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08.05.2021

1er Premio Vozes Agudas para Mujeres Artistas

Como un esfuerzo para visibilizar artistas femeninas no incluidas en el circuito oficial del ámbito artístico de Brasil, el colectivo Vozes Agudas llevó a cabo el 1er Premio Vozes Agudas para Mujeres Artistas como un ejercicio crítico que contempla la relación entre marcadores sociales y prácticas artísticas con el fin de continuar cuestionando las estructuras del arte de su contexto.

Entre los años 2015 y 2020, el panorama artístico brasileño estuvo inmerso en un boom de cuestiones feministas: jóvenes artistas que se declararon adeptas de las agendas políticas del movimiento de mujeres, planteando varias preguntas sobre los esencialismos de las categorías de género que aún prevalecen; pequeñas y grandes exposiciones que triunfan en instituciones con impacto en la escena alineadas con un discurso de equidad laboral en su estructura; y la revalorización de las trayectorias de mujeres artistas borradas por prejuicios de género, clase y raza.

Es importante decir que todo este movimiento no se da gratuitamente. Es el resultado de los esfuerzos de los grupos militantes feministas para brindar estructuras de apoyo y circulación (como los grupos Trovoa, la Cooperativa de Mulheres Artistas, el Mitchossó, por mencionar algunos), y de la investigación académica que ha hecho un trabajo esclarecedor de las contradicciones del campo, al menos en las artes visuales. Estamos hablando aquí de un escenario muy diferente al de Norteamérica y Europa, e incluso de algunos países del territorio latinoamericano, tanto por la vía del financiamiento del sector, en el que lo público y lo privado se cruzan de una manera colonial y autoritaria, así como la presencia, al menos curiosa, de artistas femeninas (no necesariamente feministas) como pioneras de los movimientos de vanguardia.[1]

A lo largo de estos cinco años, junto con las urgentes demandas de reparación histórica de agentes racializades, sexualmente disidentes y marginades, un cierto optimismo inocente ha ocupado las perspectivas de todo un espectro de artistas vinculadas en alguna medida al género femenino. Principalmente en el período de los años sesenta y setenta del siglo XX, cuando simultáneamente al surgimiento de la segunda ola feminista en los países económicamente dominantes estallaron regímenes militares interrumpidos por estilos de vida alternativos y revolucionarios, tales demandas, previamente descalificadas en automático como luchas menores en el espectro político, encontraron apoyo mediático luego de varias manifestaciones públicas que exigían políticas de libertad sexual y derechos reproductivos, y la inserción masiva de militantes en plataformas sociales que permitieron una intensa circulación de ideas y discusiones, antes restringidas a los círculos intelectuales y militantes convencionales.

A pesar de todo este movimiento público de los agentes e instituciones culturales hacia la absorción de las agendas feministas en la vida cotidiana del sistema de las artes en Brasil, varios aspectos permanecen intocables e innegociables, junto con otros vicios estructurales del entorno, como la baja, cuando no existe, remuneración de sus trabajadores, generalmente pertenecientes a marcadores sociales no privilegiados. Al observar el perfil de los sujetos que integran la clase dirigente cultural, en este caso curadores, galeristas, directores de instituciones y secretarios de cultura, se evidencia que sus integrantes son en su mayoría hombres, blancos, provenientes de un nicho social permeado por privilegios de capital cultural. Para las mujeres con este tipo de privilegios, existe la posibilidad de desempeñarse principalmente en curaduría y gestión de galerías, sin que esto signifique necesariamente que se trate de agentes empáticas con las causas sociales, y en particular con el feminismo.

Si a esto añadimos la exclusión e invisibilización sistemática de aquellas agentes culturales con indicadores de clase y raza, veremos la constitución de un sector altamente elitista en su origen. Paralelamente notaremos la formación de un cuerpo de imaginación y producción cultural que la mayoría de el tiempo no participa ni comprende (a veces por elección propia) los juegos de consagración del sistema artístico, quedando así restringido a un limbo de acción que no accede a las grandes esferas del poder, y por tanto, no mueve la estructura.
Fue a partir de estos hallazgos, no solo como observadoras, sino principalmente como agentes que participan en estas contradicciones, que el Colectivo Feminista Brasileño Vozes Agudas decidió ofrecer un premio nacional exclusivo para mujeres artistas, considerando el concepto de mujer desde un aspecto expandido, lo que significa una perspectiva no biológica.

El colectivo existe desde el segundo semestre de 2018 como resultado de la movilización de estudiantes de una clase sobre mujeres, feminismos y gestión cultural impartido por la curadora y gestora del espacio independiente Ateliê 397 en São Paulo, Thais Rivitti, quien realizaba los primeros esfuerzos para comprender este problema. Rechazando la idea de continuidad del colectivo por aspectos privados, quien asumió la coordinación fue una de las autoras de este ensayo, la investigadora feminista y curadora Talita Trizoli.

Entre 2018 y 2019, el colectivo tuvo como programa la discusión de temas relacionados con la agenda feminista con apoyo bibliográfico, encuentros públicos con mujeres agentes de las artes, además de realizar exposiciones con mujeres artistas y grabar un podcast, con el objetivo de crear así un archivo de narrativas de estas trayectorias profesionales.

Sucede que con el estallido de la pandemia del COVID-19, al igual que todo el sector cultural, se paralizó toda la estructura de acción pública del colectivo. Como si la crisis pandémica y la gestión política irresponsable en varias zonas del país no fueran suficientes, también se podía percibir un movimiento de recrudecimiento en el sector artístico, un nuevo flujo de conservadurismo estético instaurado con la fragilidad del mercado y su instituciones. No solo se cancelaron o pospusieron las exposiciones programadas en todo el territorio nacional, sino que el acuerdo de bondad entre el mercado y las instituciones culturales, que parecía avanzar hacia una ampliación del perfil de les agentes del medio, sufrió una disrupción en sus procesos, pues mientras los museos e institutos buscaron crear espacios de apoyo a la presencia de artistas, curadores, productores y gestores vinculados a los llamados marcadores sociales frágiles, aunque a pasos de bebé y con malentendidos en la agenda, se constató que, en sentido contrario, el circuito comercial optó por valorar nombres ya consagrados con un vocabulario más conservador y obras de materialidad con mayor posibilidad de venta (todo alineado con el gusto de coleccionistas obsesionados con la pintura y artistas modernistas ya cristalizados estética y económicamente).

Así, el lanzamiento del 1er Premio Vozes Agudas para Mujeres Artistas propuso como principal objetivo la creación de plataformas de visibilidad para artistas femeninas no incluidas en el circuito oficial del ámbito artístico. Aunque similar a los modelos (anacrónicos) de Salones de arte, el premio funcionó a través de una convocatoria pública nacional para artistas femeninas, tanto cis como trans, anunciando un premio en efectivo para tres artistas, junto con un ensayo crítico, una entrevista para el podcast del colectivo y la participación en una exposición colectiva. Se recibieron más de 800 portafolios, y el jurado, compuesto por mujeres agentes del sector artístico, deliberó intensamente sobre cuál recibiría un premio en efectivo. Había tantas preguntas sobre a quién se otorgarían los premios que, al finalizar la deliberación, el jurado solicitó el ofrecimiento de dos menciones honoríficas, las cuales fueron contempladas por el ensayo, la entrevista y la participación en la muestra colectiva.

Para el premio en efectivo, fueron seleccionadas artistas que se destacaron por sus investigaciones poético-políticas, quienes principalmente subrayan y cuestionan los regímenes sociales y culturales que normalizan su existencia como mujeres artistas contemporáneas radicadas en Brasil. Laryssa Machada, nacida en Porto-Alegre (RS), pero actualmente residente en Salvador (BA), trabaja con ficciones fotográficas del repertorio visual y crítico del Afrofuturismo, movilizando elementos regionales de matriz africana e indígena, creando imágenes que discuten el pasado, el presente y el futuro no solo de las subjetividades, sino de las relaciones que se establecen con el llamado medio natural. Massuelen Cristina, criada y nacida en la ciudad de Sabará (MG), utiliza diferentes medios tecnológicos, como la fotografía digital y el video, en la construcción de narrativas subjetivas sobre ella y su entorno que enfatizan las tensiones de raza, género, clase y territorio, siempre atravesado por una dimensión afectiva de la memoria comunitaria. Finalmente, Mônica Coster, nacida en São Paulo, pero que vive y trabaja en la ciudad de Río de Janeiro, centra sus investigaciones en el funcionamiento y divergencias de los sistemas estructurales, ya sean el ambiente artístico, la biología o el propio cuerpo humano. El objetivo de sus piezas multimedia, es una flexión de las relaciones de los sujetos con su ritmo de vida, en una perspectiva de crítica del antropoceno.

Sobre las menciones honoríficas, las obras del colectivo Terroristas del Amor y de la artista Vulcanica Pokaropa no podían dejarse de lado en estos comentarios, ya que brindan una relación entre marcadores sociales y una creación estética muy significativa dentro de los portfolios recibidos por los premios. El colectivo Terroristas del Amor está formado por dos artistas: Dhiovana Barroso y Marissa Noana, ambas nacidas y residentes en la ciudad de Fortaleza (CE), socias en el trabajo y en una relación homoafectiva. Sus obras tienen un carácter declarado de militancia, ya sea por la elección formal de lenguajes directamente relacionados con las prácticas de militancia y guerrilla urbana, o por la violencia y reacciones que suscita su exhibición. Vulcanica Pokaropa, residente en la ciudad de Presidente Bernardes, en el interior de São Paulo, es una travesti racializada, que utiliza performance, producciones de video de carácter documental y pintura, para abrirse a miradas críticas sobre las manifestaciones de transfobia y los aparatos represivos de género que impregnan nuestra cultura y someten los cuerpos disidentes a lugares de violencia y vulnerabilidad.

Otra estrategia utilizada por el Colectivo Vozes Agudas para abordar los objetivos perseguidos por el premio fue incluir más nombres, entre los más de 800 portafolios enviados al jurado, en la selección curatorial de exposiciones organizadas en galerías de São Paulo y Brasilia. La exposición Primer Premio Vozes Agudas para Mujeres Artistas se llevó a cabo entre marzo y abril de 2021 en la Galería Jaqueline Martins, en São Paulo, y reunió obras de otras 12 artistas de la región cercana que se destacaron en la selección del jurado, aumentando los temas, lenguajes y discusiones movilizados por la exposición. Para la exposición en Brasilia, que tendrá lugar en la Galería Karla Osório entre los meses de mayo y junio de 2021, se invitó a 20 artistas más de la región central de Brasil, que se sumaron a las obras de las artistas premiadas y menciones honoríficas, y que amplían aún más la miríada de producciones artísticas realizadas por mujeres artistas.

La dificultad para seleccionar a todas estas artistas, ya sea para el premio o para la incorporación a las exposiciones, no se debió solo al gran volumen de inscripciones, sino principalmente al empleo, claramente anunciado en la convocatoria abierta, de que los criterios de evaluación de los portafolios presentados no serían exclusivos del campo de la estética y sus formalismos herméticos, sino que serían directamente atravesados ​​por marcadores sociales, con el objetivo de alterar las complejidades de los juicios de calidad, que deliberadamente desconocen las contingencias de los procesos de creación artística, las negociaciones de consagración de carrera en el circuito y los acuerdos económicos disfrazados de vanguardia artística.

Tal postura, alineada con una agenda de estudios y discusión política del feminismo como crítica cultural, no fue aplicada de manera armónica por las integrantes del grupo y el jurado, sino que se concretó a partir de acuerdos, ajustes y discusiones intensas. Por ello, en un esfuerzo de autocrítica, es importante señalar que estamos hablando de agentes en las que, si bien la conciencia de las divisiones de género, clase y raza se había hecho evidente en sus prácticas, tienen una formación crítica estructurada por debajo de las mitologías de las artes, como la idea de meritocracia, la calidad estética y la relevancia histórica. Así como tomó tiempo desmitificar el concepto de genio, llevará más tiempo revocar tales premisas analíticas (es un trabajo ad continuum). En este sentido, las paráfrasis de le artista Lucas Avendano y de la crítica Lucy Lippard, sobre la necesidad de colocar la ética en mayor evidencia que la estética en los juegos geopolíticos del arte, demuestran un cambio de paradigma en el conflicto ontológico aristotélico sobre los gobernantes estructurantes de lo real (pero que sería objeto de otro ensayo), y demuestran una insistencia, una terquedad en el fondo, por renegociar los lugares y piezas del tablero de consagración del medio artístico.

Notas

  1. Pensamos aquí en los casos paradigmáticos de Tarsila do Amaral y Anita Malfatti, o incluso de Lygia Clark y Lygia Pape, que ocupan un lugar destacado y difunden el ideales éticos de sus respectivas épocas, respectivamente el modernismo y el arte contemporáneo participativo, como señalan Simioni, Giunta y una de las autoras de este texto, Trizoli, pero que son por excelencia, las excepciones a la regla.

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