatal que no solo asfixia una escena vibrante, sino que denigra y amenaza la existencia de sus propios trabajadores.
El cierre continuo y silencioso de espacios de arte y cultura públicos es desolador: El centro Cultural y de la Memoria Haroldo Conti permanece cerrado desde el 2 enero de 2025, despedidos todos y todas sus trabajadores. Las discusiones hoy en Argentina no se hacen en grandes paneles públicos, conferencias, bienales o similares. Se conversa en reuniones pequeñas, en bancos en las veredas, por mail, afuera de los recitales masivos, adentro de los recitales pequeños, en las milongas y en las juntadas de sala, moviendo el culo en las fiestas, ¡incluso cartas!, en chats cerrados –cuando amerita sostener un posicionamiento, en espacios de cultura y arte gestionados colectivamente– clandestinamente, en inauguraciones, en plazas, en ensayos, en los cortes y caceroleadas, en las plazas, en las marchas. El llamado protocolo antipiquetes que el gobierno aplica en manifestaciones tiene el espíritu de la orden militar de la dictadura dada a las Madres de Plaza de Mayo ¡Circulen! Ahora también se exige el vaciamiento de las calles, de lo público, quizás el detenimiento con otres sea una de las vías posibles para enfrentar este momento tan aciago.
Volando bajo
Nos reunimos durante dos días completos, todes totalmente compenetrades en una serie de preguntas alrededor de la especulación. En la sala no hay una mesa redonda sino una figura rectangular armada con mesas y sillas. Los ventanales altos del lugar me hacen pensar en los salones de las series épicas norteamericanas. Volando bajo, por debajo del radar, la reunión es para pensar qué nos está pasando, no para mostrar que nos está pasando. Llevamos semanas charlando, y también leyéndonos en un entramado que en algunos casos lleva más de una década de relaciones académicas, militantes, eróticas, todo junto a la vez. Para otres es el lugar del flechazo conceptual, teórico, material, sexual, el primer encuentro. La reunión la convocaron Gabriel Giorgi y Verónica Gago. Estamos ahí para especular juntes cómo nos afecta y qué podemos hacer con los modos de la especulación del capital actual. Puede parecer algo de moda, puede parecer algo armado para completar una casilla de las tendencias académicas actuales, puede parecer otro gesto de políticas de gestión progresista, pero no. No temo equivocarme. Lo prefiero, no intento dar algunas pinceladas de esperanza, ni un análisis exhaustivo de las escenas culturales de Argentina, sino de algo que también nos está pasando, algunas escenas intermitentes de compromiso con resolver el problema de la contemporaneidad fascista.
En el rectángulo, no estamos intentando diagnósticos, esos se encuentran por todos lados, estamos ahí tratando de mover las fantasías en medio de un imperativo normativo de imposibilidad y señalamiento, de sospecha. Intentado dar respuestas, resolver problemas. Intentando mirar torcido, mirarnos con cara de malos, a lo bitch pero con reading de escucha no de impugnación. Esa bicha tiene algo para decir de mí y yo de él. Desconfiadas pero pensando juntes. Quizás intentando salir de las biopolíticas de identidad por diferentes tangentes todas a la vez.
La invitación de Gabriel viene de su trabajo teórico en relación a una profunda práctica de escucha. No me sorprende, una de esas noches lo escuche hablar con otro docente de lo crueles que habían sido sus maestros, en mi caso mis profesores habían sido ellos, maricas que me acogieron si bien la universidad y la institucionalidad me dejaba y nos dejaba a las travas, travos y trans fuera. Con ímpetu fuera.
La invitación de Verónica viene de su trabajo conceptual y político con Luci Cavallero alrededor de la deuda. Porque deuda y especulación son, valga la redundancia, ficciones especulares del yo contemporáneo. En ese rectángulo salen algunas reflexiones comunes y un nosotres inclusivo. Ese espejo que las prácticas gubernamentales y socio-culturales nos devuelven nos interpela a pensar en qué sentidos la subjetivización actual, que hace síntoma en elecciones, también hace síntoma en nosotres. Estamos reunides en una institución educativa de los Estados Unidos, en su sede en Argentina, me pregunto qué de la especulación, espectacularización, deshumanización, de la ficción y de la imaginación fascinada con la crueldad nos toca. Algunas hipótesis tentativas sobre hacia dónde atacar incluyeron el ruido como procedimiento de control cognitivo y económico del mercado, así como la pregunta por sus apropiaciones como forma de resistencia a sus efectos. También aparecieron el montaje de la masculinización social como mecanismo de sujeción, y la intermitencia, la palabra poética, la derrota y lo pasivo como posibilidad de disyunción crítica a subjetividades de creación constante y continua de valor. Preguntas sin respuestas a cómo serán las rebeldías post luchas sociales del tercer tipo, ¿Qué hacer con lo que hicieron nuestros xadres cuando imaginaron la lucha armada? ¿Qué tecnologías de especulación inventar para dejar de imaginar y trabajar para la inteligencia de los mundos de las corporaciones? ¿Quién le teme a las imágenes?
Esos putos tristes
Les artistas norteñes del país no nos conocemos todes pero nos cruzamos en el circuito de artistas del interior en Buenos Aires. Algunes vivimos más en continuidad que otres, pero la referencia del trabajador golondrina, es decir el trabajador por temporada, se ha ampliado a todos los órdenes laborales. No sé si llamarlo capitalismo cognitivo, puesto que aún requiere de la validación física y sincrónica de las personas en los eventos y en la construcción; no alcanza con el rastro cognitivo: es más un capitalismo golondrina. Les trabajadores golondrinas del arte y la cultura. No es casual que algunes estemos reunidos en el proyecto Museo del Devenir curado por Guad Creche, un museo intermitente y móvil que deambula por diferentes espacios del país.
Una noche entro a un edificio en pleno centro de Buenos Aires en busca de la obra de un amigo norteño que inaugura y algo de fiesta. Al llegar me sorprende que hay policías en el hall de entrada, imagino que es algo vecinal, se ve un hombre ofuscado y una señora en bata. Subo en el ascensor. Entro a un departamento vuelto galería de arte, espacio cultural o algo similar, hay una vitrina con lencería, las ventanas están abiertas, detrás se ve la cúpula del Congreso Nacional. Encuentro al amigo, nos abrazamos, foto para el Insta. Hay mucho cuerpo mostri por todos lados, deambulo y me frena otro amigo y me dice que hay que salir que está la yuta.
Todes sabemos que no es un espacio ilegal, que no nos pueden sacar, que no hay legislación actual que lo justifique. Pero la presencia policial se agranda y bajamos por las escaleras luego de pasar por una hilera de cuerpos armados. Abajo el libertario ofendido, ni siquiera disfruta de su triunfo, una figura maternal aún le está reclamando que es poco lo que ha logrado. La instalación de Franco Omar Casal tiene un nombre que anticipa toda la escena: El derrame del goce.
El bar se llama La orquídea está lleno a reventar un día entre semana a la noche, hay encuentro de poetas. La mesa del fondo tiene unos ocho poetas jóvenes apiñados, recitándose unos a otras y viceversa En los versos hay también un mapa de encuentros, complicidades, propuestas, derrotas, revoluciones, desamores y llamados a la acción. Los libros se mueven de mesa en mesa, algunos están a la venta pero no parece ser lo más importante, lo importante es la voz poética. La gente aplaude a rabiar cada lectura, se reparten flores, hay abrazos y confesiones de amor al oído, crítica política, y un montón de putos tristes soñando con la rebelión popular. Ahí, justo ahí, escucho los mejores diagnósticos políticos, y los más audaces programas sociales. Esta escena se repite hace unos días en otro espacio de arte, no entra un alfiler en la pequeña sala en un barrio en pleno proceso de gentrificación, al lado hay una pollería, una mantita en el piso y otra vez poetas leyendo sin parar, las voces de les vecines comprando pechugas al lado se mezclan con las voces de les poetas que convocó Nadie entre las flores, exposición de Marce Estebecorena y Kenny Lemes, viernes de poetas.
En la marcha antifascista y antirracista del 7F, un pequeño camión amarillo rueda por Avenida de Mayo hacia la Plaza. Al fondo está la Casa Rosada. La leyenda dice que su color se debe a que la cal viva estaba mezclada con sangre animal, no hay especificidades sobre qué animales. El camión va cargado de consignas, poesía también. Tiene muchos colores, el chofer reticente al principio, me conmueve al verlo atar con cuidado más de una bandera de reclamo. Avanza la columna mostri y bailamos. Eso incomoda, hacia dentro y hacia afuera, desconcierta el cuerpo expuesto sin marco de efeméride de orgullo, el cuerpo vivo, el cuerpo que baila como única barrera ante el horror, la fiesta de la lucha a plena luz hace murmurar.. En la línea que se hace para cuidar la columna mostri, me sostengo en la mirada de mis travos amigos, bailar es mi manifiesto. Andar en cuero con todas las cicatrices al aire. Fantaseo que el camión sigue y entra de lleno a la casa de gobierno y perreando desde los techos y los balcones derrocamos al gobierno de la muerte. La valla es alta, detrás del espejo de Alicia solo hay un camión hidrante y cuerpos armados.
En la ciudad hay otros pasadizos. Entramos por una pequeña persiana de metal, después del cierre del horario comercial, el ascensor da a una singular sala con estética de cine porno de los años ochenta del siglo pasado. Nunca conocimos uno pero no nos quedan dudas de que se verían así. Me siento incómodo en las butacas desvencijadas y me tapo la nariz y boca con mi propia remera para disponerme a la experiencia, fuman alrededor, no recuerdan Cromañón. Comienza Matrix, es la primera película de la saga de las hermanas Wachowski, varias manos se levantan indicando que nunca la vieron. Me alegro. Apenas puedo respirar pero necesito entender estas nuevas escenas. Recuerdo haber gritado en el cine la primera vez que la vi y apareció en la pantalla:
–Call Trans Opt (Post Op Trans llamada en curso)
Ojalá la den en todas las escuelas. El personaje principal es trans.
Quizás muchos analistas políticos antifascistas no ven estas escenas como respuestas a sus preguntas. Pero, así como existen escenas de represión, amenaza, explotación y muerte, también existen otras de reflexión, afección, compromiso y rebelión. También delatan el profundo empobrecimiento y desigualdad en las formas de creación, invención y producción, el atropello a los derechos humanos, laborales y culturales básicos. Muestran elocuentemente la internalización de la explotación en todas sus formas, la imposición de un sujeto del descuido, desligado, incluso cruel, aún con todo eso, se suceden gestos que establecen un nuevo lazo de encantamiento en esas escenas. Un nuevo intermitente lazo de solidaridades.
Es tarea cuidarlas, nunca las reprimas, no las abandones.
Perrea poeta.

¹Especulantes: Territorios de especulación: Florencia Garramuño, Gabriel Giorgi, Duen Sacchi; Tecnologías y subjetividades: Ezequiel Gatto, Michel Nieva, Martín de Mauro, Celeste Perosino, Michel Feher; Deuda, géneros y especulación: Verónica Gago y Luci Cavallero, Ariel Sánchez y Nico Pontaquarto; Estéticas de la especulación: Lina Meruane, Elian Chali, Hernán Borisonik, Ariz Komporozos.
²Gabriel Giorgi (2025) Parar la oreja. Notas para una política de la escucha. Tenemos las máquinas.
³Luci Cavallero, Verónica Gago (2025) Contra el autoritarismo de la libertad financiera. Tinta Limón Ediciones.
⁴Michel Feher (2021) El tiempo de los investidos. Ensayo sobre la nueva cuestión social, Traficantes de sueños.
⁵Compuesto por les artistes y colectivos: Cuerpes (Exequiel Ramos, Natalia Lorenzetti y Martín Soria), Duen Sacchi, Ivana Salfity, Mar Perez, Mario Llullaillaco, Martín Soria, Masi Mamani, Matias De La Guerra, Matisto, Quillay Mendez, Rosario Mitre, Sharon Renata Mendoza, Tiziano Cruz.